Cinco años después de los 19 y 20 de diciembre

Lunes 14 de abril de 2008, por Red Libertaria

Cinco años después de los 19 y 20 de diciembre

"¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo, y mostrar que pues vivimos, anunciamos algo nuevo" (Gabriel Celaya)

Aquel 19 de diciembre comenzaba de manera trágica: 5 muertos de nuestro lado, producto de la represión a los saqueos. La lucha inter-burguesa se recrudecía, y los sectores de la burguesía descontentos con De La Rúa organizaban su caída. Pero las necesidades populares iban más allá de dicha lucha de poder; los saqueos respondían a las necesidades mas concretas de los sectores populares, resentidísimas y agudizadas más que nunca como producto de la crisis. Ya desde el 13 de diciembre el paro general ponía la situación al rojo vivo. Los saqueos se sucedían en el interior del país; los piqueteros cortaban la ruta y los accesos a la Capital, y se realizaban manifestaciones, cacerolazos, apagones, ollas populares, escraches, tomas de facultades, ataques a diversas sedes del gobierno y enfrentamientos con la policía. Durante esos 7 días anteriores al estallido, la sensación era de que todo iba a estallar muy pronto... y asi fue. El gobierno jugó una de sus últimas cartas, en su intento de aislar a los barrios obreros
y populares del Gran Buenos Aires, militarizándolos, cortando el transporte y evitando de esa manera su confluencia con los descontentos sectores de clase media. Así, el Gobierno empieza a correr la bola de que se aproximan saqueos en los barrios populares. Muchos trabajadores salen a las puertas de sus casas, a sus terrazas, armados algunos, a defender sus pocas posesiones. El gobierno recurre a lo más bajo: generar una lucha de pobres contra pobres. De esta manera, cercaba a los sectores más combativos, pero lejos de demostrar fuerza sólo confirmaba su debilidad. Mientras tanto, en La Capital, la tensión aumentaba. Ante la situación de crisis, De La Rúa se veía obligado a dar declaraciones públicas tras los incidentes
y las muertes. El congelamiento de los ahorros, que por supuesto no tocó las holgadas cuentas de los sectores acomodados sino que perjudicó a los empobrecidos sectores de clase media y populares (muchos de los cuales ya habían perdido sus ahorros en los 80), generaba un gran descontento. El clima de tensión aumentaba, haciéndose evidente la crisis y rememorando los hechos ocurridos durante el ocaso de Alfonsín, en el 89’. De La Rúa habla por cadena nacional, decretando pasadas las 22 hs el Estado de Sitio en todo el país. Pero antes de terminar su discurso, millones de personas comienzan a asomarse a sus balcones y ventanas o a las puertas de sus casas, golpeando sus cacerolas en señal de protesta. La gente comenzaba a salir a la calle a manifestar su descontento. A nadie le importaba el Estado de Sitio. Así, señoras en camisón, hombres en pantuflas, jóvenes, viejos y niños, la familia entera reunida en una esquina comentando su descontento con otros vecinos, cortando la calle, quemando
