Manuel Azaretto 2 - 4

Sábado 16 de junio de 2007, por Azaretto Manuel

Las primeras contradicciones ..................59

Los señores "ministros" ........................63

Alimentando cuervos... ........................75

Pendiente fatal ................................83

La burocracia "antifascista" ....................97

Primero la guerra... Después la revolución .....101

LAS PRIMERAS CONTRADICCIONES

Por las breves descripciones que copiamos anteriormente, se comprueba que la esperanza de hoy y de mañana la revolución social, fue una realidad impuesta por las circunstancias. La propaganda oral y escrita realizada; los sangrientos conflictos huelguísticos sostenidos contra el capitalismo ibérico; el encarcelamiento y las condenas y los fusilamientos sufridos por los militantes de la CNT y de la F. A. I, en decenas de años por toda España, había dado sus esperados frutos.

El pueblo en armas, había destruido un régimen de oprobio, tiranía y explotación y se decidía a levantar una nueva sociedad donde todos gozarían de libertad y bienestar.

Los militantes anarquistas, los primeros en los puestos de peligro, serían los primeros, también, para orientar al pueblo hacia su emancipación, cuidando que no ocurriera lo que aconteció con el pueblo ruso, después del 7 de noviembre de 1919 [sic por 1917], que los políticos se aprovecharan del enorme esfuerzo realizado y pérdida de vidas sufridas: para vivir hoy bajo el imperio de una sangrienta dictadura.

Estábamos seguros de que no podía ocurrir de otra ma¬ / p. 59 / nera. En esos momentos nos llegaba un comunicado, que había sido dirigido por la CNT a los confederados y al pueblo español en general, dando la voz de alerta sobre el particular, en estos términos:

"Compañeros: Acuciados por los hechos y entendiendo que cada hora que pasa precisa una calibración distinta, ya que distinta es en el fondo y en la forma la gran ofensiva contrarrevolucionaria, salimos hoy con este manifiesto, dispuestos como siempre a orientar y ayudar en aquello que esté a nuestro alcance, a las masas revolucionarias españolas.

Vivimos un momento peligroso para los intereses de la comunidad proletaria. En el horizonte se observa, con trazos cada vez más acusados, el desarrollo pujante de los manejos sangrientos de la burguesía española.

Los que como nosotros no intervienen en la dirección política del país, aunque con nuestra actitud hayamos hecho, en más de una ocasión, variar el rumbo de la esfera gubernamental, hemos de precisar hoy, como en tantas ocasiones similares a ésta lo hemos hecho, cuál es nuestra posición vis a vis del gobierno de la nación.

Conocida es nuestra adversión a participar, repetimos, en los destinos políticos de los pueblos. La política es el muladar infeccioso que contamina con sus miasmas hasta los cuerpos más enteros. Por esto hemos considerado siempre y cada hora que pasa viene a vigorizar nuestros asertos, que las rutas revolucionarias no pueden estrecharse con las angostas y estrechas veredas dé la ruin política al uso. Estas están llenas de recovecos, de encrucijadas traidoras que hacen perder la fisonomía propia a los individuos y / p. 60 / a las colectividades. Por ello, la Confederación Nacional del Trabajo, siguiendo las orientaciones de la Primera Internacional, dice nuevamente a las masas insurrectas: no confiéis en la acción de nadie; los caudillos, en las horas supremas de la historia, aconsejaron siempre templanza y disciplina. He aquí por que hoy, nosotros, deseamos que para empujar la revolución hacia su objetivo final se desoigan los llamamientos de los que a espaldas de la realidad, cruda y tajante, prefieren una democracia, cubierta con el sudario del hambre y las persecuciones, a una revolución honda y transformadora. Al fascismo, que es crimen de las castas poderosas elevado a sistema, sólo podréis abolirlo destruyendo en sus fundamentos la sociedad capitalista".

* * *

¡Qué contraste entre las actitudes adoptadas y los hermosos conceptos expuestos! ¡Hojarasca que llevó la brisa de la realidad!

Quienes tenían el destino de una enorme población y de un inmenso territorio, corno el que representa Barcelona y Aragón, a las pocas horas de saberse triunfantes cometían los primeros traspiés y hacían público sus primeras claudicaciones. Formaban parte de un Comité de Milicias, en vergonzoso consorcio con los políticos y la CNT y la FAI
se decidían "por la colaboración y la democracia, renunciando al totalitarismo revolucionario que había de conducir al estrangulamiento de la república por la dictadura confederal y anarquista", según las palabras de García Oliver; tomaban la "primera nota de responsabilidad colectiva", diciendo que "sin dejarse impresionar por el ambiente, ni emborracharse por la victoria rápida, terminante, / p. 61 / rotunda que habían logrado" ordenaban "A conquistar las poblaciones que tiene el fascismo". "No hay comunismo libertario". "Primero a combatir al enemigo allá donde se encuentre", según Mariano Vázquez.

Se habían olvidado, a pocos días de firmarlo con sus manos y de publicarlo, de aquellas lapidarias frases del comunicado de la CNT: "No confiéis en la acción de nadie; los caudillos, en las horas supremas de la historia, aconsejaron siempre templanza y disciplina...".

El pueblo español, que ha sido la eterna víctima de los curas, caciques de aldea y caudillos políticos, lo era también de los "caudillos" confederales.

Los conceptos vertidos por la CNT y la FAI en sus órganos de publicidad, numerosos en Barcelona, Madrid, Valencia, etc., para justificar esas primeras claudicaciones, no merecen comentarios, aun cuando son de algún efecto sentimental. Se frenaban las ingénitas ansias de redención, la revolución social, para que los políticos marxistas del interior y las "democracias" burguesas y "proletarias": Francia, Inglaterra y Rusia, ayudaran al pueblo español en su lucha contra el fascismo!!

De ahí en adelante, todo fue desconcertante y lamentable. Para remachar el clavo de las incongruencias, de la claudicación de sus propias ideas, iniciaron una briosa campaña por el "mando único", "control y disciplina", "todas las armas al frente", "ganar la guerra".

Se había dejado de ser anarquista para convertirse en "antifascista" a secas y se buscaba, se pedía, ansiosamente, la "unidad" con todos los políticos y puestos de "responsabilidad" en el gobierno central español. / p. 62 /

LOS SEÑORES "MINISTROS"

Resulta un poco difícil encadenar minuciosamente las actitudes adoptadas y las resoluciones tomadas por la "mayoría" de los representantes de la CNT y la FAI una vez iniciada la revuelta. Pero es digno de destacarse -por los efectos posteriores, negativos de nuestra idealidad- que los acuerdos tomados en aquella "célebre" sesión donde las instituciones mencionadas, demostrando "la madurez revolucionaria" y después de las declaraciones del "compañero" Companys : "Habéis vencido a los militares y fascistas y todo está en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más", fueron de una inmensa "significación histórica" y también de una consecuencia derrotista y suicida.

El hecho de decidirse "por la colaboración, por la democracia, y contra toda solución dictatorial revolucionaria", trajo como resultado inmediato el de dejar las cosas como estaban antes de la sublevación militar. El Estado burgués había sufrido un entorpecimiento, del que muy pronto se repondría con la cooperación de los cenetistas y faístas en / p. 63 / "mayoría". "Fiaban en la palabra de un "demócrata" catalán y mantenían y sostenían a Companys en la presidencia de la Generalidad". Y como eran "la fuerza mayoritaria sobre la que tenía que descansar el ensayo de constituir una verdadera democracia y no quisimos imitar a los peces gordos y presuntuosos, a quienes no dejan dormir tranquilos el afán de devorar a los peces pequeños" -frases éstas que transcribimos, en su mayoría, de García Oliver-, habían aceptado formar parte de un Comité de Milicias en conjunto con los representantes de partidos políticos.

* * *

Lo que decimos anteriormente, sobre las consignas militaristas lanzadas por ’los órganos y propagandistas de aquellas entidades tenían su justificación. Muchos "prestigiosos" hombres de la CNT y de la FAI eran mili tares de jerarquía y jefes de oficinas -más tarde- relacionadas con las actividades bélicas.

