Programa de la Sociedad de la Revolución Internacional

mardi 12 août 2008, par Bakounine

Este texto parece haber quedado como boceto, por eso propongo completarlo con “Estatutos secretos de la Alianza : Programa y objeto de la organización revolucionaria de los Hermanos Internacionales (otoño de 1868)”.

Programa de la Sociedad de la Revolución Internacional

Primera parte. Principios teóricos. (1)

I Negación de Dios y del principio de la autoridad tanto en el ámbito humano como divino, así como de toda tutela ejercida por seres humanos sobre seres humanos, aún cuando se quisiera ejercer esta tutela sobre individuos mayores de edad pero privados de instrucción o sobre masas ignorantes, ya sea en nombre de una inteligencia superior, ya sea incluso en nombre de la razón científica, representada por un grupo de seres humanos - inteligencias reconocidas y patentadas - o por cualquier clase exclusiva (2) que formarían una suerte de aristocracia de la inteligencia, la más odiosa y la más dañina de todas para la libertad.

Nota 1. La ciencia positiva y racional es la única luz que pueda inducir al ser humano al conocimiento de la verdad, y que sea capaz de regular su conducta, tanto como sus relaciones en la sociedad. Pero está sujeta a errores, e incluso si no lo fuera, no debe arrogarse el derecho de gobernar a los seres humanos en contra de sus convicciones y voluntad. Una sociedad realmente libre no podría otorgarle más que dos derechos, cuyo ejercicio es además para ella un deber : el primero es la educación y la instrucción de los individuos de ambos sexos, también accesibles y obligatorias para todos los niños y adultos (3) hasta alcanzar la mayoría de edad, momento en que la acción de toda autoridad debe cesar y segundo, es examinar todas las convicciones para que penetren sus concepciones, por medio de una propaganda absolutamente libre (4).

Nota 2. Al rechazar de modo categórico, bajo todas sus formas posibles la tutela que la inteligencia desarrollada por la ciencia y la práctica de los negocios, de los seres humanos, y de la vida, habrían querido ejercer sobre las masas ignorantes, está lejos de nosotros el negar su influencia natural y saludable sobre estas masas, siempre que esta influencia se ejerza de una manera del todo sencilla, por la acción natural de toda inteligencia superior sobre las inteligencias inferiores, y no se revista de ningún carácter oficial ni privilegio alguno ya sea político ya sea social, porque ambas cosas nunca dejan de producir, de un lado, la supeditación de las masas, y del otro, la corrupción y el embotamiento de las inteligencias que los revisten.

II. Negación del libre albedrío y del derecho de la sociedad a castigar. Siendo todo individuo humano, sin excepción alguna, nada más que el producto involuntario de su medio natural y social, las cuatro grandes causas de toda inmoralidad humana son :

1) la ausencia de higiene y educación racionales ;

2) la desigualdad de condiciones económicas y sociales ;

3) la ignorancia de las masas, que resultan naturalmente de ello, y

4) su necesaria consecuencia, la esclavitud. La educación, la instrucción y la organización de la sociedad de acuerdo a la libertad y la justicia deben sustituirse al castigo. Durante toda la época transitoria, más o menos larga, y que no puede dejar de seguir a la revolución social, la sociedad, por su propia defensa en contra de individuos incorregibles - no culpables, sino peligrosos -, no les aplicará nunca otro pena que la del cese de su garantía y de su solidaridad, la exclusión. (5)

III. La negación del libre albedrío no es el rechazo de la libertad. La libertad es al contrario la consecuencia necesaria, el producto de la fatalidad natural y social.

Nota 1. El ser humano no es libre respecto de las leyes de la naturaleza, que constituyen la base misma y la condición absoluta de su ser. Le penetran y le dominan como dominan y penetran todo cuanto existe. Nada podría apartarle de su fatal omnipotencia : toda veleidad de rebelión de parte suya sería un suicidio. Pero por un poder, que es inherente a su naturaleza particular y le empuja de modo fatal a realizar, a conquistar las condiciones de su vida, el ser humano puede y debe emanciparse gradualmente de la obsesión y de la hostilidad aplastante y natural del mundo exterior, ya sea físico, ya sea social que le rodea, por el pensamiento, la ciencia y la aplicación del pensamiento al instinto de desear, por su inteligente voluntad.

Nota 2. El ser humano es el último eslabón, el término superior de la serie no interrumpida de seres, que, partiendo desde los elementos más simples hasta él, constituyen el mundo conocido. Es un animal que, gracias al desarrollo superior de su organismo y en particular de su cerebro, está dotado de la facultad de pensar y hablar. Ahí está toda la diferencia que le separa de todas las otras especies de animales, sus hermanos mayores en cuanto al tiempo, sus hermanos menores en cuanto a la capacidad intelectual. Pero esta diferencia es enorme. Es la única causa de todo lo que denominamos nuestra historia y, en pocas palabras, cuyo resumen y sentido es que el ser humano parte de la bestialidad para llegar a la humanidad, o sea la constitución de su existencia social por la ciencia, por la conciencia, por su trabajo inteligente y por la libertad.

