Sobre el libro El «programa mínimo» de los libertarios del Tercer Milenio. Relectura antológica y biográfica de Camillo Berneri por Stefano d’Errico

Sábado 21 de julio de 2012, por Carrozza Gianni

Sobre el libro El «programa mínimo» de los libertarios del Tercer Milenio. Relectura antológica y biográfica de Camillo Berneri por Stefano d’Errico (2012)

Camilo Berneri.1 / Otra vez sobre la revolución

Leí la polémica entre Antonio Senta y Stefano D’Errico y, si bien con retraso, quisiera añadir algunas reflexiones.

Que Antonio Senta reseñe un libro que contiene intervenciones bastante diferentes entre ellas y diga por qué motivo no aprecia algunas y menos otras, me parece su entero derecho. A partir del momento en cada uno de nosotros presenta sus ideas, sobre un tema tan controvertido como Berneri, corre el riesgo de disgustar a una parte de sus lectores. Berneri, en vida, corrió varias veces este riesgo, pero nunca se entregó a aplastar a sus contradictores con el volumen de sus escritos.

La literatura sobre Berneri lleva el signo de las dificultades y polémicas que pesaron sobre el movimiento anarquista después de su muerte. La supervivencia del movimiento en un contexto revolucionario produjo un repliegue sobre sí mismo, induciendo a muchos compañeros a acentuar los rasgos ideológicos considerados más relevantes, para poder conservar el núcleo duro de su identidad. Esto explica cómo tuvo tanto éxito la tendencia a "embalsamar" a Berneri, para hacer de él una especie de santón, eclipsando o esterilizando durante años las discusiones animadas en las que intervino en vida, sus análisis, sus posiciones poco ortodoxas, sus provocaciones para estimular a la reflexión.

Su pensamiento se construye en la discusión: cambiando de tema y de interlocutor es obvio que diga cosas diferentes. Desde su muerte, en el movimiento anarquista se manifestó una elección de la facilidad, tomando tal u otra opinión, como clave de lectura general, atribuyendo en sustancia fijeza ideológica a algunas opiniones políticamente motivadas.

Masini, por ejemplo, cuando recogió algunos escritos bernerianos y publicó Compiti nuovi del movimento anarchico [ nuevas tareas del movimiento anarquista, 1955], lo hizo con intención polémica en las discrepancias en torno al abstencionismo tradicional del movimiento, con el fin de dar legitimidad a las decisiones electoralistas del GAAP [Gruppi Anarchici d’Azione Proletaria]. ¿Pero qué tiene que ver esta elección política con la situación pre insurrecional española de 1936, donde Berneri plantea el problema de la participación electoral y, sobre todo de sus previsibles consecuencias?

Dije más de una vez que el principal problema de Berneri era hacer la revolución. Incluso en un contexto desfavorable en términos de relaciones de poder entre las clases sociales como durante el fascismo, Berneri no dejaba de pensar en la revolución italiana. Todo su pensamiento gira en torno a este problema: el programa del movimiento, la cuestión de las alianzas, la estructura federal de la nueva sociedad y el peso de las autonomías locales, el "sovietismo", el sindicalismo de acción directa, la liquidación del fascismo y del colonialismo, la intervención en la revolución española, el enfrentamiento con los comunistas ...

Berneri no tiene el problema de conservar su identidad en un momento de crisis. Para él está claro. Especialmente cuando discutía con otras fuerzas políticas como “Giustizia e Libertà” [Justicia y Libertad, movimiento socialista revolucionario de apertura, con muchos voluntarios en la España de 1936-38, animado por los hermanos Rosselli, asesinados en 1938 en Francia por un grupo fascista francoitaliano], que intentaba captar militantes en el área libertaria, o con compañeros que razonaban más en términos de identidad de análisis político. No tiene miedo de pasar por centrista, siempre que la aguja de la brújula indicara la revolución que hacer. Él es experimentalista, está convencido de que la libertad se consigue a través de la práctica de la libertad, no tiene miedo de equivocarse y de reconocer que se había equivocado.