Pero, ¿por qué tanto empeño en que se aceptaran esas consignas que llevaban consigo el sello autoritario y dictatorial?

Se explicaba, en esa fecha, que muchos "niños bien" se valieran de triquiñuelas para rehuír el tomar las armas. Que por falta de conocimientos militares se sacrificaran más vidas de las necesarias y que los esfuerzos no se utilizaran en su debida oportunidad y lugar y. . . muchos conjeturas más nos hemos formado. Pero, es innegable, por los hechos producidos al correr del tiempo, que las consignas aquellas tenían algún otro propósito.

La constancia de la CNT y de la FAI, en la resolución "trascendental" de aplazar la revolución social, de / p. 64 / que era la "mayoría", significaba que una minoría había estado en desacuerdo con esa primera desviación. ¿Y qué era de esa minoría? ¿Aceptaban silenciosamente ese grave desacierto? ¿Obedecían las órdenes de los "jefes" de milicias?

Los acontecimientos producidos luego dicen que no y no sería nada difícil que los "antifascistas" se sintieran lesionados en sus ínfulas jerárquicas y en sus pujos marxistas y por ende autoritarios y procuraran encerrar en los rígidos puños de la disciplina a los que no podían aceptar nunca, como anarquistas, una claudicación tan rotunda a los postulados redentores.

Pero no ha de parar aquí la caída estrepitosa de los teóricos cenetistas y faístas.

Cuando las huestes de Franco llegaban a las puertas de Madrid y el gobierno del "Frente Popular" huía hacia Valencia, fueron llamados a defender la Capital, -con el preconcebido propósito de debilitar más aún el frente de Aragón, a fin de poder realizar, con ventajas, las maniobras reaccionarias que posteriormente efectuaron las fracciones autoritarias- los hombres de la CNT y la FAI y a ese llamado, acudió Durruti con una columna de milicianos que se cubrieron de gloria en las trincheras de la Ciudad Universitaria. De inmediato, también, se le dio entrada -después de quejumbrosas rogativas- en ese gobierno, que había huido cobardemente, a personajes representativos de dichas instituciones. Pasaron así, a ser "ministros", junto con los políticos que, antes de la sublevación, habían ordenado perseguir, sin cuartel, a los militantes anarquistas. / p. 65 /

Pero... era una "necesidad imperiosa". "Fuimos al gobierno -dice Santillán- porque teníamos una preocupación dominante : poner todos los recursos, todas las energías, todas las posibilidades del país al servicio de la guerra, a la que considerábamos sagrada, por ser una guerra del pueblo contra aquellos que se habían sublevado para reducirlo a una esclavitud peor que la ya sufrida".

* * *

Sin embargo, no obstante toda la dialéctica derrochada por los procuradores de las nuevas modalidades, no será posible hilvanar una explicación convincente, honesta y sincera que justifique la parsimonia, docilidad e indiferencia demostrada por los "responsables" de la CNT y la F. A. l. en todos los vergonzosos y repudiables episodios que se produjeron posteriormente.. Ni se explicará, tampoco, la tácita colaboración prestada a todos los gobiernos que se sucedieron en España en el período de la guerra civil, pues se amoldaron a todos los cambios políticos producidos y por ende, fueron caballeristas, prietistas, negrinistas, miajistas y al último casadistas; en una palabra, oficialistas.

Claro está, que no se precisa ser muy lince para deducir -sin entrar a prejuzgar intenciones- que, además de las satisfacciones que habrán experimentado de cortarse entre la pléyade de preeminentes hombres de Estado, máxime en un período tan cruel que la historia ha de señalar, la calidad de colaboradores de cualquier gobierno les proporcionaría algunas ventajas y prerrogativas sobre los que luchaban en los campos de batalla; ventajas y prerrogativas que, -talvez no entraran en sus cálculos "alian- / p. 66 / cistas"- fueron bien aprovechadas en su retirada desde Barcelona hacia Francia, escapando en aviones u otros fáciles medios de locomoción y desde el frente central: Madrid, Valencia y Andalucía en aviones y en buques mercantes y también en barcos de guerra ingleses mientras los milicianos quedaban a merced de los mercenarios de Franco. Hasta en el exilio obtuvieron ventajas con su alto rango de "ministeriales", pues mientras éstos pudieron distribuirse por las ciudades más importantes de Europa, los soldados "antifascistas" fueron a continuar su tragedia en los insalubres campos de concentración organizados en Francia.

* * *

Vamos a tomar de nuevo la huella. Sería una irreverencia imperdonable no mencionar los nombres de los señores "ministros" y algunas de sus deslumbrantes iniciativas, tendientes a encarrilar la carroza estatal que en esos momentos había sufrido una grave "panne".

No nos interesa el desempeño de Federica Montseny en el Ministerio de Sanidad, aunque tenga algunos aspectos humanistas; ésta tuvo como premio muchas satisfacciones personales, ya que no es poco reconocimiento por su benemérita labor ministerial que en la Casa de Maternidad de Vélez Rubio se haya bautizado una sala con su nombre.

* * *

Teníamos el propósito de no mencionar al ministro de Comercio, Juan López, para no menoscabar su "sabiduría" en Política y Sociología, pero, muy oportunamente, viene a nuestras manos un artículo suyo publicado en Cultura / p. 67 / Proletaria, en el que "monologando para la "familia", se pinta de cuerpo entero y hace unas declaraciones que no admiten desperdicio.

Después de hablarnos del "estrecho horizonte de la familia "ideológica"; "de la demagogia que andaba suelta por las calles"; de que su entrada al gobierno "era la conquista de una trinchera revolucionaria"; de que ellos no iban "a implantar el Comunismo Libertario, ni a realizar el programa integral del Socialismo, sino a sostener el continente de la república" entra de lleno a relatar la revuelta de mayo de 1937, en Barcelona, -desautorizada por los ministros cenetistas-, contra cuyo hecho se muestra indignadísimo porque le obligó a dejar tan preponderante cargo gubernamental, desde el que pensaba "asegurar las conquistas de la clase trabajadora" y porque "en unas horas se derrumbaba el esfuerzo de muchos meses de trabajo y se perdían magníficas posiciones de todo orden".

Termina diciendo:

"Los sucesos del 3 de mayo significa en síntesis, lo siguiente:

Ausencia de verdadera disciplina en el movimiento libertario, que, por su irresponsable actuación en Cataluña, facilitó la maniobra política que dio al traste con el gobierno de Largo Caballero.

Desplazamiento de las posiciones revolucionarias conquistadas y pérdida de las posibilidades de consolidarlas CONFORME PROYECTABAMOS NOSOTROS DESDE EL GOBIERNO".

* * *

Juan Peiró, en el Ministerio de Industrias, ha de haber / p. 68 / derrochado mucho ingenio para merecer el elogio de sus "subalternos" de dicha dependencia gubernamental en el momento que se realizaba la protocolar ceremonia de abandonar -con pena, talvez,- tan "honroso" cargo, pues, según el mismo Peiró, al despedirse, aquéllos le expresaron:

"Puede marcharse usted con la seguridad de que el Ministerio de Industrias no había dado jamás tanto rendimiento como el que ha dado durante su paso por él".

Es explicable y justificado este aplauso adulón de los zánganos funcionales, ya que éstos pudieron comprobar el entusiasmo y desvelo que empleaba en su labor "reconstructiva" Juan Peiró para congraciarse con la burguesía, y los políticos y apuntalar firmemente al Estado. La constatación de lo que se expresa más arriba la encontramos en el texto de un discurso pronunciado por éste en el Gran Teatro, de Valencia, días después de abandonar ese elevado cargo, para explicar su actuación en dicho ministerio, de cuyo discurso vamos a transcribir este fragmento:

"Nadie podrá negar la colaboración prestada por la C. N.T. y la FAI en cuanto a orden público. Los hombres de la CNT, los hombres de la F. A. l., se han desvivido para restablecer el orden allá donde, por incidencias que no he de analizar ahora, se ha producido el desorden. Nadie lo podrá negar, porque recientes son los hechos de Cataluña, más exactamente de Barcelona, y los mismos camaradas de la UGT han tenido ocasión de ver de qué forma se comportaban los elementos de la Confederación que habían recibido el encargo de poner orden y de restablecer la disciplina en Barcelona.

