Comisión de la verdad para España El dictador Franco ejerció su papel sanguinario hasta casi el final de su vida

mardi 25 septembre 2018, par Albiñana Antonio

Comisión de la verdad para España
El dictador Franco ejerció su papel sanguinario hasta casi el final de su vida

El Tiempo, Bogotá, 23 de septiembre 2018 , 11:33 p.m.

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Han pasado 82 años desde el inicio de la última guerra civil española. La verdad sobre lo sucedido –hasta que en 1978 se instaló formalmente la democracia con la promulgación de la Constitución– sigue siendo una asignatura pendiente en un país que tiene más de 150.000 desaparecidos, enterrados por las cunetas. El más emblemático tal vez sea el poeta Federico García Lorca, fusilado en agosto de 1936 en un paraje aún desconocido de Granada, junto a dos toreros anarquistas y un maestro, por el ‘delito’ de ser republicanos.

Francisco Franco encabezó en 1936 un levantamiento militar contra la República española, una democracia plenamente legal, iniciando una guerra que duró tres años. Culminada la “victoria” (no la paz), se instauró una dictadura que duró 40 años. Muertes arbitrarias, campos de concentración, torturas, ‘consejos de guerra’ por los que pasaron decenas de miles de personas, jurisdicciones militares que imponían un terror frío y rutinario, mediante farsas jurídicas en las que ya estaba demostrado de antemano que los acusados eran ‘rojos’ y, por lo tanto, culpables.

Todo ello amparado en leyes como la de ‘seguridad del Estado’, ‘represión del bandidaje y terrorismo’ o ‘ley de represión de la masonería y el comunismo’, todas con pena de muerte al final. El dictador Franco ejerció su papel sanguinario hasta casi el final de su vida : cinco condenas a muerte a presos políticos firmó a menos de dos meses de su muerte, en 1975.

Décadas de terror sobre el bando de los vencidos y represaliados : podían serlo quienes formaran parte desde el progresismo democristiano hasta la extrema izquierda, o simplemente a los que la guerra les había sorprendido en la zona de España no dominada inicialmente por el ejército franquista, o por haber ejercido la docencia durante la etapa republicana. Entre otras muchas barbaridades, la dictadura ordenó la construcción entre 1941 y 1959 del Valle de los Caídos, a pocos kilómetros de Madrid, en la que participaron unos 20.000 presos forzados del campo de los vencidos. Debía albergar la tumba de Franco cuando se produjera el ‘hecho biológico’ de su muerte. A esta horrible construcción de estética fascista se llevaron los restos de unos 34.000 muertos de ambos bandos de la guerra civil, unos 12.000 todavía sin identificar y los del jefe del partido fascista –la Falange–, José Antonio Primo de Rivera.

El nuevo gobierno socialista de Pedro Sánchez ha puesto en marcha una batería de medidas para superar las huellas de la dictadura sobre la población española, que, lógicamente, han encontrado la oposición furibunda de la ultraderecha. La primera fue la aprobación de una ley para sacar en las próximas semanas los restos del dictador del entorno glorificador del Valle de los Caídos y entregar los despojos a sus familiares.

Por otra parte, el Gobierno trata de vaciar en dos años las fosas ignoradas, pero la mayoría localizadas ya en los niveles locales, de ejecutados irregularmente por los verdugos incontrolados del franquismo, unas 2.000 diseminadas por toda la geografía española.

La última medida que prepara el gobierno del presidente Sánchez, con el apoyo de la mayoría parlamentaria, es la puesta en marcha de una comisión de la verdad que, con una duración de dos años, estará formada por 11 miembros elegidos por el Parlamento, el Poder Judicial, las universidades, las asociaciones de víctimas y la ONU. Tendrá como finalidad, sin función jurídica, “conocer la verdad de lo ocurrido, contribuir al esclarecimiento de las violaciones de derechos humanos, promoviendo así el reconocimiento de las responsabilidades de quienes participaron en la comisión de crímenes lesa humanidad y crímenes de guerra, como forma de favorecer la convivencia democrática”. Una labor complicada por el tiempo transcurrido, pero demandada por amplios sectores de la sociedad española : la única forma de cerrar las heridas abiertas en décadas de miedo y silencio.

ANTONIO ALBIÑANA