Las contradicciones del antileninismo

Las contradicciones del antileninismo

Lunes 18 de julio de 2005, por frank

El texto ha sido ligeramente corregido en julio de 2005, sin que el autor encuentre nada que modificar.

Las contradicciones del antileninismo

Una primera constatación teórica y práctica es que los consejistas y los anarquistas suelen llevarse como el gato y el agua (en España, en Francia, etc.), lo que ya es un factor claro de que unos o ambos no son lo que afirman ser. Pero antes de plantear esta consecuencia de tipo lógico, hay que averiguar si realmente hay posibilidad de unión entre estas tendencias o teorías (1).

I La separación entre marxistas y anarquistas

Aunque cada bando tenga su explicación de que fue culpa del otro, es evidente que el problema no es sencillo : “Si lo que Marx ha dicho de Bakunin es cierto, éste es un infame, y si no, lo es aquél; no hay término medio” (2) . Max Nettlau en La anarquías través de los tiempos (1935) sugiere la hipótesis de que Marx actuó en la Internacional con manipulaciones, porque ya existía una situación muy confusa y que, si bien Marx se valió de cuantos chanchullos tuvo a mano en el Congreso de La Haya, de hecho de cara a los trabajadores “gritábamos muy fuerte contra Marx y los marxistas porque intentaban hacer triunfar en la Internacional su programa especial; pero, aparte de la lealtad de los medios empleados y sobre los cuales sería inútil insistir ahora, hacíamos como ellos, es decir, tratábamos de hacer servir la Internacional a nuestros fines de partido. La diferencia residía, en que nosotros, como anarquistas, contábamos sobre todo con la propaganda y, queriendo hacer anarquistas, impulsábamos a la de descentralización, a la autonomía de los grupos, a la libre iniciativa individual y colectiva, mientras que los marxistas, siendo autoritarios, querían imponer sus ideas a fuerza de mayorías más o menos ficticias y por la concentración y la disciplina. Pero todos bakuninistas y marxistas, tratábamos igualmente de forzar las cosas, más bien que confiarnos en la fuerza de las cosas” (3).

Anselmo Lorenzo confirmaba esta conclusión cuando escribía: “Hoy considero que las afirmaciones que haga o hagan en nombre de una entidad grande o pequeña, llámese sociedad, asociación, liga, partido, masa, multitud, sólo tienen valor positivo según se aproximen a radicar en todos y en cada uno de los individuos” (4). Concepto magnífico que relaciona la teoría con la práctica individual y no con las luchas de comités y fue esta convicción la que guió a gran parte de los militantes que se lanzaron a la autogestión en 1936-39 pese a que las organizaciones primero callaron y luego frenaron este impulso.

Sin embargo, no hubo nunca, que yo sepa, una denuncia clara de la burocratización, de los chanchullos como fenómeno propio de marxistas y anarquistas, quedó esta lacra como consustancial del marxismo, y el mismo marxismo fue rechazado como una lepra. Bakunin no había ocultado su admiración por el sistema de Marx y su odio por su carácter, pero luego, sin duda como reacción contra el desarrollo de la socialdemocracia," se inició una fuerte campaña antimarxista entre los pensadores anarquistas (Kropotkin, Cherkesof, Rocker) o el elemento lucha obrera fue acompañado de una fuerte insistencia sobre la voluntad (Landauer, Malatesta). De todos modos, dos puntos separan fundamentalmente las tácticas marxistas y anarquistas: son el parlamentarismo y la cuestión campesina, que ya en Bakunin aparecen como inútil (las elecciones) y fundamental (el campesinado).

Si se hubiera desarrollado un marxismo a lo Bakunin habría sido por tanto antiparlamentario, y tan abierto a los campesinos como a los obreros, amén de postular una desconfianza a cualquier organismo que no funcione con rotación de los cargos y posibilidad de revocación permanente por los miembros de la base; y esta desconfianza implica el rechazo del período transitorio y de los intelectuales.