Cuando la CNT se incorporó al gobierno de Catalu¬ / p. 69 / ña y al gobierno de la república, fuimos todos a ocupar nuestros puestos habiendo renunciado a todo cuanto significase apetencias totalitarias. Sabíamos que íbamos a colaborar, y a colaborar fuimos de una manera sincera, honrada y desinteresada".

Leídos estos párrafos el lector se convencerá, -por el estilo del lenguaje usado por Peiró,- de la mentalidad estatista que dominaba a dichos burócratas y de la sospechosa misión que estaban realizando. Eran los encargados -no descubrimos por orden de quién- de restablecer el "orden" y la "disciplina" dónde no existiera.

* * *

Sólo nos resta mencionar a Juan García Oliver que, representando a la CNT, fue a desempeñar el Ministerio de justicia.

No estamos en condiciones de descubrir las maquiavélicas intenciones que guió al político Largo Caballero, accediendo a los insistentes ruegos de la CNT y la FAI, al darles cuatro cargos burocráticos en el gobierno que había escapado a Valencia; pero eso sí, podemos afirmar que el hecho de ocupar el ministerio de justicia un militante que se decía anarquista, resulta de lo más inconcebible y ridículo y da la pauta del delirio estatista que sufrían aquellos hombres "cumbres".

Lo cierto es, que García Oliver, enarbolando su programa de acción: "Ahora sí, habrá justicia’, se colocó la toga de magistrado y muy orondo, "alegre y contento- se decidió a representar a la diosa Temis.

De cómo se desempeñó para que apareciera más gro¬ / p. 70 / tesco en el reparto, por decretos, de "justicia", lo dice el afán proyectista de legislar sobre materia pena! y sobre organización de la vida carcelaria.

García Oliver se engolfó con insospechable ahinco, en una labor "regeneradora" de tal magnitud leguleya, que no le permitió reflexionar sobre su posición ideológica anterior a la contienda que se desarrollaba, a tal punto que él mismo, en términos visiblemente jactanciosos, hizo una descripción meticulosa de los proyectos presentados, de los decretos que había refrendado, de las medidas "justicieras" que había puesto en práctica, destacando, especialmente, la que otorgaba capacidad jurídica a las mujeres, la que cancelaba los antecedentes penales por delitos cometidos antes del levantamiento, la organización de los Campos de Trabajo (léase de concentración) e infinidad de iniciativas que le autorizaron para expresar que : "Si la labor fue ardua, los frutos fueron magníficos". Y cumplió con su obsesión : "Perfeccionar la justicia".

No se agota, con esta intensísima labor legalista, el dinamismo de García Oliver.

Reconociéndole las grandes cualidades "constructivas" demostradas, es requerido por el ministro de la Guerra para la creación y organización de las Escuelas Populares de Guerra, de las que saldrían, más tarde, miles de oficiales quienes, -suponemos-, serían el plantel de "proletarios" con el que los cenetistas oficialistas contarían para hacer la "revolución social" cuando terminara la guerra civil. Pero, por un discurso que García Oliver le dirigió a los graduados de oficiales de una de dichas Escuelas Po¬ / p. 71 / pulares, la de Barcelona, se desprende que estamos en un craso error al pensar en ese propósito.

Dice así la arenga:

"Vosotros oficiales del ejército popular, debéis observar una DISCIPLINA DE HIERRO e imponerle a vuestros hombres, los cuales, una vez incorporados a las filas, deben DEJAR DE SER VUESTROS CAMARADAS para formar el engranaje de la máquina militar de nuestro ejército. Vuestra misión es asegurar la victoria sobre las fuerzas fascistas invasoras y mantener, en el momento de la victoria, un poderoso ejército popular sobre el que podamos contar para responder a toda provocación fascista, franca o hipócrita, de una potencia extranjera y que sepa hacer respetar el nombre de España, desde hace tanto tiempo desconsiderado en las esferas internacionales".

El ministro de Justicia, además de ser "ministro", era un furibundo militarista y un exaltado patriotero.

Sin embargo, un hecho de suma importancia nos dice que García Oliver se había intoxicado gravemente en las esferas gubernamentales, atacándole el tóxico a la vista y a los oídos, dejándolo completamente miope y sordo, ya que mientras Su Excelencia, el Sr. Ministro de Justicia, legislaba sobre derecho penal y regalaba bonos de cancelación de penas, en todos los pueblos y ciudades de la España "leal" la "cheka" organizada por los comunistas, con "expertos" enviados desde Rusia, asesinaba a los anarquistas o los encerraban en las celdas de torturas, sin que tomara ninguna intervención ni hiciera valer su elevada investidura, lo que comprueba, indiscutiblemente, que Juan / p. 72 / García Oliver, al igual que sus tres compañeros de gabinete, en representación de la CNT, estaban desempeñando un papel por demás desairado y triste. Eran ridículos monigotes con disfraz ministerial adornado de deslumbrantes oropeles, dando la sensación de que más que monigotes tenían una semejanza con los endiablados juglares que recorrían los caminos de la España de otros tiempos.

Mientras tanto - a pesar de estas lamentables e indignantes constataciones- los ministros de la CNT, cumpliendo su consigna de: "desinterés, espíritu de sacrificio y amor al trabajo"... estatista, seguían sumisamente enmarcados en el híbrido block de los "antifascistas". / p. 73 /

ALIMENTANDO CUERVOS...

La fácil comprobación de que existía una "minoría" que se había opuesto a las primeras "trascendentales" resoluciones de la "mayoría" dé la CNT y de la FAI y a las subsiguientes, bastaba para valorizar las noticias alarmantes que nos llegaban y recién nos dábamos exacta cuenta de ciertos hechos arbitrarios que nos lo pintaban a su manera los corresponsales de las agencias noticiosas.

De éstas sacábamos en conclusión que los elementos autoritarios habían crecido en número y en prepotencia, con la condescendencia de los
"ministerialistas". La censura era rígida. Se disolvían todos los comités de origen anarquista. Se iba, aceleradamente, enchufando núcleos marxistas en les milicias cenetistas y, el Estado extendía sus tentáculos hasta la frontera francesa.

De esto nos habla mucho el Secretariado de al AIT, Besnard, en el informe que presentó a la misma al expresar:

"1° - Que las milicias estaban condenadas y la militarización aceptada por la CNT

2° - Que los municipios libres salidos de la revolución habían sido substituidos por organismos estatales. / p. 75 /

3° - Que de la CNT el Consejo de Economía pasaba a manos de la Generalidad.

He insistido muchas veces cerca de Santillán; responsable de las milicias para que aquéllas fuesen conservadas. Le he expuesto los peligros que representaba un ejército en manos de un gobierno y la seguridad que ofrecían a la revolución las milicias obreras organizadas por la CNT Aunque Santillán me haya asegurado que él conservaba en su poder, para la C. N T., este instrumento de defensa de la revolución, aceptó, sin embargo, su desaparición con todas sus consecuencias. Pero desde aquella época, como lo tenía que escribir más tarde en "Tierra y Libertad", él creía en la necesidad de un Estado transitorio para representar a España en el exterior, y de un ejército gubernativo "disciplinado" para batir al fascismo.

Inútil es hacer resaltar, cuán alejado es este concepto de nuestra doctrina, y cómo se acerca al comunismo autoritario. No podía más que favorecer el desarrollo de este último, marcando un retroceso considerable de la CNT y un abandono cada vez más creciente de nuestros métodos e ideas".

