Michel Onfray entre los post-anarquistas y Albert Camus

Martes 7 de agosto de 2012, por frank

Michel Onfray entre los post-anarquistas y Albert Camus

Michel Onfray está de moda en Francia e incluso en varios países porque publica mucho, hasta con la etiqueta anarquista y viene a ser un intelectual de salones literarios, muy presentable puesto que no suele protestar contra las guerras y las masacres. Por eso es probable que su libro de L’ordre libertaire (la vie philosophique d’Albert Camus), El orden libertario (la vida filosófica de Albert Camus), se publique en castellano y es mejor estar prevenido a causa de algunas partes discutibles de dicho libro.

La obra cumple su papel pedagógico sobre Camus y su indudable inclinación anarquista. De modo muy peregrino el libro acaba con una conclusión desvinculada de su tema, "¿Qué es un post-anarquista? ", una justificación apresurada de las posiciones de Onfray y de algunos otros pensadores en unas treinta páginas. Al mismo tiempo es un rechazo de la militancia política como si la sociedad fuera perfecta y no existiera en el planeta el genocidio diario de los más excluidos (los niños por el hambre y la carencia de fármacos básicos, sin hablar de los adultos).

La pobreza, la solidaridad son, paradójicamente dos temas que Onfray subraya con justeza en la reflexión de Albert Camus, quien estuvo bregando por sobrepasar un tratamiento penoso de su tuberculosis y soslayar las insidias de la política como pitanza que convierte la moral personal en bazofia. En la juventud de Albert Camus era rehuir la adhesión al mariscal Pétain (Primer embajador de Francia cerca de la España católica fascista, y luego jefe de Francia y fiel discípulo de Mussolini, como el Caudillo) y luego fue esquivar las ofertas del partido comunista cuando la Liberación de Francia de los nazis y tener un trabajo seguro o una sinecura -mediante los municipios del PC-. Otros no fueron tan exigentes como los filósofos Merleau-Ponty, y hasta cierto punto Jean-Paul Sartre. De joven, Camus desconfiaba de las jerarquías nauseabundas y fundadas en la explotación de a los trabajadores.

Famoso y en plena creación intelectual Albert Camus siempre encontró tiempo para participar en mítines y escribir protestas por las víctimas de las dictaduras: anarcosindicalistas en la España franquista, comunistas en la Grecia sostenida por Occidente, victimas sin partidos y consejistas en la Hungría reprimida por los tanques reales del socialismo científico.

¿De dónde procedía esta empatía con los perdedores? He disfrutado de esta cita de Camus en 1938 [...] Yo No puedo separarme de aquellos entre quienes nací y a quienes no podía abandonar. La causa de ellos la anexionó injustamente el comunismo. Entiendo mejor ahora que si tengo un deber, es darles a los míos lo mejor de lo que tengo, quiero decir defenderles de la mentira (1938). De las páginas anteriores de la obra, se colige que los allegados de Camus eran su abuela y su madre planchadoras casi analfabetas (de estirpe mallorquín) y sus vecinos criollos pobres, cabileños y árabes, todos víctimas de la lucha de clases y del colonialismo.

Michel Onfray también pone de relieve una característica de periodista y ensayista de Camus de construir una historia, una interpretación, a partir de hechos reales y de fotos, El caso de El Extranjero. Aparecen una serie de fotos en la edición francesa, pero se deslizó un error en la elección de soldados españoles con las cabezas cortadas de sus enemigos, considerada como de la Guerra Civil española. De hecho es la represión militar de 1920 y en la zona marroquí española (http://albacete-fotos.blogspot.fr/2010/08/el-desastre-de-annual-guerra-del-rif-y.html), una imagen de los “caballeros del fascismo católico” de los generales Franco, Millán Astray, etc., que luego continuaron la masacre en 1934 en Asturias y 1936-1939 y hasta 1948, con la guerra civil y la represión-redención de los descarriados rojos con el visto bueno católico y militar.

Otro error evitable, atribuir a un Kropotkin una cita anónima sobre el uso de armas, debido
a la confusión (¿intencionada?) del historiador Jean Maitron demostrada por Gaetano Manfredonia (Anarchisme et changement social, 2007, p. 331). Interesante es la parte sobre Camus y la violencia, con alusiones de Onfray al anarquismo y a la violencia que podrían ser exactas si él hubiera asimilado más lecturas y más conocimientos. De ahí una contradicción, Bakunin rechazado por Onfray en “Sobre la violencia revolucionaria” y unas páginas después una cita de Camus en 1952 Bakunin está vivo en mí (lo que se comprueba en El Hombre rebelde).

No sé para qué sirve el breve anexo final de Onfray "La posteridad del sol ¿Qué es un post-anarquista? " y tampoco veo su vinculo con Camus.

La crítica de Onfray que me parece justa es esta deformación anarco intelectualizante: La historiografía anarquista dominante considera que la publicación de un artículo en una revista anarquista, patentada así, sirve de ley, o que la cita elogiosa de homenaje explícito de un pensador anarquista que forma parte del catecismo revolucionario, constituyen una prueba. Si falta el visto bueno, los anarquistas tienen dificultades para ser verdaderamente libertarios. De todos modos, yo encontraría más que sospechoso un autoproclamado libertario escribiendo en una revista racista, masónica y leninista.

El problema del “etiquetaje” ideológico es complejo en sí, pero se limita Onfray a lo libertario y lo anarquista, sin avanzar en la definición de los términos, que empleamos sin mucho tino en la mayor parte de los casos. Preferimos actuar con cientos de revolucionarios que, sin llevar la etiqueta anarquista, lo son para nosotros y más que algunos burócratas para quienes la contraseña es: "¿Eres anarquistas? (Revista Noir et Rouge, n° 42-43, noviembre 1968). Para ser concreto, es trabajar con los excluidos del poder de igual a igual. Personalmente, prefiero usar “anarquista” para el militante de una organización autoproclamada como tal y “libertario” para los simpatizantes; y en el caso de anarquistas sectarios y violentos con sus camaradas pongo “talibanes” o “comisario político rojo y negro”.

Onfray no dio en su obra una caracterización del mismo Camus en febrero de 1952 contra los intelectuales de izquierda y los que fingen luchar por los oprimidos: El mal que los intelectuales (y me refiero a los intelectuales, no los artistas) hicieron, ¿Pueden deshacerlo? Mi respuesta es sí, siempre que:

1-reconozcan el mal provocado y lo denuncien,

2- no mientan y sepan confesar lo que ignoran,

3- se nieguen a dominar,

4- rechacen, en cualquier ocasión y sea cual sea el pretexto, todo despotismo, incluso provisional.

Por supuesto, eso lo exijo de los talibanes y comisarios políticos rojos y negros, para que dejen las alcantarillas manipuladoras. Y me pregunto si Michel Onfray se aplicó a sii mismo estas líneas de Albert Camus.

Si un buen libro se ha de medir según su alcance y las reflexiones positivas que suscita, el libro de Michel Onfray lo es.

Frank Mintz, bakuninista y horizontalista, 07.08.2012.