’Anarquismo en la sociedad actual’: Asel Luzarraga

Lunes 1ro de agosto de 2011, por Portal libertario OACA

X Aniversario. Entrevista ’Anarquismo en la sociedad actual’: Asel Luzarraga

A continuación ofrecemos las respuestas a nuestra entrevista virtual planteada con motivo de nuestro Décimo Aniversario del destacado escritor y músico vasco Asel Luzarraga Zarrabeitia.

Asel es un hombre polifacético, destacándose por haber sido cantante de punk, traductor y novelista. A finales de 2009 sufrió un montaje policial contra su persona en Chile por sus ideas anarquistas y tras denunciar la situación del pueblo Mapuche. En la actualidad continúa con su actividad literaria y difundiendo las ideas libertarias en su blog Gorri-beltzean.

OACA: ¿Cómo consideras que desde el anarquismo se pueden ofrecer respuestas a los problemas de la sociedad actual?

Asel: Realmente no soy muy optimista respecto a la posibilidad de "mejorar" la sociedad actual, creo que el sistema de dominación total bajo el que vivimos, que nos ha convertido en seres individualizados, apáticos y hedonistas hace muy difícil un cambio social que exige un replanteamiento ético total del ser humano y de nuestras relaciones con lxs otrxs y con el medio. Sin embargo, de existir alguna posibilidad de salir de esta trampa, ésta debe pasar forzosamente por postulados libertarios: relaciones horizontales entre todos los seres humanos y entre éstos con el medio, organización asamblearia en pequeñas redes federadas, organización de la producción a escala humana, en base a las necesidades, de más básicas a más superficiales, y no del consumo en base a las necesidades de beneficio de los productores..., por mencionar algunas de las claves imprescindibles para construir un mundo habitable para todxs.

OACA: ¿Cuál es tu opinión sobre el movimiento de protesta surgido a raíz del conocido como “15-M”? ¿Ves alguna similitud con las revueltas en el norte de África?

Asel: Pienso que, sin duda, lo sucedido los últimos años en Grecia, en Islandia, en el norte de África, poco a poco en Chile... y ahora, a partir del llamado 15-M, en Madrid, Barcelona, Oviedo, Bilbao, Donostia, Baiona... representa un hartazgo general a estos siglos de engaño anti-civilizatorio en que nos encontramos sumidos. El malestar viene de lejos, pero la gente suele necesitar una chispa que la haga salir de la apatía y la resignación, darse cuenta de que junto a cada unx de ellxs hay miles que están igual de hartxs. Lo irracional, lo anti-humano, sería que jamás hubiera sucedido, y lo lamentable sería que ahora se detuviera en unas simples reformas que parcheen y hagan más fuerte, por menos perceptible, el sistema de dictadura total en que vivimos.

Pienso que es un paso importante que miles de personas en tantas ciudades hayan comenzado un movimiento, en primer lugar, de recuperación del espacio público que nos han ido robando, y en segundo, de repudio de la casta política en su conjunto y, desde luego, de la banca. Nos bombardean desde la misma cuna de tal manera con que esto en que vivimos, la dictadura partitocrática al servicio de los intereses de una reducida oligarquía, con prevendas varias para algunas de las castas asalariadas, como catedráticxs universitarxs, médicxs, intelectuales, técnicxs..., que no es desdeñable que tanta gente al mismo tiempo haya por fin gritado que esta mierda no es democracia, una palabra tan prostituida que casi da náuseas mencionarla y defenderla. Sin embargo, como anarquista, como ser humano que desea vivir libre en una sociedad de iguales voluntariamente constituida, pienso que es un término aún válido cuyo verdadero significado, el autogobierno del pueblo por el pueblo sin intermediarios, delegados o representantes, tiene potencial para hacer confluir voluntades, tanto de aquellas personas más conscientes y formadas políticamente, como de aquellas que aún no ven una forma a lo que desean, pero por fin tienen claro lo que no quieren. El término "democracia representativa" es una contradicción en si mismo, como si digéramos "guerra humanitaria" (algo que, por cierto, también llevan décadas haciéndonos creer que existen y son por nuestro bien).

