Los consejos de fábricas en Italia en 1920, los anarquistas y Gramsci

Domingo 31 de diciembre de 2006, por Garini Maurizio, Masini Pier Carlo

Pier Carlo Masini publicó un folleto en italiano en 1951 "Anarchici e comunisti nel movimento dei consigli a Torino" [Anarquistas y comunistas en el movimiento de los consejos en Turín] del cual se sacó este texto.

Frank

Los consejos de fábricas en Italia en 1920, los anarquistas y Gramsci

En 1920 en Milán y Turín muchas fábricas fueron ocupadas por sus trabajadores. A pesar de la presión de numerosos grupos - anarquistas y futuros comunistas, como Gramsci - fue mas fuerte la influencia del partido socialista que consiguió persuadir a los trabajadores a que dejaran los lugares de trabajo a la patronal. El rechazo de la lucha armada por los revolucionarios en situación de fuerza trajo dos años más tarde el fascismo, tal nos parece ser una de las primeras enseñanzas de que se desprende de aquellos acontecimientos.

Los consejos y Gramsci

"El consejo de fábrica es el modelo del Estado obrero. Todos los problemas inherentes al Estado proletario son inherentes a la organización de los consejos. En uno y en otro el concepto de ciudadano desaparece en beneficio del de compañero: la colaboración para producir bien y útilmente desarrolla la solidaridad y multiplica
las relaciones de afecto y de fraternidad. Cada uno es indispensable, cada uno está en su sitio, tiene una función y un puesto. Aun el más ignorante y más atrasado de los obreros, aun el más presumido y más "legalista" de los ingenieros termina por convencerse de esta verdad en los ejercicios de la organización de la fábrica; todos terminan por adquirir una conciencia comunista para entender el gran paso adelante que representa la economía comunista sobre la capitalista."

(11 X-1919, cita de Ordine Novo así como las otras)

"¿Somos sindicalistas? [...] La teoría sindicalista fracasó del todo en la experiencia concreta de las revoluciones proletarias. Los sindicatos han demostrado su incapacidad orgánica para encarnar la dictadura del proletariado. El desarrollo normal del sindicato está marcado por una linea de decaimiento del espíritu revolucionario de las masas: aumenta la fuerza material debilitando o destruyendo el espíritu de conquista, agota el impulso vital y a la intransigencia heroica sucede la práctica del oportunismo, la "del pan y de la mantequilla". [...] El sindicalismo se ha mostrado como una nueva forma de la sociedad capitalista, y no como una superación potencial de la sociedad capitalista. Organiza los obreros no como productores, sino como salariados, esto es como criaturas del régimen capitalista de propiedad privada, como vendedores de la mercancía¬trabajo. El sindicalismo reúne los obreros según el instrumento de trabajo o según la materia a transformar, es decir que el sindicalismo une los obreros según la forma que les imprime el régimen capitalista, el régimen del individualismo económico." (8-XI-1919)

"El desarrollo de la organización sindical está caracterizado por dos hechos: 1) El sindicato absorbe una cantidad siempre mayor de efectivos obreros, dicho de otro modo incorpora en la disciplina de su ser una cantidad siempre mayor de efectivos obreros;

2) El sindicato concentra y generaliza su forma hasta colocar en un buró central la disciplina y la potencia del movimiento : es decir que se va apartando de las masas que tiene encuadradas, se pone fuera del juego de los caprichos, de las veleidades, de la volubilidad que son lo propio de las grandes masas tumultuosas. Así el sindicato es capaz de firmar pactos, de asumir compromisos: obliga así al empleador a aceptar una legalidad en sus relaciones con el obrero, legalidad que está condicionada por la confianza que tiene el empleador en las capacidades del sindicato para obtener de parte de las masas obreras el respeto de los acuerdos conseguidos." (12-VI-1920)

Pese al vigor de estos análisis, Gramsci no concibe la sociedad comunista sino como dirigida de arriba abajo por el esquema capitalista) "Este es el inicio de un gran proceso histórico en que la masa trabajadora toma conciencia de su indivisibilidad, de su unidad fundada en la producción, fundada en el acto concreto del trabajo y se da una forma orgánica a esta consciencia construyendo una jerarquía, una jerarquía que proviene de su intimidad más profunda." (6-XI-1919)

