Expectativas fallidas (España 1934-1939). El movimiento consejista ante la guerra y revolución españolas Res. 8

Expectativas fallidas (España 1934-1939). El movimiento consejista ante la guerra y revolución españolas Res. 8

Sábado 4 de marzo de 2006, por frank

Expectativas fallidas (España 1934-1939). El movimiento consejista ante la guerra y revolución españolas artículos y reseñas de Korsch, Mattick, ..., Barcelona, Adrede, 1999, 168 pp. /edición, compilación y traducción de Carlos García Velasco y Sergi Rosés Cordovilla, introducción de Cajo Brendel/ Res. 8

Consejismo y guerra civil española. Este libro, muy interesante, se entronca en parte en La Contre-révolution bureaucratique (10/18, 1973) con textos de 1934-1938 reveladores de un desconocimiento total de los consejos (soviet) en Rusia, una paradoja reveladora del sectarismo inherente a esta postura.

Sigue válida mi crítica de la época (en La Autogestión en la España revolucionaria) sobre las lacras anti-anarquistas completamente heredadas del marxismo leninismo y repetidas por los diferentes consejistas (ver a Castells Duran El proceso estatizador...). Paul Mattick escribe en octubre de 1936 : “la iniciativa de los trabajadores lo puso [al gobierno] ante el hecho consumado de que la milicia se había convertido en la principal formación militar [...] la iniciativa autónoma de los trabajadores creó pronto una situación muy diferente e hizo de la lucha defensiva política contra el fascismo el comienzo de una revolución social. [pp. 29-30 En cambio] En los levantamientos sin fruto de los años 1931 [sic]-1933 los anarquistas buscaron ganar el poder en España. Estas rebeliones, que fueron pobremente organizadas y no muy claras en cuanto a sus objetivos, condujeron a escisiones. [...] Durante la sublevación de Octubre (1934), los anarquistas catalanes sabotearon el movimiento revolucionario. [...] En cualquier caso, fueron las relaciones sociales mismas, no la filosofía anarquista, la que forma el secreto del desarrollo y preservación de los métodos de lucha y organizaciones federal-sindicalistas. [pp. 39-41].” Una evidente falacia histórica para demostrar el papel negativo y casi inútil del anarquismo (que englobaría el anarcosindicalismo), como escribía Lenin unos quince años antes.

Un año más tarde, Mattick expone otra visión, olvidándose de que “la iniciativa de los trabajadores lo puso [al gobierno] ante el hecho consumado” de la milicia, e inventando la separación entre combatientes anarquistas y edificadores obreros. “No debemos olvidar que fue el levantamiento espontáneo de los anarquistas lo que previno la victoria inmediata de los generales. El contraataque espontáneo de los trabajadores catalanes consistió en tomar las fábricas, el transporte y la central telefónica de Barcelona, y con ello el establecimiento de Consejos y Comités (p. 103).”

Una diferencia aparece al citar positivamente la CNT - nunca está en ninguno de los textos de Pannekoek - : “la idea de que la revolución solamente puede hacerse desde abajo, mediante la acción espontánea y la iniciativa autónoma de los trabajadores está anclada en esta organización, a pesar de que a menudo pueda haber sido violada (p. 42).”

Helmut Wagner, un consejista alemán, escribe un “El anarquismo y la revolución española” que da pie a diferenciar en parte la postura antisindicalistas de los comunistas bolcheviques y de los consejistas. Las similitudes son múltiples :

- afirmaciones doctorales “el anarquismo es incapaz de resolver los problemas de la lucha de clase revolucionaria. [...] Consideramos nuestro deber el mostrar, a partir del ejemplo español, que la argumentación anarquista contra el marxismo es errónea; que, por el contrario, es la doctrina anarquista la que ha fracasado (pp. 77-79).”

- media verdad histórica “ que los trabajadores de Cataluña no hayan constituido la dictadura del proletariado no es culpa suya. La razón principal hay que buscarla en la confusa situación internacional [...] Solamente una pequeña parte del proletariado es conscientemente revolucionaria (pp. 83-84).”

- reduccionismo ideológico • las teorías del “comunismo libre” que son, en última instancia, concepciones de Proudhon, adaptadas por Bakunin a los métodos modernos de producción. La concepción proudhoniana del socialismo, elaborada cien años antes, no es más que una concepción idealista de la pequeña burguesía que consideraba la libre competencia entre pequeñas empresas como el objetivo ideal del desarrollo económico(p. 96).”

Las diferencias son palpables :

- idealización “La única organización que da una respuesta concreta es el POUM. Propugna la elección de un congreso general del cual emergería un gobierno realmente proletario (p. 87).”

- identificación con el anarquismo - sin citarlo - para el dinero “el hecho de que todo pueda ser adquirido con dinero, y de que el dinero sea el poder mágico para abrir todas las puertas, desaparecerá. Una de las primeras acciones de los trabajadores será, sin duda, la creación de una especie de tarjeta de trabajo. Solamente quienes realicen un trabajo útil obtendrán la tarjeta (p. 91).”

- para la producción una visión original (siempre que no se suponga un control a lo bolchevique) “El consumo de cada trabajador no se determina desde “arriba”, cada trabajador por sí mismo determina por su propio trabajo lo que puede pedir a la sociedad. [...] es realmente sencillo calcular el promedio del tiempo de trabajo socialmente necesario dividiendo la suma total de tiempo de trabajo utilizado por la suma de productos obtenidos (pp. 100, 99).”

