Picasso anarquista El arte de la resistencia, de mente libre y sin academicismo

Viernes 2 de marzo de 2012

Picasso anarquista El arte de la resistencia, de mente libre y sin academicismo

(Agencia Rodolfo Walsh, 02.03.12, extraído de Portal Oaca, 28.02.12,)

En su reciente ensayo Oscar Segarra detalla los vínculos a temprana edad del artista Pablo Picasso con el movimiento anarquista de principios de siglo. "Se definía a sí mismo como anarquista, porque estaba por la destrucción del orden social, opresor de pobres y artistas y creía en un arte que generara nuevas alternativas que pusieran en crisis el orden establecido ofreciendo a cambio distintas formas de vida. Rechazaba la autoridad, la jerarquía y las convenciones sociales" detalla el autor de la investigación que será publicada esta próxima primavera por la Editorial Oveja Roja.

- Pregunta. -Oscar, ¿cómo se te ocurrió escribir un libro sobre Picasso?, ¿qué se puede decir de él que ya no se sepa?

- Bueno, a decir verdad, Picasso se atravesó en mitad de mi tesis hace ahora dos años. Yo estaba entonces investigando sobre la Escuela Moderna de Ferrer Guardia, otro personaje del siglo XX sobre el que se ha escrito mucho pero de cuyo círculo profesional apenas había noticias, y aquí fue dónde inesperadamente me encontré con Picasso. (...) Él viaja a Paris en octubre de 1900, de la mano de Casagemas, para asistir a la Exposición Universal donde se exhibía una obra suya en el Pabellón Español: Últimos momentos. Ambos se instalan en el estudio de Isidre Nonell, al que conocían del grupo Els Quatre Gats. Se dice que Nonell influyó mucho en los temas que Picasso pinta en esos años: marginados, miserables, etc.

P.- ¿Qué era Els Quatre Gats?

R. -Un local frecuentado por artistas que compartían intereses políticos y sociales, además de artísticos. Allí discutían de arte, de literatura y también de anarquismo, comentaban los libros de Kropotkin, entonces muy populares. Allí se daban cita artistas fracasados, perdedores varios, bohemios de provincia, en fin, una fauna exótica entre la que Picasso encajaría como un guante.

P.- La mayoría de los biógrafos de Picasso habían minimizado la influencia del anarquismo en el pintor, si acaso, la habían reducido a las amistades que hizo en la cafetería que citas, ¿no?

R.-Els Quatre Gats era algo así como el buque insignia de la bohemia modernista. Picasso comienza a frecuentarlo intermitentemente hacia 1897, con 16 años, al poco de abrirse el local. El 3 de febrero de 1900 cuelga allí su primera exposición individual. Allí toma contacto con la vanguardia artística y con las ideas anarquistas, en efecto, pues el local era frecuentado por personajes que se movían en esta onda o al menos tenían cierta simpatía por lo que suponía el anarquismo, como Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Pere Romeu, Adriá Gual, Opisso, Xavier Gosé, Luis Bagaria, etc... Miguel Utrillo lo dirá en sus memorias: Todos éramos anarquistas. Aunque fueran, la verdad, un poco anarquistas de salón, más dados al debate intelectual que a la acción.

P. ¿Y cuál es el papel de Picasso entre ellos?

R.- Picasso es el más joven de todos, incluso de sus amigos más próximos como Pablo Gargallo, Jaime Sabartés, Carles Casagema o Josep Cardona, sus cualidades plásticas y un punto de retraimiento le hacen que se gane el favor general de los veteranos, frente a los que Picasso se comportó como un observador reservado que absorbía todo lo nuevo que oía. Su aire de modestia le vino bien e hizo que le quisieran y le animaran.

P. ¿Y en esa época, qué sabe Picasso de anarquismo?

R.- Pues lo que oye allí. Picasso era un anarquista instintivo, una mente libre, rechazaba la autoridad, la jerarquía y las convenciones sociales y, sobre todo, las artísticas. Reniega del academicismo y de sus reglas, desprecia el arte burgués y allí, en Els Quatre Gats, se siente entre iguales. Tal vez por eso se definiera a sí mismo como anarquista, porque estaba por la destrucción del orden social, opresor de pobres y artistas y creía en un arte que generara nuevas alternativas que pusieran en crisis el orden establecido ofreciendo a cambio distintas formas de vida. Este tono, anárquico e individualista, caracterizó al pintor. Fue un anarquista sentimental, rechazaba la autoridad y sentía una gran simpatía por los desvalidos, por eso la proyectaba en su obra de un manera romántica, no política. Hizo dibujos de una clase obrera tan indefensa como pasiva. Los anarquistas activos, que se dedicaban a reorganizar los sindicatos barceloneses, contemplaban a este grupo donde estaba Picasso con un sentimiento ambivalente, a pesar de que en no pocas ocasiones participaron juntos en manifestaciones, mítines y manifiestos.

P. ¿Este ambiente trascendió a su obra?

R.- En efecto, basta ver sus cuadros de ese momento, pero sobre todo es explicito en dos de ellos: El prisionero de 1987, donde se ve a un anarquista preso y Un miting anarquista de 1901. Pero hay más, cuando se marcha a Madrid, en enero de 1901, participa activamente en la publicación de una revista, Arte Joven, junto a otro amigo anarquista, Francisco de Asís Soler. Picasso ilustra la revista con caricaturas feroces donde se ridiculiza a la burguesía y se ensalza la figura de la gente humilde. Las primeras palomas que pinta Picasso aparecen en esa revista, y de momento son palomas anarquistas. Los textos de Azorín, Baroja o Silverio Lanza allí presentes te pueden hacer una idea de con quién se codeaba Picasso en la capital.

P.- Nos comentabas antes que la influencia de Nonell fue determinante en el devenir de Picasso...

R.- Bueno, no sé si determinante, pero desde luego Nonell le transfirió sus temas y, desde luego, le animó a marchar a París. Nonell le presentará al marchante Pere Mañach, con el que Picasso terminará haciendo amistad y firmando un contrato en exclusiva a cambio de unos emolumentos irrisorios. Se instala en el 130 del Boulevard de Clichy, en la casa de Mañach, una especie de almacén, que servía también de cuartel general a los anarquistas catalanes en París. La amistad con Mañach le costó su primera ficha policial porque su círculo anarquista había redactado el "Manifiesto de la colonia española en París" pidiendo la liberación de los anarquistas encarcelados por su oposición a la guerra de 1898 en Cuba que publicó el periódico La Publicidad de Barcelona, y todos los firmantes, Picasso entre ellos, eran vigilados por la policía francesa, temerosa de que pudieran tramar algún tipo de atentado. El hecho de que ahora, además, Picasso se hospedara en casa de Mañach hizo despertar sospechas en la policía. Picasso fue vigilado de cerca, la policía secreta controló todos sus movimientos durante los meses que pasó en París. (...)

P.- ¿Sacó algo en claro la policía sobre el peligroso anarquista Picasso?

R.- Lógicamente nada, Picasso ni frecuentaba reuniones políticas, ni se le podía acusar de nada, por otra parte, apenas hablaba francés así que sus contactos fuera del pequeño círculo de artistas que frecuentaba eran casi inexistentes. Cuando la policía se aburrió de seguirlo dictaminaron que como amigo de Mañach había que considerarlo anarquista pero que de momento no se le podía objetar nada más.