transformación económica revolucionaria, la guerra civil y la violencia

El pensamiento de Santillán sobre la transformación económica revolucionaria, la guerra civil y la violencia

Revista Anthropos, Barcelona, N° 138, pp. 23-44, noviembre de 1992.

Jueves 23 de diciembre de 2004, por frank

Escrito en 1992, el texto me parece aún válido (corregido 24.01.05)

Un nuevo peinazo general quitando pifias (de la n° 96 a la n° 100) 27.06.07.

Frank Mintz

El pensamiento de Santillán sobre la transformación económica revolucionaria, la guerra civil y la violencia *

Agumento
Evolución del pensamiento de Santillán basada en un recorrido por sus principales obras. Sus ideas sobre la transformación económica revolucionaria, la guerra civil, los límites de la violencia como estrategia revolucionaria y las tácticas de la construcción libertaria.

* El autor agradece la documentación prestada por Eduardo Colombo y Antonia Fontanillas para la preparación de este estudio.

Las interpretaciones de la transformación económica revolucionaria

1. Dentro de «La Protesta»

Me parece lógico estudiar el pensamiento de Santillán sólo a partir del momento en que empieza a militar como anarquista, y más precisamente, cuando, gracias a su previo conocimiento de López Arango en Santa Fe, entró a formar parte del grupo editor del diario anarquista bonaerense La Protesta, en 1920.

La Protesta es inseparable del movimiento sindical argentino anarquista representado por la Federación Obrera de la Región Argentina, la FORA. Más exactamente la FORA del V Congreso -1905-, o quintismo, con una finalidad de comunismo anárquico, que se oponía a las otras fuerzas sindicales por ser reformistas.

Como Santillán dejó Argentina por decisión personal en 1922 para estudiar medicina en Alemania (carrera que no pudo acabar) se convirtió en corresponsal de La Protesta y delegado de la FORA en la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Ésta se había creado de nuevo para agrupar a los representantes libertarios del movimiento obrero contra las pretensiones hegemónicas de la Internacional socialdemócrata de Amsterdam y la Internacional Roja de Moscú. La AIT se fundó oficialmente en 1922 y Santillán participó en el Congreso constitutivo como delegado argentino.

Además de esta doble representación en Europa de La Protesta y la FORA, Santillán se puso a desarrollar una gran actividad de traductor y de presentador del movimiento obrero alemán, traduciendo también del italiano y del francés. Santillán, por tanto, se convierte en presentador en lengua española de las ideas socioeconómicas de autores como Archinov, Dejacque, Fabbri, Malatesta (a través de su biografía por Max Nettlau), Ramus y Rocker. Nos limitamos, por respeto a la lógica, a los autores que Santillán tradujo en los años veinte, y que criticó fuertemente (excepto Dejacque y Rocker).

Para Santillán La Protesta y la FORA eran «dos concreciones que tienden hacia un mismo fin y que se complementan mutuamente» (1) . Y más claramente aún, «[ ...] el quintismo [la FORA del V Congreso] y el protestismo son una sola y misma cosa, una sola y misma bandera: dos expresiones de una misma voluntad». Y agregaba Santillán: «Aparte de eso, el protestismo significa una de las tendencias más sólidas del movimiento revolucionario». Comparadas a los movimientos libertarios de Europa, la FORA v La Protesta eran una síntesis entre las ideas libertarias y las grandes masas»; «han creado un ambiente libertario tradicional en Argentina; al margen de ese ambiente, no florece ninguna flor lozana del anarquismo»; constituyen «el primer esfuerzo consciente por ocupar en la vida social el lugar que corresponde al anarquismo como movimiento revolucionario» (2).

Por eso, Santillán tendía a considerar el movimiento argentino de la FORA como superior a los demás y así lo declaraba en un pleno de la AIT:

Todas las circunstancias favorecen el triunfo de la táctica de la FORA, principalmente en lo que respecta a la unidad de clases. El sindicalismo europeo, si no cae nuevamente en el error neutralista, tiene una buena oportunidad para encontrar su propio camino. Nosotros no atribuimos al sindicato funciones postrevolucionarias: no reclamamos para los organismos económicos del proletariado el derecho exclusivo de organizar la producción y el consumo y regir la vida social durante o después de la revolución (3).

Veremos más adelante las razones del rechazo del sindicalismo revolucionario («el error neutralista») y del anarcosindicalismo («regir la vida social»), porque la FORA tenía una meta y obstáculos mayores que en Europa:

La FORA tiene la misión de llevar las ideas revolucionarias al resto de los países de América, a una población de cien millones de habitantes. Si a pesar de la reacción nuestro movimiento en América persiste y se desarrolla, no se debe a que la reacción es más débil, sino al hecho de que nuestras organizaciones han sabido presentar un frente de batalla más indestructible del que presentaron en Rusia los anarcosindicalistas. Cree oportuno añadir [el orador que es Santillán] que el fascismo apareció en la Argentina con Carlés antes que en Italia, la diferencia está en que el movimiento revolucionario de la Argentina tuvo la buena idea de impedir con todos los medios que ese movimiento se desarrollase (4).

Esta supuesta superioridad de la organización de la FORA, así como la visión de La Protesta, la fue desarrollando Santillán según cinco grandes áreas: la refutación de los programas anarquistas, la denuncia de visiones «erróneas» del movimiento obrero, el afán por fomentar una organización libertaria americana, la sensibilidad por la cuestión colonial y marroquí en particular, una aportación personal en concordancia con la línea de La Protesta-FORA.

Es de notar que la postura que encarnaba apasionada y virulentamente (se va a sentirlo) Santillán, tenía su justificación:

El marxismo ha hecho bancarrota, una bancarrota irremediable e irreparable. El anarquismo ha triunfado con sólo sostener en alto su bandera. Nuestra hora llegará; luchamos por su pronto advenimiento, convencidos de que los principios que propagamos y que defendemos inspiran el único movimiento revolucionario efectivos (5) .

También se podía justificar por el cerco de la reacción capitalista - el fascismo y el proceso de Sacro-Vanzetti en EE.UU.- y marxista leninista detenciones de millares de anarquistas-, que en el período 1922-1929 sólo dejaba una vida legal al movimiento anarquista en Francia, Gran Bretaña, Alemania, Bélgica, Holanda y Suecia, con Argentina, Uruguay y México, principalmente. Pero únicamente Argentina ostentaba un movimiento social capaz. Por tanto, podía ser lógico que la táctica argentina hubiera tenido que aplicarse en los otros países.

***

La refutación de los programas anarquistas estribaba en varios argumentos:

La única cláusula de nuestro programa, si queremos uno, es la conquista de la libertad. Si para las mentalidades de partido o de secta no es bastante concreto, para nosotros encierra cuanto hay de más bello y de más grande en la vida. [...] El programa anarquista no llevaría a la pretensión de hacer seguirlo por los que no lo aceptan, o sea a la violencia autoritaria (6)

Santillán defendía, además, una postura estrictamente antiautoritaria sin elección particular de táctica:

Es tan inofensiva una escuela racionalista en una ciudad como una colonia de vegetarianos individualistas en un país. Hagamos todos los ensayos imaginables, pero sin dejarnos llevar al exclusivismo en que se incurre corrientemente: ni la colonia de vegetarianos individualistas ni la escuela racionalista transformarán la sociedad: tampoco deben distraer nuestras energías de tareas más serias y eficaces. [...] Las ideas revolucionarias no nacen en la escuela sino en la vida total; se puede ser analfabeto y rebelarse ante la injusticia. [...] No legislemos sobre la medida de nuestros actos en un mañana de creación y de actividad; propaguemos hoy nuestras ideas, fortifiquémonos nosotros mismos en su espíritu, que nuestro modo de obrar no esté nunca en contradicción con nuestras ideas, y lancémonos al mañana desconocido llenos de fe y de entusiasmo con una sola máxima para hoy y para siempre: no marchar jamás por la vía de la autoridad (7).

A este argumento de la libertad, Santillán añadía el de la capacidad de valerse positivamente de la libertad:

Lo que una revolución social debe realizar no es nuestro programa, por atractivo que pueda ser, sino la exteriorización de las aspiraciones dormidas por los siglos de esclavitud y de ignorancia de las masas trabajadoras (8). Creemos, tenemos la seguridad de que las colectividades poseen el vigor para crearse las relaciones que más se ajusten a su naturaleza, y que nosotros, por bien intencionados que seamos, por deseosos que estemos de ver a todos los hombres dichosos y libres, jamás conseguiremos tener en cuenta la complejidad de la vida, por lo cual nuestro concepto de lo bueno, de lo justo, de lo bello, impuestos a los pueblos y no aceptados y elaborados por ellos mismos, se convertirían en realidad en nociones tiránicas artificiales (9).

También rechazaba Santillán la idea de preparación técnica:

Sobre la organización y la distribución de los productos en la sociedad futura, creemos que se exageran sus dificultades; los burgueses no son más inteligentes que nosotros y han sabido organizar ese funcionamiento econó-mico. [...] La vida misma organizará el funcio-namiento económico futuro; los hombres no se dejan morir de hambre más que bajo el principio de autoridad, donde la libertad existe, donde la vida puede reclamar sus derechos, no tardan en hallarse soluciones a todos los problemas que la realidad presenta. (10)

Por fin, Santillán se valía de la provocación: «¡Abajo los programas!» (11) ," «digamos claro: haz lo que quieras y ade-lantaremos mucho más. Los problemas del futuro, los resolveremos cuando se presenten» (12) . Y el único ejemplo de Santillán era la Ucrania revolucionaria libertaria (13) . Pero se olvidaba Santillán de que Majno y sus compañeros anarquistas predicaban y enseñaban tácticas anarquistas que respondían a una situación intensa, que no tenía nada que ver con el descubrimiento libre y paulatino de las normas libertarias.

***

La FORA hubiera podido mantener su visión dentro de Argentina, pero con Santillán adquiere una dimensión inter-nacional, y la pareja López Arango-Santillán va a presentar y defender esta posición contra dos símbolos anarquistas y también dos prácticas: la CNT de España y la concepción de Malatesta.

Para hacerse conocer más, López Arango y Santillán publicaron juntos, en una editorial de Barcelona, El anarquis-mo en el movimiento obrero (14) . Sintetizando su pensamiento, decían: «La teoría sindicalista - del sindicalismo que se basta a sí mismo- está en permanente contradicción con los hechos» (15) . La razón es que rechazando la política ejercen también una política. Además:

[...] tampoco aceptamos el exclusivismo materialista de Marx, ni creemos que los organismos obreros deban seguir el proceso de desarrollo industrial copiando las formas exteriores del capitalismo y buscando en la estructura económica de la sociedad contemporánea los elementos constructivos de la futura organización de los pueblos. (16)

Nosotros hemos hecho escuela del divisionismo... Aceptamos como lógica la existencia de facciones doctrinarias orgánicamente independientes en el movimiento obrero. Y conse-cuentes con la intransigencia hacia todo lo que conspire contra nuestro derecho a propa-gar el anarquismo a los trabajadores, nos esforzamos por crear un movimiento sindical autónomo frente a las corporaciones adversas a toda ideología y a las que sostienen una ideología que no es la nuestra.(17)

La CNT fue criticada en especial en un artículo curiosamente titulado “Por el restablecimiento de la cordialidad” que amén de tratar de asnos a Aláiz, Pestaña, Peiró y Carbó, denunciaba este rasgo:

En las filas de la Confederación se ha form ado una especie de casta de dirigentes; los puestos de los sindicatos y de los comités constituyen un motivo de ambiciones desmesuradas. para muchos es cien veces más preferible un puesto rentado en la organización que el trabajo en la fábrica. En fin, que las cotizaciones atraen a ciertos individuos como la miel a las moscas. El vicio del funcionarismo nos hace prever una enorme serie de desviaciones y por eso lo combatimos; y como vemos que la voz de la crítica no es admitida en los órganos de la Confederación, es justo que se dé hospitalidad en La Protesta a los sanos pensamientos que se quiere sofocar en España. (18)

La crítica de Malatesta fue más sutil, porque sólo se atacaba su visión obrera, encomiando simultáneamente su pensa-miento global y citándole para reforzar el análisis (19) . Más exactamente, Santillán y López Arango querían demostrar que Malatesta se contradecía a sí mismo al no proponer una organización de tipo FORA (20) . La polémica había empezado en 1923 sobre el mismo tema, pero tomando a Luigi Fabbri, amigo y discípulo de Malatesta, como cabeza de turco, y él va se había expresado (21) . El mismo Malatesta terminó, desde la Italia de Mussolini, por dar su opinión, que reprodujo La Protesta, sin ceder:

El sindicalismo (me refiero al sindicalismo práctico y no al teórico que cada uno se forja a su modo) es, por su naturaleza reformista. Todo lo que de él se puede esperar es que las reformas que pretende y consigue sean tales y obtenidas de tal modo que sirvan a la educación y a la preparación revolucionaria y dejen la vía abierta a siempre mayores pretensiones. Toda fusión y confusión entre el movimiento anarquista y revolucionario, y el movimiento sindicalista acaba, o haciendo al sindicato impotente para su fin específico, o atenuando, falseando y apagando el espíritu anarquista. (22)

López Arango respondió con un artículo que llevaba el mismo título en que insiste sobre la conocida idea de la FORA de «prescindir del vínculo de clase para unir a los trabajadores de acuerdo con sus ideas», sin aportar ninguna originalidad (23) .

El realidad (24) , eran dos situaciones distintas la de Argentina y la de Europa, y no se podía imponer otra forma distinta de sindicalismo a la que ya existía. Me parece que, dada su estancia en Europa, Santillán habría debido verlo y no seguir una polémica inútil. Por añadidura, Santillán caía en el mismo defecto que re-prochaba a los fanáticos de los progra-mas fijos, apoyándose en Malatesta: «No hay una solución, sino mil soluciones a los problemas sociales»; (25) o sea que reducía Santillán la solución sindical a una posibilidad, la suya.

Y al fin de tantos años [casi cuarenta] ¿puede decirse que el anarquismo de aquellos países que no aceptaron el movimiento obre-ro en la forma que se hizo en la Argentina está en un grado intelectual superior y ha realizado una sola obra que no hayamos realizado nosotros? Obras son amores, y cuando se nos presente el balance de un movimiento anarquista que haya llegado a mejores resulta-dos con otras tácticas de propaganda y acción, cesaremos de presentar el ejemplo de la Argentina como digno de estudio y de imitación.(26)

El tono agresivo de Santillán (27) y la incapacidad de la FORA ante el golpe militar de 1930 - abordado en este artículo - iban a ser serios obstáculos para Santillán como individuo en los años treinta.

***

El interés de La Protesta por América Latina parece ser una tendencia que Santillán impulsó particularmente. Y ya hemos visto sus declaraciones en un congreso de la AIT, un año antes en 1924, así era su análisis, en comparación con las dificultades en Europa:

Pero los países americanos podrían ser una esperanza para el porvenir, si la bandera de la anarquía es plantada en ellos antes de que aparezca toda al cohorte funesta: el caballo de Atila del capitalismo moderno y la ideología de la socialdemocracia parlamentaria y cien veces traidora. (28)

Pero la realidad no respondía a los deseos expresados por Santillán (29) , y en 1928 comprobaba la pequeñez de la presencia anarquista, si bien «es la parte del mundo que más promesas ofrece para la anarquía» (30) . Al año siguiente, en Buenos Aires, se creó la Asociación Conti-nental Americana de los Trabajadores -ACAT- con delegados de Paraguay, Bolivia, México, Guatemala y Uruguay (31) , pero parece que quedó papel mojado. Veremos que el interés de Santillán por América no disminuiría en ello.

***

El problema colonial fue poco abordado por Santillán, pero su posición no deja de ser muy actual:
Nosotros no somos amigos de establecer leyes de la evolución de los pueblos, pero si las previsiones de Marx han fracasado totalmente, la historia está ahí para probamos que el nacionalismo nace espontáneamente en las colonias o en los territorios sometidos al régimen colonial y que ese nacionalismo es una etapa casi fatal por la que tiene que seguir el desenvolvimiento de la idea antiestatista. Por consiguiente está en interés de nuestra propaganda antiestatista la lucha contra la política colonial de los Estados cualesquiera que sean. Además los pueblos oprimidos advertirán nuestra intervención, y con ellos se establecerá de hecho relaciones de simpatía se favorecerá la evolución política y social. (32)
En el mismo artículo, Santillán desarrollaba el ejemplo de la presencia española en Marruecos y la acción de los libertarios:

Nuestro movimiento en España se ha preocupado muy poco en crear dificultades a la política colonial de España; [...] Es penoso decirlo pero el movimiento obrero español que ha sido, relativamente, uno de los más fuertes del mundo, no constituyó en ningún momento, aparte de 1909, un obstáculo serio para los crímenes del Estado español en Marruecos y eso significa dos cosas: que no hubo en el proletariado revolucionario la noción de la reacción militarista que se incubaba en el Rif, ni un sen-timiento de solidaridad hacia la población rifeña masacrada por las tropas españolas.(33)

Desgraciadamente, ya se puede antici-par que esta clarividencia no persistió en el período español de Santillán...
***
Las aportaciones personales de Santillán en el marco de La Protesta son numerosas, pero distingo tres planos, vinculados con su enfoque de la situación economi-cosocial y cómo aprovecharla. Considerando que el momento «no es propicio para apelar en el sentido de la revolución inmediata» (34) . Santillán propone reforzar la propaganda. Ahí empieza su labor editorial y traductora. En 1925, describe «Lo que es y lo que podría ser la editorial La Protesta»(35) y prevé la publicación en cinco años de 50 volúmenes, con tirada entre 5.000 y 10.000 ejemplares. Eran « 10 tomos de obras de Bakunin, 15 tomos de biografías de pensadores y propagandistas del anarquismo, 10 tomos de obras de crítica libertaria a los programas sociales, políticos y económicos actuales, 5 novelas y utopías anarquistas, y 8 o 10 tomos de la Enciclopedia del anarquismo». Si no se publicó nada de la Enciclopedia, en cambio hubo, en 1929, 4 tomos de Bakunin, 5 de biografías, 1 de utopía y 10 de crítica (36) , lo que es un balance admirable, dadas las múltiples actividades de los compañeros de La Protesta.

