POR LA MAYORÍA DE EDAD SOCIAL

Lunes 17 de enero de 2011, por HIJOS La Plata

Sigue siendo impactante la validez del análisis, de abril de 2010, que destaca la fractura entre capas sociales abandonadas y otras cooptadas, indiferentes y/o atadas a sus intereses.

Frank Mintz 17.01.2001

POR LA MAYORÍA DE EDAD SOCIAL

“Lo que hace que un hombre y otro hombre, y una mujer y otra mujer, y otros hombres y otras mujeres sean mucho más que eso y se conviertan en un huracán que a la vez sacude y sostiene: un proyecto en común”.

El 20 de abril de 1995 nace la agrupación HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio) que nuclea a hijos e hijas de compañeros y compañeras desaparecidos, fusilados, exiliados, presos políticos y a jóvenes comprometidos con el pasado reciente de nuestro país. Trabajamos en la reconstrucción de la memoria histórica de los procesos políticos argentinos, la búsqueda de juicio y castigo para los responsables de los crímenes contra la humanidad cometidos por la última dictadura y el período represivo previo, y la denuncia de la represión policial e institucional en la actualidad.

Este aniversario, anclado en la misma lucha que nuestros viejos y sus compañeros dieron por un país para todos, significo un momento de balance de lo que construimos hasta el momento, de las cosas que pudimos modificar y de las que aún motivan nuestra propia lucha como generación.

Nuestra organización surgió en La Plata en dos homenajes a los desaparecidos de las facultades de Arquitectura y Humanidades, pero se fogueó al calor de las luchas estudiantiles universitarias contra la reforma menemista de la Ley de Educación Superior.

En ese año ’95, la sociedad argentina estaba conmocionada por las declaraciones del genocida Scilingo, que relataba los “vuelos de la muerte”, el general Balza reconocía institucionalmente la participación del Ejército en torturas y desapariciones, los piquetes asomaban a la luz pública, y en el sur del país, un ex detenido en la dictadura le asestaba una golpiza a Astiz, que se paseaba impunemente de vacaciones.

Este último hecho nos despertó a todos y nos animó a darnos cuenta de que los represores son de carne y hueso, que están entre nosotros, y que eso no puede ser. Esto motivó lo que es quizás el mayor aporte que HIJOS ha hecho a la dinámica de la protesta social en el país: el escrache. Los HIJOS sumamos al reclamo de los distintos organismos de Derechos Humanos la reivindicación de la lucha revolucionaria de los desaparecidos, pero también pusimos el acento en la reconstrucción del tejido social y en la generación de la condena social a los represores para que la sociedad toda sienta como propia la herida abierta producto del terrorismo de estado.

La lucha, hacia adentro de la agrupación, es no permitir que se imponga una institucionalidad interna verticalista, cuando hemos estado luchando por construir un modelo donde manda la colectividad y la participación y no los jefes. Esto porque entendemos que un movimiento social es una colectividad que tiene una propuesta común de cambio o de oposición a algo. Por eso, su legitimidad como corriente instituyente de lo social va a estar dada por su actuar cotidiano, por su capacidad de oposición - proposición. Nuestra característica principal es la de ser movimiento social, donde la legitimidad no va a estar dada por la institucionalidad jurídica o legal, sino por las acciones que impulsemos, apostando a la horizontalidad y el consenso.

Gobiernos como el de los Kirchner generan, no sin saberlo, fracturas que debilitan al campo popular, vía las políticas de dobles discursos en materia de derechos humanos y la cooptación política para repartir los dineros del estado. Algunos de los que hace unos años estaban juntos en la calle, que luchaban por juicio y castigo a todos los genocidas y no juicios recortados, que fueron parte de las gloriosas jornadas del 19 y 20 de diciembre, se ven hoy como si estuvieran a años luz de la lucha.