Se dirá con razón que en no pocas páginas Bakunin esboza organizaciones secretas, incluso habla de votar, pero lo que es evidente es que los últimos y más importantes textos defienden la tesis que hemos evocado. Y asimismo, Marx habló una única vez a propósito de la Comuna de París de la revocación por la base
(como Lenin en El Estado y la revolución), pero esto fue desmentido por él mismo, unos cuatro años más tarde, en Acotaciones al libro de Bakunin “El Estado y la anarquía” (5) A los argumentos (entonces aún teóricos) de Bakunin de que los obreros “apenas se conviertan en representantes o gobernantes del pueblo dejarán de ser trabajadores y mirarán al vulgar mundo de los obreros desde las alturas estatales” (6), Marx contesta que lo mismo que un capitalista es siempre capitalista, así lo es un obrero, y que “Si Bakunin conociese, por lo menos, la posición que ocupa el gerente de una cooperativa obrera, se irían al diablo todas sus fantasías sobre la dominación”, y añade coma conclusión: “el señor Bakunin no ha hecho más que traducir la anarquía de Proudhon y de Stirner al tosco idioma tártaro, es decir, la libre organización de las masas obreras de abajo arriba (¡qué majadería!)”.

Marx, por consiguiente, no evolucionó en su convicción dé centralismo imprescindible para imponer la revolución y los propios “tártaros” (o soviéticos) lo demuestran en sus ediciones.

II Del marxismo al consejismo

Me parece que sin las duras críticas de Rosa Luxemburg dentro de la socialdemocracia, el consejismo no habría aparecido tan abiertamente. La obra fundamental es de 1906, Huelgas de masas, partido y sindicatos : La aparición espontánea a los soviets permite a Rosa destacar las siguientes conclusiones - las masas pueden tener por sí mismas una conciencia de clase “práctica y activa” -; el Partido debe “tomar y conservar la dirección real, encauzar todo el movimiento en un sentido político” (7) ; hay que controlar más los sindicatos y luchar contra la burocratización (el funcionarismo). “Así se ha constituido este extraño estado de cosas: el mismo movimiento sindical que, en la base, en la amplia masa proletaria, está totalmente unido al socialismo, queda netamente separado en la cúspide, en el edificio administrativo del partido socialista, y se yergue ante él como una segunda gran potencia independiente” (8). Rosa critica al sindicalismo y al Partido, para que el Partido domine mejor a las masas; pero en esta crítica hay elementos que van a ser básicos en las polémicas futuras: capacidad de las masas de llevar a cabo movimientos revolucionarios sin el Partido; competencia entre el Partido y el órgano sindical; oposición entre los trabajadores y el sindicalismo.

Evidentemente, para Rosa el anarquismo, como para Marx, era puro negativismo : “La revolución rusa [de 1905...] no sólo no es una rehabilitación del anarquismo, sino que equivale a la liquidación histórica del anarquismo, “es el símbolo de los ladrones y saqueadores vulgares”, etc.

Pannekoek empieza su reflexión buscando una vía entre el reformismo de la socialdemocracia alemana y el anarquismo (9), y luego llega a defender en 1912 la primacía del sentido de la organización de los trabajadores, que debe desembocar en una fuerza consciente y poderosa, opuesto a un partido que privaría a las masas de iniciativas y acciones espontáneas y que “reduciría la capacidad revolucionaria del proletariado antes que impulsarla” (10).

El salto cualitativo a la crítica definitiva está dado con la primera guerra mundial y el nacionalchovinismo (precursor del nacionalsocialismo, ¿?) de la socialdemocracia. La aparición de los consejos o soviets en Alemania en los años 1918-1920 provoca separaciones ideológicas profundas.

En el Congreso Constituyente del Partido Comunista de Alemania (30-XII-1918, 1-I-1919), a la propuesta de lucha electoral, Otto Rühle contesta que “equivaldría a un suicidio. Sólo contribuiríamos a expulsar la revolución de la calle para trasladarla al parlamento. Para nosotros, sólo puede existir una tarea, robustecer la potencia de los consejos de obreros y soldados”. Y Rosa respondía: “El optimismo del camarada Rühle es muy bonito, pero no nos ayuda en absoluto. Lo que estoy viendo hasta ahora es la no madurez de las masas llamadas a derribar la asamblea nacional” (11). Y la postura de Luxemburgo fue rechazada por el Congreso. En cuanto a los consejos, pese a evocarla en sus discursos, concretamente Rosa los supedita al Partido : “ Estimo errónea la propuesta de los camaradas de Hamburg que tienden a formar organizaciones únicas económico-políticas (einheitsorganisation), porque a mi parecer las tareas de los sindicatos deben ser tomadas por los consejos de obreros, de soldados y fábricas " (12).