El segundo plano de las ideas personales de Santillán es la constatación de la necesidad de adaptarse por no haber po-sibilidad de cambio revolucionario. Así lo interpreto yo a partir de estas frases:

Cada día tendremos que combatir más contra un enemigo terrible, que hasta ahora apenas se ha manifestado [en Argentina] tal cual es: el industrialismo moderno. [...] Más o menos numerosos, los anarquistas seremos acorralados cada día más, las circunstancias mismas nos harán estrechar filas, hasta diferenciamos, no sólo por las ideas, sino materialmente del resto de la sociedad. Es decir. queramos o no, tendremos que formar una especie de sociedad dentro de la sociedad general. Esa característica no era conocida antes, y ahora advertimos que es inevitable (37)

Y Santillán evocaba la pérdida económica que representaba el pago de años de alquiler de diferentes grupos anarquistas, en comparación con la ventaja de comprar una Casa del Pueblo como los sindicalistas socialistas españoles de la UGT. Y para no dejar dudas sobre su pensamiento, pese a ser un artículo sobre la FORA, un 1.° de mayo, escribía:

Camaradas, nuestra revolución no es un golpe de Estado ni resultará de una conspiración misteriosa de tres o cuatro docenas de ilusos. Requiere una obra seria y responsable de propaganda y proselitismo sistemático : tal vez tenemos ante nosotros un largo período histórico de prevalencia reaccionaria, en el cual la idea de la revolución no se pondrá a la orden del día de las grandes masas. Es preciso prepararnos para esa eventualidad de un largo trabajo de varias generaciones. Aliviemos la obra de los que nos sucedan, dejémos-les un aparato de propaganda mucho más eficaz que el encontrado por nosotros (38) .

Santillán se hundía en las contradicciones: al año escaso de publicar con López Arango un panegírico de la FORA, puntal revolucionario, preveía un empequeñecimiento del movimiento obrero anarquista (y así sucedió). Pero simultáneamente, incurría en otra contradicción consigo mismo, al limitar el movimiento anarquista a la propaganda, separándolo de la acción y de la práctica, pero «Las ideas revolucionarias no nacen en la escuela sino en la vida total; se puede ser analfabeto y rebelarse ante la injusticia» ya había escrito en 1923.

Santillán debió de percatarse de estas contradicciones y empezó una verdadera campaña de propaganda «Por la colonización anarquista», describiendo casos de colectivos económicos. Llegó Santillán a proponer la adquisición en «países semicoloniales» - América Latina - de grandes extensiones de tierras de 100 a 200 hectáreas para establecer 40 o 50 familias que vivieran de la venta de sus productos, con beneficios para auxiliar la fundación de otras colonias o fomentar «la propaganda de nuestras ideas». confesaba Santillán:

Estamos convencidos de la relativa ineficacia de nuestra agitación en las ciudades ; nos parece que estamos en un callejón sin salida, tanto como fuerza efectiva para obrar decisivamente, como sin fuerza alguna para empresas de cierto alcance. (39)

Santillán completó su análisis con artículos - reunidos luego en un folleto - sobre la «Jornada de seis horas», en que proponía dicha reducción para solucionar el desempleo y dejar más tiempo libre a los proletarios, o sea «una ofensiva real contra el sistema capitalista y una batalla en toda línea contra sus servidores más abnegados, los secuaces del marxismo legalitario». Esta última frase del trabajo, no puede hacer olvidar una observación de Santillán sobre la evolución del capitalismo industrial que va marginando a los obreros de oficio para sustituirlos «por simples peones» :

Eso quiere decir que los progresos del maquinismo no sólo hacen innecesarios los brazos obreros, sino la inteligencia, la habilidad profesional, las cualidades individuales del obrero (40) .

Me parece evidente que Santillán estaba sugiriendo que, como en el artículo precedente sobre el aniversario de la FORA, el movimiento obrero revolucionario estaba viviendo sus últimas horas. Las sugerencias de Santillán no tuvieron impacto, dado que en 1929 - mayo - repetía la misma idea, quejándose además del «abandono del frente de lucha de los descontentos en el terreno del consumo» (41) . Ya no se mofaba Santillán de los economistas cuyas obras le servían de soporífero (42) , los estudiaba esmeradamente. Es de suponer que la crisis de 1929 hizo pensar a Santillán que el capitalismo colapsaba y se avecinaba la revolución que él descartaba antes. En octubre de 1929 se atreve a publicar “La propaganda no basta, la preparación insurreccional”. No sólo admite la posibilidad de la revolución, sino que denuncia:

[...] en el movimiento anarquista un pasivismo providencialista, que lo espera todo de la espontaneidad futura de las masas, cuando estalle la revolución por algún desconocido arte de magia. Se ha propagado la idea de la revolución completa, un verdadero mito, porque la revolución no será nunca completa, sino parcial, y el día que la humanidad llegase a un punto muerto. el de la perfección, el del acabamiento, habría llegado al fin de su carrera y la vida perdería su razón de ser (43) .

Como en el caso precedente de contradicción sobre el movimiento obrero anarquista. Santillán ni reconoce su evolución ni la explica. Pero la crisis económica agudizó las oposiciones entre las clases dirigentes, con la pasividad y la falta de clarividencia de la FORA ante el golpe de Estado militar, que produjo la represión del movimiento sindical. Es fácil imaginar el choque ideológico que debió de representar para Santillán, además del golpe moral.

II. Del fracaso de la FORA a la revolución derrotada

El peso de las ilusiones de la FORA siguió presente en Santillán puesto que acudió como delegado de la ACAT (Asociación Continental Americana de Trabajadores) -cuyo punto fuerte era aún Argentina- al IV Congreso Mundial de la AIT en Madrid en junio de 1931, en pleno renacer de la CNT. Allí defendió sus nuevas ideas en contra de los esquemas del anarcosindicalista francés Besnard sobre el sindicato, futuro organizador de la industria, aduciendo que en América es inaplicable por no ha-ber «fábricas ni taller» (44) . Pero un delegado de Uruguay negó a Santillán el derecho a hablar en nombre de los organismos de América. Y varios militantes que Santillán había criticado y en parte insultado en las páginas de La Protesta, o cuestionaron su representación (Carbó) o se extrañaron del papel de la FORA durante y después del golpe militar (Shapiro, Pestaña) (45) .

Paradójicamente cuando América Latina y en especial Argentina estaban en una fase aguda de reacción, Santillán seguía abogando por la revolución americana, sin descartar que pudiera producirse en España (46) . Y de hecho el folleto La bancarrota del sistema económico y político del capitalismo, escrito y publicado en América, también se difundió en España, sin que las breves referencias americanas fueran un obstáculo a una revolución española para el lector ibérico (47) .

El estudio consta de tres partes: una demostración de la crisis (48) , un análisis del capitalismo, del fascismo, del marxismo y de la política, y la solución anarquista. Dejando aparte el análisis del capitalismo y su relación con el capitalismo de Estado versión fascista o marxista, Santillán presentaba dos conceptos tajantes: la aceptación de la evolución técnica (49) , la organización de la economía postcapitalista con consejos de economía. Para este último punto, Santillán citaba una resolución anarquista argentina que destruía toda la argumentación precedente de la FORA, expuesta con López Arango en El anarquismo en el movimiento obrero, como un punto de la conclusión sobre «la abolición de todos los dogmas económicos que significan una especie de legislación previa del porvenir» (50).

La conversión total de Santillán a las ideas de programas que combatía desde 1923, se hace justo 10 años después, con la publicación en colaboración con Juan Lazarte de Reconstrucción social (51) . Y para refrendar más la rendición ideológica, se citaban Pierre Besnard e Isaac Puente y una evocación de construcción social sindical de Pataud y Pouget. Si bien las condiciones eran totalmente ad-versas, se hacía un interesante estudio de la sociedad argentina y los cambios que aportaría una organización revolucionaria, así como de la defensa de la revolución y su necesaria extensión al resto del continente (52) .

Sin embargo, los autores no parecían conscientes de la realidad al afirmar «Estamos en mejores condiciones que ningún país de Europa para organizarnos» y al querer presentar «la solución del gran problema de la economía argentina dentro de la totalidad mundial y de la primera unidad económica sudamericana, camino que los demás pueblos tendrán que imitar» (53) . En cambio, dedicaban un capítulo a «La guerra, la contrarrevolución y las tendencias antisociales» en que hacían esta evocación:

El capitalismo internacional no perdonará el pago de las deudas ni la confiscación de las propiedades. Lo ha demostrado en Venezuela, en Nicaragua, en México. en China. etc. El nuevo régimen tendrá que abordar inmediata-mente este problema y lo resolverá negándose a pagar las deudas e indemnizaciones por las propiedades socializadas o entrando en negociaciones para el pago en cuotas de acuerdo a la capacidad productiva del país.

De no ser así corren serios peligros. Buenos Aires puede ser bombardeada por las grandes escuadras inglesas y norteamericanas. Bahía Blanca, La Plata y demás pueblos de la costa pueden quedar sin defensa. Escuadrillas de aviones, desde los buques porta-aviones. harán matanzas terribles con sus gases asfixiantes, lo mismo que en China. [...]

Producida una transformación social en la Argentina, los imperialismos no tardarían en despertar en alguna nación vecina, cuestiones de límites o en crear ambiciones de grupos económicos nacionales. El Brasil podría interesarse por Misiones y Comentes: Chile por la Patagonia; Bolivia por los petróleos de Salta,etcétera (54) .

Para la defensa, se evocaba la aviación con un centenar de bases en todo el país «con grandes núcleos de aviadores» y, un armamento moderno «químico sobre todo» (55) . El último párrafo del libro rezaba:

Por esa revolución, único polo de oposición a las nuevas tiranías y a los nuevos despotismos que despuntan en el horizonte político del mundo bajo las alas del fascimo, es preciso que los trabajadores, los técnicos, los estudiantes, los maestros, los intelectuales de toda América, estrechen sus lazos de solidaridad y de buen acuerdo antes que sea demasiado tarde.

Esa revolución o el fascismo. No hay término medio y es preciso elegir, pues ha llegado la hora de las grandes decisiones (56) .

Es asombrosa la validez de muchas partes de esta descripción, aún hoy. No menos asombrosa es la actitud de Santillán que arribaba a Barcelona en enero de 1934, decidido a incorporarse a la lucha en España (57) . Si no hay otra explicación de parte de Santillán que la confianza en la lucha revolucionaria en España, tras haber afirmado que América Latina tiene más posibilidad que «ningún país de Europa», no obstante me parece que esta incoherencia se puede interpretar en relación con una nueva visión del pueblo, nacida de la incapacidad de la FORA frente al golpe militar, como se puede ver en la parte sobre la violencia :

Es increíble, sin embargo, la ignorancia y la cobardía de las grandes masas (58) . Concebimos la sociedad del futuro, en cuanto a la diferencia del progreso de los individuos y de los grupos. mucho más despareja que hoy. Existirán grupos de vanguardia y grupos de reacción y una gran masa que se adaptará más o menos a las nuevas condiciones (59) .

Con esta visión de las masas seguidoras, el anarcosindicalismo es el esquema más adaptado, dentro del anarquismo (60) , pero queda por ver en qué el plan elaborado con Lazarte se compagina con el que Santillán presenta en las páginas de la revista Tiempos Nuevos - y que se publicó en 1936 con el título de El organismo económico de la revolución -, y en qué corresponde el anarcos indicalismo expuesto por autores clásicos de la época como Besnard y Leval.

Para clarificar, voy a tomar dos planos cotejados a través de la obra principal de Besnard (61) , Reconstrucción social y Organismo, o sea, la visión de la economía y la organización del Poder, y las dificultades eventuales de aplicación.

La economía y su nueva orientación no preocupan a Besnard. En cambio para Santillán-Lazarte se trata de «llevar la ciudad al campo» y se cita el ideal de Kropotkin de «la aldea agrícola-industrial» (62) . En el Organismo, se rechazan «el localismo económico», el «capricho en la producción», las «Arcadias felices» (63) .

Si el Consejo Económico es el órgano rector en los tres libros, se observan vacilaciones para determinar el número de sectores en que se dividirá la economía: Besnard se abstiene, Santillán-Lazarte proponen 15 y el Organismo 17 (por la adición de Pesca y Producción agraria y con la desaparición de Piedra y Vidrio y Transportes urbanos). En el plano local, en Besnard la organización económica corresponde a los consejos y la política a las comunas; en Lazarte-Santillán, la comuna está formada por los delegados de sindicatos, y la «vida política de las po-blaciones se desarrollará en libertad plena» (64) . En el Organismo, la comuna no aparece, excepto con las comillas de «comunas libres» noción peyorativa asociada a las Arcadias.

En el ámbito de la aplicación del esquema económico, Besnard elabora cuidadosamente la actitud a seguir de cara a los campesinos y los ingenieros y técnicos, pero soslaya problemas como las relaciones con las otras tendencias - si bien se puede colegir que quedan elimi-nadas por la fuerza (65) -, la guerra y problemas intemos. Santillán-Lazarte evocan el problema de fuerzas enemigas dentro del esquema global, pero dado que «ningún movimiento contrarrevolucionario es posible sin una previa propa-ganda escrita y oral» y ya que «en la nueva economía no se podría hacer más que montando papeleras propias, imprentas. medios de comunicación y de transporte, lo cual no es posible» la eventualidad desaparece por sí sola (66) . Ya hemos presentado cómo veían la guerra contra la revolución y para otros problemas, la bondad de la nueva sociedad y «los adelantos técnicos» iban a solucionar cuántos obstáculos (67) .

El Organismo descarta la visión de la guerra (yo creo que por ser demasiado desalentadora en su verosimilitud), pero en cambio presenta una estrategia unitaria con las otras tendencias revolucionarias basada en la tolerancia porque ha-brá regiones donde se esté en mayoría o en minoría. Se aprecia la extensión de la revolución a Portugal y se nota un silencio sobre Marruecos, sólo aludido para el cultivo del algodón y las minerías. ¿Visión colonialista opuesta a la comprensión de los años veinte en Argentina? De hecho, sí y no, en efecto el capítulo «Restablecimiento de la unidad ibérica» se publicó como artículo-editorial de Tiempos Nuevos (68) y seguía con el equivalente de una página dedicada a Marruecos:

Deseamos una vasta cooperación económica y social con toda la Arabia, pero no en la relación de metrópoli a colonia, sino en tanto que miembros iguales y libres de una libre confederación. [...] Aunque la España de la reacción lo niegue, una parte considerable de nuestra población está más cerca de Àfrica por su situación y por su sangre que de Europa, y los siglos de la brillante cultura árabe en la Península no han pasado en vano. [...] Para llegar un día a estrechar vínculos de verdadera solidaridad, de apoyo mutuo y de fraternidad entre la Península ibérica y el norte de África, se impone la independencia de Arabia. [...] La CNT y la FAI han hecho ya buena obra de acercamiento con la población laboriosa de Marruecos. [...] las relaciones [entre trabajadores españoles y marroquíes] no avanzan todo lo que sería deseable por la vía de la fraternidad.

No deja de ser sintomático que los otros artículos que forman los capítulos de presentación y de conclusión del Organismo aparezcan íntegros, excepto éste. Y si volvemos a encontrar a la par el discernimiento de Santillán-Lazarte sobre el bloqueo consecutivo a la revolución y la falta de ciertas materias primas y el cese de la emigración como «válvula de escape» (69) , también se nota el mismo optimismo para la ciencia (70) , ¡como si la fuga de los cerebros no existiera en aquellos años! Es probable que Santillán haya tenido conciencia de esta exageración por la información excepcional de que disponía a través de sus lecturas de economistas españoles (Bernácer, citado en el Organismo (71) ) y extranjeros (72) .