No sé hasta dónde llegará lo que con este movimiento ha terminado de despertar, los riesgos de desviación socialdemocrática hacia un nuevo apuntalamiento del espantoso Estado del Bienestar son realmente grandes, y si esto se da, es posible que sólo hayamos conseguido reforzar el sistema dictatorial y administrar una nueva anestesia más duradera quizá, pero no debemos negarnos la posibilidad de empujar este movimiento hacia una ruptura revolucionaria definitiva. Pienso que el paso de las acampadas a las asambleas de pueblos y barrios es un salto cualitativo que yo personalmente en Bilbao estuve alentando desde la primera vez que me decidí a agarrar el micro. Aunque la gente aún no tenga muy claro para qué se reúne en asambleas, las prácticas a las que se están acostumbrando: a juntarse con sus vecinxs y hablar libremente, decidir por consenso y no por mayoría, remarcar a diario la imprescindible horizontalidad y la ausencia de liderazgos, la necesidad de portavoces (que no delegados o representantes) rotatorios..., son netamente libertarias, y si se interiorizan de forma definitiva, no es difícil que de los discursos reformistas, tipo reforma de la ley electoral, etc., se pase a visualizar que realmente no se necesita de ley electoral alguna, que los partidos son estructuras parasitarias, el problema, el obstáculo, y con ello el propio Estado, y que realmente, toda esa gente reunida en asambleas, es eso, su asamblea, lo único que necesita para gobernarse, para buscar soluciones diarias a sus problemas y organizar todas las facetas vitales de su vida: autogestión de la salud, de la educación, de la producción, replanteamiento del caos urbanístico depredador..., simplemente, federándose de forma libremente elegida con aquellas otras asambleas que lo deseen.

Esto, en lo que a mi realidad cultural y geográfica se refiere, puede ser además, sin duda, un cauce también para dar salida a las reivindicaciones de las comunidades culturales (llámeseles pueblos, naciones o como se desee) que hasta ahora se han visto obligadas (sin éxito, pese a varios siglos de intentos de homogeneización) a asumir una identidad ficticia, la española, útil solamente para las ansias imperiales de un Estado colonial. La posibilidad de una red libremente conformada de municipios y barrios (ojalá en el futuro convertidos también estos últimos en municipios, comenzando así a desarticular las horribles e inhumanas ciudades en que nos han ido encerrando) federados, rompe con las lógicas de fronteras arbitráriamente dibujadas, limitaciones administrativas y centralismos.

Resumiendo: tenemos que ser conscientes de todos los riesgos, no pocos ni pequeños, que este movimiento tiene, pero estar ahí, aprovechar las oportunidades que ofrece, sus puntos fuertes, para que se vaya transformando en algo irreversible.

OACA: ¿Cuál crees que será el papel que tendrá el movimiento libertario en los próximos años?

Asel: Pienso que el movimiento libertario tiene un desarrollo ideológico sumamente importante que debe aportar armas discursivas y modelos de relación y autogestión, pero cuanto menos se hagan lucir los estandartes, mejor (sin negarlos y sin dejar de trabajar por la coordinación de individualidades y colectivos netamente libertarios, paralelamente). Hablamos siempre del pueblo, y a menudo simplemente lo imaginamos idealizadamente. Ahora toca encontrarse con el pueblo tal cual es, con todas sus grandezas y miserias, y la única forma de jugar un papel en cualquier cambio que se pueda producir es ser pueblo, estar ahí, escuchando cosas que nos chirrían quizá, pero aportando nuestras ideas, sin considerarnos miralmente superiores a nadie, con humildad.

Quizá en algún momento, si se produce un choque probablemente inevitable con las fuerzas represivas del Estado, que no va a dudar en utilizar toda la violencia a su alcance si en un momento ve peligrar los muros de su dictadura, tenga que ser también el movimeinto libertario quien dé un paso al frente y haga entender lo engañoso, inoperante y en ocasiones perverso de un pacifismo a ultranza que renuncia a toda capacidad de acción e incluso de autodefensa.

Pero dejando ese terreno resbaladizo, lo principal creo que es, desde las individualidades libertarias que participen en todo movimiento con potencialidades de transformación real, desnudar constantemente la verdad del sistema actual, remarcar lo inútil y contraproducente de una reforma o parcheo del sistema partitocrático, reforzar las prácticas horizontales, denunciar cualquier intento de formaciones políticas y vanguar dias de secuestrar el movimiento espontáneo, y empatizar diariamente con todas esas personas indignadas, cansadas de ser engañadas y robadas día tras día.

OACA: De forma un poco más personal, ¿por qué seguiste el camino del anarquismo?