La teoría marxista del Partido que defendía Gramsci le opuso a los anarquistas. No parece que Gramsci haya visto la incompatibilidad que existe entre los consejos obreros que dirigirían la vida económica y el Partido que pretende representar la clase obrera. Para volver a las relaciones de Gramsci con los anarquistas, les criticó por su rechazo del partido valiéndose de la hipocresía, lo que trató de justificar

"En Umanitá Nova del 19 de agosto los compañeros Ferrero y Garino se quejan amargamente porque la declaración publicada por nuestro grupo para las elecciones a la comisión ejecutiva de la sección de Turín, tiene una alusión a la "fraseología demagógica bien conocida de los anarquistas y de los sindicalistas". Garino y Ferrero han perdido la paciencia al leer esta alusión: se preguntan cómo podemos colaborar con "demagogos" en un plano tan importante como los consejos de fábrica; nos reprochan de olvidar que no es con parecidos demagogos cómo se hace realmente la unidad obrera."

A esto Gramsci declara que el problema de estar por o en contra del Estado proletario no se plantea, hay la dictadura de la burguesía o la del proletariado, los que niegan esto son como el "charlatán que ofrece una horchata a un enfermo de la peste". Luego él prosigue:
"Individualmente la cuestión cambia: individualmente Garino y Ferrero son dos obreros, dos buenos obreros profesionalmente, dos militantes sinceros y leales de la clase obrera." Por fin, Gramsci desarrolla la idea de que hay que unirse para edificar el Estado y que espera que los dos compañeros sean convencidos por el "determinismo" histórico.

Comprobamos cómo se deshace la agudeza de los análisis de Gramsci cuando se trata del Partido, no vacila en valerse de la táctica de los sindicatos de englobar las masas y decidir en su nombre. Nos parece que esta incapacidad de Gramsci viene de que era un líder político, no un líder sindicalista.

Ponencia sobre los consejos de fábrica y de taller

(Presentada por Mauricio Garino al congreso de la Unión Anarquista Italiana -Bolonia l-4 de julio 1920- y publicada en el diario Umanità Nova del 1º de julio de 1920)

El problema de los consejos de fábrica y de taller adquiere en este momento una especial importancia hasta respecto del movimiento anarcocomunista. Originado por profundas razones sociales, se ha impuesto rápido a la atención de las organizaciones políticas y económicas de la clase obrera, asumiendo el aspecto de un postulado de primera importancia. Surgido al principio en un centro industrial donde la existencia de enormes empresas había creado condiciones muy favorables, se ha propagado en varias localidades, y ahora las tentativas de creación de los consejos se hacen numerosas y en las condiciones más distintas.

Por cierto, el camino de este nuevo organismo ha sido sembrado de no pocos obstáculos. El mismo ambiente en que el primer experimento se inició en grandes empresas, ha planteado por causas diferentes tenaces resistencias. Las mayores al principio vinieron del campo sindical, pero fueron superadas por el impulso mismo de la gente organizada. Ásperas tiranteces fueron opuestas por los patronos de la industria, en cuanto se convencieron de que los consejos tales como los entendemos anunciaban la revolución y no la colaboración, dieron un asalto, aprovechando una situación que nos era desfavorable, con la intención de ahogarnos. A pesar de ello, hoy los consejos se afirman, llevando en su órbita varios elementos hostiles y adquiriendo cada día mayor simpatía en medio del proletariado.

Es preciso por tanto que examinemos este importante argumento, no sólo para aclarar y precisar nuestra actitud sino también para eventualmente prepararnos a defender los consejos de posibles desviaciones, que los hombres y las organizaciones de derecha, podrían fomentar.

La convicción de que estamos finalmente en vísperas de una transformación social que, si no nos conducirá a la realización de los postulados más importantes de la idea anarquista despejará ciertamente el camino para ulteriores conquistas es una premisa indispensable para enfocar los problemas de los consejos.

La necesidad de fraguar en la busca de posibilidades muy determinadas, armas más adaptadas a la marcha de la revolución, nos ha aconsejado propiciar la eclosión de estos nuevos organismos. Son excelentes instrumentos: primero para la acción inmediata, luego para garantizar la continuidad de la producción durante el periodo insurreccional y por fin porque pueden ser las células básicas de la gestión comunista.