bolsas de basura, manifestando su bronca en puteadas y cánticos contra el gobierno, palmas, y el constante golpear de cacerolas y ollas, esas mismas ollas y cacerolas que por esos días tanto costaba llenar, utilizadas simbólicamente para enfrentar al gobierno. Los vecinos así rompían el anonimato, dejaban de lado los viejos rencores o las comunes indiferencias propias de la ciudad, y comenzaban a dialogar, a compartir su rabia y su desesperación, a comunicarse, a hacer eso que el neoliberalismo y el capitalismo no quieren que hagamos. Así, en la puesta en común de problemas y broncas, y en la búsqueda colectiva de soluciones, en esa esquina o en esa calle o en esa plaza de siempre, surgen las asambleas populares. Sin que nadie las decrete, sin que nadie las convoque, sorprendiendo a los militantes que no imaginábamos dicha respuesta. El barrio entero se autoorganizaba en esa calle que ahora era nuestra, sin importar el policía que miraba de reojo sin poder hacer nada. Por primera vez y después de mucho tiempo, empezábamos a actuar y a decidir por nosotros mismos. Así, sin que nadie diera la orden y como un movimiento instintivo, inmensas columnas de vecinos y vecinas se dirigen a la Plaza de Mayo a manifestar su bronca. “Que boludo, que boludo, el Estado de Sitio se lo meten en el culo!”. A nadie le importaba lo que ordenara el gobierno, ni su ridículo Estado de Sitio que no asustaba a nadie. Esa noche la televisión ya no tuvo a quien hablarle, bajándole línea a la nada, monologando sin público. Mientras tanto, miles y miles de personas confluyen en la Plaza desde todos los puntos de la ciudad, exigiendo la renuncia del presidente y del
ministro de Economía. Nuevamente, la histórica plaza se llenaba de pueblo. La emoción de ese momento es intransferible. De repente, empieza a escucharse un canto que poco a poco se multiplica hasta transformarse en uno solo. Un canto que sintetiza todo el sentimiento de aquellos días. Uno que los anarquistas nunca podremos olvidar, y que ya forma parte de nuestra batería de consignas. Uno que forjó nuestra historia, y que sin duda marcó un punto de inflexión en la historia argentina: “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”. La alegría se mezclaba con la bronca, y ya nadie quería irse de la plaza. Mientras tanto, el balcón
presidencial permanecía vacío. Ningún presidente nos mandó a nuestras casas, ni al trabajo, ni nos dijo “la casa está en orden”. El pueblo estaba ahí y no pensaba irse. Durante la media noche Domingo Cavallo presenta públicamente su renuncia, y todo estalla en una fiesta. Esa noche el “riesgo país” marcó 5000 puntos, pero ya a nadie le importaba. La sensación era la de estar edificando el futuro con nuestras propias manos. En un momento la represión se desata, la respuesta popular también. Crónica muestra una de las palmeras de Plaza de Mayo ardiendo en llamas, la gente resiste hasta las 4 de la madrugada, nadie se quiere ir. Tuvieron que sacarnos con gases y balas de goma.

