Sindicalismo revolucionario y anarcosindicalismo

Sindicalismo revolucionario y anarcosindicalismo

Martes 6 de diciembre de 2005, por frank

escrito en 2004 para El libertario de Caracas

Sindicalismo revolucionario y anarcosindicalismo

Dentro de la CNT francesa nos reivindicamos de una doble tradición : el sindicalismo revolucionario y el anarcosindicalismo.

El sindicalismo revolucionario de la CGT - Confederación General del Trabajo - de Francia agrupaba numerosas tendencias y gracias a su táctica de acción directa (denuncia inmediata del rechazo patronal para negociar, imposición, tras una huelga dura, de discusiones directas entre el sindicato y el patrono) y de saboteo (denuncia pública de la mala cualidad de la producción patronal, a mala paga, trabajo malo, etc.), la Confederación pasó de 100.000 afiliados en1902 a 400.000 en 1908, lo que representaba la mitad de los sindicados del país.

Los sindicalistas revolucionarios eran anarquistas que rechazaban el antiobrerismo surgido en los años 1880, libertarios - 1 - convencidos de que las ideas libertarias no pueden florecer sino entre los explotados, asicomo marxistas obreros que se oponían a la tutela de un partido político y persuadidos de que el sindicalismo, en tanto que herramienta, y un Estado sindicalista, en el periodo posrrevolucionario, son necesarios al marxismo (Allemane - 2 -). El libertario Pouget consideraba que los obreros conscientes (sindicados) no debían tener en cuenta las reacciones de sus compañeros no sindicados y menos comprometidos socialmente.

« Por consiguiente, cada vez que se constituye una agrupación en la que se encuentran en contacto hombres conscientes, no deben tener en cuenta la apatía de la masa. Ya es muy lamentable que los inconscientes se nieguen a usar sus derechos, para además reconocerles el extraño privilegio de frenar la proclamación y la realización del Derecho de los conscientes.

Muy naturalmente - y sin que la teoría se elaborara previamente - es inspirándose en estas ideas directoras como se constituyeron, obraron y actúan siempre los Sindicatos.

De ahí que el Derecho Sindical no tiene nada en común con el Derecho Democrático.

Ésta es la expresion de las mayorías inconscientes, que hacen bloque para apagar las minorías conscientes ; en virtud del dogma de la soberanía popular y, aunque se dictara como punto de partida que todos les hombres son hermanos e iguales, se termina aprobando la esclavitud económica y oprimiendo a los hombres de iniciativa, de progreso, de ciencia, de libertad.

¡ El Derecho Sindical es todo lo contrario ! [...] Se concibe pues que dada su soberanía individual que, dentro del Sindicato, está fortificada por el contacto de idénticas soberanías, les trabajadores no esperan para manifestar su voluntad el asentimiento de la totalidad del gremio ; piensan y actúan en su nombre propio, como si el grupo estuviera realmente compuesto de esta totalidad. Por extension lógica, llegan a pensar y obrar como si fueran la totalidad de la clase obrera, el pueblo entero. [...]

Los no-sindicados, los inconscientes, no tienen por lo tanto que ofuscarse de esta suerte de tutela moral que los « conscientes » se arrogan. Los militantes no eliminan ninguna buena voluntad y, quienes pudiesen sufrir por ser vistos como parte deleznable sólo deben escapar a esta inferioridad saliendo del aislamiento, sacudiendo la inercia, yendo al Sindicato.

Por lo demás, los tardigrados, equivocados estarían, si recriminaran, porque se aprovechan de los resultados adquiridos por los campañeros conscientes y militantes y se benefician sin tener que padecer en la lucha. [...] ¡ todos se van beneficiando, ¡ todos !, los no-sindicados, los inconscientes, incluso los esquiroles (vendidos a la patronal) ! - 3 - »

Se puede comprender a Pouget, dada la poca experiencia proletaria de principios del siglo XIX, su error consistía en porlongar esta situación de dependencia, en creazr una separación entre conscientes y tardigrados, sin afirmar que los tradigrados de hoy pueden ser los conscientes de mañana. Basta con releer a textos de Bakunin sobre la autoridad para constatar las diferencias y la desviación manifiesta de Pouget que favorecía una minoría de trabajadores, con el riesgo de crear una jerarquía obrera con una cúpula para dirigir la base.