* * *

Mientras tanto en España se producían hechos dolorosos que justificaban la alarma que expresaba el compañero Besnard en su informe.

El Partido Comunista, minúsculo en efectivos numéricos artes de la sublevación militar, se había acrecentado por la afiliación de miles de pequeños burgueses y por infiltración de `"técnicos" que habían ido a España desde todas partes del mundo, especialmente de Rusia, impuestos / p. 76 / por ésta como precio a la venta de armas que necesitaban los soldados "antifascistas". No sólo en el ejército se podía observar el predominio de los bolcheviques, sino también en la policía. Y los medios utilizados por éstos para imponerse lo dicen ciertos crímenes producidos.

Aunque los compañeros de la CNT y FAI no se han decidido a afirmarlo, en cambio, se asegura que Durruti fue muerto por los comunistas. El que fuera corresponsal de Crítica, de Buenos Aires, en la península ibérica, José Gabriel, acusa a los bolcheviques de esa muerte.

Hoy ya no es necesario ese testimonio. Después de tomar conocimiento de las -demasiado tardías- importantes "revelaciones" que hacen algunos elementos gubernamentales afiliados a la CNT, sobre Ios canallescos procedimientos de los autoritarios, no se podrá negar que ese sos¬pechoso asesinato y muchos otros producidos era la obra nefasta de la cheka "antifascista".

Se produce el caso de Yagüe, un comunista miembro de la Junta de Defensa de Madrid que es herido por una guardia apostada en la carretera de Aragón. Los bolcheviques, que ya se distinguían por su prepotencia, toman este hecho como una excusa para desatar con más violencia su encono hacia sus "aliados", siendo de tal magnitud que la CNT y la FAI, alarmadas por el cariz que tomaban esas demostraciones de "amistad", lanzan este comunicado:

"Frente a la situación de violencia a que se nos quiere llevar, contestamos adecuadamente que no permitiremos, una vez más que después de ser herido el compañero Yagüe, aparezcan asesinados en las calles de Madrid los camaradas de nuestra Organización, encendiendo así una ho¬ : / p. 77 / guera de pasiones incontenibles. Tres militantes de la CNT aparecieron muertos en estos días sobre el empedrado de la Capital".

Las juventudes Anarquistas, de Madrid, también agregaron:

"No consentiremos ni un minuto más que las autoridades atropellen, insulten y detengan a nuestros militantes y no se dé valor a los carnets de la CNT, FAI y JJ. LL. Estamos dispuestos a disparar sin compasión contra los traidores y policías de nuevo cuño que intenten detenernos y atropellarnos".

* * *

Y, los "ministerialistas" de la CNT y de la FAI continuaban desempeñando sus eminentes cargos. Las maniobras de los bolcheviques no les producían escozor ni preocupaciones. Era tal el espíritu "unionista" que dominaba a aquellos compañeros, y la admiración y adulonería que demostraban hacia los autoritarios stalinianos, - por conveniencia o por miedo- que al camarada A. Shapiro se le ocurren estos comentarios:

"LA URSS Y LA CNT - Una posición inadmisible - Es con una tristeza creciente y un sentimiento de dolor punzante que se lee actualmente, y desde un tiempo ya Solidaridad Obrera, órgano de la CNT No se puede menos que llegar a esta conclusión, que ese cotidiano con su tirada de un cuarto de millón de ejemplares por día, ha venido a ser un diario semi - oficioso de la URSS

Basta dar vuelta las páginas de nuestra Soli antibolchevique para verla llena de artículos apoyando a la UR : / p. 78 / SS y la política exterior de Stalin, sin que jamás la menor nota discordante viene a disminuir esta impresión.

No tenemos más que hojear una decena de números de Soli de estos últimos días sobre la actitud de la URSS en Ginebra y Nyon.

"El proletariado mundial debe apoyar definitivamente la posición de la URSS", dice una llamada, del 9 de setiembre, mientras que el editorial, en ese mismo número declara que "todos los hombres libres del mundo deben apoyar las demandas de la URSS" y para remachar esta opinión, otra llamada proclama de no hay "más que una sola manera de reforzar la posición decisiva de la URSS : es la acción internacional obrera junto con el proletariado soviético- Al día siguiente Soli comprueba que "la atención del proletariado está pendiente de un gesto de Rusia". Por una coincidencia que no puede más que hacer sonreír, un gran título en la misma página dice "Maquiavelo, el inspirador de Italia y de Alemania"... olvidando por descuido, sin duda, de agregar a la URSS el discípulo cumplido del filósofo italiano.

Un día más tarde, el 11 de setiembre, Soli anuncia que el Comité Nacional de la CNT delega su representante a la Comisión (creada por Los Amigos de la URSS ) para conmemorar el 20° aniversario de la URSS. Algunos días más tarde es "la CNT de Madrid que participa en el homenaje a la Unión Soviética". En la Soli del 12 de setiembre, se es dichoso de saber que "España, apartada de Nyon por la diplomacia europea, vuelve a to¬mar su sitio gracias a la voz de la URSS" y el 18 de setiembre Soli trae un retrato del "camarada" ( ¡ay!) : / p. 79 / Ovsenko, en ocasión de su nombramiento para el puesto de ministro de justicia de la URSS.

Pero mientras que Soli y la CNT prodigan tantas pruebas de su adhesión a la URSS, a su gobierno y a sus representantes en Nyon y Barcelona, ni la una ni la otra no escatiman sus críticas, a veces acerbas, al PSUC, que es el Partido Comunista de Cataluña, sección de la Tercera Internacional, enteramente sujeta a las órdenes de ese mismo gobierno de la URSS. Paradoja que muestra todo lo trágico de una situación que obliga a la CNT hacer este doble juego: simultáneamente apoyar a Moscú y atacar su organismo español, el PSUC.

Involuntariamente se hace la pregunta: en qué caso la CNT y "Soli ’ son sinceras y en cuál no lo son? Seguramente, la URSS vende su material bélico a España republicana. Decimos vende, porque está comprobado que ni un kilo de armamento no ha sido enviado por Stalin sin recibir un pago en dinero... y en especies. Transcribimos lo que ha escrito sobre este asunto L. V., en Le Réveil, de Ginebra:

"Nuestros amigos han invocado la ayuda de Rusia. Imposible es atacar a los representantes de Moscú, porque el apoyo material de Moscú, frente a la defección vergonzosa de los Estados democráticos -capitalistas y sobre todo la cobardía de los proletarios de esos países engañados por sus jefes, era absolutamente indispensable para conservar posibilidades de vencer a las tropas fascistas! Pero, por qué no decir francamente: Rusia nos ha enviado armas de tal calidad y en tales cantidades. Por el contrario España le ha dado tanto... y más, los dirigentes soviéticos han propues¬ / p. 80 / to en el terreno de la política interior, tales condiciones y presentado tales exigencias. ¿Por qué pues, reconocer la ayuda soviética y no confesar las compensaciones impuestas por Moscú y aceptadas por Valencia? Las organizaciones -anarquistas han sido burladas, han sido víctimas y cómplices de esta inadmisible hipocresía!"

En efecto, esta inadmisible hiprocresía que continúa cada día y todos los días en "Soli" y que se exterioriza en la actitud de la CNT, de miramientos para con la URSS las hace cómplices directas de las calamidades políticas que sufre actualmente la España, llamada "republicana", y sobre todo Cataluña. Nosotros preguntamos una vez más ¿cuál de las actitudes de CNT es sincera? : la crítica justificada del PSUC o la admiración, tanto menos justificada del gobierno de la URSS y de sus representantes en el extranjero. Litvinoff y Ovseenko? ¿Es sincera la CNT en ambos casos? ¿Es insincera aquí o allá?