“El pueblo unido jamás será vencido”

Pero en menos de diez horas, aquel caluroso jueves 20 de diciembre, nos reencontramos en la Plaza, para hacer oír nuestra bronca y para que se vayan todos: Así, se oyó cantar en Plaza de Mayo: “ole lé, ola lá, si este no es el pueblo, el pueblo adonde está”, “Luche que se van”, “Adonde está, que no se ve, esa famosa CGT” y, por supuesto, “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. El gobierno respondió cobardemente, soltando a la montada que se tiró contra las Madres de Plaza de Mayo y que pisotéo a los manifestantes que protestaban
pacíficamente sentados sobre el pasto de la Plaza. La indignación no se hizo esperar, y así empezaron los enfrentamientos. Los gases lacrimógenos y las balas de goma, el pueblo que retrocede de la Plaza pero que la vuelve a conquistar minutos después, en un tire y afloje con la policía. “No se vá, el pueblo no se vá”. La Plaza era nuestra, ¿cómo nos iban a echar? Los oficinistas salían antes del trabajo y se sumaban a la batalla, la gente que salía de los bancos o de los restaurantes y que se plegaba a la lucha, junto a los obreros que abandonaban la obra o la reparación de la calle para plegarse al “cachengue”. Esa tarde, no hubo barreras entre los oprimidos. Gente de traje y corbata repartiendo piedra al lado de piqueteros, de estudiantes, de ahorristas, de obreros, de jubilados, de motoqueros, de jóvenes, de gente más grande que había enfrentado la dictadura y que ahora volvía a pelear, con el júbilo inocultable en el rostro. Era volver a nacer. Un motoquero del SIMecA enfrenta a la montada con valor y ahuyenta a sus caballos. Un grupo de jubilados aplaude su acción: “bien, pibe, necesitamos más gente como vos”, le dice uno. Los camiones hidrantes reparten chorros de agua como latigazos, la policía se lleva gente de los pelos y pega a mansalva. Las vallas son derribadas, se suceden los inolvidables enfrentamientos en Diagonal Sur y en el Congreso, las corridas por la 9 de Julio, los choques en las pequeñas calles del Microcentro. Los bloques de manifestantes se ayudan unos a otros, procurando que ningún grupo quede rodeado por la policía. La solidaridad de clase expresada en esas horas es indescriptible. A las 3 de la tarde la represión empieza a ponerse “heavy”. Los heridos son llevados por grupos de personas, algunos taxistas se arriesgan y se meten en el centro de la represión para socorrer heridos con su vehículo, los colectiveros suben gente sin mirar y la transportan a un lugar más seguro. El saber colectivo se expresa de manera natural, uno hace respiración boca a boca a algún sofocado, otro que presta generosamente su pañuelo a alguien, el limón contra los gases, las remeras en la cara, las botellas de agua para sofocar el calor, los porteros que manguerean a los agobiados manifestantes en cueros, en uno de los impasses de la batalla. Los más experimentados “detectan” a los servicios de la SIDE y alertan a los demás. Las baldosas son quebradas con martillos para obtener nuevos proyectiles. Los volquetes aportan su contenido para el enfrentamiento con la policía. HSBC, Bank Boston y otros bancos son apedreados e incendiados, el camión de Oca dado vuelta, los Mc Donalds y Burger King graffitteados y destrozados por manifestantes. Las bolitas y miguelitos para derribar a los caballos, las molotovs contra las tanquetas. Los proyectiles llueven contra la policía y las distintas sedes del gobierno. En cada pedrada se expresaba la bronca de aquellos días, la impotencia, la carencia de futuro, la falta de trabajo, el arroz y la polenta repetidos cada día, la humillación de la interminable cola por los 150 pesos del Plan, el Bolsón con comida en mal estado, los salarios de hambre pagados en Patacones, Lecops y dinero de mentira, los pocos ahorros confiscados, la casa hipotecada, el reloj de pared del abuelo vendido para pagar las expensas, las economías de guerra, la pobreza. La trágica mueca de la muerte que sonríe en la calle, en la ruta, en el barrio, paseando su figura entre los monoblocks y las casas de chapa,
entre la basura donde se aloja el último bocado de comida, en el tren de los cartoneros, en el escruche de los sueños por parte del sistema, acá en el país de la masacre todos los días; en la esquina, en el vino adulterado mezclado con pastillas, en la cumbia de la muerte, en los hospitales, a la salida de un boliche, con el miedo de ser asesinados por la policía, o por el mercado, o por el gobierno, o por la indiferencia, o por el olvido. Ese miedo de a poco era dejado de lado en el medio de la lucha.

¿Revuelta? ¿Insurrección? ¿Pueblada? Difícil decirlo con palabras. Cayendo la tarde De La Rúa presenta su renuncia y huye en helicóptero. Una ovación de júbilo y euforia se expande por todos lados, los abrazos con los desconocidos como señal de triunfo, las lágrimas, mitad de alegría, mitad por el gas, los aplausos, los cantos, “el pueblo unido jamás será vencido”, “el pueblo unido jamás será vencido”.

Nunca vamos a olvidar ese día; la vez que tiramos a un presidente, que nos hicimos oír; la improvisada barricada compartida con anónimos compañeros, los desconocidos socorriendo a los heridos, evitando las detenciones, poniendo el pecho en la primera línea de fuego. Y a los compañeros caídos. Gustavo Benedetto, Diego Lamagna, Gastón Riva, Petete Almirón, asesinados en la revuelta, Pocho Lepratti asesinado en Rosario defendiendo el comedor del que participaba, los asesinados en los saqueos. 34 muertos oficiales. Y la inmensa cantidad de desaparecidos en los barrios, los “NN”, los asesinados por los escuadrones para-policiales y por los grupos de oficiales y militares retirados. “Todo parto implica sangre”, dice una vieja frase. Nosotros sabemos muy bien donde nos duelen los muertos.