El consejo de fábrica es un organismo en sí, que reagrupa todos los productores del brazo y del cerebro en el mismo lugar del trabajo. Edificado sobre los diferentes momentos de la producción, da una garantía para conocer todo el proceso de la producción. Tiene por tanto en sí cualidades suficientes para asumir la eventual gestión, quitando la coraza capitalista, expulsando fuera del sistema de producción todos los elementos parásitos.

Además, como medio de lucha revolucionaria inmediata, el consejo está perfectamente adaptado siempre que no esté influenciado por elementos comunistas. Sustituye la mentalidad del salariado por la del productor, imprimiendo al movimiento obrera un claro sentimiento expropiador. Una de las mayores cualidad del consejo como medio de lucha revolucionaria es precisamente la de orientar la lucha de clase hacia su terreno natural y la de sembrarla de una gran fuerza de conquista.

El domino que la máquina posee sobre el trabajo es inmenso. En esas condiciones, la sensación tangible que la máquina con que el trabajador se pasa la mayor parte de la vida y a la que está indisolublemente relacionado, puede y debe pertenecerle, es primordial.

Se ha confundido el consejo de fábrica con el soviet. Es útil repetir que mientras que aquél encuadra a todos los productores en el lugar del trabajo, con el fin de administrar los medios de producción, éste es el órgano político, por el que los comunistas autoritarios entienden ejercitar el poder.

El consejo tal como lo comprendemos debería ser el trabajo libremente asociado y coordinado para producir los elementos y los objetos necesarios a la comunidad. Lejos de nosotros la intención de dictar a priori cualquier norma fija, que debería organizar mañana las relaciones entre la gente. Ésta meta la dejamos a la revolución social, que se abrirá camino sin preocuparse por los esquemas de tal y tal partido.

Pero dado que estamos convencidos de que la producción lejos de disminuir debe aumentar al día siguiente de la insurrección y dado que consideramos absurdo en las condiciones actuales destruir y desorganizar los grandes complejos industriales,en que se encuentran los sistemas de producción más ventajosos y más rápidos, estamos decididos a preservarnos de cualquier sorpresa constituyendo de ahora en adelante una libre confederación de consejos que, a medida de las necesidades,formará centros técnicos y estadísticos, extendiendo una red de relaciones útiles entre las diferentes comunidades que tendrán indiscutiblemente interés en ponerse de acuerdo sobre una obra le apoyo mutuo.

Hemos aludido ya a los soviets. Es útil describir las relaciones que los consejos de fábrica deberían tener, según los comunistas autoritarios, con dichos órganos deseados por los socialistas y consagrados por la III Internacional, sin que tengamos que profundizar los motivos por los que creemos no poder adherir. Basta que indiquemos que nos oponemos a las superestructuras políticas, incluso socialistas, que desarrollarían organismos de producción por medio del Estado.

Para los comunistas autoritarios, los consejos de fábrica y de taller deberían ser una parte de los elementos constitutivos de los soviets. Con otras palabras, el consejo nombraría los representantes al soviet de la ciudad, de la provincia, etc., que, unidos a los representantes de los consejos de otras fracciones productivas, asumirían la función de los actuales municipios provinciales, etc., hasta sustituir el parlamento (reflejo de las distintas clases sociales de las representaciones nacionales de los productores solos) por el comisariado central de los soviets, y el gobierno actual por el consejo de los comisarios del pueblo.

Es evidente que al tomar como primer elemento del consejo de fábrica y de taller el representante al soviet, los comunistas autoritarios le dan un mandato político que es el principio de la llamada dictadura del proletariado, y eso en medio de un organismo que por su índole debe quedar fuera de cualquier función gubernamental. Así para nosotros, aquella índole hace del consejo un organismo esencialmente antiestatal.

La finalidad de los consejos, deseadas por nuestros "primos’, son por lo tanto sustancialmente divergentes de la que propugnamos. Mientras que nosotros tratamos de abatir cualquier poder y aceptamos el consejo como organismo antiestatal, ellos se esfuerzan por sentar las bases de un nuevo Estado,ineluctablemente centralizador y autoritario, explicando su funciona través de la jerarquía representativa de las diferentes gradaciones de los soviets.
* * *

Ya contamos que al parecer los consejos chocaron con las organizaciones sindicales. Y esta oposición estaba motivada por profundas razones de orden público y sindical. Las viejas organizaciones económicas con sistema centralizado (confederal) y sus dirigentes vieron en la institución de los consejos - tal como los entendemos - un grave peligro, hasta un peligro de muerte para los sindicalistas.

