«Un compañero muerto, una comunidad educativa destrozada»

Martes 21 de abril de 2015, por Martí i Font Jordi

Jordi Martí i Font: «Un compañero muerto, una comunidad educativa destrozada»

dimarts 21 d’abril de 2015

http://www.cgtpv.org/Jordi-Marti-i-Font-Un-company-mort.html

http://blocs.mesvilaweb.cat/jordimartif69/?p=271133

20 de abril de 2015. Un niño de 13 años mata a un profesor del Instituto Joan Fuster con una ballesta y hiere a otros alumnos y profesores. Un crimen execrable que hay que condenar, un compañero que hay que recordar y una comunidad educativa, la del Instituto Joan Fuster, que hay que acompañar en unos momentos tan duros.

Si cualquier crimen con violencia resulta execrables, en este se unen algunos condicionantes que habría que revisar a fondo para extraer algún tipo de conclusiones: las armas empleadas, la fecha de hoy, la edad del asesino y la precariedad del compañero asesinato que con toda la buena fe del mundo ha intentado detener un niño que tenía el único objetivo de hacer daño.

Una ballesta y un cuchillo para matar gente, y matarlos. Las armas del asesinato nos aportan un dato escalofriante: no hay utensilios que no sirvan a la hora de hacer daño. Por lo tanto, hay que conseguir que no haya voluntad de hacer daño porque, si esta existe, el resto es relativamente fácil de buscar y encontrar. Por suerte, de momento esta sociedad no ha decidido suicidarse como la estadounidense y su obsesión enfermiza por las armas de fuego al alcance de cualquiera que tenga cuatro dólares ...

Hoy es 20 de abril y ese mismo día, en 1999, dos chicos decidieron asesinar tantos compañeros y profesores de su instituto como pudieran en Columbine, en EEUU, y como que tenían armas al alcance así lo hicieron. Parece claro que la fecha no es casual. En ese momento, cuando se habló de las causas de la agresión se habló, como aquí, de la posible enfermedad mental de los asesinos, del bullyng a que eran sometidos, de su absoluta falta de empatía hacia los demás alumnos y profesores. También se atribuyó el hecho a la influencia de videojuegos y por películas con contenido violento. Todos estos factores existen aquí y a menudo son vistos como «normales». Y lo pueden llegar a ser pero hay que tener en cuenta que hay niños y jóvenes que ven la muerte y el asesinato también como normales porque su mundo referencial, audiovisual, así se los muestra en todos los momentos de su vida.

Hoy, resulta sorprendente leer algunos comentarios de compañeros (son minoritarios pero están) atacando la escuela inclusiva y señalándola como casi culpable de las agresiones, cuando es ésta la única que nos puede liberar de las posturas violentas, del aislamiento, de las agresiones de una a otras, de la estigmatización de las personas con disfuncionalidad intelectual o física que en su absoluta mayoría nunca son violentos. Cuando es ésta la única que nos puede ayudar a hacer entender que el mundo no es la tele, que la muerte o el asesinato no es "normal", que la ficción no puede confundirse nunca con la realidad y que la violencia se puede tratar de muchas maneras pero la violenta es la peor de ellas.

Vivimos momento duros en las aulas. Cada vez más niños y jóvenes, con ratios que sobrepasan todas las recomendables. Equipos de psicopedagogos recortados hasta hacerlos casi inexistentes. Profesionales expulsados del trabajo por recortes que nos dejan a la intemperie y tienen como consecuencia la conversión de los centros educativos en aparcamientos de chicos y chicas. Y profesores, profesoras y maestras buscamos soluciones que no pueden venir del actual marco porque es este precisamente el culpable del en que estamos.

El estrés que provocan clases con más de treinta niños y niñas que no tienen la atención que necesitarían porque llevan montones de problemas de sus casos (también bombardeados por desahucios precariedad, violencias, pobreza...) parece que no se quiera ver por parte de quien manda, pero están ahí y cada día están más presentes. Un niño con problemas como tenía este del Instituto Joan Fuster seguro que habría sido visto, oído y atendido en una escuela más humana, sin tantísima gente por aula, con más psicólogos y pedagogos que se pudieran dedicar a su trabajo sin tener que cubrir horas y horas de otros profesores que la administración ha decidido que no eran necesarias, sin tantos problemas como los que los gobiernos actuales han vertido en nuestras escuelas. Y si los profesionales hubieran decidido que necesitaba un tratamiento especial, lo habrían podido conseguir.