Santillán emplea la visión anarquista tradicional - Kropotkin - y ya experimentada - Majno - de respeto a los enemigos del proceso revolucionario, e incluidos dentro, del valor del ejemplo para convencer a los habitantes o a los trabajadores de una comarca o una fábrica de la justeza de una transformad economicosocial, de libre decisión en cada colectivo (73) . Y simultáneamente, se condenan cierta visión tachada de «localista», de «capricho», y la «improvisación» económica que «puede resultar ruinosa»; y se trasluce el amago de «opresión, sofocación»,

Y los que conocen la vida gremial, los organismos de los trabajadores, saben cuántos medios de coacción puede tener un sindicato, sin necesidad de recurrir al aparato policial, judicial o militar. No queremos decir que. con el nuevo organismo económico que propiciamos, no será posible la coacción. el autoritarismo: es posible esa desviación si las necesidades lo exigen pero [...] (74)

Quizá aquí esté la justificación de la colaboración ministerial de la CNT y de Santillán, y de su intervención para detener la lucha de mayo en 1937 en Barcelona aunque lo lamentara luego. El caso es que Santillán ya no seguía una línea anarquista como en 1932 en su folleto «La bancarrota del sistema económico y político del capitalismo», en que se escribía que «todo el esfuerzo humano» tiende «a adaptar la máquina al hombre» (75) , sino la vía del «progreso» desde un enfoque corriente y moliente:

La industria moderna es un mecanismo que tiene su ritmo propio. El ritmo humano no es el que marca el de la máquina, sino que es el de la máquina el que determina el humano. Se suprime con la revolución la propie-dad privada de la fábrica: pero si la fábrica ha de existir y, según nosotros, perfeccionarse, hay que reconocer las condiciones de su funcionamiento. [...] Pero la fábrica sigue su labor con su propio ritmo. [...] La característica de la vida económica moderna es la cohesión por sobre todas las fronteras (76) .

Por supuesto, el dictamen del congreso de la CNT de mayo de 1936 sobre el comunismo libertario produjo una crítica de Santillán:

¿En qué quedamos? ¿Han de ser las organizaciones de los productores o han de ser las comunas quienes administrarán la riqueza social? Caben las dos posibilidades, pero el dictamen no nos dice nada concreto. [...] Esta tesis de la conveniencia de la autarquía económica de las comunas es indicio de desconocimiento lastimoso de las exigencias que corresponden al grado de cultura y de civilización a que hemos llegado.(77)

Es preciso señalar que Santillán así enjuiciaba su obra:

El organismo económico de la revolución se relaciona con la propaganda que yo había hecho en nuestras revistas y periódicos desde hacía algunos años ya. Quería enseñar una vía práctica de realización inmediata. El mecanismo de las interconexiones sindicales permitía, según yo, sustituir ventajosamente al propietario capitalista de la industria y de la tierra, y quería contribuir a superar el infantilismo del comunismo libertario basado sobre las supuestas comunas libres e independientes, propagadas por Kropotkin y otros y presentados como más perfectas que las pers-pectivas derivadas del colectivismo de Bakunin o del mutualismo de Proudhon. [...] Estaba preocupado, además, por la tendencia general a considerar que la propiedad de los instrumentos de trabajo y de la tierra corres-pondiera a los obreros y campesinos: y adver-tía contra esa tendencia, es decir contra la nueva clase en perspectiva, la de los administradores y dirigentes de dichas empresas. La tierra. las fábricas. los medios de transporte pertenecen a la comunidad y tienen que cumplir funciones sociales. [...] [sobre el comunismo libertario presentado por el Congreso de Zaragoza o Isaac Puente. Contra esas vi-siones simplistas, había defendido en aquel entonces en la revista Tiempos Nuevos las ideas de El organismo económico de la revolución. Y como ocurrió poco después la nece-sidad de llevar a cabo nuestras previsiones y anticipaciones se hizo en general como yo lo había previsto, porque teníamos como base un instrumento de acción y de realización, tal como el sindicato, la federación de industria, etc. (78)

Esta carta permite aclarar la frase que aparece en la misma página que el rechazo de las Arcadias:
Y nosotros, que propiciamos la supresión de la propiedad privada de la tierra, de las fábricas y de los instrumentos de trabajo, no queremos que, en lugar del antiguo propietario individual, aparezca ahora un propietario de varias cabezas, ni en el orden comunal ni en el orden nacional. (79)

Dejando aparte el que el esquema de Santillán tenía dos lecturas posibles, una superficial de tipo anarquista tradicional, otra global de tipo anarquista dictatorial (80) , conviene plantear la influencia del Organismo durante la guerra civil. Ya contesté que dicha influencia fue limitada a través de una cita de un colaborador de Santillán (81) . De hecho, todo el proceso autogestionario de la base fue un mentís al Organismo porque desarrolló con creces las comunas o colectivos. En cambio, todas las actitudes de los órganos superiores de la CNT-FAI respondían al criterio de Santillán y (Horacio Prieto):

Pensad que no todo es Aragón. Aquí, afortunadamente, sois una indiscutible mayoría. pero existen las provincias de Cuenca, Murcia, Albacete y algunas otras, donde la organización confederal escasamente tiene representante: por ello es necesario que en aquellos lugares donde nosotros somos la fuerza, además de la razón. debamos transigir en parte con nuestras aspiraciones. (82)

Si así fue la influencia del Organismo, también es preciso reconocer que el primer presentador de la obra constructiva revolucionaria en la España de la guerra civil fue Santillán, en 1939, en Por qué perdimos la guerra. Con una sinceridad poco frecuente en él, admite errores y sobre todo no trata de encauzar la realidad en beneficio propio:

Todas las regiones, todas las localidades importantes, todos los oficios han tenido su Fermín Salvochea, héroe y mártir de una re-surrección del genio de la raza. [...] Lo más inesperado en materia de construcción económica fueron las colectividades agrarias. Se formaron espontáneamente en toda la España republicana, en Cataluña como en Aragón, en Levante como en Andalucía o en Castilla. Nadie, ningún partido, ninguna organización dio la consigna de proceder en ese sentido: pero el campesinado avanzó resueltamente por esa vía con una seguridad que ha llenado de asombro y de admiración incluso a los que esperábamos mucho del espíritu popular español. (83)

En 1948, lamenta no haber podido estudiar este hecho «ejemplo y experiencia para el mundo en crisis», vuelve a insistir sobre el colectivismo como factor español, reconoce que había una variedad de formas económicas, incluso «colectividades de trabajo pura y simplemente. sin color o afiliación sindical», luego cae en el autoelogio por el Organismo bastante distinto a la carta a Daniel Guerin, ya citada:

Nosotros queríamos construir con los materiales disponibles y en el ambiente en que nos encontrábamos; queríamos mostrar lo que podía lograr nuestra generación, sin poner vallas a ulteriores desarrollos, ni fijar fronteras al porvenir. [...] Si para un autor es un motivo de satisfacción ver una de sus obras transformada en realidad de todo un pueblo, nosotros podríamos estar orgullosos, pues jamás hubo entre un libro y una realización social en vasta escala tal grado de com-penetración. (84)

III. En pos del socialismo libertario

Esta última etapa se caracteriza por la confesión de los propios errores en nombre de un análisis acertado de la realidad. Así calificaba Santillán su enfoque en La Protesta :

Éramos combatientes de trinchera y nuestro horizonte era el que se descubría desde allá. Y desde la trinchera no hacíamos distingos entre los que ocupaban un puesto frente a nosotros, y los que podían marchar más o menos con nosotros. Se nos había metido entre ceja y ceja que un movimiento anarquista, que no estuviese fundido y confundido con el movimiento obrero tenía que ser estéril, condenable e impotente. Y pretendíamos que todos aquellos a quienes queríamos entrañablemente pensasen y actuasen lo mismo que nosotros; los Fabbri, los Malatesta, los Nettlau, los Rocker y tantos otros han tenido con nosotros una paciencia digna de Job. Naturalmente, no todos mantuvieron la actitud tolerante de esos amigos: algunos reaccionaron y nos trataron con la misma furia con que obrabamos nosotros, y la prensa libertaria, y obrera de aquella época, en la Argentina. en España, a veces en Francia, conserva huellas de aquellas batallas
(85)
.
También se debe notar que en este período Santillán obra prácticamente en solitario, al margen de las organizaciones libertarias y obreras argentinas (86) .

Una breve reivindicación de la epopeya libertaria española de 1936-1939 inicia este período. Tras subrayar la desfiguración que suponía el decreto de colectivización en Cataluña que «felizmente resultó en la práctica un decreto en el papel como tantos otros» (87) , Santillán afirmaba:

Invitamos a todos los partidos, organizaciones, sectores de opinión a estudiar sin reservas ni preconceptos la magnífica creación popular de 1936-1939. merece respeto y acatamiento. Hay que tener el valor de ser hombres del siglo XX y confesar que, después de todo lo que ha visto el mundo, después de dos guerras mundiales y en los albores de la tercera, la única salvación está en el socialismo. (88)

Pero difícilmente era sostenible tal reivindicación dentro de una visión to-talmente pacifista (89) y terminó por ser casi borrada, (90) así como la militancia obrerista:

Su actuación pasada pertenece al dominio de la historia [...] muchas de sus concepciones del período en que actuaban destacadamente en el movimiento obrero, han perdido vigencia. [...] (91) Pero de aquel proletariado al que hemos ayudado y sostenido en sus reivindicaciones y en sus luchas es poco lo que queda: prácticamente hay más proletariado, en el sentido histórico. en la clase media, que en los trabajadores de oficios. [...] Fue esa, en líneas generales. una etapa que pasó, que ya es historia. (92)

«¿Qué hacer? ¿Qué actitud asumir?» se puede uno preguntar haciendo un pastiche del estilo de Santillán (93) . En Estrategia y táctica. Ayer, hoy, mañana, Santillán ofrece una antología de sus artículos y su pensamiento está claro y se argumenta en tres bases.

Primero:
[...] el capitalismo no es ya una mole granítica uniforrme, es un conjunto de actitudes y de categorías que no siempre se muestra solidario ni siquiera frente a los adversarios comunes; hay un capitalismo que podríamos calificar de comprensivo y progresista, que entrevé la evolución obligada de la economía actual; [...] (94) Pero en el terreno industrial, el monopolismo capitalista se halla resquebrajado y con un poco de espíritu de empresa, y con más disposición y educación para la cooperación y el entendimiento. sectores crecientes de la vida industrial y del consumo en los centros urbanos, pueden ser separados de la ley tradicional del sistema capitalista.[...](95) También el capitalismo puede transformarse, socializarse en cierto sentido, cumplir una función más social, aglutinar más voluntades. No existe ninguna oposición a una gestión directa y a una cogestión de la vida económica entera del país; lo único que falta es capacidad de empresa, iniciativa, audacia, pericia para competir. Nada se opone a que los obreros industriales y los campesinos formen grandes cooperativas de producción y de distribución en todos los niveles.
(96)

Segundo:
La gran revolución de hoy es la reforma; la barricada ha cumplido su misión, si es que tuvo una misión, y en las condiciones actual es mucho más un camino para la antirrevolución que para el logro de un progreso efectivo y de una auténtica liberación; la propagan y recurren a ella precisamente los que no aspiran a la libertad ni a la democracia, sino a la instauración de nuevos despotismos. (97)

Tercero:
En resumen, opinamos que importa hoy mucho más la lucha contra el totalitarismo estatal que contra el sistema capitalista que ya muestra fisuras suficientes para que el espíritu de iniciativa y el afán creador puedan practicar formas de vida económica no capitalista. Lo que sigue siendo absoluto, más absoluto que nunca, es el Estado, y sin conquistar un derecho a la secesión, a una vida al margen de su intervención opresiva, de su fiscalización burocrática y de sus exacciones, hablar de liberación humana es una de tantas maneras de soñar y de engañarnos. (98)

La justificación de Santillán está en el desarrollo de los estudios y del saber, la «masa enorme de trabajadores de laboratorios y centros de investigación cuyos descubrimientos, con sus consecuencias económicas y sociales, se van aplicando en beneficio de todos y en todas partes (99). Por lo tanto, el reformismo y la integración en el capitalismo constituyen una acción revolucionaria:

No es la destrucción del aparato creado por el capitalismo en su afán de lucro los que hay que pretender, sino la aplicación y actualización y mejoramiento de su dinámica con sentido social de beneficio para todos, pues reclama y no puede prescindir ya de la presencia y el aporte de la comunidad entera. Lo que fue el sindicalismo de resistencia y de lucha tiene que integrarse con los nuevos y esenciales factores del trabajo y tiene que ajustarse a otra metodología: la de la participación en el estudio y la decisión sobre los destinos de la sociedad, de la humanidad. (100)

Es preciso añadir que Santillán no borra las dificultades y contradicciones del régimen actual, pero las atribuye al Estado:

Dos terceras partes de la humanidad sufren en diversas escalas privaciones importantes en alimentación, en instrucción, en vivienda, en sanidad. y ese resultado testifica una orientación errónea, defectuosa, insegura. No es un aspecto alentador, sino depresivo. Y no en vano se insiste en que si los gastos improductivos de los Estados modernos se aplicasen a la creación de ambientes sanos en lugar de dedicarlos a la exacerbación de las tensiones intemas e internacionales, el panorama podría ser radicalmente distinto. No cabe duda de que los males que ayer achacábamos a la estructura económica capitalista, de aprovechamiento privado, monopolista de la se han acrecentado hasta límites muy peligrosos por los gastos improductivos y nocivos de las nuevas formas del estatismo. Por ese camino no se puede llegar más que a la peor de las catástrofes. (101)

* * *

Esa evolución de Santillán, muy general en nuestra época y más acelerada en los noventa, no plantearía problemas si se hubiera distanciado del anarquismo, pero no fue así. En aquella época, en Argentina, cuando escribía Santillán, hubo una reacción de un anarquista ahora desaparecido, Jorge N. Solomonoff, contra los anarquistas de derecha, o como él escribía de forma polémica El liberalismo de avanzada. Es indudable que refiriéndose a autores predilectos de Santillán, como Nettlau y Rocker, Solomonoff apuntaba al mismo Santillán (102) y veamos sus críticas:


La imprecisión en cuanto a los caracteres específicos, estructurales de una sociedad libertaria y, en concordancia con ello, la misma vaguedad, cuando no total omisión, respecto de los medios operativos adecuados para tales fines, constituyen, precisamente, uno de los factores definitorios del campo ideológico que nos ocupa. Pero donde la coincidencia es básica y total es en entender que la institución Estado es el obstáculo principal, sino el único, que se opone a la realización de la vida libre y el que es necesario remover. [...] Otro rasgo común a nuestros autores reside en la condena moral de los sistemas vigentes de producción y cambio, al menos en sus formas monopolistas, en tanto que factores de explotación, de desigualdad y de trabas, a veces insuperables, para el desarrollo del individuo. [...] En este mismo sentido, y dentro de las condiciones históricas que hemos señalado anteriormente [principios de este siglo], dichos autores participan en un rechazo generalizado de todo lo que tenga relación con el marxismo. Es decir, este rechazo no se refiere únicamente a las concreciones políticas marxistas, socialdemocracia, bolchevismo, etc., sino también a sus propuestas metodológicas, el materialismo histórico, la lucha de clases.
(103)

El Estado aparece reificado, como una cosa artificialmente enquistada dentro del cuerpo social. La inadecuada percepción de las bases estructurales del poder y los determinantes de la concentración y distribución relativas de ese poder entre los distintos grupos y clases sociales, lleva a identificar al Estado con el poder mismo o, lo que es equiva-lente en la práctica, a atribuir a esa forma particular de un sistema de dominación la posesión efectiva de la suma del poder social, sin tener en cuenta las fuerzas reales en presencia. [...] Claro está que esto es perfectamente coherente con el liberalismo en tanto que ideología de la burguesía en su etapa ascendente y concuerda con sus intereses objetivos. Pero resulta abiertamente contradictorio para un pensamiento político cuyos portadores manifiestan su adhesión al anarquismo. Es necesario recordar [...] que desde los inicios del anarquismo como tendencia política definida, sus principales expositores han formulado definiciones del Estado sobre bases netamente sociológicas. [...] Bakunin explicita las bases sociales de esa alienación [sobre el Estado exterior a la sociedad]: En razón de que toda abstracción sólo puede existir mientras está respaldada por los intereses concretos de un ser real, la abstracción Estado representa en realidad los intereses concretos de las clases gobernantes y poseedoras de la propiedad, a las clases explotadoras y pretendidamente esclarecidas, y asimismo representa la inmolación sistemática, en beneficio de esas clases, de los intereses y de la libertad de las masas esclavizadas.
(104)

Para seguir con Bakunin y Solomonoff, se puede subrayar la ausencia de intereses de Santillán por el cómo y a qué nivel se toman las decisiones cuando afirma que la autogestión es posible en el capitalismo actual. Es también notable su falta de sensibilidad por el Tercer Mundo y América Latina, en oposición a los años veinte y treinta.

* * *

Santillán vivió una época socioeconómica intensa con dinamismo, confiando en estrategias antagónicas para impulsar el movimiento revolucionario hacia la victoria.
En y desde Argentina, animó un movimiento obrero anarquista importante. Luego se adentró en el movimiento anar-cosindicalista español y durante la guerra civil fue primero uno de los líderes de la colaboración ministerial en el ámbito económico catalán. Después, siguió activo, con enfoques anarquistas ortodoxos.