Rosa Luxemburgo defendía la subordinación de los consejos al Partido (ocuparse de lo sindical y dejar lo político), pero ante la impopularidad de la idea entre los delegados, soslayó la votación e hizo elegir una comisión (13). Rosa fue luego asesinada, pero se constata que quería imponer la misma tesis que Lenin - al año siguiente - contra la Oposición Obrera (lo que no impide que se criticaran mutuamente en otros puntos).

Otto Rühle evolucionó profundamente ya que trabajaba con anarcosindicalistas en los consejos y mandado a la URSS por el PC para participar en el Segundo Congreso de la Internacional (VII-1920) declaró a su vuelta que el régimen sólo tenia de soviet el nombre, que existía la dominación de la burocracia bolchevique y que “los obreros rusos son aún más explotados que los obreros alemanes ” (14).

Pannekoek no tuvo tal evolución, aunque dada la situación del sindicalismo alemán, llegó a una denuncia del carácter fundamental del sindicato en sí, si bien guardando enfoques social-demócratas y marxistas tradicionales.

En efecto, antes y durante la Primera Guerra Mundial - y ya en 1906 se notaba en los escritos de Rosa Luxemburgo - el sindicalismo alemán no era más que una estructura reformista. La aportación de Pannekoek es haber superado las consideraciones tácticas de Malatesta, Monatte y Lenin (15) y haber concluido que

El sindicato era irrecuperable, inútil para la lucha revolucionaria: “En el capitalismo desarrollado, y aún más en épocas de imperialismo, los sindicatos se convierten en enormes confederaciones que enseñan las mismas tendencias que el Estado burgués en su período de formación. Se crea dentro de ellos una clase (16) de funcionarios, una burocracia, que controla todos los recursos de la organización - fondos, prensa, sueldos de los funcionarios -; a menudo tienen incluso poderes mayores, de modo que en lugar de ser los servidores de la colectividad se hacen los amos, y se identifican ellos mismos con las organizaciones. Y los sindicatos se parecen así al Estado y su burocracia en que, pese a las formas democráticas, la voluntad de los miembros es incapaz de dominar la de la burocracia; cualquier rebelión se rompe contra el aparato bien edificado de órdenes, de negocio, de estatutos, antes de mover la jerarquía [.. .], esa situación, por tanto, ha dado muchas veces lugar a rebeliones de los afiliados en Inglaterra, Alemania y América; fueron a la huelga por iniciativa propia, en contra de la voluntad de los líderes o de las decisiones del mismo sindicato [.. .]. Si la revuelta decrece, el viejo orden se establece una vez más; sabe cómo imponerse a pesar del odio y la pesadumbre impotente de las masas, porque se funda en la indiferencia de las masas y la falta de una visión clara y de un objetivo unitario, constante; y está mantenido por la necesidad íntima de la organización sindical como único medio de encontrar fuerzas en el número (de afiliados) contra el capital ”(17).

Esta larga cita que parece una descripción actual es de 1920 y continuaba afirmando que : “Este potencial contrarrevolucionario no puede ser destruido o disminuido por un cambio de personal, por la sustitución de los líderes reaccionarios por radicales o "revolucionarios" [.. .]. La revolución sólo puede ser victoriosa si destruye esta organización, o sea, dándose una estructura organizacional revolucionaria tan completa que se vuelve en algo del todo distinto” (18).

