Mujeres en CGT 2001

Mujeres en CGT 2001

Sábado 4 de febrero de 2006, por CGT-e

Anexo III MUJERES EN C.G.T. congreso de 2001

Referencias históricas.

En 1872 un congreso anarquista hablaba de la necesidad de la igualdad de las mujeres, tanto en el trabajo fuera de la casa como en el trabajo dentro de casa.

Algunos pensadores anarquistas de principios del siglo XX (Javierre) denunciaban que las mujeres no estaban consideradas en igualdad con los hombres.

Teresa Claramunt decía: ;Las mujeres se afiliaban a los sindicatos y participaban en las huelgas en una proporción casi igual a la de los hombres. Sin embargo muy raras veces ocupaban cargos directivos;

En 1910 la CNT sostenía: ;La disminución de horas de trabajo de muchos de nosotros la debemos, indirectamente, al penoso trabajo de las mujeres en las fábricas. Pero cuando la mujer llega a su casa en lugar de un descanso se
encuentra con un nuevo burgués-compañero- que, con la mayor tranquilidad, espera que haga los quehaceres domésticos;.

En 1918 la ;guerra de las mujeres en Barcelona; demandaba entre otras cosas la readmisión de los trabajadores de ferrocarriles, así como educación para las mujeres y poner fin a la jerarquía en los sindicatos y en la familia.

Soledad Estorach: ;Para la mayoría de los hombres, la situación ideal era la de tener una compañera que no se opusiera a sus ideas. Querían ser militantes las 24h. En esas condiciones es imposible la igualdad;.


Análisis de la actualidad.

Hoy en día, muchos años más tarde, esta igualdad de la que hablaba Soledad Estorach, sigue sin materializarse en la práctica cotidiana.

Asimismo seguimos insistiendo en los planteamientos de Teresa Claramunt, demandando una mayor oportunidad de participación de la mujer en ámbitos de responsabilidad.

La mujer sigue siendo invisible y por supuesto sigue estando alejada de los ámbitos de decisión, tanto en el plano social como en el político y sindical (incluido el nuestro).

Hay que enfrentarse al problema del olvido sistemático de la categoría género en el pensamiento de la izquierda. El feminismo no ha impregnado ni el discurso ni la política de una forma lo suficientemente profunda como para que haya un replanteamiento de los problemas y de la forma de enfocarlos y resolverlos.

En un planteamiento de izquierdas es necesario tener presente no sólo las relaciones de poder entre las clases sociales, entre poseedores y desposeídos, sino también las relaciones de poder entre los géneros. Cualquier otro camino que olvide éstas últimas conduce a rebelarnos sólo contra el capitalismo y a seguir siendo cómplices de la opresión de las mujeres. La lucha anarcosindicalista perdería su sentido obviando las reivindicaciones de igualdad de las mujeres.

Una de nuestras herramientas para luchar contra la opresión de las mujeres es la acción positiva: compensadora de desigualdades. La acción compensadora no debe entenderse como un acto de discriminación o de lucha en contra de nadie sino como una defensa de lo relegado, es un acto de justicia y no de represalia. El punto de partida de hombres y mujeres no es el mismo, por lo tanto no se puede tratar de igual forma lo que inicialmente es diferente.

La poca proporción de mujeres con responsabilidades en las organizaciones sociales tiene mucho que ver con las dificultades de desarrollar un proyecto propio cuando se tiene una jornada extra. Se acostumbra a valorar el tiempo
fuera de la jornada laboral como tiempo libre y de ocio, cuando ésta no es una realidad para las mujeres (5 horas al día frente a 30 minutos del varón de ;horas extras; con las tareas domésticas). El horario es una de las maneras de
ejercer la discriminación, ya que se plantea éste desde una forma de vida y lógica masculina.

Educación, cambio y sensibilización de las mujeres y los hombres

Los avances tecnológicos, la mejora de los derechos de las mujeres, un nivel de educación formal cada vez mayor entre nosotras, deberían conducir a la igualdad entre los sexos. Sin embargo, se obvia de nuevo una realidad mucho más rica y compleja que la simplificación de los ROLES que se nos imponen como mujeres y como hombres. A los hombres se les adjudica un papel más agresivo que les limita en la expresión de la afectividad y a las mujeres se nos exige que cumplamos un rol social que nos lleva en muchos casos, dada la escasa valoración o INVISIBILIDAD de nuestro trabajo, a la desorientación, la culpabilidad y la insatisfacción.

negativamente por esta diferente orientación. El efecto más visible se ve aun hoy día: hay estudios y profesiones altamente feminizados o masculinizados

Pero, a igualdad de nivel educativo el salario medio de los hombres es muy superior al de las mujeres. El 20% de las mujeres tiene un contrato parcial frente al 3% de los hombres. El salario/hora a tiempo completo es el 60% más que el salario/hora a tiempo parcial. Las mujeres, por falta de opciones alternativas, nos vemos obligadas a ocupar trabajos a tiempo parcial, sobre todo porque nos permiten combinar la vida laboral con la familiar, en los casos en que hemos de asumir el peso de la casa por la falta de corresponsabilidad por parte de la pareja.