Nota 3. El ser humano es un animal social, como lo son muchos otros animales que aparecieron en la tierra antes de él. No crea la sociedad por un libre contrato, vive en su seno y no podría vivir como ser humano, ni siquiera llegar a ser humano, ni pensar, ni hablar, ni desear, ni obrar con razón fuera de ella. Por constituir la sociedad su naturaleza humana, el ser humano depende también de manera tan absoluta de la misma naturaleza física, y no existe un gran genio que no esté absolutamente dominado por ella.

IV. La solidaridad social es la primera ley humana ; la libertad la segunda. Estas dos leyes, penetrándose mutuamente e inseparable una de otra, constituyen toda la humanidad. La libertad no es por consiguiente la negación de la solidaridad, es su desarrollo y por así decirlo la humanización.

V. La libertad no es la independencia del ser humano con respecto a las leyes fatales de la naturaleza y de la sociedad. Es primero su poder de emancipación gradual de la opresión del mundo físico exterior por la ciencia y el trabajo inteligente ; luego viene su derecho de disponer de sí mismo y actuar conforme a sus propias convicciones e ideas, derecho opuesto a las pretensiones despóticas y autoritarias ya sea de otro ser humano, ya sea de un grupo o de una clase de seres humanos, ya sea de la sociedad entera.

Nota 1. No hay que confundir las leyes sociológicas, llamadas de otro modo leyes de la fisiología social y que son tan fatalmente obligatorias para cualquier ser humano como lo son las leyes de la misma naturaleza física, siendo en realidad leyes tan físicas como éstas, no hay que confundirlas con las leyes políticas, criminales y civiles que son más o menos la expresión de las costumbres, usos, intereses así como opiniones que, en determinada época, dominan en la sociedad o en una parte, en una clase de la sociedad. Es completamente natural que siendo reconocidas por la mayoría de los seres humanos o incluso por una clase dominante, ejerzan una poderosa influencia natural - buena o mala, según su carácter particular - en cada uno. Pero no es ni bueno, ni legítimo, ni justo, ni siquiera útil por la misma sociedad, que tales leyes puedan imponerse de manera autoritaria o violenta a cualquier individuo, en contra de sus convicciones propias. Sería un atentado contra su libertad, su dignidad personal, su misma humanidad.

VI. La sociedad natural en la que nace todo ser humano, fuera de la que no podría nunca convertirse en un ser humano inteligente y libre, no se humaniza realmente sino a medida que todos los seres humanos - de que se compone - se van volviendo cada vez más, individual y colectivamente libres.

Nota 1. Ser personalmente libre, significa para el ser humano viviente en medio de la sociedad no doblegar ni su pensamiento ni su voluntad ante ninguna otra autoridad que la de su propia razón y propia concepción de la justicia ; no reconocer en una palabra otra verdad que la que comprende, y no soportar otra ley que la que puede aceptar su propia conciencia. Tal es la condición esencial de toda humana dignidad, el derecho incontestable del ser humano, la señal de su humanidad.

Ser colectivamente libre - es vivir en medio de seres humanos libres y ser libre por la libertad de ellos. El ser humano, lo hemos dicho, no podría convertirse en un ser inteligente, dotado de una voluntad reflexiva, y por lo tanto no podría conquistar su libertad individual fuera y sin el auxilio de toda la sociedad. La libertad de cada uno es por consiguiente el producto de la común solidaridad. Pero una vez reconocida esta solidaridad como base y como condición de toda libertad individual, queda claro que si un ser humano [está] en medio de lo esclavos, aún siendo él el amo de ellos, será necesariamente esclavo de la esclavitud de ellos, y no podrá ser realmente y completamente libre sino por la libertad de ellos. Por tanto la libertad de todo el mundo es necesaria a la libertad ; de ahí que no es verdad decir que la libertad de todos es el límite de mi libertad, lo que equivaldría a una negación completa de esta. Es al contrario la confirmación necesaria y la extensión hasta el infinito.

VII. La libertad individual de cada uno sólo es real y posible con la libertad colectiva de la sociedad, de que forma parte por una ley natural y fatal.

