De Mahalla a Tahrir: las Raíces de la Revolución Egipcia

Jueves 21 de julio de 2011, por Gutiérrez D. José Antonio

De Mahalla a Tahrir: las Raíces de la Revolución Egipcia

José Antonio Gutiérrez D. (18.07.11, http://www.anarkismo.net/article/20099)

Las manifestaciones multitudinarias que comenzaron el 25 de Enero y que terminaron con la caída de Mubarak el 11 de Febrero, han sido frecuentemente descritas como una rebelión espontánea que nadie esperaba. Si bien es correcto afirmar que fueron espontáneas en el sentido de que nadie las planificó de antemano o que no existía una fuerza organizada y coherente con la capacidad de movilizar a millones de egipcios, es incorrecto decir que estas manifestaciones fueron espontáneas en el sentido de que “salieron de la nada”.

Las manifestaciones multitudinarias que comenzaron el 25 de Enero y que terminaron con la caída de Mubarak el 11 de Febrero, han sido frecuentemente descritas como una rebelión espontánea que nadie esperaba. Si bien es correcto afirmar que fueron espontáneas en el sentido de que nadie las planificó de antemano o que no existía una fuerza organizada y coherente con la capacidad de movilizar a millones de egipcios, es incorrecto decir que estas manifestaciones fueron espontáneas en el sentido de que “salieron de la nada”.
El “desarrollo” económico contra el pueblo

En realidad, la revolución en Egipto siguió un período de varios años de acumulación de contradicciones internas de la férrea dictadura. Según el economista Ali Kadri:

Hemos tenido un proceso de acumulación y de crecimiento, pero también hemos visto que la productividad de los trabajadores se ha deprimido. El crecimiento se basó en un modelo rentista basado en el petróleo [Egipto exporta diariamente unos 500.000 barriles de petróleo, por un valor de U$15 mil millones anuales]. La acumulación ha sido mediante una extracción del plusvalor absoluto, no relativo. Lo que ocurre en esta dinámica económica es que aquellos que son productivos en las manufacturas y la agricultura han visto sus salarios contraerse, han visto su poder adquisitivo reducirse mientras la industria del acero, los agronegocios y la industria textil crecían a niveles astronómicos. El poder adquisitivo en la última década se ha reducido a la mitad. De manera exactamente opuesta a lo que dicta la teoría económica clásica, los salarios se han venido deteriorando a medida que producen más valor, produciendo un fenómeno de pauperización absoluta de la población.

Esto llevó a un ciclo de importantes huelgas que comenzó en el 2006 con las movilizaciones de los obreros de la industria textil del Delta del Nilo, fundamentalmente en la ciudad de Mahalla, que se ha convertido en un emblema de la rebelión contra el régimen. El 2006 se vivió en esa ciudad una auténtica insurrección de 27.000 obreros movilizados. La cual se volvió a repetir en el 2008; en todo este lustro, hemos visto el número de huelgas crecer en número de obreros y en combatividad. Tan sólo el 2007 se registraron 750 huelgas en un país donde toda actividad sindical independiente era criminalizada. Otras huelgas combativas se vivieron en esa época en Port Said, en el Canal de Suez, un sector clave de la economía egipcia y también por parte del combativo sindicato de recaudadores de impuestos. Podríamos decir que fue la lucha de clases el factor crucial que logró erosionar las bases de la dictadura.

La miseria absoluta que se agudizó en la última década de recetas neoliberales elogiadas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los Estados Unidos (los mismos que ahora pretenden posar de amigos de la democracia y del pueblo egipcio), se vio también engrosada por la contra reforma agraria que Mubarak impulsó en los ’80 a fin de desarrollar la agroindustria exportadora de cereales y legumbres, uno de los sectores estratégicos de la economía egipcia (junto al petróleo, gas y el turismo). Estos sectores excluidos componían el grueso del 10% de cesantía oficial, que con toda probabilidad ronda el 20%, sin contar el subempleo. Nos dice Ali Kadri que:


“El Cairo es, de hecho, una ciudad campesina, engrosada por un influjo de desplazados del campo debido a la ley que a fines de los ’80 privó a la mayoría de los campesinos de su tierra, creando condiciones de trabajo semi-esclavo. No puede separarse la miseria abyecta de los tugurios del Cairo, donde hay un millón de personas que viven en los cementerios, sin siquiera tener techo, de lo que sucede en el campo
.”
Esto, sumado a la creciente pérdida de legitimidad del régimen debido a su humillante colaboración con el bloqueo medieval de Gaza y con el Estado de Israel, su postración ante los EEUU, la corrupción rampante del régimen que en las elecciones amañadas de fines del 2010 ganó con un 80% de los votos, y sobre todo, los eventos de Túnez que dieron esperanza a la población de que el cambio sí era posible, nos permiten entender el contexto en el cual se desató la revolución comenzada el 25 de Enero.

