Sudestada, la hija de la crisis 2001

Lunes 26 de diciembre de 2011, por Sudestada

Sudestada, la hija de la crisis 2001

Año 4. Edición número 188. Sábado 24 de diciembre de 2011, Jimena Arnolfi (jarnolfi@miradasalsur.com)

Es la única revista que, sin subsidio alguno, ya lleva 105 números en la calle. Hoy cumple 10 años de vida.

En medio de la crisis de 2001, un grupo de estudiantes universitarios decidió publicar una revista cultural y política por fuera de la agenda de los grandes medios. La llamaron Sudestada, una publicación por fuera del estereotipo tradicional del periodismo y de la Academia. La redacción está en Lomas de Zamora y las páginas llegan a la Capital Federal, todo el conurbano bonaerense y las principales ciudades del resto del país. No hay quien no haya visto sus tapas en algún kiosco de tren o subte. Son los mismos redactores y directores (Ignacio Portela, Hugo Montero y Walter Marini) los que llevan los ejemplares en sus mochilas directamente a los puestos de venta de diarios.

Sudestada se mantiene con las ventas, las suscripciones y el apoyo de algunos anunciantes. Actualmente, 29 personas hacen esta revista mensual que cuesta 10 pesos, la única que subsistió 105 ediciones sin pauta oficial ni subsidios.

Algunos números marcaron un antes y un después. El dos, por ejemplo, dedicado a Fabián Polosecki, fue uno de ellos. Ese número devino en Polo, el buscador, el gran libro que escribieron los directores de la revista sobre quien consideran su referente periodístico. Después llegaron los números sobre la historia del PRT-ERP, Rodolfo Walsh y las críticas a la conducción montonera, los números agotados dedicados a Agustín Tosco, Severino Di Giovanni, Simón Radowitzky.

Los directores Nacho Portela y Hugo Montero cuentan que la revista pertenece a la izquierda dispersa: “Aunque no militemos, nos nutrimos de las mejores experiencias históricas y reivindicamos la ética de muchos compañeros caídos, de anarquistas que enfrentaron el poder, de militantes de diversas organizaciones revolucionarias de bajo perfil que nos marcan el horizonte”. ¿Izquierda no orgánica? En sus palabras: “Somos parte de un colectivo de compañeros y compañeras que intenta mirar la realidad fuera de la antinomia peronismo-antiperonismo, porque sabemos que en esas reducciones históricas siempre se oculta una trampa”.

- ¿Qué los motivó a crear Sudestada?

- La revista fue pensada como una alternativa propia de un grupo de estudiantes universitarios desengañados por el perfil de la carrera y también por la oferta laboral en la prensa comercial de aquel entonces; no nos interesaba ser parte. Queríamos construir un proyecto que no nos frustrara, donde pudiéramos publicar, investigar, entrevistar y trabajar alrededor de los temas que a nosotros nos interesaban y no los que los demás nos impusieran. Los grandes medios no eran nuestro sueño. Nuestras discusiones tenían que ver con años de encuentros, charlas e inquietudes compartidas en pasillos universitarios, marchas, con artistas poco conocidos y principalmente con la lectura que nos apasionaba. Teníamos veintipico la mayoría y la suerte de que ninguno quería hacer guita con el periodismo, para eso trabajábamos de otras cosas, oficios pocos ligados a lo periodístico. La revista surgió como algo chico que fue creciendo y se convirtió en la única revista que subsistió 105 ediciones regulares sin pauta oficial ni subsidios ni apoyo de ningún organismo oficial a ningún nivel. No es poca cosa.

- En muchos ejemplares suelen debatir la lucha armada en los ’60 y ’70. ¿En qué se diferencian de los discursos de la izquierda clásica?

- Nos interesa conocer las experiencias de nuestro presente más cercano, poder entender su accionar, los debates que movilizaron a la sociedad. Su ética y militancia son fundamentales. De aquellos compañeros aprendimos el trabajo a largo plazo, el esfuerzo como ejemplo creador. El lenguaje que elegimos pretende acercarse a esas historias por los bordes de un perfil más humano y menos sociológico; sabemos que muchos de nuestros lectores son jóvenes que no están tan interesados en las discusiones ideologizadas y es más sencillo acercarse a ellos con estas historias a través de la experiencia humana de gente que también fue joven y que eligió ser protagonista de su tiempo.

- ¿Se sienten parte del semillero de revistas culturales que han hecho historia en la Argentina? Desde las más antiguas como Caras y Caretas o Contorno hasta las jóvenes Nómada y Esperando a Godot?

- Somos parte de esa historia, indudablemente, aunque con muchas particularidades. Diez años de editar una revista mensual nos permite sentirlo. Lo inédito de nuestra experiencia es haber logrado imponer la publicados de Zamora, con humildad y esfuerzo, irradiamos un proyecto que se fue expandiendo a todo el país, donde compañeros de sur a norte multiplican sus voces en nuestras páginas. Nos diferencia de otras publicaciones nuestro método de distribución, donde redactores y directores nos cruzamos por las calles, trenes o colectivos, llevando en nuestras mochilas todos los meses la revista directamente al kiosco de diarios, fuera de la burócrata y mafiosa distribuidora que tiene el mérito de enterrar cualquier proyecto cultural que no le caiga bien. En nuestra publicación no hay compromisos partidarios ni sectoriales que limiten las investigaciones. Defendemos las experiencias revolucionarias y a los militantes silenciados porque vemos en ellos un faro.

- Levantan la bandera de la falta de subsidio a contramano de muchos otros colectivos. ¿Qué redes les interesa conformar?

