El cretinismo grotesco como arma política

Miércoles 11 de diciembre de 2019, por frank

El cretinismo grotesco como arma política

En vísperas de las elecciones en Gran Bretaña admiro (en los sentidos del verbo, asombrar y alabar) al payaso Boris Johnson capaz de tapar el vacío de sus propuestas económicas y sociales con chistes y las reiteraciones ya cómicas del brexit inmediato. En octubre de este año un camión frigorífico inglés llegó a una empresa británica 39 cadáveres. La prensa recordó que en junio de 2000 (9 años y medio antes), se encontraron 58 cadáveres en un camión con tomates. Cuando se repiten los mismos casos de barrizal moral de camiones con muertos, se deduce que los controles de aduana y policía, o sea el ministerio de Interior, del ministerio de Transporte y el de Comercio, el de Sanidad son mafias o cobijo de funcionarios corruptos. La corrupción patronal inglesa es obvia, además de un sistema de seguro social casi más policial que de mínima solidaridad y como en cada país neoliberal una drástica mengua del mantenimiento de las infraestructuras.

En comparación con las elecciones argelinas (también mañana) y el rechazo popular mayoritario del sistema corrupto de militares y tecnócratas, el electorado inglés parece empapado en el fango mental. Y los argelinos parecen sociólogos concretos y sensatos. Ya lo había dicho un poco antes un especialista del teatro con su «Algo huele a podrido en el reino de Dinamarca» (Shakespeare a través de Hamlet).

Van a ser interesante los resultados electorales y los porcentajes de abstención.

No tengo nada en contra de los cómicos de profesión, como el presidente de Ucrania, que se apoyó en la denuncia de la corrupción para luego llevar a cabo lo que cree ser positivo desde el poder. Por lo menos, él es mucho más convincente que cuatros payasos actuales.

El más célebre es el Trump de Norte América que mezcla con burda ironía prepotencia y obscurantismo. El aparente resultado es que sus electores están lo suficientemente cretinizados para sostenerle.

El segundo es el inculpado de corrupción Netanyahu, con el apoyo de racistas tipo nazi (contra árabes y palestinos), chovinistas que son en buena parte puros rusos que emigraron con falsos certificados de judaísmo ferviente de rabinos soviéticos tarados (como sacerdotes, pero dotados como estafadores). El sionismo también huele a podrido.

El tercero es el joven, inteligente y guía de Francia que brilla por algunos sus consejeros tan podridos como en Inglaterra e Israel, pero sobre todo por su necio neoliberalismo que debe de desalentar a cualquier político de derecha medianamente culto. En este caso, no entiendo si multiplica los tropiezos por aberración o por masoquismo. El respiro es que mucha gente, y más ahora, desea que se hunda. Y el cuarto son varios, todos de la Península Ibérica: los líderes catalanistas y sus malabarismos para ocultar que el capitalismo y la explotación social de los asalariados son sus pasiones; los jefes de la ultraderecha que ven rojos milicianos criminales de 1936 en no pocas esquinas; los capitanes del Partido Socialista Obrero Español que no mueven un dedo para (no digo acabar) restablecer algunos derechos laborales, aumentar el salario mínimo y las pensiones, tocar la ley mordaza, la jurisdicción sobre fosas comunes y agregando la identificación de los asesinos; los autoproclamados representantes del pueblo consciente que pasaron del que se vayan todos a metámenos en los escaños y a respaldar a los socialistas. Es un alivio que sean así porque demuestran que las cloacas del poder les oxida el cerebro, sin necesidad de acudir a textos anarquistas.

Dejé de lado los corruptos y verdugos vestidos de demócratas de la ex URSS, de los emiratos árabes y países africanos y asiáticos, sin olvidar a sus colegas, o casi, latinoamericanos, y los Fernández recién presidencializados me lo confirman con creces.

Frank Mintz, 11.12.19, 22 h 30.