Los mejores hombres son fácilmente corruptibles, sobre todo cuando el mismo medio provoca la corrupción de los individuos por la ausencia de control serio y de oposición permanente. En la lnternacional, no puede tratarse de corrupción venal, porque la asociación es aún demasiado pobre como para dar sueldos o siquiera justas retribuciones a ninguno de sus jefes. Al contrario de lo que pasa en el mundo burgués, los cálculos interesados y las malversaciones resultan pues muy escasos y sólo aparecen a título de excepción. Pero existe otro tipo de corrupción al que desgraciadamente no escapa la Alianza lnternacional : es la vanidad y la ambición. [...] Si hay un diablo en toda la historia humana, es el principio del mando. Él solo, con la estupidez y la ignorancia de las masas, en las que además siempre se apoya y sin las que no podría existir en sí, produjo todas las desgracias, todos los crímenes y todas las vergüenzas de la historia. Y fatalmente este principio maldito se encuentra como instinto natural en cualquier hombre, sin exceptuar los mejores. - 4 - ”

En nombre de la tradición de la AIT, los sindicalistas revolucionarios defienden el principio de votación de un sindicato, un voto. Pero la AIT aplicaba tal principio únicamente porque le convenía a la tendencia autoritaria de Carlos Marx tener la mayoría de los sindicatos en contra de los libertarios, que solo tenían tres regiones fuertes (España, Italia, Suiza). Sin embargo, el mismo número de afiliados en la única España era muy superior a todos los adherentes de los sindicatos autoritarios. La ficción de un sindicato, un voto, no era sino una manipulación del grupo de Marx contra el de Bakunin - 5 -. En la CGT francesa, los sindicalistas revolucionarios tenían 23 sindicatos y los reformistas 20, pero el número de afiliados era respectivamente de 22 500 y 114 000 (en 1906) - 6 -. Se infiere pues que la misma ficción manipuladora de los marxistas contra los libertarios en la AIT estaba utilizada por éstos contra los reformistas y los marxistas en CGT.

El sindicalismo revolucionario desapareció de CGT como tendencia a partir de 1908 y de batallas de aparatos burocráticos en el seno de CGT.

La reivindicación del sindicalismo revolucionario hoy en día es triunfalista y sólo puede significar el rechazo de la presencia de los anarquistas, en tanto que corriente influyente y grupo ideológico distinto de la clase trabajadora, dentro de los sindicatos.

Era, además, la posición claramente expresada de Malatesta :

"En una palabra, el sindicalismo obrero es, por su naturaleza, reformista y no revolucionario ; el revolucionarismo debe ser introducido allí, desarrollado y mantenido por la obra constante de los revolucionarios que actúan fuera y dentro de su seno, pero no puede ser la manifestación natural y normal de su función. - 7 - "

En este caso también, se comprueba una desviación en relación con la postura de Bakunin.

« La emancipación de los trabajadores debe ser la obra de los mismos trabajadores », reza el préambulo de nuestros estatutos generales. Y tiene mil veces razón de decirlo. Es la base principal de nuestra gran Asociación. Pero el mundo obrero suele ser ignorante, le falta aún la teoría. Por lo tanto sólo le queda una vía, es la de su emancipación por la práctica. ¿Qué puede y debe ser esta práctica ? Queda únicamente una. La de la lucha solidaria de los obreros contra los patronos. Son los trade-unions [sindicatos], la organización y la federación de las cajas de resistencia. - 8 - »

Pero Bakunin había creado la Alianza dentro de la Internacional para dar más empuje revolucionario. El problema era interpretar la Alianza como un grupo provisional dentro de una visión de que las condiciones revolucionarias estaban maduras, o como una grupo duradero encargado de mantener una orientación revolucionaria frente a posibles desviaciones políticas y reformistas dentro del sindicato. Bakunin no dejó una respuesta tajante y afirmativa en un sentido o en otro.