Los problemas que enfrentó el movimiento (y el modo en que lo hizo) tras la segunda guerra mundial son de una índole muy distinta. La fuerza propulsiva de la revolución quedó enjaulado por la Unión Soviética. En Occidente, los partidos y los sindicatos de orientación comunista funcionaron más como un "ministerio de la oposición" dentro del marco establecido en Yalta, que como estructuras que tratasen de hacer una revolución. Las sociedades occidentales fueron atadas a la partición entre los bloques y los anarquistas se encontraron atrapados entre dos fuegos. Resulta por tanto comprensible la suerte que le tocó a Berneri, cuya vitalidad estaba ligada a un movimiento que siguió queriendo concretamente hacer la revolución.

El movimiento anarquista de la posguerra intentaba reconstruir sus raíces sociales, buscando aprovechar todas las oportunidades posibles para manifestar su presencia, criticando y atacando las relaciones sociales, políticas culturales dominantes, pero ante todo trataba de preservar su propia identidad: hacer una revolución ya no era un problema concreto a resolver, sino una "antorcha bajo la leña" que mantener encendida en la noche de las reformas capitalistas y del dominio burocrático. Los destellos de luz no faltaron como en torno al 68. El movimiento volvió a reflejar su propia acción. Después del final de la URSS los problemas comenzaron a plantearse en otros términos, pero fue necesaria una entera generación para realizar el alcance de esta mutación. Los estudios sobre Berneri empezaron a ser más numerosos con la aproximación al aniversario de su muerte, pero la calidad de dichos estudios fue bastante diversificada y muchos estaban marcados por la tendencia a leer Berneri en clave ideológica más que histórica.

Acumular las citas de Berneri para hacerle decir lo que uno desea no es difícil, y Stefano nos brinda una demostración deslumbrante. ¿Pero acaso esto puede servir hoy al movimiento anarquista? El problema, a mi parecer, es antes reconstituir las discusiones en las que Berneri tomó esta o aquella posición, en un contexto histórico determinado, para entender hacia dónde quería ir. A esto habría podido (¿debido?) servir la revigorización del interés, de los libros y de los encuentros de estos últimos años que se dedicaron a Berneri. Lamentablemente, el resultado es desde este punto de vista bastante modesto, y no se puede del todo quitarle la razón a Antonio cuando expresa su decepción frente a los textos de la conferencia de 2007 de Arezzo. Deberíamos antes agradecerle, porque nos remite al sentido de la utilidad del trabajo del historiador.

Ahora bien, si Stefano nos dio un par de libros que nos iluminan sobre su lectura de la mente de Berneri, también se puede pensar que no nos ha ayudado mucho a profundizar el conocimiento de este pensamiento. Sus libros, de hecho, nos informan mucho más sobre su autor que sobre el objeto de estudiado. Stefano lee y cita a Berneri, pero expone y estructura el pensamiento de D’Errico. Una elección por cierto legítima en el plano político, pero que deja perplejo a los que esperan un trabajo de análisis histórico, en una encuentro de estudios históricos, como precisamente lo enfocó Antonio.

Frente a esta polémica, yo habría esperado que un escritor agudo como D’Errico comprendiera fácilmente el enfoque de Senta, si bien no la comparte.

Gianni Carrozza, París (Francia), Rivista Anarchica, junio 2012, pp. 102-103.

La respuesta de Stefano D’Errico, misma revista, pp. 103-106, consiste en oponer a Sinta y a Carrozza el único argumento electoral, con citas de Berneri y Bakunin. El resultado es un texto largo que no plantea para nada la crítica de que “Stefano lee y cita a Berneri, pero expone y estructura el pensamiento de D’Errico”. Por eso su texto es de poco interés.

Traducción de Frank, 21.07.12.