Tras la segunda guerra mundial, se adaptó a lo que él consideró la orientación certera del capitalismo, o sea, la participación pacífica de los sindicatos y de las fuerzas progresistas de la burguesía en los órganos socioeconómicos, para dar pie a la realización de colectivos autónomos. Esa posición de corte masónico no era única. (105)

No me corresponde determinar la validez de esas posturas con arreglo a las épocas (o si eran intercambiables). Me consta que ninguna fue mayoritaria en el conjunto del movimiento libertario español, si bien encontraron eco y simpatía en sectores minoritarios selectos. (106)

Santillán durante la guerra civil española

Enjuiciar debidamente la influencia de Santillán en ese período resulta delicado: es una fuente tradicional y obligatoria de los historiadores, que se nutren de sus textos de reflexiones de 1938 y 1939. Por ser el primer anarcosindicalista que meditó sobre la contienda corre el riesgo de ser sobreestimado. Por otra parte, no pocos cenetistas le criticaron abiertamente (107) . Me limitaré a destacar la obra global que llevó a cabo Santillán.

* * *

Para el período inmediatamente antes de la guerra, ya notamos la influencia de Santillán a través del Organismo, pero su crítica al dictamen del comunismo libertario adoptado en Zaragoza carecía de objetividad (108). Antonio Elorza demostró la influencia de las ideas de Santillán y López Arango sobre la creación de la FAI (109). Es notable la incorporación rápida de Santillán en el movimiento español, su asentamiento en un grupo de la FAI en Barcelona y su actividad periodística (110). Lo que habría que matizar es su papel en la ausencia de consignas antielectoralistas para febrero de 1936 y el acercamiento entre la CNT y la oposición en el Congreso de Zaragoza. Me parece que era un movimiento que se deseaba para hacer frente a evidentes enfrentamientos: Santillán supo expresarlo mejor y antes que los demás (111) . Por lo demás en la Memoria del pleno peninsular de la FAI de febrero de 1936 no destaca la figura ni la influencia de Santillán (112) .

El punto más interesante es la intentona de contacto entre José Antonio Primo de Rivera y Santillán (113) y también Pestaña (114) , por enmarcarse en una serie de contactos reales o imaginados entre la Falange y los cenetistas o los comunistas (115) . Santillán y Pestaña fueron lógicos en su negativa, José Antonio no lo era en su propuesta.

1. El triunfo de la transigencia

El capítulo de Santillán sobre «las jornadas del 19 de julio en Barcelona» en Por qué perdimos la guerra, escrito en 1939. refleja perfectamente la realidad histórica: la incapacidad y el recelo de los dirigentes catalanistas, la intervención decisiva de la Guardia Civil bajo el mando de Escobar, la lucha incesante de los militantes anarcosindicalistas, y la victoria final de todos bajo la bandera rojinegra.

En aquel entonces se le planteó otra vez al movimiento libertario el qué hacer con la victoria; en Asturias en 1934, en los breves momentos de superioridad en las intentonas para lanzar el comunismo libertario en enero y diciembre de 1933, los sindicalistas de la UGT y de la CNT no habían vacilado para llevar a cabo sus ideas revolucionarias y habían recibido las enhorabuenas de la izquierda en general (116) .

La respuesta está dada por un texto de septiembre de 1937 firmado entre otros por Santillán y Federica Montseny (117) . Lo vamos a citar y analizar siguiendo las grandes etapas del período crucial 1936-1937.

[...] éramos efectivamente los dueños de la situación. Pero, inmediatamente, nos formulamos las siguientes preguntas: el fascismo no está abatido aún en toda España. Fuera de Cataluña no somos fuerza predominante. sino que debemos compartir las responsabilidades y los derechos con las fuerzas antifascistas. ¿Hasta dónde puede semos conveniente lanzarnos a un ensayo de comunismo libertario en Cataluña sin haber terminado aún la guerra y con los peligros de intervención ex-tranjera que todo ello supone? Este dilema se planteó inmediatamente a la militancia anarquista y a los representantes de los sindicatos el 23 de julio en un pleno de conjunto de las dos organizaciones. En él se acordó la vuelta al trabajo, para restablecer la normalidad en Barcelona y se decidió mantener el bloque antifascista, dándose la consigna a toda la región: no hay que proclamar el comunismo libertario. Procurar mantener la hegemonía en los comités de milicias antifascistas y aplazar toda realización totalitaria de nuestras ideas.

[...] Eso no quiere decir. sin embargo, que los trabajadores no ocupasen los puestos de trabajo, las industrias. los talleres. los campos dejados por los burgueses y los terratenientes complicados en la sublevación fascista y que huían o eran muertos por el pueblo. Las colectividades industriales y agrarias son una realidad ante la que deben rendirse todos.

Federica Montseny había redactado la mayor parte del dictamen sobre el comunismo libertario en mayo de 1936 durante el Congreso de la CNT en Zaragoza ; Santillán había publicado en marzo de 1936 el Organismo que recogía artículos de 1934-1935 que defendían la revolución anarquista como remedio al capitalismo símbolo de la explotación. Ambos se contradecían radicalmente algunos meses después de sus afirmaciones, y con ellos la plana mayor de la FAI y de la CNT. Frente a ellos y pese a sus órdenes, los trabajadores en varios lugares de Cataluña y de la España republicana habían aplicado las ideas revolucionarias. Se vivía una ruptura de hecho entre las bases de la CNT y de la FAI y las respectivas cúpulas. Para justificarse, los autores del texto aducían el gran número de plenos y circulares, pero callaban que las tareas militares y milicianas y económicas revolucionarias impedían una consulta normal, si bien se multiplicaban las censuras y críticas (118).

El poder en Cataluña residía en el Comité de Milicias dominado por la FAI y la CNT, pero sólo controlaba Cataluña y la guerra se hacía en toda España. En 1939, Santillán describía la tentativa de asalto al Banco de España en Madrid (sin duda hacia septiembre de 1936). Sin aludir a este punto, el documento que cito concluye (119) :


El Comité de Milicias Antifascistas empezó a perder su fuerza y su preponderancia en el momento en que Durruti y sus hombres se estrellaron contra las murallas de Quinto, a vista de Zaragoza, con material insuficiente y carentes de recursos bélicos para tomar la gran ciudad confederal, cautiva de los facciosos.

Y se describe la presión militar, la necesidad de un ejército para evitar ser diezmados como en Rusia, en Ucrania, para presentar la lógica de la solución que se eligió : la participación gubernamental. Me choca la pobreza de la argumentación de parte de militantes cultos (además Santillán tradujo la historia del movimiento de Majno). La táctica de guerrillas era relativamente conocida y posible en varias partes de España. Majno y sus compañeros dominaban el mando militar en Ucrania, dejando la libertad de prensa y de reunión a los grupos políticos (incluso los bolcheviques) y la iniciativa económica a los trabajadores, en un territorio que llegó a ser sensiblemente igual o superior a la España republicana. Santillán, como traductor de Archinov, historiador de la majnovíchina, no lo podía desconocer. De hecho, la carencia consistió en no tratar de dominar el mando militar en la España republicana, y encerrarse en Cataluña y Aragón sin contar con los medios necesarios para ir más allá.

Para los hechos de mayo, el documento de la FAI se limitaba a reproducir un informe de la CNT que denunciaba un complot y recalcaba los esfuerzos para calmar los ánimos. Luego se trataba Aragón:


La última provocación fue la ocupación de Aragón por tropas comunistas y la disolución del Consejo Regional de Defensa. Nosotros hubiéramos podido aplastar fácilmente a Líster y sus hombres si, en un momento dado, nuestras divisiones hubiesen abandonado el frente y hubiesen caído sobre los que deshacían las colectividades y perseguían a los camaradas de la retaguardia. Nosotros les dijimos: quietos. Cuando intervengáis habrá de ser en última instancia y de manera definitiva.

La alusión final no quedaba aclarada, porque el sentido de la conclusión del texto era:


Para ganar la guerra, hemos de luchar todos unidos contra el fascismo. [...] Para conseguir esto, sólo hay un medio: un Gobierno -garantía internacional de existencia dentro del derecho, de la legitimidad constitucional frente a la facción sublevada contra la República- en el que todos colaboremos, en el que todos nos sintamos representados, y que interprete todas las ansias revolucionarias del pueblo encauzando la revolución y dando la seguridad a los hombres que caen en los fren-tes de que no mueren inútilmente, de que una nueva España, federal, socialista y libertaria, se va gestando, por etapas y con las transacciones que supone todo pacto entre iguales, que opinan de diferente forma [...] Tenemos la conciencia tranquila y nos sentimos satisfechos de nuestra actuación.

Para Santillán, dicha actuación había consistido en estar en la delegación que discutió con Companys el 20 de julio, en ser un eje del Comité de Milicias en la organización de la infraestructura militar como representante de la FAI. A partir del 11 de agosto era delegado de la FAI en el Consejo de Economía, función que parece haber ocupado hasta el 17 de diciembre en que pasa a ser Consejero (ministro) de Economía de la Generalidad, esta vez por la CNT. Cumplirá este cometido hasta el 4 de abril de 1937. Y du-rante los hechos de mayo participó en las negociaciones, como representante del comité regional de la CNT, el 4 de mayo. En Porqué perdimos la guerra Santillán evoca realizaciones técnicas en el ámbito del material bélico, sin especificar si el éxito venía de la industria autogestionada o las medidas del gobierno catalán.

II. El vocero del anarquismo

El mismo mes de septiembre de 1937 en que firmaba con sus compañeros de la FAI un documento optimista y de justifi-cación de lo ocurrido, Santillán redactaba La revolución y la guerra en España, primer esbozo de su obra de 1939, y emitía una opinión radicalmente diferente (120) .

Vamos a tomar dos ejemplos del cambio de criterio: los hechos de mayo y la colaboración gubernamental. En el primer caso, Santillán destacaba los preparativos de un complot contra el movimiento libertario, definiendo así la reacción a la maniobra catalanista y comunista:

El movimiento no había sido declarado por acuerdo orgánico de la CNT y de la FAI; era una explosión espontánea de los que no pudieron dominar más tiempo sus nervios ante la provocación continua. [...] Al terminar la segunda jornada sangrienta [...], quisimos saber en concreto cuáles eran las aspiraciones de los grupos que habían salido a la calle (121) .

El desfase de Santillán de cara a los combatientes se entiende por la obra de 1939 en que la evocación se hace desde el punto de vista individual:

Nosotros, disgustados por diversas causas, estábamos un poco al margen; no interveníamos en las asambleas, ni teníamos contacto oficial con nadie, ni siquiera con las propias organizaciones, algunas de cuyas actitudes no compartíamos. Repentinamente nos encontramos al proletariado de Barcelona levantando barricadas, montando guardias, empuñando las armas y concentrando elementos bélicos (122) .

Dejemos para luego las causas de ese apartamiento. Se reúnen Santillán, M.R. Vázquez, García Oliver - después Federica Montseny - con el ministro de Justicia y la Generalidad y deciden «paralizar el fuego». Y Santillán se lanza a las siguientes consideraciones :

Al comienzo creímos obrar de la única forma aconsejable; hoy, después de cuatro meses de experiencias amargas, tal vez no sea-mos de la misma opinión. Supongamos la hi-pótesis de nuestra inhibición completa o de nuestra no intervención para suspender la matanza. La dominación completa de Barcelona habría sido un hecho relativamente fácil [y seguía Santillán evocando una guerra civil dentro del bando republicano]. Mientras se desarrollasen esos sucesos en nuestra retaguardia, el enemigo habría, indudablemente, aprovechado la ocasión para fortalecerse; pero dudamos en estos momentos de que la pérdida de la causa antifascista haya sido ma-yor con la guerra civil en la retaguardia que con el acatamiento de la disciplina y de las órdenes de un Gobierno que nos hizo perder todo el norte de España y que está ya al borde de la derrota o de la entrega
(123) .

Y terminaba el capítulo con reflexiones sobre el papel de Companys y sobre todo esta afirmación:

Las armas que se conquistaron el 19 de julio son hoy la única garantía que nos queda para defender la revolución en peligro y para resistir en la guerra aún después de la entrega y de la tradición que se preparan (124).

La visión de 1939 evocaba el criterio del error en haber cedido que no compartían García Oliver y M.R. Vázquez, y la idea de que:

Y los que habíamos expuesto la vida por suspender el fuego estábamos tentados a exponerla otra vez para reanudarlo, pero para reanudarlo y llegar al fin (125) .

Es hora de evocar los sentimientos que apartaban a Santillán de la obra revolucionaria en mayo de 1937. Me parece que tras la euforia de las primeras semanas tras el 19 de julio, los retrocesos continuos y los embates que se avecinaban debieron de desalentarle hondamente:

Nos mostramos dispuestos a disolver el Comité de Milicias, es decir a abandonar una posición revolucionaria que nunca había tenido el pueblo español hasta entonces. Todo para conseguir armamento y ayuda financiera para continuar con éxito nuestra guerra. Sabíamos que no era posible triunfar en la revolución si no se triunfaba antes en la guerra, y por la guerra lo sacrificábamos todo. Sacrificábamos la revolución misma, sin advertir que ese sacrificio implicaba también el sacrificio de los objetivos de la guerra (126) .

Así interpreto la confesión de Santillán: el reconocimiento indirecto de que a fines de abril - principios de mayo de 1937, él veía que el movimiento libertario se estaba suicidando y que no existía salida. Mayo fue sin duda el elemento que volvió a dar esperanzas a Santillán, que se encontró esta vez atrapado entre la imposibilidad de desvelar del todo sus ideas, sin atizar sea la crítica artera de los enemigos tanto republicanos como facciosos, sea la desesperación entre los militantes libertarios. Y me parece que Santillán fue improvisando para dar a entender qué salida veía para salvaguardar la orientación de reconstrucción social revolucionaria, lo principal para él.

A la pregunta de «¿Conviene participar en el Gobierno?», Santillán daba respuestas antagónicas:

Nuestra entrada en el gobierno fue una respuesta al doctrinarismo anquilosado que se empeña en mirar la vida a través de los lentes ahumados de las fórmulas hechas y de las ru-tinas consagradas. [...] Lo que no se podrá negar es que el aparato de Estado será siempre expresión de privilegios de clase incompatible, absolutamente incompatible, con los in-tereses de una revolución social. [...] No hablamos en nombre de ningún doctrinarismo sectario: pero el fondo escéptico con que se ha visto la primera intervención nuestra en el gobierno, no es ya escepticismo, se está volviendo certidumbre. ¡Es un mal camino! [...] Por primera vez en la historia del movimiento libertario hemos colaborado con el Estado; pero la realidad que nos circunda aconseja no volver a hacerlo dentro del Estado mismo, sino desde fuera y en las condiciones que podemos establecer sobre el mutuo respeto y la mutua tregua (127) .

Para él, lo principal era, en contra del gobierno central que requisaba las armas en la retaguardia:

Además de conservar las armas en poder del pueblo - el único propietario de ellas, porque las fabrica, porque las paga con su tra-bajo y porque con ellas, puede defender su derecho a la vida -, nuestra misión consiste en organizar la economía y las finanzas del proletariado. [...] La bandera de la indepen-dencia nacional podría obrar todavía mila-gros. pero esa bandera no puede enarbolarla ni el Gobierno de Valencia ni el Gobierno de Franco. Esa bandera sólo puede ser enarbolada por el pueblo auténtico, por el pueblo de 1808 y por el pueblo de 1936 (128) .

Santillán oponía pues a la tesis de la república y a la antítesis del fascismo franquista, la síntesis de la España indómita, guerrillera, comunera. Y vamos a tener dos presentaciones, una pública en la revista Timón a partir de mediados de 1938, otra interna a través de los informes que redacta en tanto que miembro del comité peninsular de la FAl (en parte recogidos en su obra de 1939). Y ello, lo simultanea Santillán con su trabajo de editor en ETYL, Ediciones Tierra y Libertad. ETYL consiguió editar 6 tomos de las obras de Bakunin, libros de Fab-bri, Archinov, Kropotkin, una nueva tirada de Organismo - obras reeditadas- y lanzó nuevos títulos de Rocker, Toryho, Baráibar, antologías de Falaschi, Puente, Berneri, una crónica sobre Madrid de Eduardo de Guzmán, el texto de la Alianza CNT-UGT, en total 26 libros y 12 estaban anunciados. La revista Timón no se limitó a ser una tribuna de análisis y discusión de la revolución es-pañola, con estudios de Souchy sobre las colectividades, el texto de Horacio Prieto sobre su visión del partido libertario, notas sobre Marruecos, la próxima guerra mundial. Había aportaciones históricas y teóricas sobre la Revolución rusa : Majno, Dictadura y revolución de Fabbri, Kronstadt de Berkman, la revolución alemana con un texto de Mühsam sobre los consejos ; y lo que es lógico con la cultura anarquista - pero no indispensable durante una revolución - artículos sobre el enigma de los idiomas ibéricos, el arte rupestre, cine y teatro sociales, etc.

«El pueblo español en la lucha por su independencia» en Timón, 1 (julio, 1938) estaba acompañado entre bastidores de informes de la FAI contra la política de Negrín (4 en agosto, 2 en septiembre) que dejaban por los suelos la organización militar : inutilidad de los comisarios de guerra, infrautilización de la aviación, supeditación a los soviéticos, necesidad de infiltrar la retaguardia franquista, etc.(129) En el pleno de septiembre de 1938 de la CNT, con la FAI y las Juventudes Libertarias, Santillán expuso su visión, pero no fue seguido y no convenció. En nombre de la FAl criticó a la CNT por su actitud a favor y dentro del gobierno comunizante de Negrín, más exactamente se atacaba a «los presuntos representantes de la CNT» (130) . Timón de septiembre sugería una posición en contra del fascismo y del antifascismo, y el número de noviembre era ya claro: « España debe ser una para los españoles». «España para los españoles.» En 1939, Santillán sugería una hipótesis que cuadraba con la alusión a José Antonio y su intentona de contacto antes de la guerra civil.

