I02 Essen Presentación de SIMECA Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes

Lunes 16 de julio de 2007, por SIMECA

I02 fue un encuentro de organizaciones sindicales combativas, preparado por la FAU de Alemania, en que hubo un representante de Simeca;

Se nota como en agosto de 2002 sigue practicamente sin cambio la situacion social real (sabiendo las presiones sobre el Indec).

Frank julio de 2007 (El material se debe a la gentileza de la FAUD)

Presentación de SIMECA Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes

Ante todo queremos agradecer la invitación a este importante evento anual que nuclea múltiples organizaciones sindicales, con las cuales compartimos criterios de construcción en cuanto a nuevas formas de llevar adelante la lucha obrera y sindical.

Esa lucha que tan desacreditada está en nuestro país a causa de dirigentes burócratas, corruptos y traidores que poco saben de la realidad de los trabajadores de sus gremios. Son dirigentes que viven en lujosas casas, manejan autos último modelo y veranean en los más diversos lugares top del mundo, que nada tienen que ver con la clase que dicen representar. Por eso la construcción del SIMECA no permite militantes rentados y es requisito indispensable para formar parte del sindicato ser trabajador activo del gremio.

Esta dirigencia burócrata forma parte del poder político que impuso el modelo neoliberal de hambre y exclusión que se implementó en Argentina a partir de 1976. La última dictadura militar desató un plan sistemático de aniquilamiento de luchadores populares, de los cuáles todavía hoy 30 mil permanecen en condiciones de detenidos-desaparecidos. Muchos pasaron largos años de cárcel y muchos fueron obligados a exiliarse fuera del país. Eran militantes comprometidos con la causa antiimperialista.

El plan de aniquilamiento fue el mismo que Estados Unidos fogoneó y aplicó a sangre y fuego en casi todos los países de América Latina. El objetivo era allanar el camino para llevar adelante el desmantelamiento del Estado, el vaciamiento de las empresas públicas, la desindustrialización y una formidable concentración de la riqueza en manos de las clases dominantes.

Hoy en Argentina el 25 % de la población está desocupada y el 40 % está subocupada. Además, el 53 % de los argentinos está por debajo de la línea de la pobreza. Son 19 millones de personas condenadas a la marginalidad. Cada día se mueren en Argentina 100 chicos, 50 de hambre y 50 por causas que podrían evitarse, como enfermedades ya obsoletas en el resto del mundo.

Desde SIMECA, catalogamos a estas políticas como de extrema violencia. Sin embargo, los medios masivos de comunicación llaman violencia a las puebladas impulsadas por la indignación de los que no tienen nada y salen a reclamar trabajo y comida. Son muchos de los mismos medios de comunicación y periodistas que ayer avalaron la dictadura y el genocidio y hoy vuelven a criminalizar a los pobres y defender hasta el hartazgo los privilegios de los poderosos.

Después de dos periodos de gobierno de Carlos Menem, en argentina se votó por un cambio que parecía representar la Alianza entre el radicalismo -un centenario partido que se alternó en el poder con el peronismo y las dictaduras- y el Frepaso, una coalición de distintas fuerzas de centro izquierda. Las esperanzas del pueblo fueron rápidamente traicionadas. El nuevo gobierno que había asumido en diciembre de 1999 no sólo no iba a cambiar ni la economía ni los vicios corruptos del poder si no que llamaría al mismo ministro de economía de Menem, Domingo Cavallo, para que salvara al país de un default que parecía inminente. Cavallo, el mismo que había estatizado las deudas privadas sobre el final de la dictadura, volvió a darle una ayuda a sus amigos de la banca internacional dándoles el tiempo suficiente para que pudieran fugar sus capitales a otras plazas porque sabían que vendría la debacle financiera.

Las protestas sociales en las provincias de Corrientes, Salta o Neuquén se acallaban con represión. Las demandas de la gente no sólo eran silenciadas con balas y gases si no que se las descalificaba con el show de la inseguridad y la criminalización de la protesta social. Se encarcelaron a los luchadores sociales y hasta a quienes se atrevían a pedir comida en los supermercados para paliar el hambre, con cargos ridículos como la extorsión. El elemento de coerción que usaban los indigentes -según el dictamen que mantuvo en prisión a Emilio Alí, dirigente desocupado- era su aspecto sucio y desarrapado. El límite a todo esto llegó con las heroicas jornadas del 19 y 20 de diciembre, a poco menos de un mes que el ministro Cavallo ordenara la confiscación de los depósitos destruyendo lo que quedaba de la economía informal, restringiendo la circulación de dinero. La gente salió a la calle en una acción directa y masiva a golpear cacerolas para decir basta, basta de hambre, represión e impunidad. En estos dos días históricos la gente resistió la represión policial en las calles y en las plazas, a pesar de los 32 caídos a lo largo y lo ancho de todo el país. Se logró así voltear al presidente, y al que siguió, empujado por la decisión del pueblo de tomar la calle. Desde entonces Argentina se convirtió en un laboratorio de experiencias de lucha: en las esquinas los vecinos empezaron a reunirse en asambleas barriales que empezaban a pensar que la única forma de cambiar era el autogobierno, ejercitando la democracia directa. Las agrupaciones de desocupados siguieron cortando rutas y creciendo en organización. Los ahorristas con sus depósitos confiscados, gente de clase media a la que se le habían expropiado sus ahorros de trabajadores, también se movilizaban, obligando a los bancos a trabajar a puertas cerradas y blindadas. Ningún político, banquero o empresario responsable del genocidio social de la democracia pudo volver a salir a la calle sin custodia. Los escraches, esa acción directa que busca hacer justicia señalando a los autores y cómplices de este genocidio, se extendían por todo el país. Si la justicia no juzgaba a los responsables, el pueblo convertía la calle en su cárcel.

Como sindicato combativo, Simeca estuvo en cada una de las movilizaciones populares que todavía hoy presionan sobre un estado genuflexo frente al
imperialismo, pero que tiene sus días contados. El 20 de cada mes, Simeca junto con otras organizaciones, recuerda a los caídos en las jornadas de lucha,dejando sobre el asfalto que los vio morir marcas indelebles que no permitirán el olvido. Porque los caídos viven en nuestra lucha y por esta senda seguiremos caminando. Muchas gracias, hasta la victoria siempre.

A luchar que la única lucha que se pierde es la que se abandona.