“Que venga lo que nunca ha sido”

Lo demás, es por todo sabido. Luego de De La Rúa echamos a Puerta, a Caamaño y a Rodríguez Saá, quien asume prometiendo no pagar la deuda externa y cantando la marcha peronista, pero que es expulsado por el pueblo el 30 de diciembre. Que se vayan todos, dijimos, y “todos”, es todos. Así, vendrían el cacerolazo del 28, el del 10 de enero, las marchas de los viernes, la masificación de las asambleas, la InterBarrial del Parque Centenario, los escarches a políticos, jueces y banqueros, la renuncia de Grosso, y luego de todo el gabinete, las manifestaciones en la Casa Rosada, el ingreso al Congreso y el destrozo de sus muebles, vidrios y cuadros, y el incendio de sus cortinas, la batalla campal bajo la lluvia el 25 de enero, el enfrentamiento en el Congreso entre la izquierda y la patota peronista enviada por Duhalde, la comisaría de El Jagüel prendida fuego por los manifestantes, enfurecidos por el asesinato de Javier Barrionuevo en la ruta, los cortes al Puente Pueyrredón, La Noria, Alsina y Saavedra y a varias rutas nacionales y provinciales, la Asamblea Nacional Piquetera en el Estadio de Villa Domínico, las ocupaciones de fábricas, las tomas de colegios y universidades, la ocupación de predios y de bancos abandonados para el uso de las asambleas vecinales, las luchas campesinas, los MTD`s, la unidad en la lucha, el poder popular en la calle, el método asambleario, la horizontalidad, la democracia directa, la autogestión, los planteos de “gobierno de asambleas”, las asambleas que rechazaban el “artículo 14” que dice que el pueblo decide y delibera a través de sus representantes, el cuestionamiento al estado, una interpretación cada vez más radical del “que se vayan todos”.

¿Y si se fueran todos? ¿y si realmente se fueran todos? ¿Qué pasaría? Imaginemos por un instante un mundo sin gobernantes, sin empresarios, sin jueces, sin banqueros, sin funcionarios, sin burocracia, sin iglesia, sin policía, sin militares, sin fronteras, sin clases sociales ni jerarquías, y basado en la libertad, la igualdad y la solidaridad, esa misma solidaridad de los de abajo que experimentamos el 19 y el 20, en la asamblea con los vecinos, en la ruta, con nuestros pares laburantes en la empresa recuperada, y en cada lugar de lucha. Al día siguiente del estallido, una pintada apareció en el Microcentro, y que tiene particular carga simbólica para los anarquistas. La pintada rezaba “que venga lo que nunca ha sido”, y estaba firmada con una “A” de anarquía. A eso apostamos quienes integramos la Red Libertaria. ¡Por un segundo Argentinazo! ¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!

Balance: 4 años de la Red Libertaria

Nos acercamos al final de un 2006 conflictivo, de lucha y resistencia, de organización y difusión de las ideas y prácticas anarquistas. Este 2006 ha significado también, un año en los kioscos, barrios y en las luchas de nuestra joven prensa “Hijos del Pueblo”. Y también se cumplen 4 años desde que comenzase a caminar esta propuesta que lleva por nombre Red Libertaria.

Nuestros orígenes

Aquel 19 y 20 de Diciembre de 2001 nos encontraba en las calles y en los barrios, resistiendo, discutiendo y organizando; aguantando con piedras y palos los embates de la policía e infantería que cubrían la cobarde y vergonzosa huída de De La Rua.

Dentro de aquel caldero de indignación, rabia e injusticia, se fueron manifestando prácticas e ideas libertarias, a través de la acción directa y la conformación y organización de asambleas. Cortes de calle, rutas y puentes. Recuperación de espacios para el pueblo y el nacimiento de numerosas experiencias de autogestión. Cuestionamientos directos al Estado y al Capitalismo, a los políticos y a los partidos. Con este panorama como trasfondo, compañeros y compañeras de las ideas anarquistas nos fuimos encontrando en las luchas, buscando superar la carencia de espacios libertarios, a la vez de comenzar con la propaganda y difusión del ideal libertario. Así llegamos a fines de Diciembre de 2002, en donde comienzan las primeras reuniones formales de Red Libertaria.

¿Qué queremos?