La otra tendencia de que se reivindica CNT es el anarcosindicalismo de la CNT española, en particular en 1936-1939, el periodo revolucionario con la autogestión. Aquella época se conoce bien gracias a las ediciones en francés y corresponden, de hecho, a una crítica de la colaboración gubernamental de CNT, opuesta en gran parte a la acción constructiva de su propia base.

Para comprender cómo este fenómeno brotó se puede arrancar con el autoritarismo, acertadamente denunciado dentro de CNT :

« No ne puede predicar fraternidad y luego ser quisquilloseo, vengativo, criticón, difamador o envidioso. No ne puede presumir de amante de la libertad y luchador por la emancipación, y luego ser un intransigente y amigo de imponerse en sus tertulia, reuniones y relaciones sociales, y en el hogar, con su compañera e hijos, un tirano e inquisidor, cuando no un miserable explotador.- 9 - »

La aparición, en 1935, del grupo Mujeres Libres demuestra que la propuesta precedente y el feminismo no fueron abordados en profundidad por CNT. De paso, se constata que dicho grupo, pese a la denuncia del autoritarismo machista y a su análisis y trabajo sociales admirables, careció de firmeza, sobre todo en la emigración, con cierta reproducción de la jerarquía en su seno.

La práctica enseña pues que el autoritarismo no fue muy combatido De hecho la CNT de fines de los años 1920 fue dividida por dos corrientes idénticas en su finalidad y su práctica : obrar por la Confederación imponiéndose en de los cargos de responsabilidad. El defecto similar de unos y otros era el no exponer claramente desde el inicio a todos los afiliados su análisis y, al contrario, de funcionar a base de calumnias y tremendismo, con poco diálogo sereno en los sindicatos. Fue lo que apareció públicamente en 1930 con el faismo y el treintismo. Dicho de otro modo, los partidarios de ir a insurrecciones para desembocar en la revolución social, tildados de aventureros irresponsables por quienes abogaban por una preparación de unos años antes de pasar a la misma revolución social, acusados de reformistas y aliados a la burguesía de izquierda. Para los fines de la polémica, se evocó la figura de Bakunin como justificación : la FAI, en CNT, sólo era la Alianza en el sindicalismo español del siglo XIX. Admitámoslo, pero si CNT se había desarrollado exitosamente de 1910 a 1930 sin la FAI, ¿ qué utilidad podía tener ?

Sin embargo, en los años 1930, el problema que iba a ser más grave es encontrar una doble elaboración del comunismo libertario en 1932, como programa revolucionario. Isaac Puente privilegia la acción directa y la organización en la base, en las empresas, los barrios y los pueblos, proponiendo una articulación de los productores y otra de los consumidores, agrupados en un consejo sindical. Horacio M. Prieto da todo el poder al comité nacional para organizar la economía, “ todos los productores en general deben reintegrarse a sus puestos de trabajo y reconstituir así la situación prerrevolucionaria hasta que las estadísticas, el examen sereno de las circunstancias, establezcan normas factibles de empezar - 10 - “, o sea el proceso revolucionario con directivas desde arriba. Esta doble visión del comunismo libertario explica la participación gubernamental y el corte base-cúpula que, por lo tanto, no es un accidente debido a circunstancias excepcionales. Es una desviación autoritaria en el seno del anarcosindicalismo.

El origen de esta visión contradictoria de la autogestión con dos niveles y dos velocidades es antigua. Anselmo Lorenzo denunciaba en 1910, en sus memorias el siguiente fenómeno : individuos que arrancan decisiones de las masas a base de su carisma, sin que haya realmente una convicción enraigada desde abajo para llevar a cabo una acción :

« Hoy considero que las afirmaciones que haga o que hagan en nombre de una entidad grande o pequeña, llámese sociedad, asociación, liga, partido, masa, multitud, sólo tienen valor positivo según se aproximen a radicar en todos y en cada uno de los individuos que componen la corporación de que se trate. Un programa, un manifiesto, una manifestación, las conclusiones de un mitin, una votación, una asonada, aunque por su importancia material tenga carácter de revolución, nada significan si su interpretación corre exclusivamente a cargo de sus inspiradores y directores habiéndole de acatar el mismo pueblo a quien se pretende beneficiar. - 11 - »