- Por el momento, no integramos ninguna red cultural oficial. Sí participamos de redes alternativas como la Flia (Feria del Libro independiente), la Mocca (Muestra de Organizaciones Culturales y Comunitarias Autogestionadas) o el REC (Red de Espacios culturales). La verdad es que no tenemos ganas de mendigar nada al Estado ni a nadie, laburamos hace 10 años desde abajo sin esperar gestos ni limosnas de nadie. Somos una cooperativa de hecho sin formalismos ni cuestiones técnicas. No tenemos ni queremos subsidios, más de una vez dijimos que no por una cuestión de principios que debatimos en la revista: lo único que tenemos es nuestra autoridad para opinar sobre algunos temas, y depender del dinero oficial creemos que sesgaría esa autoridad. Subsistimos a partir del esfuerzo diario que significa distribuir, vender, difundir y recorrer el país con nuestra publicación. Tenemos la suerte de que hay muchos interesados en nuestra revista y gracias a la venta podemos editar Sudestada. Somos 100% dependientes de nuestros lectores y hacemos la revista que nos gustaría leer, sin condicionamientos, con problemas y contradicciones, pero entre amigos y compañeros que, además de sentirse bien por su trabajo individual, pueden disfrutar del esfuerzo de un colectivo que potencia las voces singulares y las diluye en un lenguaje propio, pequeño todavía, pero con mucho potencial.

"Sudestada", la revista que desafió a la crisis y al periodismo convencional

Nota publicada por Agencia EFE el 20 de diciembre de 2011, Por Carlos Werd

Buenos Aires, 20 dic (EFE).- Como un desafío a la crisis que hundía a Argentina pero sobre todo a un modelo de periodismo con el que no se sentían identificados, tres veinteañeros fundaron una revista que hoy, al cumplir diez años, se ha instalado como un medio independiente en el debate político y cultural del país.

"Sudestada" surgió a "partir del entusiasmo de un grupo de estudiantes de Comunicación Social de la Universidad (bonaerense) de Lomas de Zamora que estábamos desengañados del perfil que tenía nuestra carrera y de la expectativa laboral que se nos abría en los medios convencionales", explica a Efe Hugo Montero, uno de sus tres directores.

"Un poco por inquietud y otro por ganas nos largamos a construir nuestro propio medio de comunicación. Y tuvimos suerte, porque en momentos en que otros cerraban por las condiciones económicas del país, a nosotros nos ha ido bien y hemos crecido año tras año", agrega.

El crecimiento se ha reflejado claramente en la tirada del mensuario, que pasó de 500 a finales de 2001 a casi 7.000 en el último número, el 105, "todo ello sin recibir subsidios ni pauta oficial", precisa.

"Nuestro trabajo siempre ha sido a pulmón, incluso hoy que estamos más profesionalizados. Nunca el objetivo fue ganar dinero. De hecho todos hemos tenido trabajos paralelos para poder subsistir: yo haciendo arreglos de relojes y los otros directores (Ignacio Portela y Walter Marini) trabajando en una inmobiliaria y en un local de venta de piscinas de lona", cuenta.

Montero afirma con orgullo que los recuerdos de aquellos primeros tiempos se relacionan con una característica de la revista que hoy se mantiene. "Es la satisfacción de trabajar con tus amigos, con aquellos con los que después te vas a comer o a jugar un partido de fútbol", matiza.

Ni se inmuta cuando se considera a "Sudestada" una revista de izquierdas, sino todo lo contrario. "De hecho es una buena definición", responde el director, aunque enseguida aclara que "la revista no es orgánica ni está ligada a ninguna agrupación política, sindical ni social".

"Hemos tratado de rescatar experiencias de organizaciones revolucionarias de los años 70 o historias del anarquismo de los años 30, normalmente vinculadas con las derrotas pero muy vitales, muy plenas", asegura.

En ese sentido, pone como ejemplo dos números emblemáticos para "Sudestada", como los que incluían notas sobre el anarquista español Buenaventura Durruti o el ucraniano-argentino Simón Radowitzky.

A la hora de definirla, Montero no se anda con vueltas. "Es la revista que nos gustaría leer", destaca. "Volcamos allí temas que nos interesan, investigaciones que nos inquietan o entrevistas con gente de la cultura que nos gusta. Tiene una perspectiva egoísta, si se quiere, aunque con el tiempo nos dimos cuenta de que hay muchas personas a las que les interesan las mismas cosas que a nosotros", apunta.

Señala que esa condición es la que ha permitido al mensuario "tender puentes de diálogo con los lectores" y descubrir que muchos de ellos tienen un pensamiento político muy diferente al de "Sudestada".

"Nuestro primeros lectores son los ’canillitas’ (vendedores de diarios y revistas), gente muy crítica y que tiene hasta una perspectiva derechista en muchos aspectos. Sin embargo, son nuestros primeros receptores y los que nos comentan qué opinan quienes la compran", sostiene.

Una década ha pasado desde la aparición del primer número de "Sudestada" y, para Montero, "muchas cosas han cambiado en Argentina en este tiempo, aunque algo se mantiene inalterable: la construcción política sigue siendo la misma y los sectores que tienen voz y presencia son los mismos".

"La clase trabajadora tiene escaso peso. Ni siquiera la izquierda orgánica, con la que tenemos puntos de coincidencia, nos identifica", afirma.

Allí es donde "Sudestada" alza la voz y ha encontrado su espacio con "su propia identidad", dice el director, que hoy cuenta 35 años.

"No nos sentimos parte de este mundo periodístico. Es más: a muchos de nosotros nos costaría trabajar en otros medios porque ’Sudestada’ nos ha acostumbrado a hacer lo que queremos. Aquí cada uno se apropia de un tema y lo desarrolla, pero siempre ligado al interés del grupo, nunca al de un consejo editorial", concluye.