Casanova Julián De la calle al frente (el anarcosindicalismo en España), Res.4

Casanova Julián De la calle al frente (el anarcosindicalismo en España), Res.4

vendredo 3a marto 2006, de frank

Casanova Julián De la calle al frente (el anarcosindicalismo en España), Barcelona, Crítica, 1997, 267 pp. Res.4

El autor tiene un conocimiento profundo y asombroso del movimiento confederal y de los 1930, no sólo por su estudio anterior sobre Aragón (Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa 1931 -1938, Madrid, 1985), sino por una gran consulta de documentos. No oculta su criterio crítico de la CNT y la interpretación global es por lo tanto interesante porque no hay una simpatía partidista u obligada, es una visión desde los resultados prácticos, lo que tendría que ser la visión marxista (desde el PC hasta los consejistas) si no fuera opacada por complejos religiosos (Moscú, el antisindicalismo) y la fe en el Partido guía (Maurín y Nin). Tampoco es el punto de vista universitario oficial (Thomas, Jackson) que concluyen sobre la CNT sin haberla estudiada. Es un análisis personal que se funda de paso en las contribuciones de múltiples historiadores españoles y en varios eventos de CNT o que incluían CNT.

La posición global del autor, un tanto como de la de César Lorenzo, apunta a una interpretación que no comparto. Se deduce de ciertos títulos de capítulos del final “los límites del paraíso terrenal, el ocaso, el desarraigo”. Ahora parece coincidir el autor con Helmut Rudiger : germano sueco apologista de la participación gubernamental definitiva y del anarcosindicalismo como una estructura vertical entre partido político de izquierda y sindicato de oposición banal. Eso fue, un tiempo, la SAC a fines de los 50, dispuesta a defender con las armas al Estado sueco.

No tenía Julián Casanova el mismo enfoque en 1985 (la equidistancia entre franquistas y antifranquistas) y tampoco lo es en 2001 con la denuncia del genocidio franquista. Es una evolución sana y digna de aprecio. Por eso las criticas que voy a hacer solo afectan el modo de exposición de 1997, la deformación ideológica que ciega a veces el sereno juicio y se queda en argucias, en lugar de denuncias sensatas.

Un detalle es el índice que omite prácticamente todas las indicaciones en notas (Bernecker, Bosch Aurora, Maguid, etc.), un error poco perdonable dada la seriedad de la editorial.

Casanova expone con claridad las debilidades de la II República “manifestaciones y protestas colectivas a las que siempre se respondía con armas de fuego. La intimidación y la ausencia de garantías para el ejercicio de los derechos fundamentales se erigieron en normas. [...] Rota la inicial y necesaria coexistencia, las autoridades republicanas mostraron una notable incapacidad para discernir entre conflictos sociales y “actos de agresión a la República”, mientras que los cenetistas comenzaron a autoproclamarse víctimas de la “dictadura social-azañista (p. 22)”. No hubo acercamientos entre organizaciones sindicales “Desde el momento en que las nuevas atribuciones otorgadas a la UGT, con integración en el aparato del Estado y la consolidación del corporativismo obrero inaugurado por la Dictadura de Primero de Rivera, superaban la “tradicional acción sindical” y concedían un trato de favor descarado a esa organización obrera [...] (p. 30)”.

Se podría colegir que va a continuar el historiador exponiendo los desmanes republicanos, hasta que el PSOE y la UGT se dieran cuenta de la derrota de 1933 de sus correligionarios reformistas alemanes y se lanzaran a la ridícula intentona de Asturias de 1934, tan mal preparada como las de 1933 de los cenetistas que seguían el empuje del grupo de García Oliver y Durruti que manipulaban la FAI, sin pertenecer a ella (ver la reseña de Christie sobre la FAI, Res. 5).