Pero al lado de esta visión tan contemporánea, tenemos anteojeras marxistas que ocultan la realidad. Así, el sectarismo “la ciencia marxista”, “el sistema y la dictadura soviética”, “el partido comunista, la vanguardia más clara del proletariado” (19) que se manifiesta más aún en Gorter. Al contrario de Rühle, expresando cierta reserva ante Lenin y la URSS, “renuncian a apoyar directamente la revolución en los otros países”, “el momento que puede conducir a Rusia por el camino del comunismo puede desaparecer” (20), Gorter no las tiene : “ si las tácticas rusas de la dictadura del Partido y del liderazgo se continúan aún después de todas las desastrosas consecuencias que ya han provocado, entonces no sólo será una estupidez, sino un crimen, un crimen contra la revolución”(21). Pero lo más notable es el rechazo del campesinado en todos los textos, sea silencioso, sea así “este proletariado [ruso] era débil y no formado y casi perdido entre las infinitas masas campesinas” (22). Y por fin, en cuanto al juicio sobre los anarquistas, si en 1909 Pannekoek escribía que “el revisionismo y el anarquismo, [son]las dos caras de la pequeña burguesía” (23), en 1920 en cambio nota de paso que las tradiciones proletarias de luchas sólo quedaron vivas entre los anarquistas (24). Rühle estaba colaborando con anarquistas en los consejos, el espartaquismo, se podría, pues, pensar que Gorter tendría una actitud abierta, pero estaba en el Partido con tomas de posturas que le envidiarían los eurocomunistas tardíos: “Comparad con las idioteces de los anarquistas, de los sindicalistas y de aquellos miembros que no quieren el Partido” (Rühle); “Tenemos, por consiguiente, que empezar una lucha muy dura a la vez contra la Tercera Internacional y los rusos como Lenin, Zinoviev y Radek y contra los sindicalistas, los anarquistas y otros” (25).

Qué diferencia con los compañeros que se unieron con Rühle, entre excluidos del Partido, anarquistas, partidarios de los soviets en la AAUDE-E (Allgemeine Arbeiter Union Deutschlands - Einheitsorganisation, Unión General Obrera de Alemania - Unitaria) sobre las bases siguientes:

3) La meta final de la AAU es la sociedad en que cualquier poder está abolido, el camino hacia esta sociedad pasa por la dictadura del proletariado que es la voluntad de los obreros determinando exclusivamente la organización política y económica de la sociedad comunista gracias a la organización en consejos.”

4) Las tareas más urgentes de la AAU son: a) la destrucción de los sindicatos y de los partidos políticos, obstáculos principales a la unificación de la clase proletaria y al desarrollo ulterior de la revolución social, que no corresponde ni al Partido ni a los sindicatos [. ..].

5) La AAU rechaza los métodos de lucha reformista y oportunista, se opone a cualquier participación en el parlamentarismo y en los consejos de empresas legales; porque dicha participación significa el sabotaje de la idea de los consejos.

6) La AAU repudia fundamentalmente todos los jefes de profesión. Sólo se puede hablar de los sedicentes jefes en tanto que asesores (26).

Se podría pensar que los juicios de Pannekoek estaban deformados por los acontecimientos rápidos y densos que ocurrieron y la larga permanencia en la socialdemocracia, pero Pannekoek mantiene gran parte de estas posturas en su obra mayor Los consejos obreros, de 1942 (27).

Paradójica es la similitud de la obra de Pannekoek con La Conquista del Pan de Kropotkin : sencillez luminosa del idioma; enfoque parecido: “Trabajo, Lucha, Enemigo, Guerra, Paz” en Los consejos obreros, y “Lucha, Trabajo, Discusión” en La Conquista del Pan que es de hecho la segunda parte de Palabras de un rebelde que evoca “Enemigo, Guerra”. Recientemente, la misma observación fue hecha (28), y recalcamos la misma afirmación de que si el trabajo es una costumbre, un cambio revolucionario entrañará una moral, cosa inherente al hombre, lo mismo que la naturaleza de la producción será transformada por los trabajadores, la estadística será fundamental, el rechazo del trabajo (reducido a unas 3-5 horas) no puede manifestarse, las objeciones serán planteadas, la separación manuales e intelectuales desaparecerá, la dirección de la sociedad se hará mediante la libre discusión entre los trabajadores.

Se nota cómo Kropotkin desarrolla más la descentralización de las industrias, lo que Pannekoek no plantea en ningún momento - que yo sepa -; además de esta laguna importante, Pannekoek no aborda de lleno el problema de las remuneraciones al contrario de Kropotkin. Estos dos rasgos marcan un retraso de Pannekoek sobre el pensamiento de Kropotkin -que aquél parece ignorar-, lo que no deja de ser inquietante puesto que Pannekoek escribía en 1942, con un guión similar al de Kropotkin en 1892.

