Wiñazki Miguel La locura de los argentinos (Historia de un país furibundo y desmesurado)

Martes 8 de marzo de 2011, por frank

Wiñazki Miguel La locura de los argentinos (Historia de un país furibundo y desmesurado), Buenos Aires, 2010.

El título del libro es propio de un corresponsal en Argentina de un periódico extranjero, que trata de preparar a sus compatriotas a la comprensión de una etnia extravagante en algún país exótico.

No es el caso puesto que el autor es director periodístico de la Maestría en Periodismo de Clarín (además de licenciado en filosofía y escritor). El índice de las casi 300 páginas presenta un estudio cronológico desde los 19-20 de diciembre de 2001, pero el último capítulo es una demostración de la maldad del individuo de Néstor Kirchner.

De modo que el libro no pasa de ser un panfleto con no pocas alusiones interesantes a la antropología, la historia argentina y la sociología.

La interpretación subyacente (o sea indirecta, más allá quizás de las propias palabras y posturas del autor) me parece característica de periódicos de prestigio y de clases medias y altas como son Clarín y La Nación y Página 12.

¿Por qué incluir al casi diario oficial de la presidencia kirchnerista?

En los tres casos, las informaciones pasan por el mismo criterio: cuanto pueda desprestigiar y dañar al blanco señalado por la dirección del medio y los jefes de redacción es bueno, fehaciente y por tanto cuasi irrefutable.

En las mentes de los colaboradores de los tres diarios está fuera de lo imaginable escribir que el socialista Binner es tan corrupto (moral y acaso venalmente), mentiroso como el kirchnerista Uturbey y que ambos valen tanto como el radical Cobos.

Los tres grandes órganos de papel realizan un milagro a diario: hallar una diferencia en la cloaca neoliberal entre grupos políticos que tienen los mismos programas socio-económicos, el mismo respeto de la deuda externa contraída por la dictadura militar, el mismo olvido de medidas inmediatas contra la muerte de los argentinos más desfavorecidos.

La confirmación está cada día en la ausencia de campañas periodística con un objetivo práctico como fue en EE UU la destitución del presidente de la República Nixon por violación de la Constitución. De EE UU la prensa oficial toma la mugre y tira la ética a la cuneta.

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Miguel Wiñazki habría perdido su puesto y su oficio, pero colmado su autoestima, si hubiera sugerido campañas de prensa contra todos los órganos de represión, las fumigaciones y la minería a cielo abierto, el restablecimiento de la pena de muerte (aplicada -poco- en el juicio de Núremberg contra altos cargos nazis y que tanto se cita como ejemplo para los juicios contra las Juntas Militares de la dictadura) por responsabilidad reiterada y evidente en destrozos ambientales y humanitarios (el caso de El Impenetrable y de las etnias argentinas diezmadas, para no hablar de los responsables de los 30.000 desaparecidoos, etc.), etc.

Miguel Wiñazki, a un nivel menos comprometido políticamente, pero tan importante en el ámbito social, habría debido recapacitar sobre su cita de Freud “La masa quiere siempre ser dominada por un poder ilimitado” (pp., 54-55). ¿Acaso no sucedió exactamente lo contrario en diciembre de 2001? ¿Acaso no fue lo que le pasó al zarismo en 1917? O mucho más cerca, un poco en diciembre de 2010 con Evo Morales y su ley sobre el alza de los combustibles? No hablemos de estos desgraciados tunecinos y egipcios incapaces de leer a Freud y cumplir su fórmula. Parte de los Qom, de pasada, está “en la misma culpable ignorancia” y empezó su rebeldía a fines del año 2010 y sigue aún.

Lo significativo es cuando justamente parte de la población reacciona a lo Freud, como animales machistas que tienen que violar (las manifestaciones de apoyo a tres violadores padres de familias de General Villegas en mayo de 2010). ¡Lástima que no se hubiera propuesto manis parodia para pedir la felación y violación obligatorias de todos los adolescentes por los padres de familias dignos y viriles, so pena de expulsión de la ciudad de General Villegas de los neutros y opositores!

Una interpretación mía sería que en el caso del 2001, de los Qom y tunecinos, etc., el callejón de la desesperación llega a tal amplitud que obliga a la mayoría de la gente a ver su presente y porvenir como acabados.

Unos se resignan a no ver sus propios excrementos morales como valor de cambio, sumisión equivalente a prostitución, para subsistir. Otros se suicidan (caso de parte de los indios como respuesta a los conquistadores tan cristianos y tan españoles, en el sentido de lacayos de sus señores) o se lanzan al ataque.

En ambas situaciones de degeneración ética y de renacimiento vital, la causa es la demencia de la explotación. Demencia inevitable, porque la acumulación de poder y de riquezas es inherente, inseparable de las clases dominadores en el poder en cualquier tipo de sociedad.

Los periodos de calma vienen a ser fases preparatorias de nuevos ataques sociales o de peleas entre grupos dominadores competidores, con sus imparables repercusiones sobre los más desprotegidos.

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Si la intención de Miguel Wiñazki era que los lectores llegasen a tales reflexiones, su libro es un éxito grande. Si es que se conformen con el enfoque de Freud y de los tres grandes diarios nacionales, no creo que lo haya logrado.

En efecto, los capítulos sobre los crímenes, la violencia entre los jóvenes (otra incorporación de lo más perverso de la sociedad norteamericana, elemento que no señala Wiñazki) muestran una sociedad tan enferma, con una clase política tan cohibida puesto que el autor no cita nunca un asomo de medida inteligente, que no se ven soluciones sino exiliarse (como la pobre madre víctima de una salidera y que perdió a su bebé en julio de 2010) o romper los moldes sociales existentes.

Frank Mintz, 08.03.2011.