De las libertades a las colectividades libertarias

De las libertades a las colectividades libertarias

Viernes 26 de noviembre de 2004, por frank

De las libertades a las colectividades libertarias

Para los españoles de a pie la república significó la posibilidad de ser protagonista en la vida ciudadana diaria : "España es una república democcrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y Justicia" (artículo primero de la Constitución de 1931). Brotaron las evidentes necesidades de mejoras en la vida corriente como más trabajo con un sueldo decente, una educación real y eficaz para las niñas y los niños y el derecho a rechazar la corrupción y la prepotencia de un grupo dirigente reacio a las reformas sociales vigentes en otros países republicanos y democráticos.

A pesar de la Guardia Civil, a menudo irracionalmente agresiva , de las presiones casi seculares de la patronal y del clero, los asalariados dieron un auge inaudito al sindicalismo combativo de la UGT, con un millón y medio de afiliados, y de la CNT , con otro millón largo, para una población activa de unos doce millones.

Esta elección sindical era el anhelo indudable de un cambio social a corto plazo. La mayoría de los asalariados, por cierto con un 20 o 40 % según las regiones de analfabetos culturales, pero muy politizados , del campo y de la ciudad, vieron en la república el fin de una época de explotación implacable. Líderes sindicales, criados y templados por el trabajo infantil como cualquier otro bracero u oficial de la construcción , capaces de llevar la contraria a amos y políticos cultos de la derecha, estaban por el régimen republicano y anunciaban reformas, por las negociaciones o por la fuerza. Paralelamente, se iniciaban huelgas y enfrentamientos duros . La propaganda por un cambio social anticapitalista, pregonada ya desde fines del siglo XIX, podía parecer al alcance de la mano. Ni la UGT y el PSOE ni la CNT y la FAI ocultaban sus programas de rechazo del fascismo (mussoliniano primero, nazi a partir de 1933, fecha en la que José Antonio creó la Falanje) y de aplicación de un régimen socialista libre, distinto o en clara oposición al funcionamiento de el de la URSS.

La evolución de balanceo izquierda-derecha entre 1931 y 1936 dentro de un ámbito de, choques armados por la aplicación del comunismo libertario de la CNT-FAI y del socialismo de la UGT, de separatismo catalán brutal, de violencia castrense del golpe de Sanjurjo en Sevilla y represión del Tercio en Asturias bajo el mando de Yagüe y Franco, de los atentados de los seguidores de José Antonio, ahondaron seguramente el sentimiento latente en la población de alcanzar un equilibrio para seguir una orientación constructiva constante.

El golpe militar de julio 1936 de la mano de la normativa de Mola de aniquilamiento de la izquierda traía inevitablemente un corte definitivo del país en un bando o en otro. Era la solución habitual de la represión despiadada inaugurada en Francia por el general Gallifet con la Comuna de París.

Para los asalariados, de cualquier signo, fue la hora de plasmar deseos banales o sueños socializantes, tantos años ahogados por la « cultura castiza » del amo, del cura y del guardia civil.

En algunos pueblos se enarboló la bandera roja, pese a no tener sindicato antes de julio 1936 -como en zonas de Tarragona-, se quemó o no la iglesia, pero sí se requisó como almacén, sala de reunión, de teatro. Se colectivizaron las tierras de los ricos, que resultaban muchas veces "facciosos" huidos a la zona insurrecta, o ausentistas; a veces reunieron los campesinos sus propias tierras. Se incorporaron las familias de derecha -que lo solicitaban- en la colectividad, porque casi no existió la práctica marxista soviética de encarcelar, y hasta matar los familiares de militantes de derecha. Se crearon grupos de trabajo, con la aplicación de la jornada de 8 horas, la introducción de nuevas técnicas (avicultura) y maquinaria (tractores). En las fábricas, se colectivizó también, dando a nos pocos propietarios, que se habían quedado, la posibilidad de permanecer empleados como técnicos. Se cerraron talleres demasiado pequeños e insalubres para ir a concentraciones de máquinas en naves funcionales. Fue el caso en Cataluña, en el País Valenciano, Alcoy, con el apoyo sincero y eficaz de gran parte de los técnicos e ingenieros que veían reconocidas sus competencias, en un marco que privilegiaba la eficacia económica.