Por otra parte, como Kropotkin en 1892, Pannekoek habla por generalizaciones “los obreros, “los trabajadores” y si ambos autores destacan la necesidad de la toma de conciencia global de los trabajadores y el peligro del partido sedicente portador de la Verdad, no son muy concretos. Pannekoek muestra así, no sólo su desprecio por el anarquismo - no citar a Kropotkin, deformar las realizaciones anarcosindicalistas durante la guerra civil española (29) - sino que no modifica su visión de los años 20 : la clase obrera es un todo dada su situación en la producción, los campesinos no tienen conciencia revolucionaria, es “una clase particular, con una mentalidad y puntos de vista específicos, extraños a las ideas y los objetivos de la clase obrera” (30). Esta visón marxista clásica lleva a Pannekoek a resolver cualquier dificultad con lo del atraso campesino: “En Rusia, por ejemplo, la revolución de 1917 provocó una expansión industrial acelerada ; los obreros afluyeron en masa a las nuevas fábricas, pero, sumidos aún en la supina ignorancia propia de la vida rural, fueron incapaces de parar los progresos de la burocracia, que, entonces, se estaba constituyendo en nueva clase dominante” (31). Y Pannekoek aduce el ejemplo de la Alemania de 1933 con la toma del Estado, o sea del capitalismo, por un partido.

Pero Pannekoek no plantea el por qué una clase obrera desembarazada de influencias campesinas -la alemana - puede ser tan manipulada. Parece que Pannekoek no hayan leído o comprendido a Wilhem Reich ni a Bakunin y sus textos sobre los obreros y el nazismo, el papel de los campesinos. Tampoco plantea Pannekoek los problemas de la vida cotidiana ni el feminismo ya subrayados por los surrealistas y Kolontay, cuando entre los anarquistas españoles era relativamente corriente (32).

III Intentonas de síntesis

Los grupos consejistas, si bien han propagado y salvado de la desaparición los textos de Pannekoek y Gorter, a primera vista nunca han sido muy numerosos : uno en Holanda, otro en Francia, otro en Austria y finalmente en los Estados Unidos hacia los años 1950, pero gracias a la enfermedad grupuscular de las escisiones (por antipatías personales, divergencias sobre los textos “sagrados”) fueron creciendo. Rechazando a la vez el comunismo, el anarquismo y el sindicalismo (no hablemos de las clases sociales no “obreras”), los consejistas ya se cortaban bastantes posibilidades : les quedaba una, la práctica autónoma. Fue también rechazada: “... es obvio que no podemos afectar en nada el curso de los acontecimientos. Nuestra impotencia ilustra este hecho que debería ser evidente para todos: la historia está hecha por las solas masas”. “,Si tuviéramos que seguir la sugerencia de nuestras críticas y "sumirnos en la lucha de clases", nuestro carácter "leninista" se haría del todo evidente”(33).

Quizá a causa de esta inmovilidad en la práctica, las escisiones son frecuentes así como una crítica agria de la burocracia y del activismo, crítica a veces falsificando la realidad anarcosindicalista en la España de 1936-39 (véase a Wagner en 1937 como ya se notó) “Al contrario de las afirmaciones de la CNT, las colectividades no tenían, antes de la revolución, tradición y nadie, incluso las organizaciones revolucionarias, postulaba semejantes organismos.” “Los obreros, en las calles, y los campesinos, en el campo, lucharon por un mundo nuevo que no había sido "concebido previamente" por las organizaciones obreras” (34).

La falsificación - o el olvido, según los autores - consiste en silenciar la propaganda anarquista y sindicalista en favor de la reconstrucción social por todos desde los años 1870 y en particular los años 1931-36, con justamente un libro titulado Mundo nuevo, del anarcosindicalista francés Pierre Besnard que describe - a partir de Kropotkin - modelos que serán imitados durante la guerra civil española. Hasta la UGT, unos años antes de la guerra, y el PC hablaban de colectividades, de consejos, soviets... Pero el esquema, por falso que sea, respeta el criterio antisindical de Pannekoek, aunque plantea lo que Pannekoek no quiso ver : la capacidad revolucionaria de los campesinos...

Una tentativa de superar el escolasticismo fue la del amigo chileno Laín Díez : el comunismo de consejo “era un mar regenerado, que sabía extraer de Marx lo que la pasión y la ceguera políticas de los partidos autoritarios, de índole reformista o jacobina, dejaron olvidado y sin aplicación. Como por otra parte se producía una evolución similar en el anarquismo, tras largos años de estancamiento ideológico, asistimos hoy al espectáculo de un afán sincero por establecer lazos, que auguran una síntesis próxima y la reconciliación definitiva de las dos tendencias de la I Internacional que resumen todas las luchas y esperanzas de la clase obrera y de la humanidad” (35).