Las escuelas no pueden ser vertederos de niños si niñas. La precariedad no puede ser la forma "normal" de trabajar. Las y los alumnos con problemas de cualquier tipo deben tener la oportunidad de ser atendidos como personas que son y esto sólo es posible si tenemos mucho personal (y más aún muchas personas, formadas y con ratios asequibles) y con garantías de no morir en el intento. Y, sobre todo, la escuela no puede seguir dependiendo de gente inepta que recorta todo lo posible hasta el punto de que las personas no puedan ser tratadas como personas, como personas diversas y por ello también con soluciones diversas.

[Traduccion automática revisada]

Relato [con datos en parte silenciados ahora por los medias]

Antes del drama

"Ya dijo que quería matar a todos los profesores y luego suicidarse", ha comentado un alumno. "Tenía una lista negra", ha abundado otro. "Siempre hablaba de armas y quería ser militar", ha espetado otro chico. "Siempre estaba solo", ha subrayado un cuarto estudiante.

[Otro testimonio de estudiante] era sociable

http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20150420/54430050846/la-ultima-vez-que-vi-al-profesor-estaba-en-el-suelo-apunalado.html

El drama

el alumno ha llegado con retraso a su clase, en el Instituto Joan Fuster de Barcelona, ha llamado a la puerta y una profesora le ha abierto, momento en el que ha sacado la ballesta y le ha disparado cerca de la cara, provocándole heridas de diversa consideración.
Según testigos presenciales, el chico también ha disparado con la ballesta a una alumna de esa clase, hija de la profesora.
El profesor muerto llevaba apenas un mes como sustituto en el Instituto Joan Fuster y ha muerto cuando ha acudido en auxilio de la clase vecina. Al oír los gritos, el profesor se ha acercado al lugar y el joven le ha disparado a la altura del pecho, por lo que ha quedado malherido tendido en el suelo y, poco después, ha fallecido. A continuación, el agresor ha entrado a otra clase y ha agredido a otro alumno con el arma blanca que llevaba, según las mismas fuentes.

El estudiante ha sacado entonces una botella de cerveza con líquidos explosivos que llevaba en la mochila y la ha empezado a manipular, para tratar de introducirle la mecha.
El profesor de educación física lo ha visto, ha entrado en el aula y ha hablado con el chico, que estaba muy alterado y que se limitaba a repetir que oía voces que le decían que tenía que matar.
Tras intentar establecer una conversación con él, el profesor ha podido calmar al alumno, le ha quitado de las manos el cóctel molotov y ha esperado a que llegaran los Mossos d’Esquadra, que han custodiado al menor, que al no haber cumplido los 14 años de edad no puede ser imputado.

La Vanguardia, 20.04.15

Después del drama

El profesor fallecido trabajaba como sustituto en materia de ciencias sociales de una profesora del centro que se encontraba de baja.
Abel Martínez Oliva era un profesor errante. Uno de esos docentes acostumbrados a peregrinar por diferentes institutos de Catalunya para cubrir vacantes temporales, con el sueño de que un día llegaría la esperada plaza fija. Y eso le obligaba, a sus 36 años, a esforzarse más de lo normal en la preparación de sus clases, pues muchas veces la materia que le tocaba impartir en estas sustituciones no era la de su especialidad. Él se había licenciado en Historia.
Aquellos que conocían bien a este profesor no se extrañan de que fuese uno de los primeros en ir a auxiliar a una compañera cuando oyó gritos procedentes del interior del aula donde el alumno armado con una ballesta estaba sembrando el terror. "Esta reacción es propia de Abel", afirma otro de sus amigos.

La Vanguardia, 20.04.15

Carta de una estudiante

Abel, gracias por esta semana contigo y por tus enseñanzas. Lástima que todo haya acabado así. Nos has protegido hasta el final y has sido muy valiente. Siempre recordaré tu valentía y tus conocimientos.
Siempre te recordaré.
Un beso,
Ainhoa, 2º A

El País, 21.04.15]