Errico Malatesta, Páginas de lucha cotidiana

Jueves 31 de diciembre de 2015, por Malatesta

Errico Malatesta Páginas de lucha cotidiana, 1921

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Excelente, la idea de republicar este libro con artículos que respondían a momentos revolucionarios tensos, con un pueblo decidido y sin los enfrentamientos que conocimos contra el fascismo y con marxistas leninistas con nosotros o contra nosotros
Entre múltiples aspectos tratados por Malatesta, por lo menos, tres merecen ser meditados
Las elecciones
“Hoy entre los trabajadores italianos existe indudablemente un deseo de revolución profunda, radical, expropiadora.

Este estado de ánimo de las masas, además de los hechos que, naturalmente, son siempre el factor principal, se debe a todo lo que los socialistas dijeron e hicieron durante la guerra. ¿Y después? Vinieron las elecciones y los socialistas comprendieron que el único medio para arrastrar a los electores proletarios hacia las urnas era el hacerles creer que se servirían del mandato parlamentario como medio para realizar la revolución inmediata; y así tuvimos discursos electorales que parecían llamados a las armas. Fueron elegidos en cantidad extraordinariamente grande...

¡y advirtieron que no estaban preparados! ¿Y no lo sabían antes? (p. 46)

Estar con las masas
Las masas son, más o menos, las mismas en cualquier organización que se encuentren y aquellas que están fuera de toda organización no son siempre las menos avanzadas.
Deber nuestro es trabajar en las masas, en todas las masas. Y sobre todo deber nuestro es ser siempre nosotros mismos: anarquistas y revolucionarios (p. 117).
Nosotros los anarquistas, estamos todos, o casi todos, convencidos de que la sociedad burguesa basada sobre la violencia, no caerá sino bajo los golpes de la violencia de los proletarios y en consecuencia tendemos a una preparación moral y material que pueda conducir a una insurrección victoriosa.
Malamente se trata de hacer creer que nosotros quisiéramos provocar huelgas, escaramuzas, conflictos violentos a cada momento. Nosotros queremos vencer y por esto no tenemos nin¬gún interés en gastar nuestras fuerzas y las del proletariado poco a poco. A pesar de las mentiras de los periódicos policiales, es sabido por todos que en los episodios sangrientos de estos últimos tiempos no hubo nunca un verdadero y efectivo conflicto, sino siempre agresiones no provocadas y a menudo asesinatos premeditados de parte de la fuerza pública.
Nuestra prédica, dando esperanza y confianza en un movimiento de acción general, tiende a evitar los hechos particulares, disipadores de fuerzas, y a impulsar hacia una preparación metódica que pueda asegurar la victoria. (p. 160)

Los socialistas (científicos)

Entre tanto, observemos que el Partido Socialista sigue siempre estando enfermo por ese autoritarismo que desde sus orígenes debilitó su contextura interna y comprometió su orientación.
El autoritarismo es una enfermedad del espíritu hecha a base de soberbia y de humildad. Es una pretensión a la infalibilidad propia y una fe en la infalibilidad de los demás que hace a uno, por una parte secuaz, servil y ciegamente obediente de quien es o se cree superior y, por la otra, intolerante hacia toda oposición que venga de quien es o se cree inferior.
Y el Partido Socialista, malgrado que gusta llamarse científico, crítico, etc., ha mostrado siempre la necesidad de jefes intelectuales por cuyo verbo jurar y de dirigentes prácticos a quienes obedecer. […]

Marx, con su manía autoritaria y centralizadora, fue una de las causas de la disolución de la Primera Internacional, a cuyo origen había contribuido poderosamente.
Lenin y sus amigos, que han fundado ahora la Tercera Internacional, terminarán matándola por la misma manía autoritaria y centralizadora. (pp. 149-150)

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