Simultáneaban los asalariados las reformas económicas y alzas de salario -con una fuerte baja de la diferencia entre los sueldos de hombres y mujeres (pero pocas veces la igualación, a pesar de organizaciones de mujeres comunistas y anarcosindicalistas )- y disminución de la jornada laboral -excepto en la industria de guerra- con creaciones de bibliotecas o escuelas, la aplicación de la jubilación para los mayores de 60 años.

Dos ejemplos breves permiten calar en la creatividad de aquel periodo. El pueblo de Cretas , Teruel, con 1.600 vecinos tuvo una colectividad desde julio de 1936 hasta septiembre de 1937 con las dos terceras partes del pueblo. El trabajo se hacía por grupos que no cuidaban las tierras que les pertenecían antes, motivo por el cual se controlaban mutuamente. La alimentación estaba más diversificada y muchos vecinos pudieron conseguir leche y carne cada día. Se hicieron obras de saneamiento que el clero prohibía por afectar un antiguo cementerio, y la higiene mejoró. Después de la presión del PC y la baja del nivel de vida por el acercamiento del frente y las dificultades económicas de la zona republicana, la colectividad se redujo a algunas familias hasta la ofensiva franquista de marzo de 1938

En Barcelona el sindicato CNT de cerrajeros montó la colectividad a fines de julio de 1936 a base de naves construidas por el sindicato de la Construcción eligiendo las mejores máquinas requisadas en los talleres Labora. Hubo 21 talleres que reunían a unos doscientos cerrajeros de la CNT. Como la UGT no quería colectivizar en esta profesión, convinieron ambos sindicatos que en un taller con mayoría de una sindical cada obrero tenía la libertad de cambiar de organización o irse a otro taller. Se hacía la semana de 44 horas con igual salario para las mujeres y los hombres, los oficinistas, los miembros del consejo sindical de administración y el ingeniero. En el taller N°21, el mayor, había 120 trabajadores y muchos antiguos amos. En las reuniones, no estaban o se callaban, excepto sobre cuestiones laborales.Hubo un problema con un fraguador que estaba a menudo de baja y se tuvo que sustituir, pero no se fue hasta el despido. La gente aprovechaba el momento para trabajar lo menos posible, pero para las mejoras que aportar al trabajo, los domingos, siempre sobraba gente .

« Hubo industriales sabadellenses que huyeron de la ciudad en los primeros tiempos de la guerra y que al regresar después a Sabadell y recuperar sus bienes encontraron en sus industrias activos superiores a los que habían dejado al marcharse. » Para la provincia deBarcelona, esta realidad fue corriente y apareció igualmente para algunos colectivos andaluces.

Y en este ambiente bélico y enrarecido por los discrepancias constantes entre republicanos, a pesar de las levas de reclutas para los frentes, con una mano de obra que solía componerse de mujeres y ancianos, la producción económica aumentó en la mayoría de los colectivos agrícolas e industriales.

Las colectividades no se conformaron con administrar bienes o parte de bienes requisados. Innovaron en materia de exportación de agrios en todo el Levante con un organismo CNT-UGT. En Cataluña se unificaron las tres compañías de ferrocarriles, asicomo en Barcelona las de tranvías.

Globalmente los resultados positivos son indiscutibles. El número de asalariados concernidos aparece geográficamente a continuación, si bien hay que recalcar que casi todos los datos provienen de la CNT, y que la UGT tuvo también en muchas provincias tanta o más importancia. Por tanto estos cálculos son mínimos y provisionales.

