Ibáñez Tomás Anarquismo en movimiento (Anarquismo, postanarquismo y neoanarquismo)

Miércoles 28 de mayo de 2014, por frank

Ibáñez Tomás Anarquismo es movimiento (Anarquismo, postanarquismo y neoanarquismo), Barcelona, Virus, 2014, 152 pp. 12 euros

Un gran libro con un texto breve muy claro y objetivo sobre problemas candentes, sin caer en prédicas unilaterales o rechazos tajantes. Y, por añadidura, nos depara el autor tres adendas bitácoras para entender el trasfondo de posturas ajenas tanto próximas como alejadas de nuestros enfoques y, más sencillamente, para que cada unx sepa reflexionar sobre sí mismx en el día a día, o sea cuestionarse.

El elemento básico y conductor del anarquismo, perfectamente reflejado en el título, es “la atracción hacia los que se podría llamar la revolución continua e inmediata. […] La revolución se concibe como algo que se encuentra anclado en el presente y que no es, por consiguiente, algo que sólo se desea y se sueña como acontecimiento futuro, sino que es efectivamente vivido” (p. 31).

Enormes son las consecuencias que Tomás circunscribe dentro del medio libertario, muy cortésmente, o sea, no confiar en un porvenir anarquista próximo sino estar de inmediato en grupos y redes, con todos los que protestan y luchan. Con la consecuencia de tolerar cuantos modos de protesta aparezcan; aceptar la fluidez de las redes; adoptar coordinadoras flexibles porque “las apariencias de la eficacia […] acaban siempre por esterilizar las luchas” (p. 34). Frente a las prácticas de dominación [que] que moldean su [de los seres humanos] imaginario, sus deseos y su forma de pensar para conseguir que respondan, libre y espontáneamente, a los que las instancias dominantes esperan de ellos” […] se trata, hoy como en tiempos pasados (1), de producir una subjetividad política que sea radicalmente rebelde al tipo de sociedad en la que vivimos […]
(p. 37).

Tomás descarta la separación entre anarquismo social y anarquismo estilo de vida porque si este se resiste verdaderamente a la seducción del sistema y a su intimidación viene a ser “irrecuperable para siempre” (pp. 38-39), o sea es un obstáculo social contagioso. A la inversa, el anarquismo social, si lo es de veras, debe adoptar estructuras del todo horizontales y no dejarse “tentar por cierto vanguardismo” (p. 40). El autor defiende la postura de abandonar “las perspectivas totalizantes y […] las ilusiones escatológicas (2)” y “actuar con los demás” (p. 41).

Tomás denomina neoanarquismo este afán de militancia creadora inmediata (pp. 24, 31, 45-46) porque el anarquismo es necesariamente cambiante (p. 50), dentro de su denuncia vital de la autoridad arbitraria que es el pilar de la jerarquía (3).

Frente a la omnipotencia del mal llamado neoliberalismo, que es el capitalismo exterminador -desde el ibérico 1492: pensamiento único y supeditación criminal de los aborígenes hasta hoy por hoy- e introductor dictatorial de sus valores en todos los ámbitos de la existencia, la respuesta es para mí “Yo me rebelo, luego nosotros somos” de Albert Camus en El hombre rebelde. Dicho de otro modo, ser “irrecuperable para siempre” y volver a la “utopía plenamente consciente de serlo”, como “una incitación para la lucha” (p. 85).

Y en las páginas de conclusión tenemos esta hermosa frase: “la revolución pasará mar adentro y se mantendrá fuera de nuestro alcance, si no la anclamos, firmemente, en el presente.” (p. 86).

Tengo algunas reservas sobre la exposición (p. 34-35) del insurreccionalismo (4) y la evocación de algunas figuras (pp. 39, 58 y ss). No sé por qué Tomás introduce el postanarquismo dentro del texto cuando de hecho es un apéndice.

En conclusión, es una lectura estimulante y desbordante de observaciones que incitan a reflexionar y a vertebrar nuestras convicciones.

Frank, 28.05.14

Tengo algunos comentarios o datos, así como las cuatro notas, que sólo confirman mi adhesión al libro y que prefiero poner aparte en “Anarquismo es movimiento” breves apuntes suplementarios