Madres de plaza de Mayo línea Fundadora Solidaridad y compromiso social

Sábado 2 de diciembre de 2006, por Madres de plaza de Mayo LF

Este documento hermoso y combativo ya no está en el portal de madres LF, excepto algunos párrafos en http://www.madresfundadoras.org.ar/opinion.shtml?x=59461

en el 29 aniversario de su formación como movimiento

Nosotras somos las madres de esos hombres y mujeres que peleaban por un país justo; somos las madres de los que la dictadura llamó subversivos; somos las madres de esos chicos y chicas que participaban en distintas organizaciones sociales y políticas con ideales de liberación nacional y justicia social. Ellos dieron la vida por un país donde no hubiera niños con hambre, padres sin trabajo y familias viviendo en la calle. Somos las madres de los detenidos desaparecidos.

Nuestra lucha comenzó buscando desesperadamente a nuestros hijos. Así nos conocimos, golpeando las puertas de las iglesias, de las comisarías, de los cuarteles y de cualquier lugar que nos pudiera brindar información sobre la vida de ellos. Así nos reconocimos, en el rostro de dolor de la otra y lejos de victimizarnos, nos juntamos para afrontar la cruda realidad que nos convocaba, la búsqueda de nuestros hijos.
Desde el principio comenzamos nuestra lucha con responsabilidad y compromiso ético; buscando esa fortaleza que nos habían enseñado nuestros hijos. Tratando de hacer humano un dolor inhumano.

Nuestra primera consigna fue “Aparición con Vida. Con vida los llevaron, con vida los queremos”.

Ante la no respuesta, comenzamos a caminar las calles. Una de las primeras veces que marchamos en público fue en una peregrinación a la Virgen de Luján; en la desesperación por distinguirnos del resto, una de nosotras propuso marchar con pañales de nuestros hijos desaparecidos en la cabeza. Con el correr del tiempo, ese símbolo se transformó en el pañuelo blanco que hoy es nuestro emblema.

En ese entonces empezamos a hacer público un dolor que en apariencia se suponía privado; comenzamos a juntarnos en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, una y otra vez.
La dictadura militar no permitía la reunión en espacios públicos de grupos mayores a tres personas. La ciudad, el país, estaban sitiados. Ante las sucesivas amenazas agudizamos nuestra imaginación y eludiendo las directivas comenzamos a dar vueltas a la plaza como forma de protesta. Nos apropiamos del espacio público; nos apropiamos de la plaza, nuestra plaza, la plaza de los 30.000 detenidos-desaparecidos.

Marchamos, reclamando en silencio, un silencio que se hizo escuchar atravesando las fronteras del país. Por eso nos reprimieron y resistimos.

Por eso nos persiguieron y nos quedamos
Por eso nos desaparecieron a tres compañeras y las gritamos: Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de De Vicenti ¡!!

Hoy más que nunca las revindicamos y les decimos que están vivas en nuestra lucha!!

Desde aquel momento hasta hoy, jueves tras jueves seguimos en la plaza con los mismos pañuelos exigiendo “juicio y castigo a los culpables y sus cómplices”. La mayoría de ellos están sueltos gracias a leyes y decretos sancionados en democracia por los gobiernos de Alfonsín y Menem con el apoyo de los partidos políticos mayoritarios.

Sin embargo, es importante destacar que gracias a la lucha inclaudicable de todos los organismos de derechos humanos, en el año 2003 el Congreso de la Nación anuló dichas leyes de impunidad. Esto nos permite reabrir las causas judiciales para que finalmente los asesinos de nuestros hijos estén en el lugar que corresponde: la cárcel.

A lo largo de estos años fuimos recorriendo la Argentina y el mundo para transmitir esta historia de lucha para que nunca más vuelva a vivirse semejante aberración. Pero también fuimos conectando nuestra lucha con otras luchas; porque si bien ya hace 21 años que vivimos en democracia, las desigualdades sociales y económicas siguen vigentes y la impunidad aún permanece bajo distintas formas. Así llegamos al 2006, viendo entonces, cómo el sueño de nuestros hijos por un país justo y solidario se escurría entre las manos.

Esta realidad nos impone continuar nuestra lucha y resignificarla; por eso nos proponemos trabajar con los sectores más necesitados, dándole vida a nuestra última consigna “solidaridad y compromiso social”.

Porque nos reconocemos en el dolor de cada madre que perdió un hijo a causa del abuso policial, ya que siguen en funciones dentro de las fuerzas de seguridad los mismos que mataron a nuestros hijos y las mismas prácticas. porque Nos reconocemos en cada niño que muere de hambre, en cada desocupado, en cada pobre y marginado; y porque todos ellos son víctimas del mismo modelo social y económico contra lo que se enfrentaron los 30.000: hoy más que nunca creemos en el sueño de nuestros hijos.

Por eso queremos que no se olvide, queremos hacer memoria; pero no entendemos a la memoria como algo estático sino como algo que se actualiza permanentemente. Es el presente, las penurias y peligros del presente, los que convocan la memoria.

Los pobres de hoy son los desaparecidos de ayer. Si los antiguos genocidios y exterminios no resuenan para nosotros en los del presente, no estamos haciendo memoria, sino lamiendo nuestras propias heridas. Creemos que una memoria viva conecta las ofensas de hoy con las ofensas del pasado.

Porque la fidelidad de la memoria reside en esta capacidad de contar distinto cada vez, y al realizarlo, deshacer el relato anterior y construir otro porque cuenta siempre a la luz de un presente que reclama nuevas preguntas y nuevos compromisos.

Es así que queremos aportar a la reconstrucción de los lazos sociales que fueron quebrados, primero por el terrorismo de estado y luego por políticas regresivas que le impidieron al pueblo el acceso a la justicia, al trabajo, a la educación y a otros derechos fundamentales que hacen a la dignidad humana.

Por todo esto las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora decimos: A 30 años del golpe de estado más sangriento que sufrió nuestro país, a 29 años de la lucha de las madres por la memoria, verdad y justicia, sigue en pie, guardando el sentido de los ideales por los que nuestros hijos vivieron y dieron sus vidas y permanecerá hasta que haya justicia y sepamos que pasó con todos y cada uno de ellos.

Por ellos y por nosotras tenemos el compromiso y la esperanza de mantener vivos sus sueños y resistir al olvido. Las marchas en Plaza de Mayo y los pañuelos blancos son nuestros símbolos, señalan la resistencia de esos valores: utopías, memoria, conciencia y vigencia de los derechos humanos del pasado y los actuales.

Nuestro resistir no es contra las instituciones democráticas, resistir es contra los terrorismos de los Estados, contra las dictaduras y gobiernos autoritarios, la impunidad, la injusta distribución de la riqueza y la concentración inmoral del poder económico, la corrupción, la discriminación y la marginación.
Por todo ello seguimos marchando cada jueves, cada diciembre durante 24 hs., el día universal de los derechos humanos y en cada acto que nos convoquen nuestros 30.000 detenidos desaparecidos.

Y por último no queremos dejar de lado que toda nuestra lucha no hubiese sido posible sin la ayuda de nuestras familias, sin la lucha de todos los organismos de derechos humanos y sin el compromiso de todos ustedes. Por eso, compañeras y compañeros, hoy somos nosotras las que les decimos:

Compañeros de la Plaza
¡las madres los abrazan!