Lope Massaguer Mauthausen fin de trayecto (un anarquista en los campos de la muerte), Res. 24

Sábado 4 de marzo de 2006, por frank

Lope Massaguer Mauthausen fin de trayecto (un anarquista en los campos de la muerte), Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 1977, 186 pp. Res. 24

”Espero que ninguna de las personas que tomen estas páginas entre sus manos ponga en duda ni una sola de mis palabras. Creo que si lo hiciese, estaría reviviendo nuestro calvario y contribuyendo a la empresa exterminadora del III Reich, quien intentó borrar todas las huellas de su genocidio. M misión, y la de cuantos padecimos sus horrores, es reavivar la memoria colectiva para que nunca sean olvidados por la historia.”

Esta última frase del preámbulo del autor, desaparecido hace tiempo, se debe relacionar con el prólogo de María Ángeles García-Maroto (que retomó el estilo). Se esmeró sumamente para publicar un testimonio porque “Las heridas duelen cuando se las desinfectan y que dejan una cicatriz que nos recuerda su existencia. Si las contemplamos, no habrá "limpiezas étnicas" ni unos hombres podrán subyugar a sus semejantes en nombre de ninguna idea.”

El texto comienza por el exilio en Francia, la participación en fortificaciones en el norte de Francia, la derrota y el internamiento en Mathausen. Las anécdotas de Lope Massaguer son breves y crudas. En la cantera que terminaba por un acantilado, algunas veces un preso decidía matarse : “ Ni una palabra, ni un grito ni un lamento, seguíamos trabajando en la más absoluta indiferencia, como si el suicidio de aquel ser humano formase parte de la más tranquila cotidianidad [...] Los nazis nos habían transformado en caricaturas de Sísifos. Éramos unos Sísifos demacrados, esqueléticos y atormentados cuyo castigo tenía como final el crematorio” (negritas mías, p.86). Las reflexiones son igualmente muy condensadas : “ Un amigo era el mayor tesoro en aquellas terribles circunstancias, pero también podía producirte el mayor dolor si los nazis decidían eliminarle” (p.135). Las descripciones son rápidas: cámaras de gas, judíos, polacos, fuga de decenas de oficiales soviéticos (sacrificándose los primeros al electrocutarse para que los demás pudieran pasar fuera en 1945, y la mayor parte fue denunciada por los civiles alemanes cerca del campo). Los españoles aparecen poco, excepto el caso de una insumisión de un kapo español. Un hecho capital porque “Los nazis y sus secuaces habían aprendido a observar y medir las miserias humanas, llevaban a los hombres hasta el límite de sus capacidades psicológicas, les sometían a sufrimientos que rompían cualquier capacidad de resistencia y después les ordenaban ejecutar los actos más abyectos. Solían ser obedecidos sin vacilación” (p.179). Por eso : “Cualquier acto de rebelión en el campo de exterminio era una inyección de ánimo para todos, nos recordaba que estábamos vivos, que aún podíamos tener esperanza y que no habíamos dejado de ser personas” (negritas mías, p.180).

Por un esfuerzo deductivo e ideológico, se entiende muy bien la finalidad del fascismo en su versión nazi. La creación inicial mussoliniana permanece en el estadio de la gestión capitalista brutal, que se encuentra casi idéntica en las copias ideadas por los Chicago Boys y sus asesores de Estados Unidos (Milton Friedman) en Indonesia, Chile, Argentina, Corea del Sur, que son vigentes o cuyas secuelas están a la vista. El nazismo reanuda con la tradición positivista del siglo XIX : determinadas civilizaciones, por consiguiente unas etnias elegidas, son detentoras de la "gracia" del progreso, que consiste en enriquecer al máximo a espaldas de las etnias inferiores. La desaparición y el exterminio de éstas son una etapa del "progreso", como para los indios del Oeste de EE UU y los de Patagonia con el ejército del general Roca a fines del siglo XIX (Fuentes Carlos El espejo enterrado, México, 1992, "Civilización y barbarie" pp. 305).

De pasada, señalar que no hubo ninguna denuncia de Marx y Engels puesto que era preciso para el desarrollo del capitalismo, cuyo estadio superior es la crisis mundial que es la chispa de la revolución. Por eso Engels se mofó de Bakunin y despreció a los “perezosos mejicanos”, a “las ratas” checas y otros nacionalismos (ver por Porgès Bakounine, 1946, pp. 53-56 en Noir & Rouge. Anthologie 1956-1970, pp.114-115).

Para la visión capitalistas, los obreros, los asalariados reacios, criticones y huelguistas, se convierten rápidamente en seres inferiores. El análisis de Alexis Carrel en La incógnita del hombre ilustra a la perfección los enfoques positivistas, mussolinianos y en parte nazi. El nazismo en la práctica, es una loa a los clichés manidos sobre las etnias para desembocar en una sociedad moralmente perfecta mediante el genocidio obligatorio de los subnormales físicos, gitanos, judíos, polacos y rojos (de los masones a los "bolcheviques", pasando por anarquistas y antifranquistas españoles).

Que existan, en el caso de los judíos, disparidades sobre el número de muertos en las cámaras de gas, est sin duda alguna exacto. Afirmar que las cámaras de gas y los hornos crematorios no existieron ni gasearon los opositores al nazismo (a menudo los mismos hoy día contra el capitalismo), es ser cómplice de los nazis. Los negacionistas, más o menos a sabiendas, rehabilitan, borrando las taras del nazismo, los fundamentos morales subyacentes de parte del capitalismo actual.

Es un silogismo huero : una contradicción sobre un tema supondría la no existencia del mismo. Aplicado a una realidad, tenemos dos enfoques : el franquismo fue un totalitarismo y el franquismo fue una adaptación a situaciones distintas, por lo tanto no hubo franquismo. El libro Négationnistes : les chiffonniers de l’histoire [negacionistas : los basureros de la historia], Colectivo de autores A. Bihr, G. Caldiron, etc., París, 1997] aporta elementos importantes Se constata cómo ex izquierdistas, Pierre Guillaume, partieron primero del supuesto de que “ La leyenda de las cámaras de gas [...] es permitir al bando estalinista-democrático distinguirse totalmente del de los nazis y sus aliados. ” (1979, citado p. 111). La paradoja es que se olvidaron de que depurando al nazismo caían en la justificación del concepto de etnias inferiores, inseparable del capitalismo (y algunos subsidios de la extrema derecha les han ayudado a seguir olvidando).

Se trata de regresar al positivismo, a los pueblos elegidos (las naciones industrializadas), encargadas de conducir el planeta hacia la felicidad, con justificación ideológica. Francis Fukuyama - funcionario de la CIA - con sus afirmaciones sobre el fin de la historia, el triunfo del capitalismo representado por los USA, de un lado, y del otro las guerras como imposición de una presunta “ felicidad ” (intervención contra Irak, antes en Somalia, en Bosnia, etc.).

Para que el silogismo sobre los pueblos elegidos sea completo (puesto que para el presente y el futuro se había demostrado), es preciso reescribir el pasado. Los negacionistas forman parte de los historiadores recicladores de los genocidios capitalistas y se suman al vaticano santificando una serie de personas asesinadas durante la guerra civil española. Con Lope Massaguer, tenemos el ejemplo de resistir física y éticamente.

Publicado en Les Temps Maudits N° 3, mayo de 1998, reescrito en 2005.