[...] el supuesto gobierno de los antifascistas nos había colocado ante el deber de reconocer la significación liberalísima de un Primo de Rivera; si el fin de la guerra había de ser nuestro aplastamiento, es decir, el aplastamiento de las aspiraciones que habían dado origen a la guerra, la victoria de Negrín tenía que equipararse a la victoria de Franco desde el punto de vista de los auténticos intereses de España, del pueblo español laborioso (131) .

Esta afirmación podía tener una confusa base en aquel entonces. Casado, al participar en el golpe de la CNT del Centro, pensaba en la posibilidad de una España de oficiales, que apartaría a Franco y reintegraría a los oficiales republicanos (132) . Pedro Herrera, muy amigo de Santillán, propuso entablar contactos con la Falange en marzo de 1939, desde Francia, pero el consejo del Movimiento Libertario se opuso (133) .

Lógico con sus ideas contrapuestas al Gobierno de Negrín barajó esquemas de golpes (134) , visitó a Azaña, con García Birlán y Federica Montseny, para pedir-le que actuara (135) . El mismo mes, en diciembre de 1938, se publicaba el último número de Timón, con un texto, en que reiteraba Santillán su confianza en las ideas anarquistas:

Si mañana un Pleno del movimiento quisiera resolver por unanimidad que hemos de abandonar nuestro bagaje ideológico, hacer las paces con el Estado y con el capitalismo, por regular que ese Pleno sea, si no se va a él después de una amplia discusión en que todos intervengan o todos tengan la posibilidad de formarse un juicio propio, ese acuerdo unánime tendría un valor tan nulo como el de otros muchos acuerdos que se han tomado. [...] En las trincheras o en las fábricas, en la labor cotidiana en que nos habíamos templado antes de julio de 1936, recuperamos nuestra auténtica personalidad y veremos las cosas tal como son. De lo contrario, el divorcio entre los dirigentes y los dirigidos no puede tener más que desenlaces de desgarramiento doloroso. Por un reinado efímero, que no puede durar, en todo caso, más que hasta que termine la guerra y la militancia libertaria vuelva a su puesto, no debe sacrificarse el honor de un gran movimiento y de una gran causa. ¡Que hablen los combatientes! ¡Tienen el derecho del número y de la calidad! ¡Y nosbtros tenemos el deber de escucharles! (136)

Este texto puede servir de conclusión sobre la compenetración entre Santillán y el movimiento anarquista. Es capaz de encontrar las fórmulas más adecuadas y sintéticas - como su evocación del fin lamentable del Comité de Milicias -desde la práctica y la teoría anarquistas. Y a la par se excluye de cualquier freno para lanzar iniciativas de líder político; apagar el fuego en mayo de 1937, como un bombero del Estado, imaginarse la Falange como un partido de trabajadores revolucionarios, contactar al incapaz de toda la guerra civil para oponerse al jefe de Gobierno... Incluso en el párrafo que citamos, Santillán no se proponía ir a la trinchera o a la fábrica, iba a escuchar, en buen líder e intérprete de la gente de a pie. Se constituyó a sí mismo en representante constante del movimiento libertario. Federica Montseny no fue diferente. Peiró, Pestaña, García Oliver, etc., salían del trabajo humilde y se habían fraguado en la lucha. Santillán supo, tras la guerra civil, evitar la transformación en burócrata cenetista, en la emigración en Francia. Cipriano Mera, albañil, luego equivalente de general, volvió a la paleta para ganarse la vida en la emigración política. Santillán, empleado de ediciones anarquistas en Argentina y en España, fue un asalariado de editoriales burguesas, incansable trabajador y eterno perdedor frente a los patronos. Abandonó el estrellato.

La evolución de su enfoque, a partir de 1939, quizá se deba a la dura lección de guerra. Al ser práctico y oportunista, se perdió la guerra y la revolución. Desapareció el último baluarte anarquista: España. Debió de pensar que entre el totalitarismo marxista leninista y las dictaduras tercermundistas, la seudolibertad del capitalismo era una solución en la medida en que el pueblo auténtico podía desenvolverse. Proyectó, sin duda, la síntesis que se le había antojado del pueblo español revolucionario en sí en 1808 y 1936, sobre la sociedad en el marco capitalista. España ya había sustituido a la esperanza de la revolución en Argentina y América del Sur, Santillán se fraguó otra más concreta que una utopía, y más utópica que concreta. Después de tantos anhelos y tantos riesgos y tantos cambios de tácticas, Santillán terminó, tras la guerra civil española, por fijarse en una única postura, por primera vez.

Santillán y la violencia

En la fase posterior a la guerra civil española, Santillán rehusó reiterada y profundamente su apoyo a la violencia, lo que se explica por la evolución global de su pensamiento sobre la situación económica y social (137) . Pero hasta 1939 tuvo una actitud totalmente contraria y relativamente compleja, si bien hasta sus últimos textos mantuvo una actitud extremista de cara a unos acontecimientos particulares, que evocaremos en una segunda parte.

1 La violencia revolucionaria colectiva

Ya en 1923 Santillán reconocía la dificultad de intuir el momento revolucionario, y comparaba grandes movimientos como el cristianismo, el Renacimiento, la Revolución francesa, con la duración que fue necesaria para que se aplicaran todas las consecuencias. Y Santillán afirmaba lo siguiente:

Sepamos apreciar la significación de la indiferencia momentánea en que vemos postrado al proletariado internacional. El período de la revolución no ha pasado; la civilización burguesa sigue en el trecho de su decadencia y de su agonía; los trabajadores no han depuesto las armas: el triunfo de la reacción es una apariencia que puede engañar solamente a los reaccionarios mismos [...]1 las grandes masas volverán a la liza con nuevas fuerzas y nuevas experiencias. Nuestra misión de hoy es saber esperar (138) .

Más concretamente, fijaba una línea de acción:
Nuestra aspiración es dar a cada época lo que la misma época exige. Este momento no es propicio para apelar en el sentido de la revolución inmediata; predicaríamos en el desierto. Además sentimos la necesidad de llevar en la mente un bagaje más sólido y más amplio de doctrina. [...] Nuestra tarea del mo-mento, en concordancia con el espíritu del ambiente, es esencialmente de propaganda. Es en el desarrollo de la propaganda donde debemos saber esperar días mejores (139) .

Este aserto chocaba tanto con la realidad argentina como con la de Europa. En 1921-1922, la sangre de los pastores, de los trabajadores agrícolas de la Patagonia corría a chorros, con el fusilamiento de unos 1.500 huelguistas, de un movimiento convocado por la FORA cuyas secuelas sacudieron Argentina (140). En Europa, si bien la socialdemocracia alemana y el fascismo italiano y sus imitaciones centroeuropeas amordazaban la clase obrera, los actos de oposición continuaban, y la violencia revolucionaria anarquista también, en España y en Bulgaria. Desde 1920, estaban encarcelados injustamente Sacco y Vanzetti en EE.UU. Pero Santillán tenía una visión amplia del concepto de revolución:

Pero la revolución no es simple alboroto callejero; el alboroto es un resultado, un fenómeno, tal vez inevitable, pero no es lo esencial; una revolución puede también producirse pacíficamente y de hecho se producen también revoluciones sin cesar en todos los dominios de la vida que proceden por una vía incruenta. Si los que hemos reconocido las causas fundamentales de la injusticia y del malestar social tuviéramos paciencia para esperar millares y millares de años, tal vez la revolución de que nosotros hablamos, se hiciera por medios persuasivos, tranquilamente, sin choques violentos con los gendarmes, etc. Bovio dijo ya que la historia se encamina hacia la anarquía. Sin embargo, es natural que nos falte esa paciencia y que procuremos avanzar la hora de la liberación humana por todos los medios favorables posibles. Y juzgamos que los choques violentos con los gen-darmes pueden constituir un incentivo en favor del movimiento reivindicador; por eso, si no los provocamos, tampoco los rechazamos cuando las circunstancias lo exigen; pero no creemos que esos simples hechos puedan constituir la revolución si son esgrimidos a gran escala. [...] En resumen, nuestro concepto de la revolución no es una expedición garibaldina o un combate callejero; nuestro concepto de la revolución es la idea de libertad que se extiende más y más, que penetra en las conciencias y que carcome las bases de la explotación en los individuos. Si esa labor de propaganda supone actos paralelos y secundarios que se desarrollan en un terreno de la fuerza brutal, los aceptamos; pero no queremos tomar lo accesorio por lo esencial; la lucha contra la reacción policial no es la finalidad de la revolución aunque sea una consecuencia inevitable [...] (141) .

La dificultad de esta definición, paralela al rechazo de una visión clasista, es que falta la determinación de cuándo y cómo las circunstancias pueden exigir una intervención brutal de los militantes revolucionarios. Así, en una Argentina agitada por la represión y las manifestaciones, Santillán decretaba el rechazo de la actividad violenta; si bien la compren-día, la admitía en algunos, no era aconsejable para los militantes de La Protesta y la FORA.

Ya he evocado en su visión económica cómo, repentinamente, determinó en 1929 que «La propaganda no basta» y analizó «la preparación insurreccional» (142) . Es característico comprobar que su concepto no se modificó tras el golpe militar argentino, incluso en España, en 1930:

La concepción catastrófica de esa revolución social que ha de deshacerlo y de reha-cerlo todo de golpe, con la magia milagrosa de su empuje, no responde ni a las complejidades sociales contemporáneas ni a la mentalidad del hombre nuevo. El idealismo no está reñido con el sentido de las posibilidades y de las realidades. La espontaneidad po-pular es, puede ser, uno de los tantos factores de la acción constructiva de la revolución, uno entre mil; [...] La ambición totalitaria de un cambio completo, de un progreso integral, por el arte de magia de la revolución omnipotente y omnisapiente, traduce un misticismo simpático para las utopías, pero nada tranquilizador cuando no se acompaña de una labor tesonera e incesante en el presente para reformar la vida, desde este instante, para arrancar concesiones de libertad y de to-lerancia a los privilegiados, para progresar continuamente, aunque sea de modo parcial e incomplet
o (143) .

Estas ideas eran curiosas en España, cuando Santillán había fustigado la CNT por su anarcosindicalismo o por su sindicalismo tipo Pestaña o Peiró, o sea la «labor tesonera e incesante...»

La crisis mundial de fines de 1929 y sus consecuencias hicieron, por cierto, evolucionar a Santillán, que afirmaba que correspondía a los trabajadores decidir la revolución: «El capitalismo durará sólo lo que ellos quieran» (144) . En el Or-ganismo, como se vio, la violencia era un hecho normal para quitar la explota-ción capitalista pero:

[...] en la nueva construcción económica y social no podemos emplear más que la persuasión y el ensayo práctico. Podemos rechazar con la fuerza a quien intente subyugarnos, someternos a sus intereses o a sus concepciones, pero no podemos emplear la fuerza para obligar para los que no comparten nuestros puntos de vista a vivir como nosotros pretendemos vivir (145) .

Es el enfoque normal de Kropotkin en La conquista del pan, de Besnard, etc. Ya hemos visto que en la práctica, en el Organismo, Santillán no excluía la caacción de tipo sindical (146) . Dentro de la visión que describía, se puede suponer que aludía a la negativa de la ayuda en la organización económica. Y más sospechoso, subrayaba que no se debía cuestionar la organización de la economía que tenía que proseguir su desarrollo. La mejor aplicación - consecuencia directa este esquema - era la suerte reservada a los opositores:

En esas emergencias [defensa de la revolución], la contrarrevolución interior ha de ser suprimida por todos los medios y sin ninguna consideración para los contrarrevolucionarios (147) .

Había cargado mucha tinta Santillán y cuando vino el 19 de julio y la aplicación de la justicia revolucionaria en el Comité de Milicias, no pudo aceptar todo lo que pasaba:
En numerosas ocasiones hemos tenido que intervenir para que fuesen puestas en libertad personas de cuya neutralidad política nos daban garantías, y hemos podido observar que a los detenidos se les trataba como no habíamos sido tratados nosotros nunca : como seres humanos (148) .

Esta capacidad de Santillán de adaptarse, de contrastar sus juicios con la realidad hizo que viera con otros ojos acciones «paralelas, secundarias». En efecto, la guerra civil española estaba demostrando cómo Pestaña, Peiró, García Oliver, Santillán, etc., que discreparon entre sí y tenían análisis totalmente distintos, podían colaborar eficazmente en la obra común. Así escribía Santillán de Durruti:

Asaltando el cuartel de Atarazanas, preparando los movimientos de enero y diciembre de 1933, y dirigiendo su pistola hacia máximos responsables de la situación de los desheredados, asaltando un banco para obtener fondos con que libertar a los presos sociales o con qué comprar armas para la lucha revo-lucionaria, o defendiendo a Madrid, Durruti es el mismo combatiente de la gran causa de la Libertad y de la Justicia. ¡No separéis su vida en etapas cualitativamente distintas! Su combatividad incesante tuvo siempre y a todas horas los mismos objetivos. Si queréis censurar algunos de sus aspectos, censurad-los todos, porque todo en Durruti es una línea recta, una misma inspiración y un solo anhelo (149) .

II. La violencia revolucionaria frenética

Santillán y su compañero y amigo López Arango dirigieron muchas campañas desde La Protesta contra cuantos les parecían sospechosos de mancillar la pureza de la visión que defendían, como si estuvieran en una trinchera (150) . Y sus partidarios aplicaban a la letra, a veces, las palabras leídas:

Movidos por esa excomunión, un grupo de miembros de la FORA llevó a cabo un sorpresivo ataque violento contra los animadores de Pampa Libre y quedó herido Jacobo Prince, un militante muy capaz y una promesa, que, si no quedó en el local asaltado, cargó todo el resto de su vida con los efectos vergonzosos del acto infamante (151) .

El biógrafo de Jacobo Prince así explica:

En aquellos años adquiere extremada virulencia la hostilidad de cierto sector de campo anarquista contra publicaciones y núcleos que no coinciden con aquél ni aceptan pretensiones hegemónicas. Una violenta campaña oral y escrita se desata contra presuntos culpables de herejías, entre los que se incluye, entre otros, a periódicos como La Antorcha y Pampa Libre. [...] [Prince escribe un artículo publicado en abril de 1924 en La Antorcha.] ¿Es que hay personajes y organismos invul-nerables, indefinibles, que tienen siempre razón y a? los que no se puede atacar jamás, aunque ellos se despachen a su gusto contra los grupos y las hojas modestas, «diminutas», que hacen su obra más silenciosa aunque no menos eficaz? ¿Es que hay también jerarquías y privilegios entre nosotros (152)

En agosto de 1924, fue el ataque del local de Pampa Libre y Prince fue ingresado para varios años en un hospital de Buenos Aires.

A partir de 1927, Buenos Aires fue el centro de nuevas tragedias. A raíz de la muerte anunciada de Sacco y Vanzetti y luego su ajusticiamiento, arreciaron las protestas y las manifestaciones y un militante italiano, radicado en Argentina, Severino Di Giovanni destacó por su radicalismo. Santillán y López Arango reaccionaron duramente:

Fue aquella una de las grandes batallas que libramos López Arango y yo en aquellos años. [...] Los atracos a bancos y pagadores eran su medio de vida y pretendía justificar esa conducta con la aplicación de algunos de los recursos así logrados a la publicación de periódicos para su defensa y de algunos trabajos, nada menos que de Eliseo Reclus, que seleccionaba Aldo Aguzzi (153) .

Pero es mejor rastrear las acusaciones, tal como lo hizo Osvaldo Bayer en su libro sobre Di Giovanni (154) .
En la anarquía misma tropezamos con cierta prensa que estaría mejor del otro lado de la barrera y con ciertos militantes que estarían más cómodos al frente de las bandas mussolinianas que en un movimiento que pretende crear una nueva moral y basar la vida en la solidaridad, el mutuo acuerdo, el amor y la justicia. A juzgar por ciertos esfuerzos y actividades, parece que se quisiera que se nos distinguiera en el porvenir por la habilidad para dar asaltos, para robar bancos, para provocar hecatombes absurdas y criminales. Existen ya por ahí ciertas teorías que defienden eso, y además de teorías, hay núcleos bastante numerosos de gentes que encubren su delincuencia vulgar con la presunta propaganda anarquista que les sirve para recoger fondos pro víctimas políticas, fondos que muy a menudo quedan en manos de sus recolectores, pretextando necesitarlos para fines que no pueden discutirse públicamente.

Muchas veces se explica la actitud anarcobanditista de una hoja por los beneficios materiales que recibe de las prácticas de los asaltos, de la fabricación de moneda falsa, etc. Lo que no nos explicamos es que periódicos que no transigen con esas actividades que las consideran perniciosas para el anarquismo, conserven una actitud pasiva, como si nada les interesara la cosa. Sólo un periódico nuestro, Il Risveglio, de Ginebra, ha roto con ese silencio y combate abiertamente el anarcobanditismo. A esa voz unimos la nuestra, guiados por experiencias locales e intemacionales poderosas.