Este deseo queda todavía en el papel. Ni siquiera Di Guerin emprendió la tarea. La Internacional Situacionista detentaba por su misma postura la síntesis marxismo-anarquismo, pero el frenesí del personalismo interno y el culto al dadaísmo político cercenaron la expansión entre los simpatizantes. Acaso una de las pocas aplicaciones no destinadas a los espectáculos del viejo mundo - consecuencia inesperada - fue la reivindicación del consejismo por el MIL en España.

Pannekoek ha sido, sin duda, el autor que más ha influenciado a los miembros del MIL, quienes trataron de dar a conocer las teorías más realistas de los consejos obreros, dejando aparte el lado utópico de su pensamiento” (36). Como antes en la cita de Laín Díez, ignoro lo que será “la evolución” y aquí “el lado utópico”. El caso es que a través de las casi quinientas página de los Consejos no hay una claramente en favor de la luchar armada, excepto una frase: “Y esa situación (de impotencia) permanece hasta que la necesidad de resistir se haga tan imperativa que una explosión tenga lugar, primero en pequeños grupos en que la tensión estaba más fuerte, para extenderse luego a las amplias masas” (37).

El principal obstáculo a una síntesis, un acercamiento entre consejistas y anarquistas es el mantenimiento de las capillas políticas y grupusculares, que giran alrededor de una figura (Dunayevkaya, Rubel, Guerin, Mattik, etc.) o de una etiqueta (consejismo, anarcosindicalismo, anarcocomunismo, etc.) su reacción es la tendencia a la exclusividad de la Verdad y el rechazo de la coordinación, por muy autónomos y socialistas o revolucionarios que sean. La reciente exclusión del grupo Askatasuna de la CNT es una confirmación.

Antes, los reinos de taifas revolucionarios eran los partidos, ahora son los partidarios de la coordinación no burocrática, sin embargo, la historia y el presente bridan no pocos ejemplos de trabajo concreto realizados sin anteojeras (la autogestión de 1936/39, la vida de los grupos dentro y fuera de la CNT de ahora). Y sobre todo, se puede observar cómo hay una tendencia al rechazo de las jerarquías “revolucionarias” en el mundo y una necesidad de teorizar este hecho para transmitirlo : Minus en Hong Kong con ex guardias rojos, la aparición del “sindicato libre” en la URSS, las múltiples huelgas sangrientas y duraderas en EE.UU. Hay por tanto un movimiento internacional más o menos consciente al que responden las reacciones histéricas y violentas de los gobiernos y organizaciones “proletarias” clásicas (críticas a los fenómenos de violencia, rechazo del trabajo, negativa a seguir las decisiones de las mayorías, etc.).

1) La redacción de Negaciones me propuso ampliar mi punto de vista sobre el consejismo que yo abordaba muy brevemente en La Autogestión en la España Revolucionaria, La Piqueta, 1977, subrayando la ceguera de Pannekoek de cara a las relaciones autogestionarias españolas de 1936-39 y el antianarquismo del mismo con claros resabios leninistas.
Negaciones N° 6, otoño 1878.

2) A. Lorenzo, El proletariado militante, ed. Alianza, p. 185.

3) Malatesta, 1914, citado en Nettlau, La anarquía a través de los tiempos, cap. X, pp. 151, 152, ed. 1935.

4) A. Lorenzo, o. c., p. 418.

5) Incluido en Marx-Engels-Lenin, Acerca del anarquismo y el anarcosincalismo, Moscú s. d. (¿1972?).

6) Buenos Aires, 1929, p. 288; ed. francesa Oeuvres complètes, Champ Libre.

7) Retraducido del francés, cap. VI.

8) O. c., cap. VII, final.

9) 1909, “Las diferencias de táctica en el movimiento de los trabajadores”; en la edición de D. A. Smart, Pannekoek and Gorter’s Marxism, Londres. Pluto Press, 1978, p. 15: “[el anarquismo] se embriaga de esloganes revolucionarios y trata de tomar el poder con golpes y luego se arrastra vergonzosamente a los pies de la gran burguesía...”

10) 1912, “Teoría marxista y tácticas revolucionarias”, o. c., p. 73 (subrayado por Pannekoek).