Creemos que en algún momento esos compañeros que ven en el actual gobierno una posibilidad de cambio entenderán, como nosotros entendemos, que es imposible que esta administración, con su política meramente testimonial, haga florecer en la realidad el país con el que soñamos, con el que soñaban los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos y todos los caídos en la lucha. Pero principalmente, y sin la voluntad de convertirnos en militantes de la insuficiencia, no creemos que el proyecto K sea la construcción que torcerá los destinos de la historia, porque continúa vigente en ella la lógica de responder con todo el “peso de la legalidad” a la legitimidad incontestable de los reclamos populares, porque la pugna distributiva continúa inclinando el contrapeso de la balanza hacia los que más tienen, y porque las mayorías estaremos de una u otra manera allí cuando el paso hacia “lo nuevo” se de genuinamente en serio.

Ello pareció concretarse en el ámbito de la Justicia, con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de agosto de 2004 en la causa "Arancibia Clavel” (n° 259), declarando la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad, con el dictamen del procurador general Esteban Righi de mayo de este año opinando que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final son inconstitucionales y la declaración en ese sentido de la Corte en la causa Poblete (N° 17.768 ), que en términos estrictos, fue sólo corregir la contradicción de que se podía determinar la persecución penal de los responsables del delito de sustitución de identidad pero no del secuestro y desaparición de personas, siendo los ejecutores de ambos hechos las mismas personas. La tendencia se continuó en Salta con el caso de la Masacre de Las Palomitas, en Chaco con la causa Margarita Belén, en La Plata la Causa 44 o Causa Camps, en Capital con la Esma, Primer Cuerpo y otras, en Rosario la causa Feced en Córdoba la causa del Tercer Cuerpo de Ejercito, y se generalizó en el resto del país. Hoy por hoy, nos cansamos de escuchar las explicaciones de los magistrados sobre la falta de recursos para avanzar en los procesos, y la realidad nos indica que los genocidas siguen muriendo sin responder por sus crímenes y la mayoría de las causas están paralizadas.

Por todo esto, pensamos que el Derecho es un simple instrumento de las decisiones políticas y que la cuestión es cómo construir en nuestra práctica de todos los días nuestra visión de utopía. Es el desafío que enfrentamos en la medida en que queremos legalizar algo que busca transgredir, rebelar y transformar. Es la mentada Praeter Legem [fuera del ámbito de la ley, por lo tanto no ilegal, wikipedia] como nosotros la entendemos, no por costumbre consuetudinaria, sino por acción anterior a la ley que agita el avispero social para ayudar a parir lo genuinamente nuevo, lo realmente fundante.

En la medida que organicemos, en la medida que contagiemos, tendemos más legitimidad en el sentir popular, pero no necesariamente en una institucionalidad formal. Y aquí digamos las cosas como son: la institucionalidad o la legitimidad no surgen de la legalidad, sino de la capacidad de convocar a la población o de reflejar una realidad o presionar desde una serie de valores que ya han sido asimilados y apoyados por una parte importante del Pueblo. “Y detrás del Pueblo, el Pueblo”, decía el poeta.

Los HIJOS somos retoños legítimos de los mejores hijos de este pueblo y la “legalidad” no nos sustenta. Vemos cómo muchos combativos, perseguidos y encarcelados en su tiempo, están hoy en espacios de poder y defienden la “legalidad” tanto como se han olvidado de la legitimidad, así como también otros, que siempre estuvieron en la vereda opuesta, aprovechan estos espacios para transformar la legalidad en humanismo reformista.

Si hablamos de Justicia, pensamos que no es sólo legítimo lo sentenciado en la mayéutica socrática (y adoptado por la lógica liberal) como origen de las leyes: la justicia como término medio entre el mayor bien, es decir cometer impunemente la injusticia, y el mayor mal, o sea no poder vengarse de la injusticia. Esa clase de justa ecuanimidad nace de la voluntad genuinamente doble de no cometer ni padecer injusticias, pero desconoce que el mayor bien es también el bienestar de los más, y el mayor mal, el estado de gracia de impunidad de los menos sobre esos más.

Con esto, reafirmamos la voluntad de exigirle al Estado las mismas cosas que venimos exigiendo desde hace años, sin importar que se llame Kirchner, Ibarra, Solá, Arslanián, Remo Carlotto o Eduardo Luis Duhalde, porque lo que está en juego es la vida y la dignidad de todo un Pueblo.