Cualquiera sea la respuesta que la CNT pueda dar a estas preguntas, dos hechos permanecen en pie: el gobierno de Moscú explota a maravilla los silencios de la CNT para minar los fundamentos de ésta, transformada involuntariamente en cómplice de la política anti - revolucionaria y democrático-capitalista que Moscú ejerce sin cesar. La CNT hundida hasta el cuello en su apoyo irreflexivo a un gobierno de asesinos, apoyo que ella paga con su sangre para obtener la entrega de armas que se emplean en una guerra que no tiene nada de antifascista, se verá un día obligada a cesar en sus ataques contra los comunistas españoles. / p. 81 /

Porque es ilógico apoyar un gobierno sin querer apoyar sus representantes políticos.

Los camaradas españoles nos responderán quizás, que su apoyo no va al gobierno de la URSS, sino al proletariado ruso;, que su participación en las fiestas del 20° aniversario de la URSS no implica más que su apreciación de la Revolución de Octubre. Lo que sería insincero. Hace muchos años que nosotros no tenemos noticias del proletariado ruso (el que no posee ningún órgano de expresión). La apreciación de la Revolución de Octubre que nosotros todos no cesamos de celebrar desde 1917, no exige de ninguna manera - sino al contrario - la colaboración con aquellos que han precisamente, estrangulado esta Revolución.

Esta hipocresía inadmisible debe cesar. Moscú está en tren de vender a Inglaterra, y a vil precio, lo que aún queda de la revolución española del 19 de Julio de 1936.

No nos volvamos cómplices de esta traición, por el apoyo moral que "Soli" y la CNT acuerdan a los políticos stalinianos. El PSUC no hace más que ejecutar las órdenes de Moscú. Nuestra actitud frente a Moscú debe ser la misma. Estranguladores, al mismo título, de la Revolucíón española, nosotros debemos condenar públicamente a unos y a otros. - A. Shapiro".

(Reproducido por Solidaridad, órgano de la FORU, 2ª quincena de diciembre de 1937). / p. 82 /
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PENDIENTE FATAL

Utilizamos el título del epígrafe, que es el del folleto de Sebastián Faure, como podríamos utilizar el de "Senderos tortuosos", artículo del compañero Juan C. Romero publicado en el periódico "La Fora ", de Rosario, o el de las pendientes resbaladizas" publicado en Tierra y Libertad" de Barcelona, de mayo de 1936, porque sintetiza con más propiedad el tema que abordamos.

Decidida a tambor batiente la intervención de los militantes de la CNT y de la FAI en el gobierno, éstos y sus admiradores no sólo no tomaron en cuenta los argumentos que expusieron, reprochando esa claudicante actitud, muchos compañeros anarquistas de todas las latitudes del Universo sino que se lanzaron al ataque contra quienes no podían aceptar las capciosas argumentaciones esgrimidas para justificar el viraje consagrado en los hechos.

Llegó a tal punto el ofuscamiento y la pasión puesta en su ineficaz defensa al saberse descubiertos en sus sentimientos marxistas, que copiaban el estilo y los mismos términos de los bolcheviques utilizados en América para combatirnos. Había despertado furiosamente el principio de / p. 83 / autoridad, tan zarandeado por la CNT y la FAI hasta ayer y continuando vapuleándolo nosotros, por considerarlo el fundamento del Estado.

Uno de estos autodefensas lo hemos leído, con cierto estupor y amargura, nada menos que en " La Protesta", de Buenos Aires, y decimos nada menos, porque no esperábamos que se publicara semejante desahogo o exabrupto en esa hoja que llevaba defendiendo el ideal anarquista desde hacía más de cuarenta años .y que ha costado tantos sacrificios y persecuciones, para darle vida y calor, a los consecuentes militantes del anarquismo en la Argentina y que hoy ha perdido la brújula haciendo una propaganda negativa y confusionista.

Conozcamos varios párrafos de "La hora del anarquismo", de A. Gilabert, publicado en La Protesta:

Algunos enemigos del anarquismo, disfrazados de camaradas, se empeñan ahora de hablarnos de principios, de tácticas y de ideas. Consideran ellos que el anarquismo se ha desviado de su trayectoria normal, transigiendo con la burguesía y renegando de sus principios antiestatales.

Esa crítica no está inspirada en muy sanas intenciones. Tienen un doble fondo, al que es preciso desenmascarar. Desde luego, el anarquismo en España ha sufrido un cambio de ruta. Ha rectificado todo lo que de negativo tenía. Cuando el anarquismo era un movimiento de oposición permanente, se explicaba que negara todo lo estatuido. Pero en España vivimos una circunstancia especial. Aquí hemos dejado de hacer oposición para convertirnos en fuerza determinante. El anarquismo, más que negar, debe realizar. Los que realicen será: los que vencerán. / p. 84 /

A los españoles no se nos puede exigir una posición negativa, clásica en el anarquismo internacional. Los momentos son demasiado graves para entretenernos mirando hacia afuera. ¿Hay algún ejemplo positivo, algún precedente eficaz del exterior que pueda servirnos de conducta? El anarquismo internacional pesa muy poco para dictar orientaciones al anarquismo español. Con orgullo hemos de manifestar que España debe servir de ejemplo a los anarquistas de todo el mundo.

...Los anarquistas tenemos la obligación y el deber de criticar y dirigir la guerra contra el fascismo y la revolución contra el capitalismo, no solamente desde abajo, des de la base, sino también asumiendo cargos de responsabilidad en los órganos que rigen los destinos del país.

Los que critican la posición de los anarquistas son enemigos encubiertos, agentes de la burguesía, individuos a los que no satisface mucho la influencia libertaria que gravita sobre el pueblo español.

Esta es la hora del anarquismo, y hemos de aceptar la lucha en todas sus consecuencias, asumiendo toda la responsabilidad de estos momentos decisivos!

Barcelona, 5 de noviembre de 1936".

Más concreto y terminante, que demuestra hasta qué punto se habían intoxicado de autoritarismo los cenetistas y faístas, es lo publicado en el periódico "Sembrador", de Puigcerdá, del 6 de diciembre de 1936. En él se calumniaba y se amenazaba. Dice así:

"CRITICA CONSTRUCTIVA. - Somos partidarios, los anarquistas de la crítica serena, noble y documental, pero / p. 85 / sólo otorgamos ese derecho a aquellos que hacen todo cuanto les es posible para vencer al fascismo. Más hay que tener mucho cuidado con la crítica. Es hora de hacer, de realizar, más que de criticar. Por regla general, ésta es un arma que ejercen hábilmente los emboscados de la "quinta columna’, a los cuales hay que tapar la boca, hay que eliminarlos"

Estos escribas insinuaban en estas líneas que los compañeros que los criticaban podrían muy bien ser "fascistas".

* * *

Lo innegable es, que una "mayoría" de los "dirigentes" de la CNT y la FAI habían arrojado por la borda los imperecederos principios anarquistas, las tácticas de acción directa y los conceptos emancipadores, frenando en seco los focos de revolución social que surgieron en varias regiones, para dedicarse, desde el gobierno, a encarrilar las actividades del pueblo a fin de "ganar la guerra".

No hemos de seguir el tren a las múltiples argumentaciones esgrimidas para defender ese grave error.

No podemos concebir en mentalidades anarquistas bien cimentadas que, de la noche a la mañana, se cambie de ruta tan bruscamente, cuando sabían que este cambio significaba una claudicación a los postulados que habían defendido, para convertirse en puntales del Estado, y por ende en ridículos mandones del pueblo español y de sus propios compañeros de causa, hasta ayer. La prueba terminante de esto nos la dice el artículo 15 del pacto concertado entre la CNT y la UGT:
"Estamos de acuerdo en una acción común para liquidar la acción nociva de los grupos / p. 86 / incontrolables, pues por incomprensión o mala fe, ponen en peligro la realización de este programa".

Y no sólo en el texto de ese pacto, sino que en la práctica se puso de manifiesto la pasión de mandar y de que se obedeciera, pues fueron castigados y encarcelados quienes se rebelaron contra esos pujos autoritarios.