Red Libertaria Argentina se propone como uno de sus principales objetivos que el Anarquismo vuelva a estar presente en las calles, en las fábricas y talleres, en los colegios y facultades, en los barrios y asentamientos. Que el Anarquismo deje de ser una pieza de museo para la discusión de filósofos e historiadores, y vuelva a ser una fuerza revolucionaria, que combata y destruya al capitalismo en todos lados, expresando como sus principales herramientas la acción directa, la horizontalidad, el federalismo, la solidaridad, la autogestión, la libertad e igualdad.

Para ello, creemos que es necesario lograr combinar tanto las prácticas como las ideas, de manera que ambas cosas se interrelacionen de modo permanente. Otro de los principales objetivos de Red Libertaria Argentina es tratar de acercar y relacionar a todos aquellos compañeros y compañeras que se encuentran dispersos y que saben que de modo aislado todo es muy difícil, pero que por el contrario, uniendo esfuerzos, nuestra capacidad se potencia. Por ello, también creemos y apuntamos a la unidad del movimiento anarquista, respetando nuestras diferencias, pero solidarios en nuestras ideas y prácticas.

El Anarquismo posee una inmensa riqueza de ideas, propuestas y prácticas, que si bien pueden diferir en ciertas cuestiones, eso no puede implicar divisiones irreconciliables, sino que debe primar el diálogo y la crítica fraterna. En particular, creemos que debemos trabajar en base a los fundamentos revolucionarios del Anarquismo, en particular las ideas de organización, compromiso y acción revolucionaria propuestas por Bakunin y Malatesta.Nuestro funcionamiento es asambleario y federal, en donde todos y todas pueden proponer, opinar y resolver, y a la vez todos y todas nos comprometemos a participar y trabajar en las distintas tareas por hacer.

¿Qué hemos hecho?

Hemos trabajado organizada y comprometidamente por la reinserción del Anarquismo en el pueblo, llevando las ideas y prácticas a nuestros lugares de trabajo, de estudio o vivienda, discutiendo en todas las reuniones y asambleas en donde participamos, difundiendo a través de nuestra prensa y nuestros volantes. A la vez, hemos realizado numerosas actividades de difusión y construcción entre los oprimidos. Hemos establecido contacto y fortalecido nuestra relación con compañeros y compañeras de todo el país, y en estos momentos acabamos de conformar nuestra zonal en el sur del Gran Buenos Aires, con la idea de expandir nuestra propuesta de modo de organización federativo.

¿Qué pensamos hacer?

No hemos hecho más que empezar: apuntamos a un Anarquismo Revolucionario, integrado e inserto dentro del pueblo y sus organizaciones, que sea capaz de enfrentar al Capitalismo y destruirlo, que sea una verdadera alternativa revolucionaria, y no solo material consultivo en un diccionario. Un Anarquismo que se atreva a discutir y cuestionar la realidad, a combatir
las injusticias del sistema, a proponer métodos de organización igualitarios y participativos, en donde todos y todas puedan opinar, proponer y accionar, sin que sea necesario que unos pocos iluminados decidan qué hacer. Nuestro trabajo debe ser permanente y comprometido, altivo frente al enemigo burgués. Las experiencias previas nos demuestran que con solo sentarnos a discutir una idea o un autor no llegan los cambios. Los cambios se hacen día a día,
participando y discutiendo en todos lados, con nuestros vecinos y vecinas, con nuestros compañeros y compañeras de trabajo y de cursada, con todos aquellos y aquellas que no están dispuestos a permitir que esta triste realidad que es el Capitalismo nos siga dominando, explotando, contaminando, controlando y asesinando. Debemos ser germen de cambios, fuerza revolucionaria, voluntad inclaudicable de libertad. Compañeros y compañeras: Red Libertaria cumple 4 años de existencia, pero nos esperan muchos más para poder continuar
en nuestra labor de construcción y organización del Anarquismo Revolucionario. La propuesta es unirnos y potenciar nuestras fuerzas.

¡Organización y Lucha para que se vayan todos!

¡Mano tendida para el compañero; puño cerrado al enemigo!

¡Salud y Revolución Social!