Lucidez de Jean Grave

Miércoles 4 de julio de 2007, por frank

Reflexiones de 1893, con algunas que parecen pintiparadas para hoy en día.

Frank, 10.01.14

Lucidez de Jean Grave

En 1893 el zapatero remendón e intelectual anarquista Jean Grave publicaba La société mourante et l’anarchie [la sociedad moribunda y la anarquía], libro en cuyas páginas alterna la crítica aguda y aún actual del régimen capitalista con una visión penetrante y cáustica del movimiento anarquista, dirigiéndose a lectores que quiere convencer de la justeza del Ideal libertario. Esta triple orientación de ataque del autoritarismo, de crítica de desviaciones anarquistas y de proselitismo, es original. Tanto que no se volvió a producir con el vigor de Jean Grave, si bien La Conquista del Pan de Kropotkin lleva un capítulo de “Objeciones” que se descartan con facilidad y que no tienen la causticidad de las que plantea Grave. Por eso, voy a insistir en la actualidad de las críticas y su ausencia en las obras posteriores.

Formar obreros concientes
Es fácil decir y escribir: ¡Compañeros, los patrones nos roban! ¡Los burgueses son crápulas! ¡Los gobernantes canallas! ¡Hay que rebelarse, matar a los capitalistas, prender fuego a las fábricas! [...] hay que explicarle [al trabajador] cómo, al cambiar de amos, no deja de ser explotado, y cómo si tomara el lugar de los amos, se convertiría a su vez en explotador dejando atrás a los explotados, que formularían contra su dominación los mismos reproches que formula contra quienes hubiera desposeído. El papel de los propagandistas es por tanto formar a los trabajadores, y para que se formen, hay que demostrarles con la práctica. La afirmación forma creyentes, pero no conscientes (1).

Reconocemos desde luego que dicho lenguaje no está hecho para seducir a la muchedumbre, para levantar las masas, incluso algunos compañeros podrían acusarnos de sembrar en nuestras filas el desaliento y la desesperación, al no ocultar bastante los aspectos débiles de nuestra teoría. Estos reproches sólo podrían emanar de un resto de educación de partidos políticos. ¿Por qué prometer lo que no depende de nosotros y, por lo tanto, preparar de antemano una reacción que se vuelva contra nuestro ideal? En lugar de buscar creyentes, queremos hacer convencidos (2).

Sobre la revolución
En efecto, no hay que olvidarlo, la cuestión social no se limita a una simple cuestión material. [...] Nada menos evidente que el problema del hambre, pero sería un peligro para el mismo éxito de la revolución si allí se parara, porque entonces se podría igualmente aceptar el Estado socialista que tiene - y que podría - asegurar a todos la satisfacción de las necesidades físicas. Si la próxima revolución limitara sus deseos a la única cuestión material, arriesgaría pronto detenerse en el camino, degenerar en una amplia embriaguez que no tardaría, pasada la orgía, en entregar los insurrectos a los golpes de la reacción burguesa (3).

Sobre el mariposeo militante
[...] lo que contribuía a alejar de las ideas anarquistas los intrigantes y los ambiciosos fue también lo que debía incitar los estudiosos a estudiarlos y a preguntarse qué les aportaba: es que no dejaba ningún sitio a las preocupaciones personales, a las ambiciones mezquinas, y no podían, en absoluto, servir de trampolín a los que sólo veían en las reivindicaciones de los trabajadores un medio de abrirse una senda entre las filas de los explotados. Las mariposas de la política no tienen nada que hacer entre los anarquistas. Poco o ningún lugar asoma para las pequeñas vanidades personales, ausencia de filas de candidaturas que dan pie a todas las esperanzas, a todas las palinodias [= cambios de opiniones e ideales] (4).

Necesario es matizar el optimismo de Grave, contrastando su afirmación con una cita de Bakunin sobre el diablo que es el instinto de mando (5), y recordando el peso del personalismo autoritario dentro del movimiento libertario español con individuos por cierto excepcionales, pero poco tolerantes como Federica Montseny, García Oliver, entre muchos otros.

Contra los falsos militantes
[El individualismo] El egoísmo del individuo debe ser su única regla de conducta [..; el individualista] no tiene ninguna idea de lo que es la vida del hombre actual, qué son sus necesidades físicas, morales o intelectuales Puede ser que entre los que se dicen anarquistas, los haya que enfoquen así la cuestión. Eso nos explicaría aquellas defecciones y palinodias de individuos que, tras ser los más ardientes, desertaron las ideas para alinearse con los defensores de la sociedad actual, porque les ofrecía compensaciones (6).

Por supuesto, algunos anarcoindividualistas fueron y son capaces de actitudes solidarias, colectivas y generosas - Kart Wilkens - que compensan con creces no pocas experiencias desastrosas.