Es preciso si queremos que nuestras ideas merezcan respeto y atraigan las simpatías de todos los hombres generosos, nobles y justicieros, que el anarquismo reaccione eficazmente contra el banditismo que se quiere cobijar en su seno. Por razones de moral, por motivos teóricos, tanto como por razones de táctica y para evitar conflictos de conciencia, que si no representan nada para las mentalidades fascistas de la revolución, para los que no creen legítimo desprenderse de esos «prejuicios pequeñoburgueses», como diría un Lenin cualquiera, representan mucho.

Muy a menudo nos hallamos ante el caso de tener que defender a delincuentes que se dicen anarquistas y gritar a todos los vientos su inocencia, aun sabiendo que no tienen nada de inocentes.

Y la repetición de esos casos nos ha hecho gritar bien claro que no se cuente con nosotros para defender causas que nuestra conciencia repudia, que queremos mantener por lo menos el derecho a ser francos, a servir sólo a las buenas causas y que preferimos romper toda solidaridad con los simpatizantes del anarcobanditismo antes que asumir actitudes que nos repugnan. Y eso hemos he-cho, en medio del escándalo y de la extrañeza de los compañeros de otros países. Tal vez estas palabras sean explotadas por nuestros adversarios de enfrente en apoyo de su tesis que se esfuerza por unir en una misma expresión el anarquismo y el banditismo. ¿Qué hemos de hacerle? Los que no podrían quejarse, en todo caso, son los que refuerzan con todos sus actos esa tesis, elevándola a una especie de teoría revolucionaria. ¿Para qué callar? Hay en el movimiento anarquista actual una tendencia, que sobre todo se expresa entre los compañeros italianos y españoles, a la práctica de los asaltos, de los atracos, de los golpes de audacia contra bancos, pagadores, etc. Callarnos, sería cerrar los ojos a un mal funestísimo.

Se sabe que La Protesta combate el terrorismo sistemático y que no quiere tener nada que ver con los que se refugian en la delincuencia, algunos de los cuales, por su audacia, por su espíritu de iniciativa, por su arrojo, podrían ser inmensamente útiles a nuestra causa si se dedicaran a una propaganda seria.

[...] para nosotros los autores de la bomba al consulado italiano de Buenos Aires son repulsivos, como lo son los autores de todo acto esencialmente fascista. Y téngase en cuenta que no hemos combatido el hecho del 23 de mayo porque no dio en el blanco, si es que lo había, es decir, porque no dio muerte al cónsul y al embajador de Italia. Aunque hubiera tenido estas consecuencias no habríamos modificado el tono de esta condenación absoluta.

[...1 En los atentados de mayo no hubo nada de lo que caracteriza los actos justicieros extremos que la historia del anarquismo reivindica con orgullo; hubo cobardía, irresponsabilidad, despreocupación absoluta por los resultados de un acto de esos ante la opi-nión pública, crueldad de corte fundamental-mente fascista. Como se ve, no modificamos el tono de nuestra actitud, que ha encontrado exagerado La lotta humana de París, y que L’Adunata dei refrattari de Nueva York atribuyó al miedo de las represalias policiales. Han pasado ya varios meses, la cuestión pasó de actualidad y no sólo no tenemos nada que quitar de lo dicho desde el 24 de mayo, sino que aún podríamos añadir que muchas de nuestras sospechas han hallado nuevas confirmaciones.

El atentado al consulado italiano puede explicarse según estas hipótesis: o bien como obra de un alienado o bien como un producto de una provocación por sugestión de la policía o del propio fascismo.

Tenemos la plena seguridad que la mano de la policía ha intervenido en algunos actos de esos que nosotros hemos combatido tan duramente. Uno de los motivos es la facilidad con que los autores se vuelven inencontrables. No hay anarquista de la Argentina que no tenga su prontuario en la policía y hay tal abundancia de ella, sobre todo en Buenos Aires, que se hace difícil dar un paso que pase desapercibido. Ahora bien, individuos que gritan en sus periódicos: ;viva la dinamita! ;viva la expropiación!, etc. y a quienes se les sabe ocupados en planes de terrorismo sistemático no sólo caen raramente presos sino que, cuando la policía hace el simulacro de buscarlos, no aparecen. Puede ser que una parte de esa constatación se explique por la impericia policial, pero a veces se acumulan demasiados motivos de duda al respecto, y en el hecho del consulado italiano nosotros que hemos seguido todas sus fases, no podemos explicárnoslo todo con la impericia policial (155) .

El 25 de octubre de 1925, al atardecer llaman a la puerta de la casa de López Arango, su hijo va a ver «quién es. Este vuelve y dice que preguntan por él» (156) . Como lo reconoció Di Giovanni, él mismo era, no dijo qué palabras intercambiaron pero le disparó tres veces a López Arango que murió poco después. La terquedad y la tosquedad de ambos era ilimitada. López Arango quería asesinar moralmente a Di Giovanni, y éste en lugar de despreciar al constante permanente burócrata, le dio una eterna aureola de mártir, asesinándole, rebajándose al nivel de quienes dejaron tullido a Jacobo Prince. Y prosiguió la contienda.

Santillán explicaba así los hechos:

«Sus amigos lo protegían a muerte, ninguno de ellos habló una palabra», nos señaló Diego Abad de Santillán, 40 años después del hecho, en una conversación que mantuvimos el 12-12-69 sobre el hecho. Abad de Santillán me dijo textualmente: «López Arango fue un ex obrero panadero autodidacta, con brillantes ideas y muchos enemigos, tanto es así que creíamos que lo habían asesinado otros grupos pero todos los enemigos de Arango die-ron explicaciones y nos dijeron que había sido Di Giovanni. Entonces desciframos los garabatos que Arango había escrito con su propia sangre en el suelo antes de morir e interpretamos sí, que quería decir Di Giovanni. Éste nos había enviado dos o tres veces a Aguzzi para que nosotros paráramos la campaña contra él, pero nos negamos. Luego vino Roscigna también diciendo: "paren por favor esa campaña que Severino está dispuesto a todo". Cuando ocurrió la muerte, salimos todos a buscarlo para matar a Severino. La policía nos dejaba el campo libre. Pero no hubo caso. No lo encontramos. Después me tocaría a mí porque yo era quien más lo había criticado. Una vez me llamaron de la jefatura de la Policía de la Capital y me preguntaron: ¿está usted armado? No, les respondí, ¿cómo voy a venir armado a la jefatura de la Policía? Y entonces el comisario me dijo: bien, bajo nuestra responsabilidad vaya usted armado porque la banda de Di Giovanni lo va a matar. Y me dieron todos los detalles. Ellos estaban más enterados que yo. Pero yo seguí siempre mi camino» (157) .

Di Giovanni se defendía ante los anarquistas italianos y pedía un jurado de honor:

Treni, en L’Adunata y Badaraca en La Antorcha han censurado la forma en que fue muerto López Arango. A eso, Severino reaccionará con las siguientes palabras en la misma carta a Treni: «El mundo entero ha gritado y ha llorado sobre el cuerpo de una carroña que en quince años ha sido el apologista, el mandante y el Caín de cuantos asesinatos morales y materiales se cometieron en las filas del movimiento revolucionario, pero ninguno de esos llorones : tú, Nettlau, fabbri, etc., habéis derramado una sóla lágrima, no habéis escrito una sola línea contra Arango en ocasión del ataque a Pampa Libre y de otros hechos similares. ¿Cómo explicáis esta actitud? No me vengáis a decir que no lo sabíais. Yo, personalmente, he sido centro de la campaña de protesta contra esa canalla, desde hace por lo menos cuatro años. Y mi artículos siempre estuvieron escritos en italiano,¿Por qué esta parcialidad?».

Severino sigue insistiendo: «Después de todo vale la pena comparar a los asaltados de Pampa Libre - compañeros en el verdadero sentido de la palabra - con la persona pésima y antianárquica de Arango. Y hablo de Arango y debo agregar también a ese granuja de Santillán, que tú, en todas las cartas qua mandas a Buenos Aires, no dejas de calificar como tu "buen amigo". No quiero reprocarte tus amistades. No tengo derecho. Pero si a las cosas las quieres juzgar con ojo imparciales y dar a cada uno lo suyo, tienes que terminar con eso de "tu Santillán". Cuando pienso en la aureola que este "compañero” ha conquistado entre los nuestros del extranjero y después paso a valorar la gran infamia que cometió en dañarme, sin conocerme, sin haberlo atacado personalmente una sola vez -y el que dice lo contrario miente -, sin conocer mi vida de más de un lustro de militancia, sin comprenderme en las ideas y las acciones, creo, mi querido Hugo, que pierdo la fe en el compañero o en los compañeros. Pero después, mi vista de eterno investigador y de eterno crítico, me permite la espiral de la reflexión y entonces me explico que ciertas amistades se mantienen porque Santillán es Santillán : es escritor, el "pensador", la “potencia" que dirige el anarco-sindicalismo de la Argentina. Dirás que no, pero en el fondo la razón está toda centrada en eso. Mira, tú, si en lugar de Arango y Santillán - en el error, en la calumnia y en la delación - se encontrara un equis cualquiera, un anonimato en el movimiento internacional, un Montagna, por ejemplo, ioh! entonces las cosas cambiarían y los apretones de manos y los aplausos se producirían como un huracán. Esta es la verdad, en el fondo.

»Tú no puedes comprender mi tragedia. Verdadera tragedia de quien vive diaramente proscripto de la sociedad y vituperado por los anarquistas... "aceptables". Solamente en contacto conmigo podrías comprenderme y justificar la ira, la actitud, la rebelión contra ciertos "anarquistas". Y no vayas a creer que no amo al compañero, o que sea invadido por el pesimismo charlatán o el anticompañerismo - excúsame estas palabras ocasionales - porque te equivocarías en grande. Quien me conoce íntimamente puede saber de cuánto amor está acorazado mi espíritu. Y es este amor que hace cavar precipicios. el abismo, entre yo y el espía y el calumniador, y no otra cosa, porque sólo aquel que sabe amar tanto puede odiar tanto.(158) .

Fedeli-Treni así escribía a Di Giovanni:

Más de una vez reproché a Santillán la forma perversa empleada para polemizar contigo. En este, tu caso. está resumida toda la tragedia interna del movimiento anarquista en el que la pasión de sectores siempre tiene supremacía sobre la razón (159) .

Hay un documento para comprender mejor estos hechos. Una carta que Luigi Fabbri le escribe el 1.° de mayo de 1930 a Errico Malatesta quien, muerto Kropotkin en 1921, pasó a ser, sin duda alguna, la instancia moral más alta del anarquismo de esa época. Como hemos dicho, Fabbri tenía más contacto con La Protesta que con Di Giovanni. Por eso tiene más valor tal vez este testimonio.

El único hecho grave es el de Arango. Es un episodio terrible por el hecho y por el modo. Pero es innumerable el número de compañeros de todos los sectores, incluso el nuestro, que explican la cosa y no se maravillan ni se duelen excesivamente. «Se ha hecho un mal por un bien» he sentido decir asi-mismo. Lo cierto es que Arango era muy odiado, era tan sectario hasta llegar a la maldad pérfida. Como los jesuitas y los bolcheviques creía buenas todas las armas contra los adversarios de su tendencia y. como tenía en sus manos un diario, abusaba de este privilegio sin escrúpulos. Por otra parte, quien lo mató es un San Paolino [= fanático de la acción] con la triste valentía de llevar a cabo los hechos, y a quien su misma condición desesperada de ilegal lo pone fuera de la posibilidad de guardar la calma. Por otra parte, él había sido atacado repetidamente por el diario en la forma más ultrajante y difamatoria, como espía y otras mil cosas. El odio de él contra Arango y los otros era enorme, más odio personal que de tendencia.

Fabbri, al finalizar la descripción de lo ocurrido se apresura a poner: «Pero esto no disminuye lo horrible del hecho».

Esta opinión de Fabbri es valiosa porque describe el ambiente de la época que se había suscitado por el episodio de la muerte de López Arango (160) .

Por fin, en carta fechada el l.° de septiembre [1930], Treni le envía el veredicto del jurado. La declaración es la siguiente:

DECLARACIÓN
Invitados por el compañero Severino Di Giovanni a examinar las acusaciones de «espía», «agente provocador». «fascista» y «dilapidador de fondos para las víctimas políticas», de la revisión de las publicaciones del caso que fueron suministradas por los interesados, por comunicaciones verbales y escritas dados por los mismos, podemos afirmar:

l) Que ninguno ha acusado directamente a Severino Di Giovanni de ser espía, ni un agente provocador, ni un fascista, como tam-poco la acusación de dilapidador de fondos no tiene ningún valor por la rectificación hecha por su acusador.

2) Que, como resultado de la intemperancia de lenguaje de ambas partes causada por la pasión deplorable en todo caso, llevó a algunos compañeros a hacer graves insinuaciones y apreciaciones ofensivas para Severino Di Giovanni.

3) Interrogado particularmente uno de los principales implicados en esta polémica nos ha respondido en sustancia que: «si se releen todos los escritos referidos a esta cuestión se verá que no hemos hecho acusaciones deter-minadas y positivas sino que hemos juzgado los hechos» que de su punto de vista creían dañosos más que útiles a la causa del anarquismo, y sólo más tarde, como reacción a otras acusaciones, se descendió a lo personal.

4) Con respecto a los hechos a que se refirió el compañero del punto 3, nosotros no obstante comprender las razones que incita-ron a La Protesta en la campaña contra el ilegalismo, pensamos que ciertas insinuaciones y ciertas apreciaciones no tendrían que haberse empleado jamás en la polémica en general y sobre todo entre compañeros, tanto más que en el caso concreto, cada uno de los implicados en la polémica ha declarado no alimentar ningún rencor personal contra el otro, más todavía que ni siquiera se conocen.

5) Por eso queda para nosotros claro que todas las insinuaciones contra Severino Di Giovanni, no obstante las posibles diferencias de puntos de vista y de táctica, no tienen fundamento.
Firman: Hugo Treni, Torquato Gobbi y A. Mosca
(161) .

Santillán no se dio nunca por aludido:

Quien siguió combatiendo la memoria de Severino Di Giovanni fue Diego Abad de Santillán. En una carta escrita al anarquista alemán Max Nealau el 21 de abril de 1931, a menos de tres meses de los fusilamientos [de Di Giovanni y un compañero suyo], le dice: «Di Giovanni es realmente el asesino de Arango. Ha muerto de una manera valiente, es verdad, pero difícilmente se pueda borrar con eso el recuerdo de cómo ha vivido. Lamento que haya caído bajo la dictadura pero no creo que para el movimiento anarquista sea una pérdida. ¿Qué importa que a última hora se haya puesto a editar las obras de Reclús? Lo hacía, estoy seguro, para tratar de reivindicarse de algún modo, no porque estuviera de acuerdo con Reclús. Es el primer dinero que iba a la propaganda de los cientos de miles que habían sacado. Ya hablaremos de ese asunto”.

Aquí vuelve Abad de Santillán -aun-que no públicamente sino en una carta a atacar a Di Giovanni con un argumento que él no había podido probar en el juri. Señala una cifra muy abultada: «Los cientos de miles que habían sacado». El asalto más provechoso había sido en Obras Sanitarias con algo más de dos-cientos mil pesos de botín. Además, habla de autores ya que pone «habían sacado», pero sólo mencionó a Di Giovanni. Sostiene que era el primer dinero que iba a la propaganda, y tampoco es cierto, ya que Di Giovanni había financiado Culmine, folletos, la Historia de Casa Savoia, Schicchi, volantes, Anarchia, ayuda a presos, etcétera.

En 1969, Abad de Santillán declaró al autor de este trabajo que «Di Giovanni era un espía del partido comunista italiano que había sido enviado para destruir al movimiento anarquista argentino». Según él la prueba de esto la había obtenido de la propia boca de Palmiro Togliatti quien fuera después secretario general de su partido. Relató Abad de Santillán que estando preso junto a Togliatti en un buque en el puerto de Barcelona, le preguntó a éste si era cierta una sospecha que guardaba desde hacía mucho tiempo: que Di Giovanni era espía comunista. Togliatti le contestó que sí -según Abad- y que él -Togliatti- lo había entrevistado en Montevideo y que en esta reunión lo había ganado para la causa comunista.

El autor de este trabajo, en busca de esa pista, entrevistó a Juan José Real -que había sido secretario general del partido comunista argentino- quien en vida guardaba una estrecha amistad con Pal-miro Togliatti. Juan José Real me respondió taxativamente: «Togliatti jamás estuvo en Montevideo. La única vez que estuvo en Sudamérica fue en Río de Janeiro y eso fue después del fusilamiento de Di Giovanni».

Abad de Santillán reprodujo esa versión en sus memorias. No ofreció otra prueba. En ese sentido todos y cada uno pueden ser calificados de espías, la cuestión es probarlo fehacientemente. Por otra parte, toda la correspondencia íntima, los escritos, las acciones -como la de Sacco y Vanzetti-todo tuvo un tinte declaradamente anarquista. Ninguna otra persona -ni de su círculo de allegados, ni de sus enemigos declarados-j-más lanzó ni aceptó una versión parecida (162) .

