Sobre Vargas Llosa, Dostoyevski y Bakunin

Lunes 18 de febrero de 2019, por frank

Sobre Vargas Llosa, Dostoyevski y Bakunin

En El País, del 16 de febrero Mario Vargas Llosa publicó una reseña de Los demonios de Dostoyevski intitulada «Herederos de Necháiev». Vargas Llosa explica que «Serguéi Necháiev [era] un discípulo del pensador anarquista Mijaíl Bakunin y autor de un folleto que circuló profusamente, El catecismo de un revolucionario».

Hay dos paradojas en esta frase. La primera es la ausencia de referencia cultural: el catedrático búlgaro israelí Michael Confino demostró en 1973 la falacia de una participación o influencia de Bakunin en el texto abyecto de Nechayev. Y Franco Venturi en su estudio El Populismo Ruso sigue a Confino. La segunda paradoja es una larga carta crítica de Bakunin a Nechayev en que se lee, por ejemplo, «su inexperiencia, su desconocimiento de la gente y de la vida, al que se une un fanatismo, no ajeno al misticismo. […] Acuérdese de cómo se enfadó cuando le traté de abrek (combatiente solitario y terco,), y su catecismo, un catecismo de abrek.»

Vargas Losa presenta luego el mensaje del libro de Dostoyevski «el rechazo de quienes, como la banda de Necháiev, creían que mediante la violencia podían resolver los problemas políticos y sociales». De joven Dostoyevski tenía ideas afines, fue detenido y condenado a muerte, un simulacro, luego a años de destierro a Siberia. Allí Dostoyevski fue ayudado por «una conversión religiosa y una adhesión a las tradiciones populares».

Vargas Llosa disimula torpemente lo que se llama un lavado de cerebro: Dostoyevski antes de su detención ya era un escritor y luego, con su servilismo y sus cualidades literarias, alcanzó la fama.

Es aguda y profunda la lectura de Vargas Llosa pero adopta la misma ceguera que Dostoyevski: estos personajes que practican el culto del mal, la presencia del mal es inseparable de la sociedad en que viven. El zar tan inspirado por Dios, la religión cristiana supuesta cuna y amparo del alma popular, mantenían un país en que «El motor esencial en Rusia es el miedo, y el miedo destruye toda la vida, la inteligencia, todo noble movimiento del alma. […] es difícil, es casi imposible en Rusia, para un funcionario del Estado, no ser un ladrón. […] las injusticias y las opresiones, prosperan y crecen como un pulpo con innumerable ramificación y que nunca muere, a pesar de mutilaciones y golpes» [Bakunin, 1851, Confesión escrita en su calabozo para y a petición el zar; que la rechazó evidentemente].

Vargas Llosa termina su texto con el tópico de «siendo los seres humanos lo que somos, no hay salvación», pero como peruano y español no debería olvidar el pasado, tan presente, social y capitalista:

«Se sabe que en una única gran batalla matan a más gente que en la más sangrienta de las revoluciones; que mueren millones de niños de corta edad cada año por falta de cuidados; que millones de proletarios mueren prematuramente del mal que es la miseria.»

Así escribía Errico Malatesta en 1892 como discípulo de Bakunin y pensando en la salvación revolucionaria.

Frank Mintz 18.02.19