Vilanova Mercedes Las mayorías invisibles (explotación fabril, revolución y represión) Res. 17

Vilanova Mercedes Las mayorías invisibles (explotación fabril, revolución y represión) Res. 17

Sábado 4 de marzo de 2006, por frank

Vilanova Mercedes Las mayorías invisibles (explotación fabril, revolución y represión) Barcelona, Icaria, 1996, 487 pp. Res. 17

Una obra sincera y simpática sobre antiguos empleados de las fábricas Rivière de Barcelona, colectivizadas por CNT en Barcelona de 1936 a 1939. La autora describe brevemente su trabajo de entrevistadora con unos apuntes sobre la participación electoral, el analfabetismo y el aspecto humano de las entrevistas. El acierto del libro está en las entrevistas (410 paginas). Un total de 26 personas, de las cuales 15 mujeres, pocos sindicados en la época, casi analfabetos en los años 1930 (como era la situación en Cataluña y en todas partes), dan testimonios a través de un cuestionario amorfo (que no se comunica pero que deduce como si hubo o no diferencia entre el fin de la guerra civil y después). Los relatos, a veces penosamente traducido del catalán, ofrecen partes casi ininteligibles (porque seguramente al grabar eran claros por los ademanes y el tono, pero para el lector falta la notita explicativa).

No obstante, el conjunto es apasionante porque da pie a múltiples enfoques y voy a destacar lo que me parece lo principal.

El admirador de EE UU puede colegir que en caso de crisis social el método represivo de tipo mussoliniano aplicado por el Caudillo fue eficaz (los que tenían el documento “Desafecto al régimen” eran los primeros despedidos, p. 424), si bien demasiado blando “Tuve que estar presentándome a la policía quincenalmente. Tres o cuatro meses en vez de ir a la policía fui a la guardia civil. Y como tenia un primo hermano de mi mujer que era guardia civil, que estaba de sargento, y estaba en el cuartel de aquí, pues me dijeron, bueno no venga más. Pero otros se tiraban anos y anos presentándose.” (p. 345)

Quienes odian comprometerse tienen a los indiferentes que no hicieron nada los 18 y 19 de julio de 1936 (pp. 90, 120, 326) y en 1939 “Cuando acabo la guerra me sentía igual. La verdad, no sabia si había ganado o perdido” (p. 463 y 87, 163, 228, 276). Sin embargo, los indiferentes intuyen las diferencias y la misma persona declara : “Cuando la guerra no pasé hambre. Hambre pasé cuando la posguerra” (p. 466). Y dos obreras señalan a su manera el embrigadamiento forzoso : “Al acabar la guerra ¿si había ganado yo? No sé. [media docena de líneas después] Recuerdo que hacían levantar el brazo. Si, si, todo esto ya lo sé” (p. 163), “los de la República no me hicieron saludar nunca. No saludé nunca, nunca, nunca. Y estos sí me hicieron saludar. En el cine cada vez que salía aquel señor me hicieron saludar.”(p. 393)

Los antisindicalistas encuentran argumentos sobre las presiones para obligar a sindicarse (pp. 140, 439) o la inutilidad de sindicarse (p. 103).

Para nosotros, es esencial el cómo se colectivizó y autogestionó la fábrica con CNT y UGT, menos activa al parecer. “A la empresa no la perjudicaron, al contrario. Aun la engrandecieron, incluso hicieron naves. Cuando vinieron [los amos] se encontraron con una fabrica mayor de como la habían dejado. (p. 146, y p. 446)” la experiencia de la colectividad para mí fue muy practica. Me llevo a entender y a conocer los pueblos de Europa y que la clase trabajadora es de regirse colectivamente, como lo hacíamos aquí. Porque nosotros la casa Rivière misma, cuando vinieron esos señores, se encontraron unas mejoras de varios millones de pesetas y eso lo hicimos los trabajadores (p. 342).”

Para solventar la penuria de alimentos, se hizo trueque : “ Ibamos en camión por la parte de Lérida, cargados de alambre de espino y de clavos de herraduras para los caballos que entonces no había. Ibamos al comité de los payeses : “os traemos este material para cambiarlo por comida” (p. 232).”