Tras los episodios de Prince, López Arango y Di Giovanni, Santillán, si bien calumnió hasta el fin al anarquista italiano (émulo de Durruti, en cierto modo), supo modificar sus críticas, predicando incluso la comprensión:

[...] la cordura debe existir en los demás para aislar los focos de infección, para evitar que el mal humor de un compañero pueda convertirse en manantial de discordias y en derroches de tiempo y de energía. Nuestra prensa, que es sostenida por un sacrificio anónimo, pero constante; que se publica a costa de las veces del bocado de pan de que se priva a un trabajador, no debe emplear una sola línea en otro objetivo que no sea aquel para el cual ha sido creada y es sostenida
(163) .

En cierta manera, la actuación en España de Santillán le maduró, y la guerra, como se ve en otra parte, terminó por quebrar los esquemas que tenía. Y fue adoptando la visión que ya presentaba en 1923 «saber esperar», o sea la floración de la libertad en contra del Estado. Esta lucha constante y polifacética de Santillán es lo principal de su obra: opo-ner a la violencia pura, la fuerza de las palabras, y saber jugarse la vida en la consecución de la reconstrucción social, como en 1936-1939. Pero Santillán es un todo contradictorio, una violencia en sí, que es un ejemplo de la complejidad que consigue imponernos la sociedad autoritaria, y que estalla cada día, y que es preciso superar.

Santillán: de la paja a la viga

Si estudiar a un autor es en cierto modo estudiarse a sí mismo, es especialmente válido para Santillán. Incluso es un revelador de las ideas del estudioso, como para mí (164) o Antonio Elorza (165) , porque en Santillán conviven varias interpreta-ciones fundamentales de la evolución de los movimientos sociales. Según los textos y las épocas, se justifican la propaganda y el mero educacionismo de las masas independientemente de la lucha social; al contrario se puede encontrar la preponderancia de la acción colectiva y la toma de conciencia social, caldeada por la acción anarquista obrera; igualmente, se fundamenta la estrategia sindi-cal orientadora de la opinión general, que negocia y encauza la causa social; por fin, se admira el capitalismo como garantía, en determinadas condiciones, de la mayor libertad y paulatina liberación de la explotación.

Santillán no es personalmente responsable de este panorama abigarrado. Es el fruto de un movimiento insuficientemente anarquista, que desconocía, o incluso despreciaba, la rotación de las tareas, la superación de la diferencia manuales-intelectuales. Santillán resultó ser un portavoz de las ideas li bertarias, porque la mayoría de los militantes anhelaban un cambio inmediato, que Santillán y otros intelectuales anar quistas anunciaban como posible y pró ximo, y también porque estos mismos militantes no dudaban de los escrita del «maestro».

Y cuando menguó el movimiento. Santillán pasó a ser el representante de otro grupo de militantes, que parece haberle seguido, con tanta fe como los de la época anterior.
Antonio Elorza, estudioso de Santillán, escribió (al parecer cuando era marxista leninista), en 1976:

De esta manera. con la derrota del movimiento libertario español en la guerra civil si cierra la etapa decisiva en el pensamiento y en la práctica de Diego Abad de Santillán. Y otro tanto podría decirse de la vinculación entre anarquismo y movimiento obrero revolucionano que iniciara hace un siglo Bakunin con su actuación en el interior de la Primera Internacional (166) .

Santillán ya había señalado en 1924:


La famosa dictadura rusa, que dice apoyarse en el proletariado, no se mantendría 24 horas sin la Tcheka; eso lo saben muy bien los comunistas y por eso las instituciones policiales gozan de tanto prestigio y de tanto poder en la Rusia de los soviets
(167) .

Y la creación de la KAS -Confederación anarcosindicalista- en la URSS en mayo de 1990, y las huelgas de los mineros en 1990-1991, con la oposición de la mayoría de los líderes políticos soviéticos, marxistas y procapitalistas, es una demostración de que -aun con una Tcheka -KGB poderosa- el movimiento proletario sigue cauces libertarios.

El problema permanece, no obstante, entero, el de las variaciones de Santillán, erudito y economista anarquista. ¿Variaciones de raíz personal o de corte ideológico?

El problema no es nuevo: la pureza de un movimiento tropieza con las dificultades concretas, cotidianas. Raymond Aron observaba que el Papa nunca es un teólogo brillante, ni ningún secretario de un partido comunista es un teórico excepcional (168) . Son jefes que cosechan o preservan éxitos de un movimiento, incluso en detrimento de la filosofía que lo justifica. Juzgando la CNT en 1933, Nettlau escribía:

Pero si una organización abarca todos los intereses obreros serios de la vertiente meridional de un gran país, sus componentes se ordenan de la izquierda a la derecha y son demasiado diversos para ponerse en movimiento y sentir realmente y adelantarse por la idea avanzada (169).

Tanto por la presión social y económica como por el deseo de ascenso social individual, el cristianismo, el marxismo, etc., sufren variaciones y dicotomías profundas. Los movimientos milenaristas e igualitaristas cristianos, de los bogomilos a la Teología de la Liberación, se yuxtaponen a la Inquisición y al Opus Dei. El marxismo produce el monstruo del marxismo (trotskismo) leninismo, y -paralelamente- el comunismo de consejo, con los espartaquistas, Pannekoek, etc. El capitalismo produjo y sigue produciendo el hambre y la muerte cotidiana de millares de individuos, y brotan en su seno movimientos caritativos y ecológicos. El anarquismo se tambaleaentreel terrorismo (que ha de despertar las masas), el sindicalismo de acción directa y la superación ética del autoritarismo. Y surgenlas variantes y matices múltiples: anarcocristianos,anarcocapitalistas, capitalistascristianos, creyentes terroristas, etc. El fascismo abarca tanto el verticalismo y la política de exterminio racial como la crítica del capitalismo monopolista.

Pero queda la raíz, el cogollo, el centro de la filosofía de origen de cada movimiento, que fundamenta fenómenos de purificación, de reacción crítica en las ideas y en la práctica. Y en todos los «ismos» que he evocado, y otros muchos que se podrían compilar, únicamente el anarquismo tiene una base liberadora y antitotalitaria para todos los ciudadanos.

Y es este principio que Santillán quiso defender, y que logró demostrar con su vida: de pobre emigrante a América Santillán terminó por ser un anciano que dio con sus huesos en un hogar banal para viejos en Barcelona. No deseó medrar, ni en el capitalismo, ni en la masonería, ni en el Opus, ni en otra caterva nauseabunda de sedientos del poder, cuando por su prestigio, sus cualidades intelectuales y prácticas, le era fácil realizarlo.

Desdeñó el poder del dinero, o sea el poder de manipular realmente y gozar de las ventajas de los ricos (clínicas, servicios adecuados, etc.). Quizá, como en el poema de León Felipe, sintió que la doctrina se había comido a una parte de sí mismo, y resolvió, en parte, hacerla su propia carne, su propia sangre.

Por eso, más allá de la paja que descubrimos en Santillán, destruyamos la viga, las vigas del autoritarismo, de la explotación social en nuestro ojo, en nuestro ser.

1) Reseña del pleno de diciembre 1923 de la AIT, Suplemento de La Protesta (SLP) (24-2-1924).

2) «La significación del protestismo», SLP (30-3-1925).

3)) Reseña del pleno de XII 1923 de la AIT, SLP (242-1924).

4)Reseña del Congreso de marzo 1925 de la AIT, SLP (17-8-1925).

5)«El porvenir del anarquismo», SLP (10-11-1924).

6)«Los problemas del futuro», SLP (9-6-1924).

7)«Ideas sobre la anarquía y la revolución». SLP
(5-11-1923). En el artículo «¿La escuela racionalista o la Universidad popular» -SLP (20-11-1922)-ya subrayaba Santillán: «Es un triste espectáculo el que representan los niños de ocho o diez años dando vivas ala anarquía».

8) «Problemas de hoy y de mañana», SLP (16-7-1923).

9) «Los cauces de la revolución», SLP (9-7-1923).

10) «Nuestro programa», SLP (9-2-1925); El anarquismo en el movimiento obrero, Barcelona, Cosmos, 1925.pp.127,128.

11) Ibíd. (no reproducido en El anarquismo..., op. cit.).

12) «El hilo de Ariadna (apostillas a la lectura de nuestra prensa)», SLP (22-2-1926). «Haz lo que quieras», la fórmula de Rabelais, aparece también en «Filosofías baratas», SLP (8-3-1926), y «La libertad sin freno», SLP (12-4-1926).

13) «Ahí está Rusia y el ejemplo de muchos anarquistas en ella. Cuando llegó el momento de la acción fueron los campesinos ignorantes de Ucrania los que demostraron que sabían mejor que los teóricos del nado libertario encastillados en Moscú o en Petersburgo, y redactando allí periódicos anarquistas.» De «A nadar se aprende en el agua o la libertad sin freno». SLP (17-5-1926). «[...1 nadie había soñado en un movimiento insu-rreccional como el de la majnovichina, ni Majno mismo, y sin embargo se produjo.» De «Nuestro programa», SLP (16-2-1925); El anarquismo..., op. cit., p. 142.

14) En El anarquismo..., op. cit., 201 pp., aparecen en los capítulos la casi totalidad de los siguientes artículos de Santillán, en SLP: «Unidad de clase» (P1925), pp. 30-36: «Nuestro programa» (9-2-1925), pp. 120-128: «Nuestro programa» (continuación) (16-2-1925), pp. 133-140; «El anarquismo filosófico o el movimiento social anarquista» (24-8-1925), pp. 147-156. En el anexo «Menos anarquista que Carlos Marx» (10-8-1925), pp. 177-184; «Sindicalismo y anarquismo» de López Arango (13-7-1925), pp.185-193.

15) El anarquismo..., op. cit., p. 53.

17) Ibíd., p. 90.

18) «En tornoo a la Confederación Nacional del Trabajo (por el restablecimiento de la cordialidad)», SLP (8-6-1925). Hay que destacar que la profecía de Santillán no se cumplió, puesto que en julio de 1936, la CNT tenía como liberados: Horacio Prieto, secretario de Comité Nacional; Miguel González Inestal, secretario de la Federación Regional del Norte de Pescadores (Fraser Ronald, Blood of Spain, p. 50); Antonio Rosado, secretario del Comité Regional de Andalucía (A. Rosado, Tierra y libertad, Barcelona, p.60).

19) Así en El anarquismo..., op. cit., Malatesta sirve para combatir los fanáticos de un programa (p. 133), la visión filosófica en contra de la acción (pp. 145-150), contra el sindicalismo revolucionario de Monatte (pp. 160-161).

20) El anarquismo..., op. cit., pp. 162-164

21) «Las sorpresas de una polémica», SLP (3-10 / 11-1924).

22) «Sindicalismo y anarquismo», SLP (29-6-1925), sacado de Pensiero e Volontá (Roma), 6 (16-4/ 16-5-1925).

23) «Sindicalismo y ...», art. cit. (13-7-1925), re-producido en El anarquismo..., op. cit., pp. 147-158.

24) Sugerencia del amigo argentino Eduardo Colombo.

25) El anarquismo..., op. cit., p. 133; «Nuestro programa», SLP (16-2-1925).

26) Ibíd. p. 36; misma idea, pp. 175, 199-200.

27) «Se nos pide tolerancia a fin de no dar margen a conflictos intemos. ;Al diablo la tolerancia que deja crecer en el propio seno los buitres que nos sacarán los ojos, o los dictadores que nos harán fusilar cuando lleguen al poder! La tolerancia para con el mal es transigencia y complicidad. Y como no queremos ser cómplices de la guerra al anarquismo, no somos tolerantes con los adversarios de nuestras ideas, aunque se hayan refugiado en nuestras filas.» «Filosofía barata». SLP (8-3-1926). Me pregunto si el deseo de imitar el sectarismo de Moscú con sus filiales políticas no tuvo su influencia; así como el sentimiento de europeos (López Arango y Santillán nacieron en España) dando lecciones a Europa...

28) «Breviario de la contrarrevolución», SLP (10-3-1924).

29) «Consideraciones sobre la propaganda revolucionaria en América», SLP (2-2-1925).

30) «Una ojeada a la prensa anarquista de los diversos países», SLP (20-1-1928).

31) Memorias 1897-1936, Barcelona. Planeta, 1977, pp. 127 y ss.

32) «Los anarquistas y la política colonial de los Estados "civilizados"», SLP (12-1-1925).

33) Ibíd.. otro artículo, «Marruecos», SLP (3-8-1925), 1.1 y 2.1 pp

34) «Consideraciones del momento». SLP (30-4-1928).

35) «Un programa de acción (lo que es y lo que podría ser la editorial La Protesta), SLP (18/25-5-1925): también «La guilda del libro», SLP (11-1827).

36) Lista establecida a partir de los títulos descritos al final de Estatismo y anarquía, de Bakunin, publicado en 1929.

37) «El 25 aniversario de la fundación de la FORA» (1-5-1926).

38) Ibíd.

39) «Sobre experimentación anarquista por la creación de comunidades agrarias», SLP (8-11-1926).

40) «La jornada de seis horas», SLP (25-10-1926).

41) «Formas de la explotación del hombre por el hombre (informe a la Conferencia Obrera Continental de Buenos Aires». SLP (27-5-1929), p. 269.

42) «El hilo de Ariadna (a propósito de Orobón Fernández»>, op. cit.

43) «La propaganda no basta (temas del próximo Congreso Anarquista Regional), II. La preparación insurreccional», SLP (31-10-1929), p. 555.

44) AIT IV Congreso Mundial, celebrado en Madrid (España) en los días 16-20 junio de 1931, Barcelona. 1931. 18 pp.

45) «Shapiro, de Francia, pide al delegado argentino [Martil que detalle el porqué habiendo allí una organización que, según ellos, controlaba el movimiento revolucionario, se ha desmoronado tan rápidamente. Indica si no podría influir en ello el que, en vez de ser un movimiento obrero con tendencias anarquistas, fuera un movimiento anarquista apoyado en la clase obrera. Pestaña pregunta si ahora la FORA no se coaliga con las fueras que antes habían combatido para destruir la dictadura de Uriburu» (p. 9). «Carbó dice que España no puede aceptar que unas organizaciones inexistentes impongan su criterio a aquellas que en este congreso tienen la representación de más de un millón de trabajadores» (p. 15).

46) La prueba de que Santillán estimaba posible la revolución en España son los artículos de 1931, en particular en Solidaridad Obrera, que reproduce Elorza en Diego Abad de Santillán. El anarquismo y la revolución en España. (Escritos 1930-1938) (Elorza, Escritos, Madrid. Ayuso, 1976). Es de no-tar que el artículo «La propaganda no basta» en Acción Social Obrera (14-11-193 1), es exactamente el mismo que «La propaganda no basta (Temas del próximo Congreso Anarquista Regional) I», SLP, 10-1929. No sé si la 2.1 parte se publicó en España.

47) Buenos Aires, noviembre de 1932, con una presentación de Santillán por Luigi Fabbri.

48) Con la inclusión casi completa del artículo ,Más productividad con menos brazos» . SLP (22-4-929), en el folleto, en la parte que empieza por «Reducción de la jornada ...» hasta «hace unos años». También insistía dos veces en su folleto sobre «La jornada de seis horas». Fue sin duda una enorme decepción la indiferencia que recibió, puesto que se repite en «En tomo a la desocupación» , Tiempos Nuevos (1-10-1939); también se consigna en Memorias op. cit., p. 116.

49) «[ ...] el progreso científico y técnico no puede ser ignorado por amor a los idilios pastorales y a la placidez de los primitivos instrumentos de trabajo» («La bancarrota del sistema económico y político del capitalismo». en Elorza, Escritos, op. cit., p. 120); misma idea en El organismo económico de la revolución: Organismo (Madrid) (1978), p. 212.

50) El anarquismo..., op. cit. , p. 199.

51) Santillán/Lazarte, Reconstrucción social, Buenos Aires, Nervio, 1933. 255 pp. No deja de sorprender esta súbita asociación con un militante en la FORA que (casi) nunca había colaborado en La Protesta. Como lo escribió el mismo Santillán. Lazarte «no fue nunca un hombre de partido o de organiza-ción»; «entramos en relación cordial. aunque lu-chando cada cual desde la trinchera de su elección»; «Fue todo lo contrario de un hombre de secta o de iglesia», Juan Lazarte (militante, social, médico, humanista), Rosario, Grupo Editor de Estudios Sociales. 1964, pp. 3, 5, 7.

52) Reconstrucción social, op. cit., pp. 51-52 y 154.

53) Op. cit., «Introducción», pp. 7 y 8.

54) Op. cit., pp. 232-233.

55) Op. cít., pp. 235-236.

56) Op. cit... p. 254.

57) Memorias, op. cit., p. 181: Por qué perdimos la guerra. Madrid, G. del Toro, ed., 1975 («Carta al prologuista», p. 11. )

58) «Bancarrota...» (1932). en Elorza. Escritos, p. 131.

59) Prólogo de Santillán a Max Nettlau, De la crisis mundial a la anarquía, Barcelona. Solidaridad Obrera. 1933.

60) Aludo a la concepción de Santillán sobre el anarcosindicalismo en su período en La Protesta. También juego con el doble sentido que se puede atribuir al anarcosindicalismo: una manipulación por el bien del pueblo, un estímulo hacia la creación realmente libertaria. Para sendos ejemplos, véase Mintz La autogestión en la España revolucionaria. Madrid, 1977, pp. 353. 360 y ss.

