La lucha de los trabajadores y trabajadoras en España y en Francia

Miércoles 23 de julio de 2008, por frank

La lucha de los trabajadores y trabajadoras en España y en Francia

Dos pasados opuestos y un presente único

Al principio se me propuso tratar del tema de la conflictividad operaria en Europa, pero sería lo mismo que exponer las luchas de las masas en América Latina, si bien hay un enemigo común las situaciones son muy diferentes y a veces contradictorias, de ahí largas explicaciones y menos espacio para profundizar las distintas luchas. Por eso elegí dos países que conozco: Francia y España, con un pasado reciente del todo opuesto. De un lado una Transición del un fascismo catolicismo (el franquismo) a una monarquía parlamentaria con valores de derecha y un presunto “Partido Socialista Obrero español” (=PSOE) con muy poco de socialista y de obrero y mucho de seguir a EE UU (sin cuestionar las bases militares estatudinenses, pilares de las dos guerras en Irak), siendo la diferencia con la derecha un poquito menos de violencia en el problema vasco; del otro, un ex país colonial, con una democracia ciega a los derechos de sus propios ciudadanos no blancos y más aún con los extranjeros pobres, de ahí el mantenimiento de lazos imperialistas, genocidas y golpistas en la África de ex colonias francesas, con la misma politica exterior de gobiernos de derecha o sedicentes socialistas, y una casi idéntica politica interior de cercenamiento de los derechos laborales, un poco menos del lado socialista.

Ambos países están en “los alicates” de la Unión Europea, o sea una estructura capitalista, vinculante y encima de las naciones, si bien con pesos pesados como Alemania, Francia, Gran Bretaña, y vínculos vitales con EE UU (como se ve en la presencia militar europea en Irak y Afganistán y un alud de empresas europeas en EE UU y vece versa).

Un ejemplo clarísimo de desprecio de las voluntades populares es el reciente referéndum sobre la constitución de la UE (una privatización de los servicios públicos y una maximización de los derechos de las empresas privadas, por ejemplo una pime polaca en Francia con empleados griegos y franceses, puede elegir pagar las cargas sociales de acuerdo a los acuerdos polacos o franceses, e incluso griegos, y las diferencias son muy fuertes). El no del pueblo irlandés, tras una consulta por referéndum, se está dejando de lado como lo fue con las respuestas negativas en los referéndums de Francia y Holanda. En ambos casos, se canceló el rechazo popular con una votación parlamentaria a favor de la misma constitución europea con algunos parches y el nombre de tratado de Lisboa, con el voto de la derecha y por supuesto de la mayoría del partido socialista

Las luchas sociales

En lugar de poner los focos triunfalistas en luchas aisladas en Francia o en España, voy a tomar tendencias con sus más y sus menos.

La persistencia local de los conflictos pese al silencio sindical (o sea de las grandes centrales burocratizadas y directa e indirectamente vendidas a la patronal) y mediático (la prensa y las TV oficiales). En España es la lucha en un astillero de Asturias desde hace tres años, así como los conflictos en la industria automóvil. En Francia, desde la privatización de correos hace casi dos años no paran los conflictos locales, repetitivos, en muchas regiones, contra las condiciones laborales y la falta de personal. Desde febrero-marzo de 2008, con el anuncio detallado de la supresión de 11.000 puestos en la enseñanza (de docentes y vigilantes), se van multiplicando las protestas conjuntas de padres, docentes y estudiantes en los centros escolares, con ocupaciones de una noche en junio por padres y alumnos en 850 escuelas en el país. Es una protesta que reúne a gente de derecha y de izquierda, rica y pobre, porque comprende que una disminución de efectivos en las condiciones actuales empeora las posibilidades de asimilación del alumnado.