Primero, el autor quiere, para los participantes en la protesta y los que se oponían a ella, “examinar la lógica y racionalidad de sus comportamientos en el tiempo y el espacio en que ocurrieron, y no desde el punto de vista de las ideas o presunciones actuales. (p.34)” Y a las dos páginas suelta “Lo que se pedía en esos conflictos no era, en definitiva, la revolución social, la expropiación de los ricos o la colectivización de la tierra - algo que sí podía aparecer en las elucubraciones teóricas sobre la sociedad futura o en las expresiones más radicales de la propaganda militante - sino mejoras salariales, trabajo y libre acceso al uso y aprovechamiento de la tierra.”
Para mí, estas líneas son una justificación de la democracia capitalista actual (que tiene tanta relación con la democracia como las finanzas del vaticano con la misericordia), y en 1936 correspondería a la hipocresía de los latifundistas, con la Ceda de Gil Robles, el “Jefe”, aborrecidos por la mayoría de los asalariados pobres que en gran parte siguieron las “elucubraciones”de1936 a 1939.

Como pastiche, igual se podría escribir sobre los fascismos alemán, español e italiano para 1941-1942 : “ Lo que pedían, en definitiva, no era la explotación o el genocidio - algo que sí podía aparecer en las elucubraciones de la propaganda de los antifascistas radicales - sino la superación de la lucha de clases por las élites, dentro de un conjunto europeo armónico.” De paso es globalmente el esquema de la constitución europea rechazada por Francia y Holanda en 2005.

¿Exageración mía ? No lo creo cuando doy con : “elucubraciones”, otra vez, (p.65 para el comunismo libertario de Isaac Puente), “quimera” (p. 71, la CNT con palabra de Brademas), “las concepciones comunales y retrógradas que con tanto ahínco habían defendido Isaac Puente y la familia Urales” (p. 148), “propuestas ingenuas e inalcanzables, como la jornada de seis horas” de CNT sobre el desempleo (p. 57). Son mazazos al lector para que opine de tal manera y no de otra. De paso recuerdo que en enero de 2005, los empleados del metro de Buenos Aires (el Subte) consiguieron el restablecimiento de la jornada de seis horas (cancelada hace unos diez años por el menemismo), con la creación de unos doscientos empleos.

Además, no situar el auge de los fascismos italiano y alemán, el evidente contubernio entre monárquicos y republicanos (la continuación de Maura en el ministerio del Interior) disimula en parte la importancia del debate entre treintistas y faístas (dejándose manipular por el grupo de García Oliver, Durruti, etc., lo que omite el autor). Éstos distinguían la trascendencia del momento y distaban de ser los exaltados sin sentido del devenir histórico.

En la obra de Abel Paz dedicada a Durruti aparecen estas citas de Buenaventura :
“ En calidad de anarquista, nosotros declaramos que nuestras actividades no han estado ni estarán subordinadas a la línea política de ningún Gobierno, de ningún partido político ni del Estado. Los anarquistas y los sindicalistas de la CNT, unidos a todos los revolucionarios, hemos de darnos por misión obligar, bajo la presión de la calle, a que los hombres que forman el Gobierno provisional cumplan lo que han prometido ” (Solidaridad Obrera, 21-4-1931, Paz, p. 171)

“ La teoría de los jefes de la FAI y de los ladrones anarquistas, la desvanece vuestra presencia en este mitin. Los verdaderos ladrones no se levantan a las seis de la mañana, ni sus mujeres tienen que arrastrarse por los suelos, sacando la mierda de los ricos para sacar adelante su casa, como hacen nuestras compañeras cuando la burguesía nos deporta, nos encarcela, o nos obliga a ocultarnos ” (Tierra y Libertad, 23-9-1932, Paz, p.238).

Después de la intentona de implantación del comunismo libertario de enero de 1933 escribía :
“ Mienten aquellos que dicen que nosotros pensábamos con un golpe de audacia apoderarnos del poder e imponer nuestra dictadura. Nuestra conciencia revolucionaria repudia ese fin. Nosotros queremos una revolución para el pueblo y por el pueblo, porque fuera de sea perspectiva no hay liberación proletaria posible (...). En nuestra acción no hay blanquismo ni trotskismo, sino una clara idea de que la marcha es larga y hay que hacerla moviéndose, andando ” (La Voz Confederal, Paz, p.248).