Así, so color de atacar los propietarios, algunos [anarquistas] se hacen los defensores del robo; otros, a propósito del amor libre, llegan a sostener las fantasías más absurdas, que no vacilarían en calificar de desenfreno y crapulería si se aplicara entre burgueses; los más extremistas son los que dan guerra a los principios - otros tantos prejuicios, según ellos - proclamando: Me burlo de los principios, me quedo sentado encima. Para llegar a la Revolución, todos los medios son buenos, no tenemos que quedar parados por escrúpulos a redropelo (7) .

Jean Grave expresó el mismo juicio en otra obra más tardía, prueba de que ni había cambiado el movimiento libertario, ni la mordacidad de sus críticas:

Demasiados entre nosotros han tolerado favorablemente la labor desmoralizadora de un montón de granujas, al no reaccionar en serio contra la desviación individual; por eso hemos sido desbordados por esa turba que hoy día lleva la voz cantante haciéndolo todo para destruir la propaganda y poner trabas a los nuevos intentos de encauzarla (8).

Sobre el valor que atribuir al juicio de Jean Grave un siglo después, es preciso señalar que la tendencia expropiadora o delictiva o delincuente - como se la quiera llamar - no ocupa un lugar preponderante en ningún país. La tendencia general es desmarcarse - a veces más por la preocupación de salvar a una organización o un grupo de esa mancilla que por una oposición teórica -, atendiendo sin embargo a los compañeros presos.

Respetar las masas
Haremos que la masa haga eso, la conduciremos trás nosotros, etc., etc. Realmente, unos dictadores no hablarían de otro modo. Es una manera de contemplar la masa que tenemos de nuestro pasado autoritario. [...] poner las ideas en práctica, predicar el ejemplo, sólo a este precio es cómo se podrá llevar a la masa (9).

No a las reformas
Se ha reprochado a los anarquistas ser un obstáculo a la emancipación pacífica de los trabajadores, oponerse a las reformas. Doble error, los anarquistas no son en absoluto los adversarios de las reformas; no son las reformas mismas lo que combaten, son las mentiras de quienes quieren hacerlas contemplar como una finalidad para los trabajadores, sabiendo que sólo son parches, cuando no infundios (10)

No a las visiones maniáticas
Otros reformistas aportan su cuota a la obra de la emancipación humana, fomentando el desarrollo de la rama de los conocimientos que han adoptado; pero incitados pronto por la aspereza de la lucha, las dificultades que resolver, terminan transformando su idea fija en un capricho al que prestan todas las cualidades, y fuera del que no ven ya nada aceptable, y que van presentando como una panacea, que ha de curar todos los males de que sufre nuestra infeliz bicoca social (11).

No a la violencia indiscriminada
Pero, en cambio, algunos anarquistas, más excitados que ilustrados, querían a su vez adaptarlo todo a la propaganda por el hecho: matar a todos los burgueses, pegar paliza a los patronos, incendiar las fábricas, los monumentos. Sólo veían eso. Quienes no hablaran de matar o incendiar, no eran dignos de llamarse anarquistas (12).

No a “el fin justifica los medios”
lema de los jesuitas que algunos compañeros creen bueno aplicar a la anarquía, sólo es aplicable, en realidad, a quien busca la satisfacción egoísta de necesidades puramente personales, sin preocuparse de las personas a quienes choca o hiere con su forcejeo. Por supuesto, para los que son impacientes de ver realizarse nuestro sueño de felicidad y armonía, lo que está pasando en nuestras filas, puede desanimarles y desesperarles de ver un día salir la unión del caos de ideas que, bajo el nombre anarquía, llevan más o menos la guerra a la burguesía.

No a los realistas de unas horas
[Algunos frente a] esta cacofonía de ideas tildan de metafísica la discusión profundizada sobre las ideas [...] y vuelven a usar de medios autoritarios que creen con ingenuidad haber limpiado de cualquier autoritarismo, porque les quitaron estos nombres (13).

¡ A cuántos hemos visto llegar a los grupos, desde hace unos doce años, que hablaban ni más ni menos que derribar, como Sansón, las columnas del Templo ! ¿Dónde están hoy día? (14).

Sí a la violencia necesaria
Cuando se ve que la violencia resulta de la mala organización social; que algunos revientan de hambre por las comilonas ajenas y el amontonar dinero para unos herederos de alcurnia, no se acepta morir en una esquina. Llega un momento en que, por pacífico que sea uno, la fuerza responde a la fuerza, y la rebelión a la explotación (15).

