Mi abuela me hizo anarquista Res. 22

Mi abuela me hizo anarquista Res. 22

Sábado 4 de marzo de 2006, por frank

Mi abuela me hizo anarquista Res. 22

Esta nueva autobiografía de Stuart Christie sorprende porque difiere mucho de la primera, The Christie File, 1980, 370 pp., que subrayaba la detención en Carabanchel y, al volver a Inglaterra, la vigilancia policial y nuevas detenciones. Ahora con My granny made me an anarchist (the Christie file : part 1, 1946-1964 the cultural and political formation of a west of Scotland baby-boomer), www.christebooks.com, septiembre 2002, 257 pp. Tenemos como se desprende del título un amplio panorama de una generación, relatado con un estilo ameno y muy rico.

La evocación y el homenaje a la familia escocesa subraya sus divisiones religiosas, su sectarismo inherente a Escocia. La abuela del título (presbiteriana que se casó con un católico) “ tuvo la mayor influencia en mí durante la infancia. [...] Cavilando, me parece que fue probablemente mi abuela la que me hizo anarquista. Quiero decir que con su ejemplo y su sabiduría me diseñó un mapa moral claro y me inculcó un código ético imborrable - una suerte de calvinismo secular -, que me empujó directa e inexorablemente a través de la maraña política y moral al anarquismo, que es para mí la única ideología no religiosa que aspira a la justicia social sin buscar la dominación social, política o económica sobre los demás. ” (pág. 52)

Esta indagación en pos del tiempo vivido, se abre bajo la forma de un reportaje muy bien ilustrado sobre la vida de un joven escocés y sus prejuicios religiosos, tanto dentro de la familia como en el entorno. La evolución de las costumbres con la influencia de los grupos musicales de EE UU y Gran Bretaña entre los jóvenes, el choque consiguiente sobre la vida provinciana, tienen más protagonismo que las crisis psicológicas y los debates interiores.

El incipiente movimiento antinuclear británico del Comité de los Ciento (con Bertrand Russell) fue el aprendizaje político de Stuart que luego entró de lleno en el movimiento libertario. Stuart descarta la diplomacia o el doble lenguaje para hablar de Freedom Press, tanto la librería como la editorial propiedad “ detentada por Vernon Richards, que era considerado elitista dado que no era responsable ante ningún otro movimiento ni ninguna otra persona que el excéntrico, cascarrabias, prepotente y manipulador editor, Vernon Richards. ” (p. 170) Seguramente Stuart tiene razón en la mayoría de sus críticas, pero habrá que reconocer que Vernon Richards tuvo tres cualidades como mínimo su libro “ Enseñanzas de la revolución española ”, (retomando la argumentación de artículos de la prensa cenetista exiliada de Pierre Besnard), sus antología de Malatesta y su traducción al inglés del libro de Gastón Leval sobre la autogestión durante la guerra civil española.

La evocación de la España de los años 60 es exacta, peca de cierto optimismo sobre las huelgas de 1962. Stuart se cansa de las manifestaciones en contra del franquismo y busca una acción eficaz, para aportar una ayuda fuerte a la lucha antifranquista. “ Mis motivos se mezclaban con el deseo de entusiasmo y de aventura, pero sentía que si yo iba a hacer algo aventurero, sería por una cosa socialmente positiva, y opuesta a la propia autosatisfacción Mi elección consciente sobre el modo de mi compromiso en la lucha antifranquista era de ser un combatiente, y no un socorrista de las víctimas de Franco. Actuar de otro modo habría sido como huir hacia adelante, psicológica e intelectualmente. Me habría sentido hipócrita al elegir la opción fácil y tranquila, pero inútil y ineficiente, de las demostraciones, los piquetes y las octavillas, sin apuntar directamente a Franco en tanto que jefe, como lo era (p. 199). ”

Los primeros contactos fueron a través de los hermanos Gurucharri (una razón para pedir que el Gurucharri bibliógrafo nos dé sus recuerdos). Poco antes de salir para España en julio de 1964, Stuart participó en un programa televisivo sobre los anarquistas, afortunadamente en el montaje final, no apareció la parte en que contestaba afirmativamente a la pregunta de si estaría dispuesto a asesinar a Franco.

La militancia en Londres en los medios anarquistas da pie a evocaciones de los medios políticos de la época. De especial interés son las relaciones entre determinados antinucleares y ultraderechistas para intercambiarse informaciones secretas sobre ciertos individuos. Interviene también el papel de los confidentes. La evocación del exilio cenetista de Londres destaca Soledad Portales y el grupo de Mujeres Libres. Se evoca la lucha guerrilla antifranquista, el secuestro del Santa María, un buque portugués, la creación del sector de Defensa Interior, el DI que dio un nuevo vigor a los miembros de las juventudes Libertarias en la lucha antifranquista. Stuart, siempre concreto, juzga correctamente : “ El DI estaba mal formulado. Si bien poca gente del exilio, si la había, estaba al tanto en ese momento, el error principal era de confundir, directamente, la lucha clandestina dentro de España con la burocracia de una organización legalmente reconocida en el exilio, dado que ésta no quería verse implicada en una cosa que pudiera cuestionar su estatuto relativamente seguro y favorable en Francia. El movimiento en exilio estaba también vigilado de cerca por los servicios de seguridad, no sólo de la nación anfitriona Francia, sino también por la policía secreta española, estaba totalmente al corriente de la creación del DI. ” (p. 230)

Stuart describe desde el interior evocando el caso de Delgado y Granado que fueron alevosamente (como era la jurisdicción franquista) condenados al ajusticiamiento por garrote vil.

Abundantemente ilustrado, bien escrito y sin prejuicios, este primer volumen sobre el movimiento anarquista inglés y el exilio cenetista incita a leer el próximo.

(Publicado en Libre Pensamiento, N° 42, 2003, ligeros retoques en 2005)