El problema que no plantea Casanova es el cómo y el por qué el debate táctico entre treintistas y faístas no se reanude con distanciamiento antes y durante el congreso de Zaragoza, ni rebrota con las participaciones en los gobiernos de Cataluña y de Madrid en septiembre y noviembre de 1936. Viene borrado el mensaje anarcosindicalista de la AIT de Bakunin y de la de 1922 - edificar desde la base la nueva sociedad, con colectivos de los mismos trabajadores -. Apenas es esbozado por Durruti, para caer en el saco roto de la uniformidad de las decisiones, vengan de dirigentes tan alejados uno del otro como Peiró y García Oliver.
Ahí está el centro de las evoluciones a primera vista zigzagueantes de los dirigentes de la CNT, que reaccionaron contra la vorágine de los hechos con una constancia : la política de los hechos consumados asestada, clavada tercamente en la afiliación, con una prensa cada vez más aborregada y bolchevizante (en su procedimiento periodístico y en su enfoque de la URSS).

La consecuencia de tal ceguera de los dirigentes entraña el que los trabajadores ya no se sienten concernidos y pueden adoptar una de estas dos actitudes. O se dejan llevar por los pastores de turno (si indirecta o directamente cosechan algún beneficio) o tiran coces y embisten.

Bien lo saben los marxistas leninistas desde Lenin y Trotski con Ucrania y Kronstadt, y luego 1953, 1956, 1962, 1968, 1981 (en sus colonias y en la propia cuna del socialismo real) hasta el colapso - programado por Gorbachov con el capitalismo de 1989 y el final de 1991.

Bien lo notan los capitalistas y sus admiradores con el mayo-junio de 1968, con las intervenciones para salvar la democracia en 1953, 1954, 1964, 1973, 1976 en Irán, Guatemala, Brasil, Chile y Argentina, con las “jacqueries” o motines por el hambre que desde los 1970 acompañan las políticas criminales del FMI en Egipto, Marruecos, Venezuela, Argentina hasta el 2001 y hoy en día.

Mucho antes de mayo de 1937, hubo múltiples oposiciones de la base de la Confederación a la política de sus dirigentes, base que tendía a confundirse desde el inicio de la República con los asalariados conscientes en general.

Una lectura que hace a medias Casanova porque el doble esquema es tapar que hubo un consenso entre militantes y trabajadores de a pie durante el periodo 1932 y 1939 ; y tomar la CNT como un conjunto fracasado y negativo casi sin cualidades.

Los caso típicos son los de Castilblanco -Badajoz - el 31 de diciembre de 1931 (agradable presente para empezar el año ¡ !) y de Arnedo - La Rioja - el 5 de enero de 1932 en zonas de poca conflictividad social y en manifestaciones de la UGT. En ambos casos la guardia civil disparo sobre manifestantes que no la hostigaban, un muerto vengado con creces con la masacre de los cuatros guardias por los campesinos en el primer caso, once muertos y treinta heridos en el otro. Y hubo en este poco lapso de tiempo tiroteos y muertos (ocho) en Zalamea de la Serena , Épila - Zaragoza, Safor - Valencia - (p. 44).

Deducción personal : las reinvindicaciones de los asalariados de cambiar algo chocaban con una muralla de odio.

Otro dato : 20 días después del tiroteo de Castilblanco, el 19 de enero de 1932 en Figols - Barcelona -, sin consignas previas, con “fuerza insospechada” (p. 103), los mineros fueron a la huelga desarmando a los guardias locales y declararon el comunismo libertario en el pueblo, seguido por Berga, Sallent, Cardona, Balsareny, Navarcles, Suria. El ejército restableció totalmente el orden el 25 de enero. Hubo algunos pueblos que lanzaron la huelga general en Aragón (cuatro) y en Valencia (uno) donde apunta siempre amablemente el historiador “un grupo de anarquistas jugó durante unas horas a la revolución” (p. 104).