Demás está decir que los conversos al "ministerialismo" canalizaron la propaganda oral y escrita en un tono subido de autoritarismo. Lo lamentables es, que utilizaran conceptos nuestros, reñidos abiertamente con la nueva modalidad adquirida, pues resultaba chocante que, después de haber sacrificado todo un pasado glorioso se hablara, no obstante, en un lenguaje que no les correspondía.

* * *

Lógicamente, de parte de los compañeros que habían ido a España a contribuir con su esfuerzo al triunfo de la revolución social y de todas partes de Europa y América se hicieron oír voces de alerta y de protesta por el despeñadero en que se habían situado los "mayoritarios" de la CNT y FAI.

Nos parece oportuno transcribir algunas opiniones. Sebastián Faure, en el trabajo titulado "La Pendiente Fatal", hilvana su disconformidad contra la posición estatista en que se colocaban los cenetistas y faístas, cuya esencia se verá en estos párrafos:

.... Que un hombre político que pertenezca a una agrupación política acepte entrar en un gabinete ministerial, que tenga esa ambición, que solicite ese honor y esas ventajas, es muy natural; este hombre juega su carta, toma / p. 87 / su "chance ’, se arroja por las vías en que está enrolado y tendrá buen cuidado de no desaprovechar la ocasión. Pero que un anarcosindicalista, que un anarquista acepte un ministerio, es ya otra cosa.

El anarco - sindicalista ha escrito en su bandera con grandes caracteres: "Muerte al Estado".

El anarquista ha escrito con letras de fuego sobre la suya: "Muerte a la autoridad".

Ambos están ligados por un programa claro y preciso, basado sobre principios claros y precisos. Nada y ninguno les obliga adherirse a estos principios. Es con toda independencia y con pleno conocimiento de causa, deliberadamente, que han suscripto estos principios. Que han sostenido, propagado y defendido este programa.

Siendo así, sostengo que el anarcosindicalista debe prohibirse formar parte entre aquellos que tienen la misión de conducir EL CARRO DEL ESTADO, puesto que está convencido que este carro, "este famoso carro", debe ser absolutamente destruido.

Y digo que el anarquista tiene el deber de rechazar toda función autoritaria, puesto que está plenamente convencido que debe matarse toda autoridad.

No falta quien me objeta que, razonando de tal modo, sólo tengo en cuenta los principios y que, muchas veces el curso de los acontecimientos, las circunstancias, los hechos, es decir, lo que comúnmente se llama REALIDAD contradicen los principios y ponen a aquellos que elevan hasta el culto el amor y el respeto a los principios, en la nece¬sidad de alejarse provisoriamente, prontos a volver a su / p. 88 / viejo puesto cuando las nuevas REALIDADES hagan posible el retorno.

Comprendo la objeción y he aquí mi respuesta:

Primero: de dos cosas una: o nuestros principios son falsos, y SI LA REALIDAD LOS CONTRADICEN son falsos. En este caso apresurémonos a abandonar estos principios. En este caso debemos tener la lealtad de confesar públicamente la falsedad de estos principios y debemos tener el coraje de poner al combatirlos tanto ardor y actividad como ponemos en defenderlos; inmediatamente pongámonos a la búsqueda de principios más sólidos y esta vez justos, exactos, infalibles.

O por el contrario los principios sobre los cuales descansa nuestra ideología y nuestra táctica conservan, cualesquiera sean los hechos, toda su consistencia y valen hoy tanto como valían ayer y en este caso debemos serles fieles. Alejarse - aun en circunstancias excepcionales y por breve tiempo - de la línea de conducta que nos han trazado nuestros principios, renunciar al método de lucha que concuerdan con estos principios, esto significa cometer un error y una peligrosa imprudencia. Persistir en este error implica cometer una culpa, cuyas consecuencias conducen paulatinamente al abandono provisorio de los principios y de concesión en concesión al abandono definitivo de los mismos.

Una vez más: es el engranaje, es la pendiente fatal que puede llevarnos muy lejos.

Segundo: Pero yo pienso que el experimento intentado por nuestros camaradas de Cataluña, muy lejos de comprometer la solidez de nuestros principios y de debilitar o / p. 89 / destruir la justicia, puede y debe tener por resultado, si sabemos recoger las preciosas enseñanzas que contiene y utilizarlas, el demostrar la exactitud de nuestros principios y su fortaleza.

... Los anarquistas han llevado resueltamente CONTRA TODO Y CONTRA TODOS una lucha sin tregua; están resueltos a proseguirla sin renunciar hasta conseguir la victoria. Esta lucha comporta: por una parte, LO QUE ES NECESARIO HACER, CUESTE LO QUE CUESTE; por la otra, LO QUE ES NECESARIO NO HACER BAJO NINGUNAS CONDICIONES. No ignoro que no es siempre posible hacer lo que sería necesario hacer; pero sé que hay cosas que es rigurosamente necesario prohibirse, y en consecuencia no hacerlas jamás.

El experimento español puede y debe servirnos de lección. Este experimento debe ponernos en guardia contra el peligro de las concesiones y de las alianzas, aun bajo condiciones precisas y también por tiempo limitado. Decir que todas las concesiones debilitan a aquellos que las hacen y fortifican a quienes las reciben, es decir, una verdad indiscutible. Decir que todo acuerdo, aun temporario, consentido por los anarquistas con un partido político que, teóricamente y prácticamente, es antianarquista, es un engaño del que son siempre víctimas los anarquistas, es una verdad probada por la Experiencia, por la Historia y por la simple Razón. Durante el trayecto recorrido en conjunto con los autoritarios, la lealtad y la sinceridad de los anarquistas, son siempre enredadas por la perfidia y la astucia de sus aliados provisorios y circunstanciales. . . ".

* * * / p. 90 /

Pero, más contundentes y precisos son los argumentos expuestos por la Confederación General de Trabajadores Sindicalistas Revolucionarios, de Francia, en él artículo "El momento decisivo" publicado en el periódico Le Combat Sindicaliste, artículo que produjo sensación en la militancia anarquista internacional y un mayor encono entre los gubernamentales de la CNT y la FAI Dice así:

"ADONDE LLEVAN LA CNT SUS DIRIGENTES. - Los trabajadores del mundo quieren saberlo. - La emoción causada por el bombardeo del "Deutschland" y las atroces represalias ejercidas sobre la población de Almería, se ha colmado ya. Después de algunas protestas platónicas, que tuvieron por fin, acallar los gritos de horror que surgían de todas partes (bien entendido de los pueblos solamente) el velo desciende lentamente sobre la tragedia, sofocando los gemidos de las víctimas inocentes.

La diplomacia ha conservado su impavidez, y ya ha vuelto a su "actividad" tradicional. Se sabe lo que eso significa. Las cancillerías de Londres y París ayudadas por la de Washington, no han perdido la esperanza de imponer su paz a España. Su plan no ha variado y se espera, tanto en Londres como en París, derribar las últimas resistencias alemanas y torpedear definitivamente el plan ruso en el cual la guerra preventiva es la característica esencial.

Después de un tiempo de eclipse, la mediación está de nuevo a la orden del día.

Esto obliga a nuestro movimiento internacional a examinar lo más detenidamente posible la situación española en su conjunto, tanto en el plano nacional como internacio¬ / p. 91 / nal, a estudiar la posición y la táctica de la CNT, Central representativa de la AIT en España, frente a la guerra y a la Revolución.

Un examen tal, ya ha tenido lugar en noviembre de 1936; él ha demostrado que entre la CNT y todas las otras Centrales de la AIT existe una discrepancia completa y general de puntos de vista. Pues mientras la CNT considera de su deber aceptar la militarización de las milicias, la supresión de los municipios libres, el reemplazo del Consejo Económico Sindical por un Consejo Económico Gubernamental, la participación en los gobiernos de Valencia y Barcelona, acordar también la prioridad de la guerra, y por lo tanto, situar la Revolución en segundo plano, todas las otras Centrales son de un parecer totalmente opuesto.