Andalucía: (Almería, Córdoba, Granada, Jaén) La cifra de colectividades agricolas mínima es 120 y la máxima de 300 con 130.000 personas ocupando 231.030 hectáreas, tomando un promedio de 210 colectivos con 300 personas en cada uno, tendríamos 63.000 personas.
Aragón: Las cifras de 450 colectividades con 300.000 habitantes es aceptable. Además, la U. G. T. tenía cierta fuerza, como por ejemplo 31 colectividades en Huesca.
Cantábrico: Los datos citados, aunque sean mínimos, se pueden reseñar : un centenar de colectivos agrícolas ugetistas con 13.000 personas.
Cataluña: (Barcelona,Gerona, Lérida, Tarragona) El dato mínimo de colectividades agrícolas es 297 y el máximo 400. Si tomamos 350 con 200 personas de promedio, tenemos 70 000. Para la autogestión industrial, dada la ley, el conjunto de los obreros estaba concernido, pero el paro era importante. Tomando el 80 % de los 700.000 obreros que había en la provincia, tenemos 560.000 personas, o sea, con sus familiares, un mínimo de 1.020. 000.
Centro: 240 colectivos agrícolas C. N. T. con 23 000 familias, o sea un mínimo de 67.992 personas, redondeando, a lo que habría que agregar los colectivos U. G. T., de por lo menos otro tanto, o sea 176.000 en la agricultura. Muchas colectividades industriales existían en las capitales y los pueblos y un mínimo de 30 000 personas afectadas nos parece lógico.
Extremadura: La cifra de 30 colectivos con 220 personas, o sea 6.000, debe ser un máximo para la C. N. T. y la U. G. T.
Levante: Nuestra estimación es de 503 colectivos como mínimo en la agricultura, afectando a 130.000 personas. En la industria la cifra mínima e hipotética de 30 000, como en el caso del Centro, es razonable.

Total: 758 000 colectivistas en la agricultura y 1.080.000 en la industria. Tenemos, por tanto1.838.000, cifra mínima como explicamos al principio.

Si los trabajadores se aprovecharon del “glorioso alzamiento nacional” para llevar a cabo paulatina y libremente transformaciones socioeconómicas impresionantes, la paradoja es que casi enseguida estas realizaciones fueron dificultadas por todas las organizaciones sedicentes representativas de los mismos. Tanto la CNT, la FAI, como la UGT, los partidos republicanos desde el PSOE hasta el POUM, para no hablar del PC, totalmente en contra, intentaron frenar las colectividades por ser elementos que improvisaban, que no encajaban en planes y alianzas políticas de cúpulas y estados mayores que querían dirigir sus bases, sin consultarlas, como Franco del otro lado de las trincheras.

Por eso la crítica de las colectividades por algunos sectores políticos se convirtió a veces en la imposición armada, como lo demostraron los catalanistas y comunistas en mayo 37 en Barcelona, el general Líster, formado militarmente en la URSS, con su división en Castilla y Aragón, etc. No era un fenómeno nuevo. Ya Lenin había organizado en diciembre de 1917 una policía para imponer la “sana” trayectoria a “las masas”, y, con Trotski, habían reprimido con miles de víctimas la insurrección de Kronstadt en 1922. La libertad de los asalariados parece una afrenta a los aprendices de dictadores. Los asalariados de la España de 1936-1939 quisieron aplicar la democracia en el sentido pleno de la palabra, como lo rezaba la Constitución. O sea la posibilidad para todos los ciudadanos de un país de beneficiarse y organizar -o no (porque el derecho a la pereza es igualmente respetable, siempre que no entrañe la explotación ajena)- todos los ámbitos de la vida social.

Las dificultades con que tropezaron son las habituales en un camino que se hace al andar. Y en este camino topamos siempre con los detentadores de la dedocracia y de los mejores beneficios sociales para una minoría.

Lo positivo es que en el mismo plano de la gestión de los medios de producción económica, un importante número de asalariados de España, a pesar de sus sindicatos durante la guerra, pero gracias a la formación que recibieron, demostraron que la autogestión revolucionaria es una orientación factible.

Frank Mintz

(autor de “La autogestión en la España revolucionaria” Madrid, La Piqueta, 1977 y “Autogestion et anarcho-sydicalislme (analyses et critiques sur l’Espagne 1931-1990) » París, CNT Région Parisienne, 1999)

Publicado en « Le Monde Diplomatique en español » sep-oct 1999