Otra reacción personal : para derribar la muralla de odio y miseria, hubo trabajadores que acudieron a la idea de revolución y fueron seguidos. Y el historiador inglés Paul Preston anotó para principios de los años de la república en Castilla : “ [...] había poca diferenciar entre los anarquistas y los miembros de la FNTT. En muchos pueblos, la organización local de braceros estaba ingenuamente afiliada a UGT, CNT y al partido comunista - 1 -. En todas partes, el hecho que los braceros analfabetos se adhirieran a la FNTT no les convirtió en marxistas diplomados de la noche a la mañana y había poca diferencia de madurez política o de aspiraciones entre ellos y los miembros de CNT - 2 -.”

Desde luego lo “ ingenuo ” está en la cabeza de Preston, es evidente que estos braceros estaban hartos de sufrir la explotación social, tenían sed de un cambio definitivo de la sociedad y por eso estaban en tres organizaciones que en esa época parecían portadoras de la revolución, teniendo así la seguridad de que una, por lo menos, iba a emprender la lucha.

Casanova multiplica los análisis y los datos sobre la debilidad de la CNT, con poca afiliación y pocos fondos (p. 70), participación electoral generalizada (p. 80), sin raíces en el agro (p. 86), dividida y con una FAI en un estado “calamitoso” a fines de los 1930 (p. 92). Son elementos indudables, pero que tienen poco que ver con la evolución de una crisis social. Dos ejemplos dispares pueden aclarar el clima español de la época.

En vísperas de la primera guerra mundial en Francia, el escándalo por el asesinato del pacifista Jaurès y los miles de presentes en su entierro, los años de campañas antimilitaristas (y un internacionalismo superficial) de la CGT con sus 500.000 adherentes colapsaron ante la ola de entusiasmo chovinista que invadió la gran mayoría de los reclutas que fueron al frente las primeras semanas.

En 1917 en unos meses se fue de la huelga general al derrumbe de la monarquía y de los análisis de los partidos de la izquierda, ante el alud de los soviets de millones de trabajadores que deshacían el viejo mundo para construir otro, sin preocuparse por el índice de concentración de la industria pesada o el porcentaje de la clase media en el país. Y sólo siguieron los esloganes anarquizantes de Lenin de un lado, de Makhno de otro, al principio casi solitarios en sus propuestas ante sus propios seguidores, inmensamente minoritarios todos en el huracán social.

Ultimo pase de muleta de Julián Casanova : “el debate ideológico aparecía dominado por los dirigentes y el sector más activo, y no se extendía a toda la organización. Se erigía de esa forma una frontera entre esa minoría adiestrada y la mayoría de los afiliados, alejados de cualquier discusión interna. [...] Sería engañoso, por consiguiente, considerar que la CNT era diferente en ese asunto a las demás organizaciones de masas. El mito forjado en torno a la activa participación de todos sus miembros en las decisiones adoptadas se derrumba cuando se ponen en contraste los principios rectores de la Confederación y la forma habitual de funcionamiento (p. 63).”

Esa lectura es posible, pero no única. La consciencia de que el momento histórico era propicio a una mutación, como lo fue en 1917 en Rusia, era evidente. ¡Extremadura sin apenas tradición y presencia sindical vio jornaleros ocupar tierras de latifundistas !

La evocación de Casanova de la insurrección en la cuenca minera de Figols en enero de 1932 es excelente porque, sin que le interese al autor destacarlo, brota toda la fe en la revolución que surgirá de nuevo en 1936. “no hubo preparativos [...] fuerza insospechada [...] En Berga, Sallent, Cardona, Balsareny, Navarcles y Súria, pararon las minas, cerraron los comercios. En Manresa, piquetes de trabajadores impedían el acceso a fábricas y talleres. [...] el comité revolucionario [...] difundió por la zona la noticia de que “el comunismo libertario había llegado” (p. 102-103).”