Un ajustado repaso de esos reclamos nos muestra su inconcreción. La nulidad de las leyes de impunidad no ha devenido en justicia efectiva: solo 70 condenados en procesos en todo el país en 7 años, con poco mas de 600 procesados (39 de ellos prófugos) y el 10 % de los juzgados fueron absueltos, esto no representa de ninguna manera la dimensión real del genocidio perpetrado durante la dictadura y no deja de ser una broma de mal gusto.

La continuidad del esquema represivo es palmaria: las fuerzas de “seguridad” de los gobiernos que se sucedieron desde diciembre de 1983 hasta hoy han asesinado a 1684 personas, en su mayoría jóvenes de entre 15 y 25 años (más de 1300 durante los gobiernos de los Kirchner), en casos de gatillo fácil, y todo a pesar de las promocionadas purgas de Felipe “barajamos todas las hipótesis” Solá, León “el 30% de las fuerzas no responden a mi mando” Arslanián, Daniel “mano dura” Scioli, y Ricardo “todo menor es potencial delincuente” o “zafe de la avioneta” Casal. Los luchadores populares son perseguidos, amenazados y agredidos, como los militantes Roberto Martino, Raúl Lescano, y Fernando Esteche, presos y condenados en causas armadas por ser referentes de sus organizaciones.

Las cárceles y comisarías han eclosionado por el endurecimiento de la legislación penal, y siguen siendo depósitos de personas sin el menor respeto a derechos y garantías. El 70 % de los presos bonaerenses no tienen juicio iniciado, y cumplen condenas anticipadas a la sentencia judicial, cuando la estadística de absolución es de 1 sobre 3 juicios. Además se ha comprobado no sólo que los agentes penitenciarios bonaerenses torturan, sino que redoblan ese accionar impune sobre los que lo denuncian. En los últimos años hubo más de 4 mil causas contra miembros del Servicio Penitenciario Federal por esos abusos. De ellas sólo 7 tuvieron sentencias condenatorias.

La política económica del “derrame” continúa intacta. Kirchner prometió no pagar la deuda externa con el hambre de los argentinos, y lo cumplió pagando con millones y millones de dólares, convirtiéndose en el gobierno que más dinero destina al FMI en las últimas décadas. Hasta el 2009 acordó pagar 62.500 millones de dólares, mientras hay 21 millones de argentinos bajo la línea de la pobreza y la brecha entre pobres y ricos crece día a día, ganando los más ricos 33 veces más que los más pobres.

El 40 % de los trabajadores cobran salarios en negro y la mayoría de los blanqueados perciben parte en iguales condiciones, los aumentos que se dieron por decreto fueron absorbidos por la inflación. Mientras tanto no se genera trabajo genuino ni se universalizan los planes sociales, y se desfinancian las escuelas, los hospitales y la masa salarial de sus trabajadores.

Ante esta coyuntura, los HIJOS ya no somos niños, y seguimos exigiendo la reparación del daño histórico que causó la dictadura y su plan económico. Pero no sólo requerimos el juicio y castigo a los genocidas y sus cómplices políticos, civiles y religiosos, la nulidad de los indultos a los asesinos uniformados, la restitución de nuestros hermanos apropiados, la apertura de todos los archivos de la represión y la preservación de los CCD, sino que también pretendemos que el cúmulo de situaciones antes descriptas sea resuelto, porque creemos que los Derechos Humanos son cosas de todos los días, y mientras exista impunidad y se sigan violando los derechos políticos, económicos y sociales, seguiremos la lucha. Sino, invitamos a aquel que vea que estos factores que analizamos se han modificado, que nos diga acaso con qué lente mágica observa la realidad.

HIJOS La Plata - 15 años de lucha

No olvidamos - No perdonamos - No nos reconciliamos

Juicio y castigo a los responsables de la desaparición de Jorge Julio López, Luciano Arruga y Luciano González.

Juicio y castigo a todos los genocidas, justicia por todos los compañeros.