No obstante, para conservar intacta la unidad de nuestro movimiento internacional y de haber recibido la seguridad de que la CNT daría la rectificación indispensable cuando las circunstancias se lo permitieran, el Plenum de la AIT declaró "comprender" sin aceptar la actitud tomada por la CNT.

Desde entonces han pasado seis meses y, desgraciadamente, todos los temores manifestados por el Plenum de la AIT se han realizado. La supresión de las milicias, ha puesto en las manos del Gobierno Central, un ejército regular que es un peligro constante para la Revolución. La desaparición de los municipios libres, volvió a poner en manos del Poder Central toda la Administración del país. La liquidación del Consejo Económico Sindical, ha privado a las organizaciones obreras de la dirección y del control / p. 92 / de la Economía. La participación en el Poder, ha permitido a los gobiernos de Valencia y Barcelona hacer compartir sus responsabilidades con la CNT sin que ella tuviera prácticamente, ninguna posibilidad de hacer prevalecer sus puntos de vista.

El hecho de que el putsch del 6 de mayo haya podido producirse en Barcelona, después de tantos otros acontecimientos de la misma naturaleza en la Cerdaña y en Cataluña, demuestra la nulidad de los ministros de la CNT en el seno de los gobiernos.

Hay que admitir en efecto, que han ignorado todo, que todo fue preparado y ejecutado sin que ellos lo supieran. Mas entonces ¿qué gobiernos antifascistas son esos que una parte de sus ministros ignora lo que la otra trama, prepara y ejecuta? ¿Qué gobiernos son esos que unos dirigen todo y los otros nada? ¿Cuál es también, el rol de los que ignoran, sino el de cándidos y rehenes, responsables sobre los cuales los conjurados se descargan, llegado el momento, del peso de sus faltas, de sus crímenes para con el país y la Revolución?

Una política tal es completamente condenable. Es como el Plenum de la AIT la ha declarado en noviembre de 1935 radicalmente falsa. Ella ha terminado por hacer perder a la CNT todas las posiciones conquistadas en grandes luchas, con las armas en la mano.

Ha permitido a los políticos liquidados el día siguiente al 19 de julio, volver a tomar la dirección de los destinos del país. Ella ha comprometido definitivamente el triunfo de la Revolución Social, subordinándola a una guerra que no puede beneficiar más que al capitalismo internacional y a / p. 93 / sus representantes. Esa política de la CNT, ha permitido al Partido Comunista español, ayer todavía inexistente, mostrar los talones de su dictadura que no hará más que favorecer la restauración de la "República Democrática".

En una palabra, esa política, ha terminado por llevar a cabo la más grande bancarrota revolucionaria de la Historia.

Y es en el momento en que se constata todo eso, cuando los cadáveres de los camaradas de la CNT asesinados por los comunistas, por la policía de Valencia y Barcelona, están todavía calientes, que millares de anarquistas han sido encarcelados, que la mordaza es impuesta a la prensa de la CNT, que nadie puede entrar en España ni salir de ella, que la CNT, ofrece de nuevo su concurso al Gobierno, a ese gobierno de capitulación presidido por Negrín, ese Negrín que los ha cazado. ("Solidaridad Obrera" del 2 de junio de 1937). Es en ese momento que la CNT se postra a los pies de Largo Caballero, de ese viejo político astuto, cuya vida no es más que una larga traición; de ese Caballero que fue, sucesivamente, el hombre de Primo de Rivera, de Azaña y de Stalin; de ese L. Caballero que es el autor de las leyes de defensa de la "República", de Casas Viejas y de Villa Cisneros.

Se cree soñar cuando uno lee tantas cosas en la prensa de la CNT y sin embargo no es ¡ay! más que la exacta verdad. Uno se pregunta hasta dónde irá la aberración de los "dirigentes" de la Central española?

Es necesario que eso termine. Es necesario que el Estado Mayor de la CNT comprenda su error o que los trabajadores se lo hagan comprender. / p. 95 /

En todo caso un hecho es hoy cierto. Tal actitud ha sublevado de indignación a todas las Centrales hermanas de la CNT, las que no dejarán arrastrar a la bancarrota lo tal, a la cual conducen los dirigentes de la CNT la Revolución española.

Es imprescindible que esto se diga, que el mundo entero lo sepa; que juzgue y que defina posiciones.

Por seguros de sí mismo que se crean esos dirigentes - un momento les espera, ¡pero qué momento! - no podrán sostenerse en tal terreno, ante todos los trabajadores dei mundo, que han sostenido y ayudado a la Revolución Española. Ellos deben ser advertidos de que esta Revolución será defendida contra ellos, contra sus errores y contra sus faltas.

Es necesario que comprendan que hay corrientes a las cuales no se puede resistir, por más fuerte que uno se crea. Un oleaje de fondo los ha traído, otro oleaje, más fuerte todavía, puede ahogarlos y salvar la Revolución. Es probable, desde luego, que esta ola se romperá con la misma potencia hacia adentro como hacia afuera.

En todo caso, se puede tener la seguridad de que no dejaremos aplastarla, sin decir ni hacer nada en pro de la revolución española. Ella es doblemente nuestra. Sabremos defenderla, defenderla contra todos los que la traicionen o la abandonen.

Más que nunca: ¡Viva la Revolución española!

CGT. SR" / p. 96 /

LA BUROCRACIA "ANTIFASCISTA"

La intervención de los representantes de la CNT y la FAI en el Comité de Milicias, de Barcelona, primero, en el gobierno central y otras dependencias gubernamentales, después, errores y desviaciones - claudicaciones, decimos nosotros - que saltan a la vista y no admiten justificaciones, trajo, inevitablemente, además del resurgir del principio de autoridad en quienes lo habían negado y combatido, la contaminación del microbio de la burocracia, inherente a todo sistema estatal.

En la modalidad de los militantes de la CNT era la burocracia sindical algo familiar aunque escasamente practicada. Distintamente a nosotros, que la combatimos y nuestras organizaciones obreras no la han admitido nunca, en España se ejercía, aunque con alguna resistencia.

Es así, que no bien se hubieron ubicado en lujosos despachos, los "ministerialistas" se vieron asediados y rodeados de muchos elementos con grandes predisposiciones para cooperar, desde las oficinas públicas, no al triunfo de la revolución social, ya que ésta se había frenado, sino a la prosecución de la guerra y estamos seguros de no equi¬ / p. 97 / vocarnos si afirmamos que éstos han sido los más fervorosos defensores de la nueva teoría de "acción directa "de la colaboración impuesta por la suprema e ineludible necesidad de derrotar al fascismo". Y como todo ser humano que tiene educación y sentimientos autoritarios, los flamantes burócratas se habrán desempeñado como tales, como obliga la función, dejando en la puerta de los edificios el disfraz que habían llevado por tanto tiempo.

* * *
De cómo se han comportado esos burócratas nos dan una vaga idea algunos conceptos fragmentados aparecidos en periódicos "antifascistas". Dice "Ruta", de Barcelona, del 18 de mayo de 1937, órgano de las Juventudes Libertarias:

"Existen algunos camaradas "responsables" que por el hecho de estar enmarcados en puestos oficiales, olvidan su origen y finalidad. Les recordamos que en pos de una función transitoria, no releguen principios que son médula de nuestras organizaciones. Para recordárselos estamos dispuestos a demostrarles antes que revalorizar imprudentemente al Estado.

Reforzando estos conceptosdiremos que Santillán, cuando ocupaba el ministerio de Economía en la Generalidad, se sintió alarmado por el
"apasionamiento con que se luchaba por la obtención de más carteras, de más amplia intervención en las cosas de gobierno" y le parecía "extraño el espectáculo de compañeros nuestros agitándose con todas las pasiones delos políticos de antaño para llegar a las alturas, para tener las investidura del poder..." / p. 98 / y también "el apasionamiento con que se discutían y se desmenuzaban, haciendo la exégesis más extrema de las leyes y los decretos".