61) Les syndicats ouvriers et la révolution sociale. París, 1930. 349 pp.

62) Reconstrucción social, op. cit., pp. 144, 147.

63) Madrid, 1978, p. 92, 95, 212.

64) Reconstrucción social, op. cit., p. 191.

65) Les syndicats ouvriers... «La lucha entre el ndpartido y los sindicatos es tan inevitable como la oposición de sus fines es irreductible. No serviría de nada lamentarlo. Hay que obrar resueltamente en consecuencia, desde ahora, en adelante, y prepararse a actuar con este rumbo.»), p. 237.

66) Reconstrucción social, op. cit., p. 237.

67) Op. cit., p. 8.

68) (1-7-1935),pp.65-67.

69) Respectivamente: pp. 74. 123-124. 161: 194.

70) «No hay dificultad técnica insuperable, toda esas contingencias han sido vencidas por la ciencú moderna». p. 75. «[con cinco años de trabajo serio en la agricultura] España se convertiría en un vergel», p. 69.

71) Pp. 57-58.

72) Véase la observación de Xavier Paniagua en La sociedad libre (agrarismo e industrialización en el anarquismo español 1930-1939), Barcelona, Crítica, 1982. pp. 259-260.

73) Respectivamente: pp. 218-219,126y 208.

74) Respectivamente: pp. 67. 100 y 191.

75) Elorza, Escritos, op. cit., p. 156.

76) Organismo, op. cit.,.. p. 210.

77) Elorza, Escritos, op. cit., p. 291: Tiempo Nuevos (1-6-1936).

78) Carta de Daniel Guerin del 10-10-196-reproducida en francés en Ni Dieu ni maître. París, III, pp. 131-132. Para una apreciación en contra del Organismo y su tendencia productivis ta, se puede leer el fin de The Spanish anarchists pp. 310-312 de Murray Bookchin, Nueva York Free Life, 1976.

79) Organismo. op. cit., p. 212.

80) Aludo a Horacio Prieto. Véase Mintz. op cit., pp. 49-50 y la revista Archipiélago, n° 4.

81) Mintz op. cit., p. 49.

82) Delegado del Comité Nacional de la CNT e el pleno de colectividades de Aragón de febrero á 1937 (Mintz, op. cit., p. 172). Sobre el uso de «transigir» y algunas reacciones durante la guerra, ver Mintz, op. cit., pp. 252-283, 316. 317 y 326.

83) Por qué..., op. cit., pp. 102 y 110.

84) «Socialización de la economía española po los sindicatos y colectividades agrarias e industriale revolucionarias». La Campana (Buenos Aires (agosto de 1948), pp. 54, 62-63 y 65.

85) «Una mirada al pasado». Reconstruir (Buenos Aires). 72 (1971), p. 4. Fabbri presentaba así, Santillán en la introducción a la «Bancarrota» e 1932: «Su escrupulosidad y su fidelidad intransigente a sus propias convicciones pudieron tal vez desde lejos, hacerlo aparecer como un sectario, per quien haya tenido esta impresión y haya podido des pués conocerlo de cerca se habrá convencido de lo contrario».

86) Colombo Eduardo, « Anarchism in Argentina and Uruguay» en Anarchism today, Londres, Mac Millan Press, 1971, p. 201.

87) «Socialización de la ...», art. cit.. p. 66.

88) Ibíd., p. 69: idea similar en «Siempre en bus ca del camino», Comunidad Ibérica (México DF). (1964).

89) «La alianza con la nueva generación españe la», Ibíd., 2 (1963),9.

90) Reminiscencias en «La herencia de las frase hechas y de los dogmas», Ibíd.. 42-43 (1969):; Guardia Abella.
Conversaciones sobre el movimiento obrero, Madrid, La Piqueta, 1978, pp. 29-31.

91) «Apuntes para una problemática del arar quismo». Reconstruir, 60 (1968): idea similar e «Sindicatos de ayer y hoy». Comunidad Ibérica n° 27 (1967), p. 9.

92) «Ayer. hoy y mañana» en El movimiento libertario español, París, Ruedo Ibérico, 197= P. 275.

93) «La bancarrota... », en Elorza. Escritos, p. 137

94) Estrategia y táctica Ayer, hoy y mañana México DF, Cajica. 1971, 335 pp.; para la cita, « la crisis contemporánea y de sus soluciones», Reconstruir, 16 (1962), p. 21

95) Estrategia..., op. cit.; «A la libertad por la libertad», Reconstruir, 25 (1963), p. 7. Los mismos párrafos se repiten en «Caracteres generales de la era atómica (una revolución regida por la ciencia y la técnica)». Comunidad Ibérica, 25 (1963), p. 9.

96) Estrategia..., op. cit., «La idea y el hecho de la dictadura», Reconstruir. 42 (1966), p. 9.

97) Estrategia..., op. cit., «La organización pro-fesional de la sociedad, una estructura representati-va. Reconstruir, n.° 65 (1970), p. 10: Comunidad Ibérica, 49-50 (1970-1971), p. 14.

98) Estrategia..., op. cit., «A la libertad... », Reconstruir, p. 8.

99) Estrategia..., op. cit., «La organización...», Comunidad Ibérica, p. 9, 11.

100) Estrategia..., op. cit., p. 318.

101) Estrategia..., op. cit., pp. 321-322.

102) Testimonio oral de un amigo suyo (Eduardo Colombo).

103) Jorge N. Solomonoff, «El liberalismo de avanzada» Buenos Aires, Proyección, 1973, pp. 35-36. [El libro está compuesto de la presentación del autor y textos de Godwin. Nettlau, Tucker, Rocker, H. Read.]

104) Op. cit., pp. 41-42. La cita de Bakunin viene de la antología temática: Bakunin, El sistema del anarquismo, Buenos Aires, Proyección, 1973, pp. 160-161. Dicho libro es una parte del libro de G.P. Maximoff The political philosophy of Bakunin, Nueva York, Free Press, 1953.

105) Se puede añadir como militantes que privilegian el respeto del capitalismo y odiaban la IRSS: Rudiger en Suecia, Souchy en Alemania, Juan López en la emigración en México, y luego en España en organismos falangistas, Gastón Leval en Francia en los sesenta (su etapa masónica como me lo dijo en una charla en su casa en los setenta).

106) Buenacasa en los veinte. Durruti, Montseny, Peiró en los treinta, los llamados cincopuntistas en los sesenta.

107) . «Inconsistencia temperamental» según Leval; «modelo de confusión» según Alfonso Bueso; citados por Paniagua en La sociedad libertaria. Barcelona. Crítica, 1982, pp. 250-251. García Oliver en El eco de los pasos (París, Ruedo Ibérico, 1978) pasa de la ironía «tipo tan estrafalario como su seudónimo» (p. 132) a la mera calumnia «Él. que en la ponencia sobre el Comunismo Libertario, que presentó su sindicato de Profesiones Liberales en el Congreso de Zaragoza, propugnaba la sustitución de los ejércitos por equipos de fútbol [...]» (p. 233). Compárese con el texto aludido. dictamen de Artes Gráficas de Barcelona: «[ ..,] se crearán cuerpos de voluntarios para el adiestramiento y el manejo de las armas: esos cuerpos se vincularán local, regional y nacionalmente, en forma parecida a como hoy se hacen los equipos de jugadores de fútbol, las instituciones de la Cruz Roja, etc.», Solidaridad Obrera (24-4-1936) reproducido por Elorza en Revista de Trabajo, 32 1970), p. 304 y Elorza, Escritos, p. 327. Quizá la critica más interesante sea la de Felipe Alaiz sobre la falta de casticismo del estilo de Santillán (más sensible en aquel entonces) y sus lecturas mal asimiladas: «[la gente afín] no puedo enviarles las obras de Nettlau porque no las entienden de pésimamente traducidas que están por mosén Santillán, futuro gobernador general de Cataluña como veremos, si vivimos tres años: Yo soy casi el único que no me tragué nunca sus bolas y ya tuve controversias con él hace 14 años llamándole jirafa marxista. Cuando el papanatismo confederal le creía un hombre de ideas, un animador del Movimiento Anarquista, etc., viendo solamente el hombre-tijera. Hay millares de sastres que no han usado tanto la tijera como él. [...] América es aun peor que España, es el continente estúpido». (Carta personal a Federica Montseny, 20-2-1936: Archivo militar de Salamanca, B 809.)

108) Primero el Congreso de Zaragoza preveía la elaboración de un dictamen más completo en un pla-zo de dos meses (para mediados de julio de 1936), que no apareció sin duda por la presión de los acontecimientos golpistas. Anunciado en El Congreso Federal de Zaragoza [París], Ediciones CNT, 1955. p. 168. Segundo, la negación de la razón de ser de la Comuna y la propuesta de que «la contrarrevolución interior ha de ser suprimida por todos los medios y sin ninguna consideración para los contrarrevolucio-narios» (Elorza, Escritos, pp. 325, 327) parecen inducir el totalitarismo.

109) Elorza. «El anarcosindicalismo bajo la dictadura (1923-1930), la génesis de la Federación Anarquista Ibérica», Revista de Trabajo, 39-40 (1972).

110) Memorias, op. cit.; Kem, Robert, W., Red years black years. Filadelfia, Institute for the Study of Human Issues, 1978.

111) César M. Lorenzo, Les anarchistes espagnols et le pouvoir 1868-1969, París, 1969: gran especialista de las fuertes personalidades en la Confederación no destaca la contribución de Santillán.

112) La regional andaluza proponía que el «estudio de las bases del comunismo libertario» fuera hecha por varios militantes «entre otros, por Santillán» , Memoria del pleno peninsular de la FAI (celebrado el 30 de enero y 1 de febrero de 1936), Barcelona, 1936. p. 28. La misma regional subrayaba la necesidad de traducir textos anarquistas al árabe para África del Norte. En ambos casos, se nota el impacto tardío de los artículos de Santillán en Tiempos Nuevos.

113) Porqué .... op. cit., p. 35; Memorias, op. cit., p. 217,220,273-274.

114) Ángel M.’ de Lera, Angel Pestaña, retrato de un anarquista, Barcelona, Lib. Ed. Argos, 1975, pp. 309-311.

115) Mintz, «Les contacts de la Phalange aves les républicains et la CNT», CPCA, 27 (1984).

116) Para Asturias, visión comunista del PC: «En medio del fragor de la pelea, los comités revolucionarios atendían incluso a las obras de tipo social [...] Se combatía y se creaba simultáneamente» (Jesús Hernández, Negro y rojo, los anarquistas en la revolución española, México, España Contemporá-nea, 1946, p. 127). Visión comunista del POUM: «El orden revolucionario aparece en todos los terrenos. Queda abolida la moneda» (Joaquín Maurín, Revolución Y contrarrevolución en España, París, Ruedo Ibérico, 1966. p. 156).

117) «Informe del Comité Peninsular de la Federación Anarquista Ibérica al Movimiento Libertario Internacional» (septiembre 1937), firmado por San-tillán, Germinal De Souza, Pedro Herrera y Federica Montseny: reproducido en Ramón Álvarez, Historia negra de una crisis libertaria, México DF, 1982.

118) Véase Mintz, op. cit. y Richard Vernon, Enseñanzas de la revolución española, Madrid, Campo Abierto, 1977.

119) «Si hubiéramos de hablar al desgaire de todo lo que podía hacerse y no se ha hecho en estos dos meses trágicos, si hubiéramos de hablar al des-gaire de las posibilidades que ha habido de tener todos los elementos ofensivos y defensivos que no se han tenido, mientras en Madrid, en el Banco de España, hay millones, millones y millones de oro estacionado (aplausos): si hubiéramos de decir cuál ha sido nuestra rabia, cuál ha sido nuestra importancia, viendo posibilidad de realización de todo, de batir de manera eficaz y definitiva en una semana o dos, como máximo, al fascismo, y que no se ha podido hacer por la incapacidad, por la incomprensión de los otros, diría demasiadas cosas y prefiero no decir ninguna.» «Texto completo del discurso de Federica Montseny del domingo 20», Fragua Social (22-9-1936), pp. 3 y 4.

120) Esta obra sufrió el rigor de la censura, la «tirada fue destruida», según C. Rama, La crise espagnole au XX siécle, París. Fischbacher, 1962. p. 378.

121) La revolución y la guerra en España, Barcelona. Artes Gráficas CNT, 1937, pp. 144-145.

122) Porqué..., op. cit., p. 164.

123) Lo revolución y..., op. cit., pp. 146-147.

124) Ibíd., pp. 143-144.

125) Por qué..., op. cit., p. 171.

126) Ibid., p. 143.144.

127) La revolución y..., op. cit., pp. 192. 193, 197, 203. Desde el enfoque lógico, el argumento del «doctrinarismo anquilosado» es exacto, lo mismo que si se aplicara al asesinato o cualquier extremismo, porque hacía caso omiso de la experiencia histórica y de la sicología humana. Santillán, traductor de Bakunin, se había saltado a la torera esas frases de Estatismo y anarquía: «[el gobierno del pueblo es una minoría que] será compuesta de trabajadores. Sí, de antiguos trabajadores, quizás, pero en cuanto se conviertan en gobernantes o representantes del pueblo cesarán de ser trabajadores, y considerarán el mundo trabajador desde su altura estatista, no representarán ya desde entonces al pueblo sino a sí mismos y a sus pretensiones de gobernar al pueblo. El que quiera dudar de ello no sabe nada de la naturaleza humana», Buenos Aires, La Protesta, p. 288.

128) Ibíd., p. 205.

129) Por qué..., op. cit.: informes de agosto: pp. 245 y ss., pp. 249 y ss., pp. 252 y ss., pp. 261 y ss.; informes de septiembre: pp. 225 y ss., pp. 285 y ss., pp. 256 y ss.

130) Ibíd., p. 242.

131) Ibíd., pp. 243-244.

132) Cipriano Mera, Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista, París, Ruedo Ibérico, 1976, p.239.

133) César M. Lorenzo, op. cit.. p. 336.

134) Por qué..., op. cit., pp. 315, 322, 341-342.

135) Ibid., pp. 337 y ss. En diciembre de 1938, con tal personaje, era una entrevista baladí y absurda.

136) Timón, n.° 6. pp. 5 y 10.

137) Véase «Las interpretaciones de la transformación económica revolucionaria».

138) «Consideraciones del momento», SLP (30-4-1923).

139) Ibíd.

140) O. Bayer, La Patagonia rebelde, Buenos Aires. 1985: Santillán, Memorias, op. cit., pp. 66 y ss. 141. «Nuestro programa»,SLP (9-2-1925). 142. «La propaganda no basta», SLP (31-10-1929).

141) Nuestro Programa, SLP (9-2-1925).

142) La propaganda no basta, SLP (31-10-1929).

143) El ideal y la metodología anarquista, Mañana, Barcelona, 1930, reproducido en Elorza, Escritos, op. cit., pp. 64 y 69.

144) «La bancarrota...», art. cit., p. 152.

145) Tiempos Nuevos (5-12-1934); Elorza, op. cit., p. 209; Organismo, Madrid, 1978, p. 218.

146) Organismo, p. 191.

147) Solidaridad Obrera (24-4-1936), dictamen sobre el comunismo libertario del sindicato de Artes Gráficas de Barcelona, firmado por A. Martínez, Germinal Suárez, B. Castillo y Santillán; Elorza, op. cit., p. 327.

148) Por qué..., op. cit., p. 94.

149) Timón, 5 (noviembre, 1938).

150) Así evoca Santillán el pasado de La Protesta en la semblanza de Lazarte : Juan Lazarte, militante, social. médico, humanista, Rosario, Grupo Editor de Estudios Sociales, 1964.

151) Memorias, p. 103.

152) J. Cimazo, Una voz anarquista en la Argentina. Vida y pensamiento de Jacobo Prince, Buenos Aires, 1984,pp.30-31.

153) Memorias, pp. 119-120.

154) O. Bayer, Severino Di Giovanni el idealista de la violencia, Buenos Aires, 1989 (1.1 ed. 1970).

155) «Anarquismo o anarco-banditismo», La Protesta (4-11-1928) (selección de Osvaldo Bayer, op. cit., pp. 158-161).

156) Ibíd., p. 204.

157) Ibíd., pp. 204.205.

158) Carta de Ugo Fedeli-Treni, 15-5-1930, op. cit., pp. 253-254.

159) Ibíd. (abril, 1930), p. 252. 160. Ibid., pp.262-263.

160) Ibid., pp.262-263.

161) Ibid., pp. 378-379.

162) «Discurriendo entre compañeros», Tiempos Nuevos (1-5-1935), 19

163) Participé en la decisión de editar y en la publicación, por primera vez en castellano, de Enseñanzas de la revolución española, de Vernon Richards, que también traduje al francés. Eso explica mi postura en Autogestión en la España revolucionaria, un librito con Miquel Peciña sobre Mayo de 1937, una antología de Camilo Bemeri (en francés).

164) Presentación de Santillán por Elorza en Diego Abad de Santillán. El anarquismo..., op. cit. pp. 9-52.

165) Ibíd., p. 52.

166) «El porvenir del anarquismo», SLP (10-11-1924).

167) Críticas pronunciadas, como presidente de un tribunal universitario, en la Sorbona, durante la tesis de una soviética -cuyo nombre he olvidado- en 1962 o 1963.

168) Mintz, op. cit., p. 256.