Primero, los anarquistas tienen que renunciar a la guerra de ejército contra ejército, a las batallas campales en campo abierto, a las luchas de estrategas y de tácticos, que hacen evolucionar los cuerpos de ejércitos, como el ajedrecista las fichas en el damero. La lucha habrá que apuntar principalmente a la destrucción de las instituciones, la quema de los actos de propiedad, los planos de catastro, actas notariales y oficiales, registros de Hacienda, derribo de los hitos de fincas, destrucción de los actos del estado civil.[...] todo ello es obra de grupos limitados y desparramados, obra de escaramuzas y no de batallas regulares. Y es esta guerra la que los anarquistas tendrán que llevar a cabo por todas partes, para acosar los gobiernos, obligarlos a dispersar las fuerzas, ponerlos sobre ascuas y diezmarlos uno a uno. [...] Si tenemos que combatir, que sea por lo menos por la realización de lo que nos parece bello, de lo que nos parece justo. ¿Seremos vencedores o perdedores? ¿Quién lo puede prever? Sea lo que sea la futura revolución, suceda lo que nos suceda, no será peor para nosotros que la actual situación (16).

Sobre la practibilidad de la anarquía
Desgraciadamente es más que exacto que las ideas, que son la meta de nuestras aspiraciones, no son inmediatamente realizables. Demasiado ínfima es la minoría que las tiene comprendidas para que tengan una influencia inmediata sobre los acontecimientos y el funcionamiento de la organización social; ¿Pero acaso es una razón para no obrar por su cumplimiento? [...] Ahora bien, ¿veremos brillar esta aurora? ¿Será la generación presente, la que seguirá o más tarde aún? No lo sabemos, no nos preocupa; Serán quienes tengan bastante energía y agallas para querer ser libres, los que podrán lograrlo. [...] Propaguemos, pues, nuestras ideas, expliquémoslas, aclarémoslas, remachémoslas si hace falta, no temamos mirar la verdad en frente. Y dicha propaganda, lejos de alejar adictos a nuestra causa, ¡sólo puede contribuir a atraerle a cuantos tienen sed de Justicia y Libertad!(17)

La sana persuasión y paciencia sobre la posibilidad de la revolución anarquista, la lucidez constante son cualidades inmejorables que Grave trató de aplicar, pero la euforia ante una posible caída del sistema capitalista hizo que se olvidase la conducta humilde, para abrazar un optimismo comodón. Y la realidad pertinaz e implacable de la necesaria madurez de un mínimo de militancia, en seres y en hechos, impone que retomemos el camino que trazó Jean Grave.

1) Grave Jean La société mourante et l’anarchie, p. 29.

2) Ídem, p. 294.

3) Ídem, pp. 24-25.

4) Ídem, p. 9.

5) Los mejores hombres son fácilmente corruptibles, sobre todo, cuando el mismo medio provoca la corrupción de los individuos por la ausencia de control serio y de oposición permanente. En la Internacional, no puede ser el problema de la corrupción venal, porque la Asociación es aún demasiado pobre para dar ingresos o incluso justas retribuciones a ninguno de sus jefes. [...] Pero existe otro tipo de corrupción al que desgraciadamente la Alianza Internacional no es ajena : es la de la vanidad y de la ambición. [...] Existe en todos los seres un instinto natural de mando que toma su fuente primero en aquella ley fundamental de la vida : ningún individuo puede asegurar su existencia ni hace valer sus derechos sino mediante la lucha. [...] Si hay un diablo en toda la historia humana, es aquel principio de mando. Sólo él, con la estupidez y la ignorancia de las masas, en que por lo demás se funda siempre y sin las cuales no podría existir por sí solo, viene produciendo todas las desgracias, todos los crímenes y todas las vergüenzas de la historia.

Bakunin Protesta de La Alianza, 1871, Oeuvres, VI, pp.15-17.

6) Grave Jean o. c., p. 19.

7) Ídem, p. 214.

8) Grave Jean Quarante ans de propagande anarchiste, [Texto de 1930] París 1973 p.223. La cita siguiente tiene aún cierto peso : La anarquía había trastornado bastante los conceptos de cada uno, hasta el extremo de que quienes tenían el cerebro en estado de equilibrio “ inestable ”, y sólo esperaban un choque inicial para sumirse en una locura “ raciocinante ”, encontraron en las Ideas materia para desvariar.

9) Grave Jean o. c., p. 295.

10) Ídem, pp. 266- 267.

11) Ídem, p. 257.

12) Ídem, p. 225.

13) Ídem, pp. 235-236. Misma preocupación en Kropotkin : ¡ Cuántos socialistas y anarquistas proceden todavía de la misma manera ! Impacientes por acelerar el día de la rebeldía, tratan de teorías adormecedoras toda tentativa de aclarar lo que la revolución ha de plantear. Kropotkin Obras, Barcelona, 1977, p.139.

14) Ídem, p. 293.

15) Ídem, pp. 266-267.

16) Ídem, pp. 257, 277; la pauta es actuar con los demás explotados, de modo comprensible para éstos.

17) Ídem, pp. 284, 286- 287, 296.