Nota 1. La libertad como la humanidad, de que es la más pura expresión, no está al principio, sino en el último término de la historia. La humana sociedad, lo hemos dicho, empieza con su bestialidad. Los seres humanos naturales y salvajes reconocen tan poco su carácter humano y su derecho natural, que comienzan a matarse ; y desgraciadamente hasta hoy en día, no han dejado de matarse. El segundo periodo en el desarrollo histórico de la sociedad humana es el de la esclavitud. El tercero, en medio del cual estamos viviendo, el de la explotación económica o del salariado. El cuarto periodo, al que tendemos, y hacia el que, hay que esperarlo por lo menos, nos orientamos, es el de la justicia, de la libertad en la igualdad o de la mutualidad.

VIII. El ser humano natural sólo se hace un ser humano libre, se humaniza y no se moraliza, no reconoce en una palabra y no realiza en sí mismo y por sí mismo su propio carácter humano y su derecho sino a medida que va reconociendo este mismo carácter y derecho en todos sus semejantes. Por el interés de su propia humanidad, de su propia moralidad y libertad personal, el ser humano debe pues desear la libertad, la moralidad y la humanidad de todos.

IX. Respetar la libertad ajena es por consiguiente el deber supremo de todo ser humano. Amarla y servirla, esta es la única virtud. Es la base de toda moral ; no existe otra.

X. Siendo la libertad el producto y la más alta expresión de la solidaridad, o sea la mutualidad, sólo es completamente realizable en la igualdad. La igualdad política no puede ser fundada más que en la igualdad económica y social. La realización de la libertad por esta igualdad constituye la justicia.

XI. Siendo el trabajo el único productor de todos los valores utilizados o riquezas sociales, el ser humano que es por antonomasia un ser social, no podría vivir sin trabajo.

XII. Únicamente el trabajo asociado puede bastar a la existencia de una sociedad numerosa y algo civilizada. Todo lo que se llama civilización sólo pudo crearse con el trabajo asociado. Todo el secreto de la productividad infinita del humano trabajo, consiste primero en la aplicación de la inteligencia más o menos científica, desarrollada, y que es siempre el producto de un trabajo simultánea y ulteriormente asociado ; y luego en la división del trabajo, pero al mismo tiempo también en cierta combinación o asociación del trabajo así dividido.

XIII. Todas las injusticias históricas, todas las guerras, todos los privilegios políticos y sociales tienen por base y objeto principal la supeditación y la explotación de algún trabajo asociado al provecho, a un trabajo forzado sin tregua, a la ignorancia y a una miseria sin salida.

XV. La civilización del número reducido se halla así fundada en la barbarie forzada del gran número. Los privilegiados de todo color político y social, todos los representantes de la propiedad son pues, por la misma fuerza de su posición, los enemigos naturales, los explotadores y los opresores de las grandes masas populares.

XVI. El ocio, este precioso privilegio de las clases dominantes, necesario al desenvolvimiento de la inteligencia, y cierta holgura así como cierta libertad de movimientos y acción son igualmente indispensables al desenvolvimiento de los caracteres. Es del todo natural que estas clases se hayan mostrado primero más civilizadas, más inteligentes, más humanas y hasta cierto punto incluso más morales que las masas. Pero como por otro lado la despreocupación así como el privilegio reblandecen los cuerpos, resecan los corazones y falsean las mentes, haciendo que quieran y persigan la mentira y la injusticia, totalmente compatibles con su interés exclusivo, y por eso mismo contrarios al interés de todos, es evidente que las clases privilegiadas tuvieron que caer tarde o temprano en la corrupción, en la imbecilidad y en la servilidad. Es en efecto lo que vemos hoy en día.

XVII. Por otro lado, la ausencia total de ocio y el trabajo forzado tuvieron necesariamente que condenar a las masas a la barbarie. El trabajo en sí no puede desenvolver su inteligencia, porque su ignorancia de hecho hereditaria, toda la parte inteligente de trabajo, las aplicaciones de la ciencia, la combinación y la dirección de las fuerzas productivas fueron y se encuentran aún casi en exclusivo reservadas a los individuos de la clase burguesa ; sólo la parte muscular, ininteligente, mecánica, aún más obediente por la división del trabajo, fue abandonada al pueblo, que así está aplastado, en todo el sentido de la palabra, por su trabajo diario.

Ahora bien, a pesar de todo eso, gracias al poder de moralización que es inherente al trabajo, gracias aún a este hecho que pidiendo justicia, libertad e igualdad por él mismo, el trabajador implícitamente las pide por todo el mundo, porque no existe ser humano que sea más indignamente tratado que él, excepto acaso la mujer y el niño ; gracias al fin a que no usó ni abusó de la vida. Por consiguiente, el trabajador no está desengañado, y a falta de instrucción tiene por lo menos esa inmensa ventaja que su corazón y su mente vírgenes no fueron corrompidos ni falseados por intereses egoístas y la mentira interesada ; conservó intacta toda la energía natural de su carácter, mientras que todas las clases privilegiadas se vienen abajo, se debilitan y se pudren, sólo el obrero crea en la vida, sólo él representa, ama y quiere hoy en día la verdad, la libertad, la igualdad, la justicia. A él le pertenece el porvenir.