Asel: Es difícil dar con una respuesta sencilla a procesos personales que suelen ser muy complejos, pero diría que, entre otras cosas, impulsado por el espíritu punk de los 80, en mi adolescencia vi claro que no me gustaba recibir órdenes ni de padres ni de profesorxs, ver castrada mi libertad de pensar y actuar, que todos los partidos políticos actuaban por intereses particulares y eran parte del mismo juego, que no podía creer en algo que necesitara de fronteras, ejércitos, leyes, policías y jueces para "convencernos". Aprendí a desconfiar de todo lo organizado, especialmente partidos y sindicatos, quizá durante años más de la cuenta, llevándome a una individualización tampoco muy deseable, y de todo aquello que escuchaba, veía que lo que más se acercaba a mi forma de sentir el mundo estaba en esa palabra, "anarquismo". Después de un desarrollo totalmente individual de mi forma de entender eso que llamaba anarquismo, con enormes dificultades en mi entorno para coincidir con otras personas que compartieran esas ideas, hace no tanto, aguijoneado por un gran amigo que hice en Buenos Aires, retomé la tarea pendiente de estructurar esas ideas dispersas, para lo cual fue alucinante leer a Malatesta, como si en sus palabras hubiera un espejo de mi alma, de modo que, cuanto más he ido leyendo y compartiendo con encantadorxs compañerxs de viaje, más claro he ido teniendo que aquel instinto adolescente me había puesto en la buena dirección. Y aquí estoy, más convencido que nunca de que la única posibilidad de una sociedad humana que merzca llamarse tal pasa por una ética y unas prácticas anarquistas. Y remarco lo de la ética, porque creo que es fundamental.

OACA: ¿Qué le dirías a los jóvenes y no tan jóvenes que por uno u otro motivo se acercan por primera vez a los planteamientos libertarios?

Asel: En primer lugar, que nunca se callen, que allá donde están discutan y debatan, porque por muy inmaduras que puedan estar sus ideas en un principio, solo confrontándolas con otras personas van a poder ir entendiendo lo que ellxs mismxs piensan. Lo que significa que, más importante aún, es que escuchen mucho, críticamente, pero que mantengan los oídos bien abiertos. Por otro, que participen, que rompan el aislamiento a que esta sociedad nos somete, que participen en lo que sea, aunque en principio no encuentren planteamientos coincidentes con los suyos, siempre que sea en colectivos que busquen una transformación social liberadora, en el ámbito que sea, y que lean, que lean mucho, porque las prácticas también funcionan mejor si nuestra autoformación, nuestra base teórica es sólida. Y sobre todo, que lean todo con espíritu crítico, porque especialmente en el anarquismo no hay biblias y unx no esá obligadx a coincidir con todo lo que sea etiquetado de anarquista. Y por supuesto, que busquen la verdad, aun la que no nos gusta, porque sólo podemos mejorar nuestro entorno si nos basamos en ella, si la buscamos, y esa verdad, desde luego, no la van a encontrar en la tv ni en la prensa habitual.

OACA: Para terminar, puedes añadir lo que consideres oportuno

Asel: No ando especialmente inspirado, así que simplemente añadiré que siento que estamos en un momento histórico estimulante, no creo que definitivo, pero que tal vez, ojalá, sí esté marcando un punto de inflexión. No existen caminos fáciles, afortunadamente, y nada que el ser humano construya va a ser jamás perfecto, porque partirá siempre de nuestra imperfección y capacidad siempre limitada, y eso es lo bonito de vivir, porque un mundo perfecto, acabado, inmejorable, sería un auténtico coñazo, más alienante, si cabe, que el mundo actual; de modo que debemos emplearnos generósamente sabiendo que de ello no vamos a obtener otro beneficio personal que el propio placer de trabajar en busca de algo mejor, para nosotrxs y para lxs demás. Y en especial, a aquellxs que sólo aspiran a un Estado del Bienestar que no les traiga sobresaltos, les quisiera recordar que ese Estado es el reino máximo del egoísmo, algo indefendible para quien se considere sinceramente, no ya de izquierdas o de derechas, sino humano, puesto que nuestro cacareado bienestar es sólo posible gracias al saqueo continuado y la condena a muerte perpetua de una masa mayoritaria, hoy postergada principalmente en eso que llamamos Tercer Mundo, pero también, y cada vez más, en nuestro "bonito" Primer Mundo.

El crecimiento continuo es físicamente imposible en un mundo finito, de modo que eufemismos como "desarrollo sostenible" son patrañas útiles sólo a quienes piensan en el corto plazo de su existencia placentera. La felicidad no es una meta, es un estado de ánimo que a veces nos acompaña, tan necesaria como la tristeza y como todo el conjunto de estados de ánimo que nos hacen seres humanos. Hay que romper ya con la lógica del salario, las jubilaciones, el paternalismo burgués, el obrerismo, el productivismo y el progreso, que no son más que eslabones en las cadenas bien forjadas y hábilmente disimuladas por los Estados.

Gracias a vosotrxs y eskerrik asko!

Salud! Osasuna eta askatasuna!

OACA: Pues salud, te agradecemos enormemente tu fantástica aportación y esperamos que a los visitantes les haya gustado tanto como a nosotros.