En paralelo, desde ha ce unos tres años existe y persiste la RESF (Red de Educación Sin Frontera) que era al principio una coordinación de padres de alumnos en contra de la expulsión de niños sin papeles de una escuela. Aquí surge un rasgo francés (puesto que de momento no aparece en otros países) de solidaridad a nivel de un caso humano concreto, palpable. La popularización y la eficacia de esas protestas, con ecos mediáticos, obligó al mismo Sarkozy ministro del Interior a evitar que las expulsiones de extranjeros indocumentados tengan lugar durante el curso escolar. El Sarkozy presidente no renovó la medida pero tampoco la canceló. La RESF sigue su andadura concreta a pesar de los apoyos manipulatorios de sindicatos burocratizados y grupos políticos y gracias a la presencia de muchos militantes conscientes en la base (de sindicatos y grupos de la izquierda real). La RESF engendró la RUSF (Red Universitaria Sin Frontera) menos dinámica pero con eficacia.

La ritualización de la huelga de una jornada única de protesta. Es la táctica de las grandes centrales burocratizadas cuando sienten que se les mueven demasiado las secciones de la base, o por un juego de competencia entre grandes sindicatos para conseguir más en la distribucion de la tarta de los subsidios gubernamentales (más de la mitad del presupuesto sindical). La hipocresía sindical es indudable puesto que convocan a varios gremios en fechas diferentes y próximas, para no dificultar al gobierno y perder el financiamiento vital de los funcionarios sindicales.

Desde las secciones de base el problema es siempre adherirse o no a estas teatralidades mediática con declaraciones sindicales hueras; muchas las ignoran o tratan de empujar los afiliados a que hagan una huelga de varios días. Desbordar la superchería de los gremios cooptados es el objetivo. La puesta en práctica es muy difícil. En 1995 un movimiento de varios meses movilizó a empleados de Correos y ferrocarriles. Ahora se mueven muchos menos porque fueron tabicados con convenios colectivos e intereses distintos en muchos ámbitos. En 2003, otra oleada huelguística de varios meses tuvo como eje los docentes. Ninguna compensación económica fue “lograda” por los gremios. El resultado es que los docentes, si bien muy activos aún, no forman grupos tan compactos como antes. Dividir y reprimir en el plano de los salarios desgastan las solidaridades interprofesionales.

La visibilidad en lugares de gran afluencia, con la solidaridad de parte de los usuarios tiene últimamente buenos resultados. Primero fue una campaña de carpas en París y otras grandes ciudades para pedir ayudas por los sin techo. Fue eficaz en el invierno 2006, pero inexistente en 2007 porque el grupo que la lanzó se integró en el gobierno pero permanece el problema casi igual que antes. Luego, la huelga de la limpieza en el metro de Madrid noviembre de 2007 - enero de 2008, a pesar de las presiones de las empresas con la contratación de rompehuelgas, de las Autoridades y de los medios de información, fue victoriosa. Otras huelgas y conflictos rampantes en los colectivos de Barcelona noviembre de 2007 - abril de 2008, con un saboteo constante de las dos centrales cooptadas UGT y Comisiones, presiones del Ayuntamiento, pudo mantenerse por las múltiples asambleas y la labor del sindicato anarcosindicalista CGT, con el apoyo visible de muchos usuarios.

En cambio a mediados de junio, el bloqueo por el alza del precio del gasóleo de los camioneros españoles a muchas capitales españolas provocó a los dos días la política de mano dura del Gobierno socialista. En Francia, la reacción de las mismas profesiones afectadas (pescaderos, camioneros, campesinos, también taxistas y ambulancieros) fue más localizada y duradera, sin que aparezcan grandes avances.

La solidaridad internacional es otra actividad destacada y destacable de los sindicatos directamente en contra del neo liberalismo e incluso del capitalismo. Se visibiliza más para conflictos en México, Marruecos, Argelia y Túnez que para los emigrantes de estos tres últimos países que llevan años discriminados en Francia en España. Pero se están tomando iniciativas a su favor.

Curiosamente la CGT francesa - cooptada - tuvo cierta influencia en una huelga victoriosa en Rumania hace algunos meses, en la fábrica Dacia. La explicación es que es una filial de Renault y que dicha solidaridad tuvo efectos dentro de los afiliados del sector automovilístico en Francia. En comparación, en Carrefour Auchan-Alcampo, con muchas sucursales en Europa del Este, para no hablar de China y América Latina, ningún sindicato francés alentó huelgas como hubo a inicios de 2008 por la situación miserable de los asalariados de dichas empresas a pesar de muchos años de antigüedad y una nula conflictividad. Una prueba más de que la calma en una empresa puede ocultar desequilibrios profundos.

