Respuesta al artículo «Los franceses, esos eternos descontentos […] la tendencia de la sociedad a protestar en la calle»

Domingo 22 de diciembre de 2019, por frank

Respuesta al artículo «Los franceses, esos eternos descontentos […] la tendencia de la sociedad a protestar en la calle»

El corresponsal del diario El País en Francia, Marc Bassets, intitula así su crónica del 22 de diciembre de 2019 con los siguientes argumentos que se pueden escuchar en círculos próximos al gobierno francés.

- «la paradoja francesa: uno de los lugares con mayor bienestar y mejor protección social del planeta, uno de los más igualitarios y con menor tasa de pobreza y con mayor de esperanza de vida y tasa de fecundidad en Europa.»
- «El país, por ejemplo, gasta el 34% de su PIB en prestaciones sociales, cinco puntos por encima de la media europea.»
- «“Los franceses tienen la sensación de que las próximas décadas estarán marcadas por cada vez menos progreso y cada vez más retroceso social”, dice el veterano politólogo Jérôme Jaffré.»

El primer objetivo subyacente del artículo consiste en dar a entender que en un país «rico», de acuerdo a la norma capitalista, la protesta es superflua y señal de cierto desequilibrio psíquico.
El segundo objetivo subyacente es sugerir que Unión Europea es la mejor zona socioeconómica del mundo (ver lo subrayado).
Veamos el valor real de estas afirmaciones con dos aspectos.

El dato más serio es el PIB, una cifra de economistas para estimar la riqueza de una nación (dividida por el número de habitantes indicaría el valor del nivel de vida individual, como si mi nivel de vida y el de los pequeños y medianos empleados y funcionarios fuera el mismo que los de los estafadores con cuello blanco y los ministros). En 2018, Francia y España están en 7° y 13° rangos, India y Brasil en los 5° y 9°, EE UU (casi sin seguridad social) y China (paraíso neoleninista) son los dos primeros. Un «enorme alivio» para centenas de millones de indios y unos 15 millones de argentinos hambrientos, más de 40 millones en Norteamérica.
Es una burla de mal gusto en 2019 para los 8,9 millones de franceses debajo del umbral de la pobreza, un 14% de la población. Otros dos datos son el salario mínimo de 1.539 euros brutos (unos 1.284 netos) en 2020, y el hecho de que el 82% de los asalariados (unos 19 millones) cobra un poco más que el salario mínimo. Se deduce que un mínimo de 28 millones de franceses (casi la mitad de la población) están muy cerca de la pobreza o francamente en la pobreza.

- No ofrece ninguna seriedad la frase sobre el gasto del «34% de su PIB en prestaciones sociales, cinco puntos por encima de la media europea.» Igual pueden ser renovaciones de viviendas y hospitales o subsidios para varias categorías sociales que ocultan contratos para sociedades más o menos competentes (de familiares de ministros) que disminuciones de ayudas a discapacitados (poco peso electoral) para aumentar subsidios para madres solteras (más peso en votaciones). No hablo de la educación cuyo presupuesto se despilfarra en la enésima reforma descerebradora para adolescentes por culpa del (ex)docente-ejecutivo de turno.

En conclusión, el caso de la protesta social duradera en Francia es peligroso. Los asalariados alemanes, italianos, polacos, etc., pueden pensar en la (maravillosa) lógica de la falta de trabajo para la juventud y de las dificultades para dar con un trabajo decente cuando se llega al umbral de la vejez, ambos elementos combinados con la supuesta necesidad de alargar el número de años antes de tener derecho a cobrar una pensión de vejez.
Desde hace más de veinte años esa imbecilidad económica sigue siendo pregonada por políticos que pretenden esconder que protegen a las empresas capitalistas para que no cumplan su obligación (social, humana, etc.) de financiar las jubilaciones como lo hacen sus empleados. El capitalismo no va a cambiar puesto que los políticos están en el lugar que les concede el sistema empresarial.
Al comprender esa lógica, se quiebra entonces el sentido de la vida y la de hijos y nietos de los ciudadanos normales.
Es más fácil de entender las olas y rachas persistentes de manifestaciones para cambiar la sociedad en Argelia, Irak, Irán, Israel, Sudán, Chile, Hong Kong, Rusia, etc.
También se comprende la lógica de otros «eternos descontentos»: los explotados y desempleados, las mujeres violadas, los menores abusados [por sacerdotes de la religión del amor y del odio al pecado], los gitanos de España, Hungría, Rumanía y Bulgaria, los refugiados, etc.

El periodista finge no darse cuenta de que entre protestar en la calle y defenderse contra las fuerzas del llamado orden y desear cambiar totalmente la sociedad hay muy pocas diferencias.
Que estemos en la Unión Europea o en cualquier otra sociedad neoliberal, neo religiosa, neoleninista, por muy distintas que sean las culturas y las lenguas, vivimos en una cloaca con una jerarquía de poquísimos millonarios (que afirman detentar la inteligencia y la solución del porvenir) y una mayoría de sordos mudos por obligación ética y cívica.
Únicamente con la negación de la jerarquía (confusión consciente entre capacidad en uno o algunos ámbitos y en la casi totalidad de la vida) podremos edificar una vida distinta y mejor.

Frank Mintz 22.12.2019.