Un acumulado de luchas

El movimiento del 25 de Enero, como hemos visto, fue fruto de un creciente malestar cuyas raíces se encuentran en el modelo de desarrollo impuesto en Egipto en las últimas tres décadas. Sin embargo, no fue solamente el malestar que se fue acumulando; también hubo un acumulado importante de luchas sociales en la última década. Aunque el punto de inflexión en la historia reciente egipcia se dio con las luchas obreras en la industria textil, esta no fue una lucha aislada, sino que se sumó a una serie de luchas obreras, estudiantiles y populares que comenzaron a darse, espontáneamente, o con muy débil coordinación, en todo el país, pese a la sofocante represión. Sobre ese contexto, recuerda la feminista egipcia Nawla Darwiche que “la revolución no llegó de la nada, hubo organizaciones, artistas, intelectuales luchando por años. Desde el 2005, todos los días hubo protestas en Egipto. Debido a las condiciones en Egipto, los partidos no pudieron jugar un rol, sino que las organizaciones de Derechos Humanos terminaron jugando el rol de partidos políticos, convertidas en canales de expresión de la oposición ante la falta de espacios políticos.”

Es importante resaltar el punto de que la falta de espacios políticos hicieron que las tareas de la oposición la asumieran organizaciones de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales, sindicatos y asociaciones de toda clase. Como una más de estas expresiones de oposición, ante la falta absoluta de libertad de expresión, surgió entre los jóvenes con un cierto nivel de educación, un importante movimiento de blogueros que se dedicaron a denunciar al régimen, a registrar infamias, a dar a conocer las luchas de bases. La importancia de este movimiento llevó a que los medios internacionales elucubraran toda clase de disparates sobre una “revolución post-moderna”, una “revolución virtual”, por internet. Uno de los blogueros más importantes de Egipto, Hossam el Hamalawy, nos comentó al respecto:

Es un error decir que esta fue una revolución por internet, como han dicho los medios internacionales. Recuerda que el régimen bloqueó durante semanas el internet y las redes de teléfonos celulares. Si los blogs tienen fuerza es por el grado de la represión y del control informativo en los medios oficiales. Nuestro trabajo en tweeter es fundamentalmente para periodistas extranjeros, no para egipcios. El trabajo de los ‘bloggers’ pasó por documentar lo que estaba sucediendo en esos años en que creció el malestar, en hacer circular esta información, pero no es verdad que los ‘bloggers’ fueron los organizadores de lo que sucedió.

Esto fue una manifestación espontánea de mucha rabia acumulada, que no puede reducirse al facebook, pues acá se movilizó todo el país y muchos de los millones de personas que participaron en estas manifestaciones ni siquiera tienen acceso a computadores. En Egipto solamente un 7% de la población tiene acceso a internet. Los ‘bloggers’ no fueron quienes orquestaron nada aún cuando jugaron un rol... Acá lo que decidió fue la lucha en las calles, no las redes sociales, las cuales apenas sirvieron para hacer un primer llamado a un círculo muy limitado de gente, y no era la primera vez que hacíamos este llamado. Ahora se dieron las condiciones para que los trabajadores se sumaran como clase”.

Jóvenes, tejedores de solidaridad y resistencia

En efecto, el 25 de Enero no era la primera vez que redes sociales o coordinadoras llamaban a protestas nacionales. Cuando en el 2008 los obreros de Mahalla llamaron a una huelga general para el 6 de Abril, ésta fracasó ante la represión, la falta de coordinación nacional y el sabotaje del sindicalismo afecto al régimen -aún cuando Mahalla fuera ingobernable por varios días. Desde entonces, se consolidó un grupo de jóvenes conocido como el “Movimiento 6 de Abril” que hizo varios llamados a protestas nacionales y huelgas, ninguno de los cuales prendió. Pero los jóvenes hicieron escuela en la resistencia y en la solidaridad.