Mayo de 1937 es abordado por Mattick con eficacia través de las noticias y declaraciones de la época. “Sí, la CNT ha hecho todo lo posible para ayudar a la contrarrevolución del Gobierno de Valencia en Barcelona. [...] La contrarrevolución se extiende desde Franco a Santillán [una fórmula que habría gustado a Azaretto]. [...] El anarquismo en España aceptaba una forma de fascismo, disfrazado como movimiento democrático para ayudar a aplastar al fascismo franquista (pp. 110, 112).” Presentaba Mattick una solución interesante pero tardía (ver en Berthouin la postura de Besnard y de la AIT) : “Podrían haber marchado tanto contra los fascistas franquistas, como contra los fascistas de Moscú. Muy probablemente habrían sido derrotados [...] Cualesquiera que hubieran sido los acontecimientos, una cosa es segura : las caóticas condiciones del mundo capitalista se habrían vuelto aún más caóticas. Y sin catástrofes ningún cambio es posible en la sociedad (pp. 112-113).”

A la diferencia de la edición francesa, los dos textos de Korsch sobre la colectivización durante la guerra civil están presentados y difiere del todo el tono. “Por eso, no se puede decir honradamente que los obreros españoles y sus líderes sindicalistas revolucionarios y anarquistas, evitasen tomar el poder político, nacional o a escala regional, en Cataluña, en unas condiciones en las que un partido realmente revolucionario, como los bolcheviques rusos, lo hubiera hecho. No tiene sentido aceptar la táctica de los bolcheviques rusos en [febrero de] 1917 como una “política revolucionaria prudente y realista” y denunciar la misma política como una “falta de visión y decisión revolucionaria” cuando la llevan a cabo los sindicalistas en España, exactamente en las mismas condiciones (p. 132).”

Korsch dedica un artículo para reseñar Collectivisation : l’œuvre constructive de la révolution espagnole : recueil de documents (éditions CNT-FAI, 1937) “ insistiendo en “ el problema más complejo del socialismo que es la colectivización de la agricultura, los trabajadores habían preparado un programa totalmente realista no desvirtuado por la urgencia, la exageración o los prejuicios. La resolución sobre la colectivización de la tierra del congreso de la CNT de Madrid (junio de 1931) [...] fue una guía práctica para la acción de julio y agosto de 1936 para los obreros agrícolas y los pequeños agricultores, que quedaron enteramente libres a su propia iniciativa, sin la interferencia de ninguna autoridad o tutela extrañas. [...] Nuestro principal interés en este primer periodo de la colectivización española se centra en el importante papel jugado por el peculiar tipo de sindicatos más característicamente representativos de los trabajadores de Cataluña y Valencia, que hasta hace poco eran atacados y despreciados por los prósperos sindicatos británicos y las poderosas organizaciones marxistas del Centro y Este de Europa, como una expresión utópica condenada al fracaso ante cualquier situación comprometida. Estas formaciones sindicalista, antipartido y anticentralistas, estaban totalmente basadas en la libre acción de las masas trabajadoras. [...] La enérgica actitud antiestatal del proletariado revolucionario español, espoleado por organizaciones creadas por ellos mismos y sin trabas ideológicas, explica su sorprendente éxito en la superación de todas sus dificultades (pp. 144-146).” Y termina Korsch con esta cita del libro : “Posiblemente, Membrilla sea la ciudad más pobre de España, pero es la más justa.” Ver en Víctor Alba Colectivizadores Res.13 el testimonio de Jerónimo Gómez Abril para el mismo pueblo. [La traducción difiere ligeramente de la de Catllar en Problèmes de la construction ... que tomó la versión original alemana y no la inglesa.]

El libro termina con dos intervenciones de los compiladores y traductores sobre el consejismo y para denunciar el enfoque de la historiografía oficial de la Transición sobre “dos bandos que se enfrentaron durante la guerra [...] igualmente culpables de la barbarie desencadenada”. Habría sido útil agregar que esta prostitución del análisis de la realidad fue retomada en Chile y en Argentina, en plena euforia y aplicación de liberalismo y privatización, con el mismo fin : ocultar el genocidio de los líderes obreros e izquierdistas y no sólo proteger a los criminales, sino aprovechar su experiencia (ampliamente preparada por oficiales asesinos de los ejércitos de EE UU y Francia). También lamento que no se haya señalado que Korsch nunca siguió el consejismo y abogó en sus diez tesis sobre el marxismo de 1950 sobre cambios ideológicos profundos :

“2. Todos los intentos de restablecer íntegramente la doctrina marxista en su función original de teoría de la revolución social de la clase obrera son hoy utopías reaccionarias.

4. El primer paso que hay que dar para reiniciar una teoría y una práctica revolucionaria es romper con la pretensión del marxismo de monopolizar la iniciativa revolucionaria y la dirección teórica y práctica.

5. Marx es hoy simplemente uno de los muchos precursores, fundadores y continuadores del movimiento socialista de la clase obrera. No menos importantes son los socialistas llamados utópicos, desde Tomás Moro a los actuales. No menos importantes son los grandes rivales de Marx, como Blanqui, y sus enemigos irreconciliables, como Proudhon y Bakunin. No menos importantes, en cuanto a resultado final, los desarrollos más recientes tales como el revisionismo alemán, el sindicalismo francés y el bolchevismo ruso.”

(señalado brevemente en Les Temps Maudits, N°6, octubre de 1999 ; versión totalmente reescrita en 2005)