11) André y Dori Prudhommeaux, Spartacus et la commune de Berlin, 1918-1919, París, Spartacus. actas del congreso, pp. 47, 48.

12) O. c., p. 55, subrayado por el editor.

13) Según D. S. Smart, o. c., p. 32.

14) Según Denis Authier La gauche allemande, París, la Vieille Taupe, 1973, p. 158.

15) Malatesta predicaba la necesidad de que los anarquistas, sin dejarse absorber ni manipular, estén en los sindicatos porque no son revolucionarios. Monatte exigía la integración del anarquismo en el sindicalismo. Y Lenin consideraba que siendo los trabajadores inconscientes y por la tanto con ellos el sindicalismo, el Partido debe aportar la conciencia revolucionara. Para el controvertido caso del anarcosindicalismo español - si confirma o no la tesis de Pannekoek - mi opinión es que en parte lo corrobora, como lo escribo en mi libro, pero en la CNT tantos los que tuvieron una actuación autogestionaria como los que fueron al gobierno, se decían anarcosindicalistas (y no hubo en el exilio la aparición de tendencia antisindical). Por tanto no se puede afirmar que lo malo fue anarcosindicalismo y lo bueno la autogestión, porque sería contradecir totalmente los hechos. De todos modos, se puede destacar que Pannekoek describe el sindicato en “el capitalismo desarrollado ...”.

16 Desde un enfoque marxista de las clases (productoras de bienes) sorprende esta palabra, que corresponde a un concepto anarquista (detentar un poder).

17) D. S. Smart, o. c., p. 114. texto de 1920. Revolución mundial y tácticas comunistas.

18) Ibídem, pp. 115, 116.

19) Ibídem, pp. 93, 101, 107, 108.

20) Ibídem, pp. 143, 147.

21) 1921, “La organización de la lucha de clase del proletariado”, subrayado en el original), en D. S. Smart, o. c., p. 152.

22) Ibídem, p. 133 (1920).

23) Citado por D. S. Smart, o. c., p. 14

24) Ibídem., p. 109.

25) Ibídem, 1921, pp. 166, 167.

26) Denis Authier, o. c., pp. 110, 111.

27) Vamos a utilizar la ed. francesa París, Belibaste, 1972, por ser la más seria (trad. del inglés y del holandés) y sospechamos que las versiones españolas son sólo traducción de aquella sin ningún cotejo con los originales.

28) Kropotkin Obras, ed. Anagrama, 1977, pp. 366-368.29) Ya insistí en mi libro en Wagner. Se puede notar que cuando Korsch hizo la reseña de un libro de la CNT no escribió en la revista consejista Living Marxism en quecolaboraba sino en Zeitschrift für Sozialforschungque se publicaba también en los EE.UU. Traducido en Problèmes de la construction et du logement dans la révolution espagnole 1936-1939, de Bernard Catllar, 1976, editado por el autor.
Para el mismo Pannekoek, se nota cómo habla de “los obreros” que dirigen las fábricas en Barcelona, y del sindicalismo” que tuvo “cierto papel”. Se comprueba cómo, al igual que para los leninistas, la palabra “obrero” es muy cómoda para evitar de designar los anarcosindicalistas y anarquistas.

30) Ed. francesa, 1, 6, p. 114.

31) O. c. 1, 4, pp. 88.

32) Véase en mi libro pp. 255, 256, un texto de 1922, de Galo Díez, sobre la crítica del sindicalista que predica el socialismo fuera y es en casa “un miserable explotador con su compañera e hijos”. Para Pannekoek se puede notar cómo mantenía su criterio sobre la revolución y su origen campesino en 1952 en una carta a la revista Socialisme ou Barbarie, en Castoriadis, L’expérience du mouvement ouvrier. París, 10/ 18, p. 264 y ss.

33) San Moss, Cahiers du communisme de conseil, IV 1969, n.° 3, p. 37. Living Marxism n.° 6, IV, 1939).

34) Cahiers de discussion pour le socialisme de conseil, n.° 8, IV, 1968 (texto de A. 30-6-1967).

35) Escrito en 1948, prefacio a La filosofía de Lenin de Pannekoek, ed. chilena, p. IX, ed. esp. 1976, pp. 17, 18.

36) Telesforo Tajuelo, El MIL, Puig Antích y los GARI, París, Ruedo Ibérico, 1977,
p. 66.

37) 0. c., pp. 488, 489.