Días rojos, verano negro Enero de 1919, la semana trágica de Buenos Aires

Jueves 1ro de diciembre de 2011, por Ricardo Silva Horacio

Horacio Ricardo Silva Días rojos, verano negro Enero de 1919, la semana trágica de Buenos Aires, Buenos Aires, Libros de Anarres-Terramar Ediciones, 2011, 263 p.

Excelente estudio de la represión estatal con el respaldo unánime de las clases dirigentes (preludio de tantas otras que ocurrieron y siguen pasando con el paulatino y no menos eficaz genocidio de los pobres hasta hoy por hoy), pero con generosas excepciones.
Dos me llamaron la atención.

Declaró “el canónigo Gustavo J. Franceschi en un reportaje concedido a La Acción de Paraná, y reproducido por el diario católico El Pueblo en julio de 1923:
- En la Argentina existe la lucha de clases, la división entre burgueses y proletarios. No se nos diga que ello es producto de agitadores extranjeros. En primer lugar, esto es un error pues numerosos caudillos rojos son argentinos; en segundo lugar, si no hubiera terreno propicio, si las condiciones del ambiente no las favorecieran, las doctrinas antisociales no habrían logrado propagarse.
- Pero son de origen extranjero...
- También lo son las vacas, los caballos, el trigo y hasta el mismo idioma que estamos hablando. Mucho es lo extranjero que puede argentinizarse, y si sólo por ser extranjero hubiéramos de desterrar aquello que no es aborigen, habríamos de volver al régimen social de los charrúas y calchaquíes.” (p. 54).
Un razonamiento todavía válidos para los que rebajan a los zurdos por ser supuestamente anti argentinos como los partidarios de la última dictadura militar y la dirigencia de la CGT (declaraciones de 2009).

Más asombroso es lo siguiente: “[...] El lunes 9 por la noche, se inició en Rosario una huelga policial [que] entusiasmó a muchos trabajadores y preocupó muy seriamente al establishment local. [...]
Considerando que los agentes de policía pertenecen a la clase desposeída, cuyos intereses les son comunes, en adelante se abstendrán a intervenir en los conflictos entre el capital y el trabajo, y todo movimiento que tienda al bienestar y libertad del pueblo.
El cuerpo de bomberos no ejercerá funciones de policía.
Eliminación del mismo en las funciones de guardacárceles.
Abolición completa de la instrucción militar. Teniendo en cuenta que el cuerpo de bomberos es una institución genuinamente civil para los fines que justifican su creación no representará en ningún caso la autoridad, sino en el estricto desempeño de esos actos inherentes a la profesión. (La Vanguardia, 11-12-18, pp. 101-102).

Es impactante ver la creación de los N.N. como represión judicial y policial hasta el día a día de 2011 del “gobierno nacional y popular”.
[Lista de desaparecidos tras las fechorías de las patotas de la Liga Patriótica Argentina con su eslogan de Patria y Orden] “¿se ha procedido a identificar todos los cadáveres?; ¿por qué no se publica esa lista? Es necesario resolver esta situación que al mismo tiempo alarma a mucha gente con la versión de que esas “desapariciones” sean definitivas. Hemos leído algunos N. N. realmente espeluznantes” (El Diario, 17-1-19, p. 237). [...]
Como era de esperarse, el Poder Judicial amparó estas ejecuciones clandestinas, salvando un tanto las formas: “Un juez de instrucción requirió a un comisario que le remitiera un parte detallado con especificación de las víctimas producidas, circunstancias en las que habían sido muertas y nómina del personal policial que actuara en esos hechos, para que sirviera como cabeza del proceso que, en cumplimiento de sus deberes legales, pensaba incoar. El funcionario policial antes de acceder a la demanda del magistrado, consultó a la superioridad que le indicó no diera cumplimiento a esa orden. No se volvió más sobre el asunto” (pp. 237-238).

“La huelga trastornó profundamente el destino de miles de familias, que quedaron destrozadas a causa de la represión estatal y paraestatal. El número de víctimas exacto jamás se supo; como pasó a ser costumbre desde 1919 en adelante, el presidente Yrigoyen se ocupó de evitar los trastornos que un tema tan delicado le podía acarrear a su Gobierno (p. 243).
No obstante, las estimaciones de época arrojan unas cifras espeluznantes: 700 muertos, entre 2.000 y 4.000 heridos, y unos 55.000 detenidos en todo el país, sin contar los desaparecidos, de los cuales -como se ha visto- El Diario publicó el 18-1-1919 una lista parcial de 55 personas. (Nota 462 Las cifras estimadas surgen de las siguientes fuentes: La Vanguardia (14-1- 19), 700 muertos y 2.000 heridos; Mario Boratto (en Solominsky, Naum: La Semana Trágica, Bs. As., Biblioteca Popular Judía, 1971), 700 muertos, 4.000 heridos y varios miles de presos; Diego Abad de Santillán (en LA FORA, ideología y trayectoria), 55.000 detenidos; El Diario (18-1-1919), 55 desaparecidos.”
Todo viene de la página 244.

Y hay mucho más para descubrir ...
Frank 01.12.11.

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