La hazaña de la CNT española de 1936 es haber cumplido el deseo de Anselmo Lorenzo y conseguido transmitir la convicción de la necesidad y de la posibilidad del cambio social revolucionario. Ello se debe a la táctica del grupo lamado faista, que supo intuir la sed general de cambio social inmediato de los trabajadores, en un país en que las secuelas de la crisis mundial de 1929 se imponían paulatinamente. Pero la Confederación tuvo un defecto debido a una mala apreciación del autoritarismo al no aplicar la rotación de las tareas y la formación sistemática de los nuevos responsables. Fueron las numerosas y repetidas detenciones- durante un periodo de los años 1920 en Barcelona, los asesinatos de líderes sindicalistas por matones de la patronal eran constantes - lo que permitieron (indirectamente) la formación de cuadros.

Fueron estos cuadros, el conjunto de los afiliados quienes fueron de inmediato al cumplimiento de las directrices del comunismo libertario, que respondía las necesidades de mucha gente sin afiliación política. Paradójicamente, al mismo tiempo, la cúpula, tanto de la CNT como de la FAI, intervenía en el Gobierno.

Esta doble herencia tiene una significación hoy en día, la de construir un sindicalismo abierto a cuantos pelean en contra de la explotación, dando a conocer claramente que luchamos en contra del capitalismo por otra sociedad, fundada sobre las bases del comunismo libertario. Por eso en los conflictos laborales de 2003, mantuvimos reglas de funcionamiento de las asambleas generales.

-La AG es soberana : son sus decisiones, elaboradas por la misma las que tienen que valer y no las de fuera, ni las de las direcciones sindicales o políticas.
- 
- Tod@s tienen derecho a la palabra, sindicad@s o no sindicad@s ; se puede hablar en nombre propio, en nombre del sindicato, de un colectivo [o del centro escolar], si se tiene mandato.

- Tienen que reseñarse las resoluciones acordadas, que se difundan y que estén disponible.

- De ser necesario elegir delegados, los mandatos tienen que ser precisos e imperativos ; se designan en cada reunión; tras la delegación deben rendir cuenta de que dijeron o firmaron. ¡ Debatir colectivamente y tomar decisiones no es fácil pero no si se hace, otros decidirán por nosotros ! "

Frank Mintz

1) Las dos palabras « anarquista » y « libertario » no cubren los mismos campos. Para mí, el anarquista defiende cierta interpretación del anarquismo y suele estar en un grupo ; el libertario adopta y aplica ideas antiautoritarias, sin referirse a un marco preciso. A mi parecer, Murray Bookchin es anarquista y Noam Chomsky libertario.

2) Se le puede considerar precursor de Kollontay (la oposición obrera a Lenin) y Pannekoek (el consejismo).

3) Pouget Les bases du sindicalisme, 1904.

4) Bakunin Protestation de l’Alliance, Œuvres pp. 15-17

5) Para el congreso de La Haya de 1872, Marx y sus secuaces habían instituido el siguiente sistema « cada delegado, que represente una federacion o una seccion, que tenga uno o varios mandatos, tiene derecho a una voz deliberativa única », en Ribeill Georges Socialismo autoritaire ou libertaire, t. 1, p. 324. Se rechazaron las propuestas de los españoles que pidieron una votación proporcional al núumero de afiliados y de los belgas y jurasianos por federaciones. De paso hay que señalar que Sorge traía de Nueva York mandatos en blanco a petición de Marx, en Guillaume James, L’Internacionale (París, 1985) pp. 324, 334-335.

6) Maitron Jean Le Mouvement anarchiste en France , 1975, t.1, p. 313.

7) Malatesta Sindicalismo y anarquismo, 6-IV-1922

8) Bakunin La politique de l’Internationale 1869

9) Galo Díez Esencia ideológica del sindicalismo, 1922, p.38.

10) Prieto Horacio Anarco-sindicalismo Cómo afianzaremos la revolución, p. 13.

11) Lorenzo Anselmo El proletariado militante Madrid, 1974, pp. 418-419 [escrito en 1910, publicado en 1923].