También en los movimientos mal coordinados que lanzó la CNT en diciembre de 1933 Arnedo, víctima de la guardia civil, conoció una tentativa pacifica de comunismo libertario de parte de unos treinta hombres. Una demostración de los anhelos de la población. Las consideraciones de Casanova sobre los participantes en los dos eventos de Arnedo subrayan la variedad de edades de la gente numerosa en la manifestación de 1932 y el número reducido y limitado a solteros jóvenes en 1933, como en los pueblos aragoneses (pp. 126-127). Y el objetivo visible del historiador es comprobar el aislamiento y la soledad de los revolucionarios de 1933. Pero fue exactamente lo mismo los 18 y 19 de julio en Barcelona, pocos combatientes en relación con la población de la capital ; una semana después los revolucionarios eran decenas de millares, como mínimo. El ejemplo de Figols que contagió a media docena de pueblos mas da pie a pensar que en 1933 en la Rioja o en Aragón habría sido igual, de haber triunfado el movimiento, como fue en parte el caso en 1936.

Tanto en 1932 en Figols, en Asturias en 1934, como en julio-agosto de 1936, tenemos un número creciente de trabajadores que al igual que en la época de los soviets libres no esperan el visto bueno de cúpulas, ni siquiera las consultan y actúan para cambiar su trabajo diario, como si conocieran los estatutos de la AIT de 1864 y los escritos de Bakunin (parte de los mejores nunca traducidos al castellano - 3 -). ¿Cómo era posible ?

Sencillamente porque la CNT propagó - con sus militantes y su ejemplo - entre todos los trabajadores el espíritu de acción directa, de iniciativa e independencia. Y los faístas, que aparecen como los “malos de la película”, tanto para José Peirats como la mayoría de los historiadores “sensatos”, cosechaban el seguimiento de la juventud consciente revolucionaria. Que no escatimara ésta sus criticas por los errores de preparación de los confederales, no borra que el cambio revolucionario inmediato era el objetivo de las clases sociales explotadas, como se vio en Asturias en 1934 y paulatinamente en la España republicana a partir de 1936 hasta 1939.

Casanova destacaba que la CNT “era también, en definitiva, un sindicalismo sin fondos, con problemas de cotización, al que le surgían a menudo necesidades “extraordinarias”, como los presos, [... que] demostraba una notable incapacidad para gestionar el escaso dinero que se destinaba a los propagandistas, dirigentes y redactores elegidos para los periódicos (p. 70).”

Con razón, el autor diferencia dos concepciones de la revolución dentro de la CNT y “dos formas de entender el sindicalismo y el papel de los anarquistas en los sindicatos”. Acudir a las nociones de empleo fijo versus trabajo inestable me parece improductivo porque los militantes citados de una y otra rama laboral tuvieron una actitud similar ante el gobierno, como Peiró, Pestaña, etc. De un lado, Mera, García Oliver, etc., del otro. Tampoco veo la relación con el problema de la abstención electoral y el de la afiliación ; En el fondo de la argumentación, hay un apoyo a un sector contra “la actuación negativa del sector militante que se apoderó de la organización y arrojó fuera de ella, con insultos, calumnias y coacciones, al grupo de dirigentes que la controlaban a comienzos de la República tuvo como consecuencia el “apartamiento de las filas cenetistas de :muchos trabajadores [...] la CNT, heroicidades al margen ganó poco y perdió mucho” (pp.85, 131). ”

Creo que fue la represion la causa principal de esa disminución, relativa, dada la necesidad vivencial de mejoras sociales. Y siguiendo con las causas socioeconómicas, la constatación de Casanova de que una tendencia eliminó a otra dentro de un grupo humano, no puede centrarse en los “ malos” : “ Que la preparación y puesta en marcha de esas insurrecciones, especialmente las de 1933, fue obra de grupos anarquistas iluminados por visiones catastrofistas es algo difícil de discutir (p. 124).”