La lucha de los compañeros partidarios de los consejos para abrir un boquete en la vieja mentalidad sindical fue difícil. La victoria que se llevaron correspondía a las necesidades de la masa obrera, fastidiada ya por una disciplina no siempre necesaria y que aspiraba a una mayor libertad de acción. La trasformación de estas organizaciones fue el primer objetivo de los partidarios de los consejos que, a través del sindicato consiguieron después facilitar el desarrollo de los consejos. La innovación consistía en dar un derecho de deliberación en el sindicato a la asamblea de los comisarios al reparto, que, pese a estar organizados estaban elegidos por los obreros sindicados o no, sin distinción -a razón de uno por treinta obreras-. Resulta fácil comprender porqué tal sistema era inaceptable pera el sindicato puesto que los inorganizados habrían influido las directivas del mismo.

Los sindicalistas querían, pues, restringir el nombramiento de los comisarios por los obreros. Sin embargo el sistema que habíamos elegido y que confundía - durante cierto tiempo - el consejo de fábrica con el sindicato representaba la única convivencia que salvaba el espíritu de los consejos de fábrica y eliminaba en el período de acción las oposiciones demasiado graves entre los consejos y el sindicato, dando así una base única de deliberación.

En cambio, excluyendo a los inorganizados de la votación volvía a agregar un pegote al sindicato. Patente era el contraste entre las dos tesis. Aceptar la tesis sindical habría desnaturalizado los consejos.

Una segunda tesis fue sostenida por los sindicalistas centristas la elección de los comisarios por todos los productores en el consejo. No obstante dichos comisarios quedan marginados de la dirección sindical y admitidos sólo a título consultivo. Se les deja algunos cargos sindicales en los talleres antes de que los sindicatos se apoderen de las empresas. Aquella tesis se aparta igualmente del espíritu de los consejos ya que los somete a organismos a los que - a pesar de que hoy existan puntos de contactos - no pueden de ninguna manera, someterse, por tener su razón de ser de la unanimidad de los productores, cosa muy diferente de lo que anima los sindicatos.

Varias veces se nos acusó injustamente de querer matar los sindicatos. Admitimos que la acción de los sindicatos está en parte absorbida por el consejo, pero tenemos la convicción de que éste ejerce una influencia fecunda sobre el sindicato, ya que le acerca de las vibraciones de la masa, permitiéndole de interpretar de cerca las necesidades.

Reconocemos por tanto implícitamente que los sindicatos tienen aún varias razones para existir, de ejercer funciones todavía necesarias. Les negamos sin embargo la posibilidad de ir más allá - en general - de la defensa de los intereses de los obreros en tanto que asalariados y de crear - como lo hace el consejo con relativa facilidad - una toma de conciencia clara de la expropiación comunista.

Recocemos en cambio que el consejo tiene hoy una base común con los sindicatos. Estos, como órganos de protección de los intereses obrero: como salariados, se comprometen a observar pactos y acuerdos tomados en nombre de la colectividad, por varias fábricas. El poder de los sindicatos se extiende pues a vastas agrupaciones de fábricas y, sobre todo hoy en que la tendencia a crear grandes sindicatos de industrias va hasta las más pequeñas categorías, penetra en la fábrica en tanto que control de la aplicación y del respeto de los pactos de trabajo de los consejos, compuestos casi siempre de los mismos afiliados que la organización sindical.

En este plano, el consejo es obligado de hecho de ayudar el sindicato (decir que no lo hará oficialmente es un sofisma), excepto en caso de transformarse esta función en objetivo, lo que ya lo hemos visto, desvirtuaría el consejo. Demasiado a menudo esta función que los consejos aceptan a pesar suyo, les ha dado puntos de vista que no son sino la repetición de las viejas comisiones internas. Así se ha observado muchas veces el hecho de que en algunas localidades la comisión interna ejercía grandes funciones y había fusionado varias categorías en sindicatos de industria, para que dijeran que su estructura fuera idéntica a la ...del consejo de fábrica. [...]