Estos párrafos nos dan la pauta del grave problema planteado por los burócratas nuevecitos que, además de representar un pesado lastre para el pueblo español que se desangraba en la lucha, era una resultancia perniciosa de las modalidades
"circunstanciales" ensayadas por los estrategas cenetistas y faístas, y dio la oportunidad para que infinidad de individuos, sin una pizca de moral revolucionaria, se erigieran en jefecillos oficinescos, con todas las prerrogativas inherentes a tal alta jerarquía, quienes amparados en ellas dieron rienda suelta a sus lacras morbosas y cometieron actos despreciables e inescrupulosos.

Y lo que es más lamentable aún, muchos de los que fueron desde estos lares - muy conocidos en el campo especifista y sus derivados - para "orientar" las realizaciones del pueblo español, encontraron ambiente propicio para exhibir sus cualidades pirueteras, sus interpretaciones temperamentales y se enchufaron tranquilamente en el engranaje de la burocracia. .Y de vuelta a su campo de experimentación, sin más trofeo de guerra que un instrumento dactilográfico, han de seguir, sin pena ni gloria, sembrando el confusionismo y justificando a sus superiores jerárquicos, ya que para ellos el ajetreo y la crueldad de la vida en las trincheras y el fragor del combate fue sólo un mensaje, doloroso y triste, que les llegó por conducto indirecto. / p. 99 /

PRIMERO LA GUERRA ...DESPUES LA REVOLUCION

Si nos decidiéramos a tomar en cuenta la copiosa fraseología gastada en la propaganda escrita por la CNT y la FAI, para mantener en el Exterior un estado de ánimo de inquietante expectativa y de impresionismo, nos sería muy difícil encontrar las razones tácticas que indujeron a los compañeros españoles a amoldar esa fraseología a la cruda realidad, que rompía sus retinas. Porque es dable suponer, que los autores de esa propaganda tendrían la visión de que ella sería leída con avidez, desmenuzada luego y cotejada con los hechos.

Bien está que hayan sido locuaces para no ocultar sus claudicaciones, aunque gastaron su ingenio para encontrar el argumento de justificación. Pero no se concibe que se hubieran empeñado en desfigurar las frases y los conceptos para orillar el problema de fondo: la negación de los principios anarquistas y de las tácticas de lucha que habían propagado y practicado hasta entonces.

"Podíamos ser únicos, imponer nuestra dictadura absoluto, declarar caduca la Generalidad e instituir, en su lugar, el verdadero poder del pueblo; pero nosotros no creía- / p. 101 / mos en la dictadura cuando la ejercían contra nosotros ni la deseábamos cuando podíamos ejercerla nosotros en daño de los demás", dice Santillán en su libro "La Revolución y la Guerra en España". "La CNT y la FAI se decidieron por la colaboración y la democracia renunciando al totalitarismo revolucionario que había de conducir al estrangulamiento de la Revolución por la dictadura confederal y anarquista-, dice García Oliver en uno de sus artículos.

Y si así se justificaban esos hombres y se hacían solidarios muchos otros que está demás nombrar, ¿por qué se insistía en comunicados, artículos periodísticos y discursos radiales en la frase: revolución social?

La revolución social había sido frenada por ellos mis, mas; había terminado a los pocos días después del 19 de julio.

Lo honesto y sensato ha sido afirmarse en la consigna "Primero la guerra; después... la revolución". Esto último cabe atribuirse a una chulada.

Si en el fragor de los combates; en las briosas arremetidas que llevaron los anarquistas, conjuntamente con el pueblo, contra los militares sublevados no se pensó ni se quiso arrasar con los basamentos de la sociedad capitalista: con el Estado, y los mismos "paladines" de la revolución social hacían, en esos momentos, de "perdonavidas", manteniendo y defendiendo a las "altas" autoridades gubernamentales: a Companys y a Largo Caballero, era, lógicamente, la guerra civil que se había desencadenado. Y debían así haberlo declarado tácitamente, enterrando, como habían enterrado su comunismo anárquico, todos los términos que significaran un engaño para los trabajadores. / p. 102 /

Porque han de reconocer, ahora que no están en sus gabinetes de trabajo, en sus dependencias gubernamentales, en su ajetreo oficinesco que han vivido contradiciéndose diariamente.

* * *

Claro está, que no todos los "responsables" se mostraron parcos al raciocinio y a la explicación.

En el número 224 del Boletín Informativo de la CNT y la FAI dicen editorialmente:

"Hemos dejado en nuestra colaboración jirones de nuestra concepción ideológica, hemos realizado el máximo de sacrificio, abandonando en los centros oficiales parte de nuestra ideología".
"
¿Por qué, entonces, habían de enfadarse hasta el ofuscamiento, cuando muchos de nosotros les criticábamos por haber claudicado de sus doctrinas?

Pero, es que ni en la segunda consigna: "Primero la guerra; después la revolución" han estado con la realidad. Porque los documentos que han ido historiando los hechos comprueban que ninguna ilusión podían hacerse los cenetistas y faístas de hacer la revolución después de terminada la guerra civil.

Habían sido "ecuánimes" con la Generalidad. Se hacían matar en el frente de Aragón y en otros, estando ellos sin armas porque se las negaba el Estado: el gobierno central de Largo Caballero. Ellos mismos habían permitido la sustitución de las milicias por un cuerpo de seguridad único. A las divisiones confederales se les enchufaban las brigadas internacionales, compuestas casi exclusivamente / p. 103 / por elementos marxistas. Las mismas entidades abogaban y consiguieron que se implantara una rígida disciplina y el mando único. Se les expulsaba del Consejo de Defensa de Aragón. Los anarquistas eran fusilados por toda España "leal" y en las calles de Barcelona el crimen fue sistematizado. Se les quitaban las armas al pueblo; los cenetistas mismos lo aconsejaron con penas severísimas para quienes las ocultaran. El ejército se había bolchevizado en todas sus dependencias. Las cárceles estaban repletas de anarquistas "incontrolables", acusándoseles de espías o pertenecientes a la "quinta columna" y no obstante todo este cuadro de desconcierto y negación se seguía con la cantilena: "Primero la guerra; después la revolución".

* * *

No puede suponerse que la ingenuidad hiciera víctimas a esas lumbreras del pensamiento antifascista. Y si no fuera porque está comprobada la enorme atracción que ejerce en ciertos temperamentos los puestos burocráticos y muchas otras prerrogativas de la sociedad burguesa, creeríamos que la intoxicación oficinesca fuera la causa de tanta cháchara insustancial, de tantos sofismas, de tantas contradicciones y de tan graves claudicaciones que hemos tenido que soportar y constatar, de y por los "responsables" de la CNT y de la FAI.

"¡Armas al frente!" "¡Oro para la guerra!" "¡Unidad y disciplina!" "¡ Mando único!" "¡Ganar la guerra para ser libres!" Y... ¿para qué seguir? Se han deshilachado en consignas.

Y si ellos mismos -autores directos del poderoso resurgimiento del sistema autoritario-, desde muy cerca, / p. 104 / puesto que habían ido a reforzar al Estado "ante la necesidad apremiante de intervenir directamente en la dirección de la guerra, de la política y de la economía, con objeto de evitar el continuo sabotaje que se hacía a la CNT, colectividades y columnas militares por parte del gobierno central... " comprobaban la prepotencia y el predominio bolchevique en todas las facetas de orden militar y político; si la "Cheka", organizada por los comunistas, asesinaba y encarcelaba a muchos anarquistas; si día a día perdían posiciones e influencias ¿por qué seguían en los ministerios y otros puestos burocráticos o los pedían? ¿Se habían aclimatado al ambiente?

Los documentos que intercalamos en otros capítulos prueban, profusamente, que los propósitos que abrigaban los "ministerialistas" - una vez terminada la guerra civil, con la victoria de los "antifascistas" - eran los de reforzar al Estado con geniales y "avanzadísimas" iniciativas y con la creación de nuevas dependencias gubernamentales, dirigidas y controladas por los cenetistas, para preparar así, desde arriba, la próxima revolución... / p. 105 /