Si los “buenos” lo hubieran sido de verdad, no los movía nadie. Tomemos dos ejemplos paralelos de la misma época de dos ideologías similares (por su verticalismo y su uso del terror) el marxismo leninismo y el nazismo (por orden cronológico y alfabético). Stalin no fue peor que Lenin o Trotsky, supo satisfacer varias tendencias, dando ascensos a desconocidos y jóvenes. La decapitación de la inteligentsia y del ejército soviético se acompañó del ascenso de decenas de miles de jóvenes que lo debían todo a Stalin (en particular los “voluntarios” mandados a España para formarse a técnicas modernas) ; Hitler también se apoyo en varios grupos y liquidó el de Roehm (seguramente más equilibrado), cuando tuvo bastante poder, sin demasiadas protestas dentro y fuera del nazismo.

Dentro de la CNT, ya a mediados de los 1920 (véase mi entrevista a José Llop, participante en la fundación de la FAI - 4 -), se notaba una fuerte oposición a Pestaña de parte del periódico de Buenacasa El Productor. Que los procedimientos de crítica sindical fueran zafios y brutales, es indiscutible, tanto como el atractivo de las tácticas propuesta, como ya lo he aclarado.

La parte sobre la guerra trae datos interesantes con la lúcida lectura de Casanova. “A los fascistas “probados” hay que asesinarlos, declaraba Solidaridad Obrera el 1 de agosto de 1936 (pp. 158-159)” Habría sido mejor dar la cita entera asicomo las condenas de Peiró y no dejarlas aludidas en nota. Falta la aclaración sobre los cadáveres en las calles de monjas embarazadas o de monjes visiblemente ejecutados hace años por sus correligionarios en varios conventos barceloneses (testimonio oral de Liberto Sarrau).

La observación exacta de que “los comités dirigentes de la CNT se preocuparon mas en los primeros momentos de combatir la contrarrevolución que de colectivizar los medios de producción (p. 162) cae en saco roto si no se relaciona con la participación gubernamental decidida de hecho en los primeros días de julio de 1936 ( ver Azaretto). El mismo Casanova lo desarrolla con la dominación y manipulación de la prensa confederal por los dirigentes mayormente con la Soli y su director Jacinto Toryho (criatura de Santillán).

El enfoque de describir la participación gubernamental y las colectivizaciones a partir de Rudiger (heraldo del gubernamentalismo cenetista) tiene el mérito de la claridad (pp. 176, 189, 212). “Los limites del paraíso terrenal” ya marca lo sesgado e insuficiente de la visión. La descripción del Consejo de Aragón es interesante. Acudir al pleno de milicias confederales de febrero de 1937 habría aportado matices a las conclusiones abruptas sobre el “radicalismo” y la “necesidad de saldar conflictos personales” (p.220).

Eran dos grupos, hasta dos clases sociales que se oponían : los aprendices de explotadores en las cúpulas de la CNT y de la FAI contra los explotados que ya no se dejaban manipular.

1 )Un slogan provisional de PC fue “Nuestro lema es “ todo el poder a los obreros, campesinos, trabajadores” ; Si no se toma el poder no hay salvación contra la miseria, el hambre y el sufrimiento, la opresión y la represión.” 1933, textos españoles traducidos al ruso, 1933, reproducidos y traducidos en Mintz, la Autogestión ..., p. 267.

2) Preston Paul The coming of the Spanish civil war (reform, reaction and revolution in the segund republic) Londres, 1978, p.61

3) Es una doble alusión : la insuficiencia del trabajo de Santillán en su publicación de los cinco tomos de las obras de Bakunin, la necesidad de consultar los textos “negados, censurados o postergados” Ver Maximov Discusión con Bakunin, Utopía, Buenos Aires, 2006.

4) Movimiento Libertario Ruedo Ibérico, 1974, pp. 288-290 ; por razones obvias, nos e dieron nombres.