Se puede explicar el éxito porque “Había una cantidad considerable de militancia en casa Rivière. Vamos a poner un 25 %. Pero haya que tener presente una cosa. En los sindicatos, si no hay militancia activa que se preocupe de la propaganda de los que no son militantes, que tanto les da una cosa que otra, la cuestión social, la industria está fracasada (p. 337).”

No hubo asesinatos de los amos “salvamos al pequeño, que en Llaveneres lo iban a fusilar y Pradillo con otro de Can Tunis lo fue a recoger en nombre del personal de la fabrica, diciendo que si alguien tenia que pedirle cuentas, era el personal de la fabrica. (p. 415 y pp. 213, 256-257, 304, 442).

“Nosotros el trabajo que hemos hecho para la colectividad, nunca hemos cobrado un céntimo. Ni cuando era delegado, ni del comité, ni del Consejo de Empresa, siendo de la junta de hermandad. [...] Y, en cambio, los empleados de los sindicatos de ahora cobran y realmente ¿qué hacen todo el día allá? (p. 430)”

Pero dice un ex cenetista “pagábamos diez céntimos las mujeres y quince los hombres. Pagaba menos la mujer, porque por regla general, la mujer en aquella época estaba considerada inferior al hombre y ganaba menos que el hombre. Que cobrara menos la mujer era una injusticia porque tenia las mismas necesidades que el hombre. Pero la CNT también lo recogía esto (p. 336).”

Después de 1939, ”No seguí en contacto con la CNT. Me pareció una tontería. Si te habías escapado de una, huye de la otra. [un ex responsable] (p.347).” “no volví a tener contacto con el sindicato”. Al salir de la cárcel vinieron a buscarme por si quería organizarme, formar parte del comité. Ni hablar. [...] He estado en la cárcel y no me han mandado un trozo de pan, ni a mí, ni a mi mujer, ni a mis hijos (p. 260).”

La visión de la “mayoría invisible” sobre la actualidad social es otro punto que no destaco la autora, pero que tiene un interés indiscutible por ser gente que vivió la dictadura, la dictablanda y la Transición. “la vida de hoy esta corrompida por completo. Será por el sistema democrático que vivimos, o por lo que sea. Porque antiguamente, con el régimen de franco, uno podía hacer lo que quisiera, mientras que no hablaras del régimen, podías hablar de lo que te dirá la gana. Hoy hacen lo mismo. Los que fuman porros, pues que fumen heroína.. Quienes fuman heroína, pues que fumen de lo otro. Que se inyectan, que se inyecten, mientras que no se metan en política, ya van bien. Eso todos los políticos que hay, todos, todos, en todos los regímenes, y en todas las épocas de la vida, lo han hecho así y lo harán. Pobres de nosotros, que ya estamos acabados y que no podemos enderezar la cosa; (p. 351)”

También hay uno que siempre voto a Fraga “porque me fue simpático aquel hombre a mí. Fraga es un político para mí de los mejores (p. 451).” Pero los demás así se expresan “El futuro no lo veo ni de color rosa ni verde (p. 110).” “No he podido tener ahorros. Ni ahora, ni antes, ni nunca (p. 165).” “En la transición he votado siempre a los socialistas. A los comunistas no les voto, no me gustan. Creo que ahora no votaré a nadie ya. (p. 194).” “Pero votar ya no sabes por quién votar. Porque si votas por los socialistas a ultima hora suben al poder y lo hacen mal (p. 277).” “Cuando venga otro, votaré por otro a ver si lo mejora; (p. 310).” “Votar no sirve para nada. Tu eliges, pero los otros cuando están arriba hacen lo que les conviene (p. 398).” “Después veo que es una sociedad fofa, ahora mismo con las olimpiadas, cuando lees las barbaridades que están haciendo con los millones que mueven, y en cambio ves a cantidades de vecinos que se mueren de hambre, en la miseria (p. 432) .” “El futuro lo veo mal. Lo único que siento es que los nietos de mi hermana, la juventud, lo van a pasar magra porque no hay trabajo y en la juventud no hay respeto de nada (p. 472).”