Este concepto, la solidaridad, es fundamental para entender las movilizaciones en Egipto, ya que desde el 2000, durante la Segunda Intifada, los jóvenes se movilizaron de forma bastante radical, en solidaridad con el pueblo palestino y contra la colaboración egipcia con Israel. Las movilizaciones contra la guerra de Irak fue otro punto que congregó a miles de jóvenes a protestar contra un régimen que veían como servil y decadente. Otro movimiento juvenil solidario importante en las movilizaciones fue “Todos Somos Khaled Said”, en honor a un joven de clase media asesinado por la policía en Alejandría, en plena calle, en Junio del año pasado. Son ellos quienes, mediante un grupo de Facebook que reunía a más de 200.000 personas, lograron convocar exitosamente a las manifestaciones del 25 de Enero, en el Día Nacional del Policía, como una muestra contundente del rechazo a la brutalidad policial. Todas las condiciones estaban dadas ahora para que la chispa encendida por el pueblo tunecino se convirtiera ahora en un fuego incontrolable en todo el país -desde la “comuna” de Tahrir en El Cairo, hasta las barricadas que día y noche fueron testigos de las violentas confrontaciones entre el pueblo hastiado y la policía.

El pueblo se rebela

El 25 de Enero comienza la intifada egipcia contra la odiada dictadura de Mubarak. Nadie podía predecir cuándo se daría el estallido social que echaría por tierra al régimen. El movimiento popular, e incluso, cualquier forma de sociedad civil, existían en una camisa de fuerza represiva, aislada, débil. Sin embargo, los jóvenes, los obreros y otros sectores sociales, venían desarrollando ese tejido social que sostuvo las movilizaciones populares de manera subterránea. Desde el primer día salieron varios cientos de miles de personas que respondieron al llamado de las organizaciones y movimientos juveniles. Y a medida que los días pasaban y el régimen mostraba su cara más perversa, mediante la represión, más y más sectores sociales de sumaban a la movilización. De hecho, es la porfía del régimen la cual radicaliza más y más al movimiento. Es la represión policial, junto a los ataques de los matones y el vacío en la seguridad, lo cual forma los comités populares que se convirtieron en un doble poder. Es el ataque orquestado el 2 de Febrero por los matones a sueldo de Mubarak contra los manifestantes de Tahrir, lo que inclina la balanza a favor de los manifestantes, pues las imágenes de matones a camello agrediendo a un pueblo desarmado revolvían el estómago de cualquiera.

El socialista Mamdouh Habashi relata los eventos alrededor del 25 de Enero de la siguiente manera:

Los jóvenes venían organizando las cosas desde el movimiento por la huelga general el 6 de Abril del 2008. La revolución, comenzó como una manifestación más, entre muchas que se habían convocado. Pensamos que ese día, el 25 de Enero, a lo más, saldrían unas 5.000 personas. Pero habíamos alcanzado una conciencia colectiva, tras 30 años de humillación, empobrecimiento, de opresión en cada momento de nuestras vidas. La opresión se organizaba jerárquicamente sobre el pueblo, desde Mubarak en lo alto, hasta el policía con el más bajo rango. Pero esta vez, la protesta se extendió, entre los días 25 y 28 de Enero, a todos el país. El 28 fue el llamado ‘día de furia’ y para entonces, la policía había sido derrotada por cansancio físico. Se la habían pasado corriendo para arriba y para abajo, en todo el país, por tres días y no habían conseguido nada. Un oficial dijo, ‘es que somos seres humanos, por tres días y por tres noches no hemos probado ni pan ni agua, y ya no tenemos municiones... no podemos estar patrullando las calles día y noche por tanto tiempo, no podemos controlar a 15 millones de personas en 100 puntos diferentes.’”

La principal lección de Egipto, es que ningún régimen, por dictatorial y brutal que sea, puede con todo un pueblo en lucha, con todo un pueblo que se ha unido en base a sus demandas fundamentales. Con su movilización, el pueblo egipcio ha probado la libertad, y como reza un cartel que agitaron durante las jornadas de Tahrir, cuando el pueblo ha probado la libertad, no hay vuelta atrás. “No existe libertad en abstracto”, dice Ali Kadri “sino un proceso en que el pueblo adquiere mediante el desarrollo de su propia fuerza, libertad de expresión, participación y derechos. La libertad es un tema real, no es como en los EEUU que eres libre de comprar pero no tienes dinero, o eres libre de decir lo que quieras siempre y cuando no tenga ningún efecto”. Y esa es la libertad que el pueblo egipcio sigue construyendo en las plazas esta semana, con nuevas protestas telúricas que siguen resquebrajando el piso del bloque en el poder.

José Antonio Gutiérrez D.
16 de Julio, 2011