La huelga indefinida de una franja de los sin papeles (unos 500) desde el 15 de abril, lanzada por una parte (maoísta) de la CGT, en restaurantes y hoteles de lujo de París, es muy importante y desconcertante. Concierne únicamente inmigrantes que llevan años en el país trabajando en negro y cuya labor es imprescindible en sus empresas. Es en cierto modo un saneamiento de las empresas que parte de la patronal acepta (porque hay un déficit de mano de obra francesa en bastantes sectores profesionales). De parte de CGT no hay ninguna intención de apoyar el conjunto de los sin papeles que están en empresas de mala muerte y en alojamientos infrahumanos. CGT plantea el problema y se expresan deseos de resolucion del problema, sin proponer ningún tipo de ofensiva solidaria.

La respuesta del Gobierno de Sarkozy es el estudio caso por caso de los sin papeles, con autorizaciones provisorias de trabajo, que podrán llegar a ser tarjetas de estadía de un año o más.

Por supuesto, todos los gremialistas de base no sólo de CGT, sino de SUD (Solidaridad, Unidad, Democracia, antineoliberalismo) y CNT (Confederación nacional del Trabajo, anarcosindicalistas y anticapitalistas), en partes presentes en la RESF, están apoyando a ful el movimiento.

Las protestas por el medio ambiente en general también tienen un fuerte protagonismo, sobre todo en España, por fugas de centrales nucleares (desde los 1970), urbanizaciones especulativas de zonas agrícolas (Extremadura, Aragón). A ello, se añade la campaña bastante popular, sobre todo entre los jóvenes, de “En tu puta vida nunca tendrás una casa”. Un rasgo interesante es la presencia de CGT en estos movimientos.

En Francia la separación entre movimiento ecologista y sindicatos es fuerte. Los personalismos entre los ecologistas menguan bastante su credibilidad. La impactante campaña sobre los departamentos no existe y se explica por las diferencias de política inmobiliaria entre los dos países.

Las explosiones sociales esporádicas (la última el 14 de junio bastante lejos de París en Vitry-le-François) repiten una característica francesa (que se va profundizando en muchos países europeos) de generalización de la miseria y de arrinconamiento de los casos sociales en varios lugares, con el agravante de secuelas del colonialismo en familias franco africanas e inmigrantes. Empezó en 1985 cerca de Lyon, se multiplicaron los anuncios de grandes planes que fueron otras tantas aguas de borraja. Y surgió la ola candente de coches quemados por jóvenes enfurecidos en torno a todas las grandes urbes en noviembre de 2005 - gracias a la provocación del ministro del Interior Sarkozy, alentada en parte por sus enemigos políticos de la derecha y el eco en la prensa y en televisión -.

La paradoja francesa (en muchos aspectos, tierra de la irracionalidad) es que se pregona mucho lo que habría que hacer sin acometer nada. Un ejemplo viviente es el presidente actual con un enésimo plan para acabar con el problema de las periferias.

En España, de momento se está en los ataques racistas a los inmigrantes (con el colmo de múltiples incidentes en todo el territorio en El Ejido en febrero de 2000). Así fue en Francia en los 1950 y 1960, casi se puede prever que en una generación el clima francés existirá en España y bastantes más países.

A modo de conclusión

Francia y España resumen muchos aspectos europeos: gobiernos alejados de las inquietudes populares, un sindicalismo mayoritariamente vendido a la patronal, protestas locales súbitas y fuertes y una ausencia de contactos en el ámbito nacional y aún menos en zonas similares en otro país vecino (norte de Francia y Bélgica; norte y España y sur de Francia, etc.). Sin embargo, hay un hervor de muchísimas inquietudes y deseos de superar las manipulaciones partidarias (en Francia), de despertar la aparente indiferencia de la mayoría (en España), de ver qué pasa más allá de las fronteras (tanto en Francia como en España). Es una atmósfera esperanzadora de búsqueda, a pesar de los pesares.

Colgado en el portal Darío vive (23.06.08)