XVIII. Nuestro programa socialista exige y debe exigir :

1) La igualación política, económica y social de todas las clases y de todos los individuos humanos en la tierra.

2. La abolición de la propiedad hereditaria.

3. La apropiación de la tierra por las asociaciones agrícolas ; del capital y de todos los instrumentos del trabajo, por las asociaciones industriales.

4. La abolición del derecho patriarcal, del derecho de la familia, es decir del despotismo del marido y del padre, fundados únicamente en el derecho de la propiedad hereditaria. Y la igualación de la mujer con los del ser humano.

5. El mantenimiento, la educación y la instrucción tan científica como industrial, que incluyen todas las ramas de la enseñanza superior, igual para todos los niños de ambos sexos, y obligatorias hasta la edad de la mayoría cumplida, asumiendo los gastos la sociedad.

La escuela debe remplazar la Iglesia y hacer inútiles los códigos criminales, los castigos, la cárcel, el verdugo y el gendarme.

Los niños no son la propiedad de nadie, ni la de sus padres, ni siquiera la de la sociedad, pertenecen a su libertad futura. Pero esta libertad en los niños no es aún real ; sólo está en potencia, la libertad real, o sea la plena conciencia y la práctica de la libertad en cada uno, basada principalmente en el sentimiento de la dignidad personal y la justicia, esta libertad no puede realizarse en los niños sino por el desarrollo racional de su inteligencia, y por el de su carácter, de su inteligente voluntad. De ahí que la sociedad, cuyo porvenir depende de la educación y de la instrucción de los niños, tiene por lo tanto no sólo el derecho, sino el deber de vigilarles ; ella es el tutor natural de todos los niños de ambos sexos, y como ella será en adelante la única heredera, debiendo abolirse el derecho de herencia individual, considerará de modo natural como uno de sus primeros deberes brindar todos los gastos de mantenimiento, educación e instrucción indistintamente a todos los niños de ambos sexos, prescindiendo de sus padres y de su origen.

El derecho de los padres deberá limitarse a amar a sus hijos y a ejercer sobre ellos una autoridad natural, mientras dicha autoridad no sea contraria a su moralidad, a su inteligencia y futura libertad. El casamiento político y civil y toda intervención de la sociedad en los asuntos de amor tendrán que desaparecer. Los niños pertenecerán naturalmente, no de derecho, sobre todo a la madre, bajo la vigilancia inteligente de la sociedad.

Por ser incapaces los niños de razonar y dirigir su conducta, en su tierna edad sobre todo, el principio de tutela y autoridad, que debe ser del todo excluido de la sociedad, encuentra su lugar natural en su educación y en su instrucción. Pero debe ser una autoridad verdaderamente humana e inteligente y absolutamente ajena a cualquier reminiscencia teológica, metafísica, jurídica, y debe partir del principio de que ningún ser humano es bueno o malo al nacer, y de que el bien, o sea el amor de la libertad, la conciencia de la justicia y de la mutualidad, el culto, o mejor dicho, el respeto y la hábito de la verdad, de la razón y del trabajo, no se podría desarrollar en cada uno sino por una educación y una instrucción racionales, fundadas en el respeto manifiesto y sensible, práctico y teórico a la vez de esta razón, de esta justicia y de esta libertad. Dicha autoridad, digo, debe tener como único objetivo la preparación de todos los niños a la más completa libertad. No podrá alcanzar la autoridad este fin sino aniquilándose a sí misma gradualmente, dando lugar a la libertad de los niños, a medida que estos se acerquen más de la edad de la mayoría cumplida.

La instrucción deberá abarcar todas las ramas de la ciencia, de la tecnología y de la industria humana. Debe ser al mismo tiempo científica, laboral, general y obligatoria para todos los niños, y especial[izada] de acuerdo a las disposiciones y las aficiones de cada uno ; de modo que los jóvenes de ambos sexos que salgan de las escuelas y reconocidos como mayores y libres, sean igualmente aptos a trabajar con la cabeza y las manos.

Una vez emancipados, serán totalmente libres de asociarse para el trabajo o no asociarse porque en cuanto el derecho de herencia sea abolido y la tierra tanto como los capitales se conviertan en la propiedad de la federación internacional o, mejor, universal de las asociaciones obreras libres, ya no habrá sitio ni posibilidad de competencia, o sea de existencia para el trabajo aislado.

Nadie podrá ya explotar el trabajo ajeno. Cada uno deberá trabajar para vivir. Cada uno tendrá la libertad de [morir] de hambre no trabajando, a no ser que se encuentre una asociación o un municipio que consienta darle de comer por piedad. Pero entonces es probable que se encuentre justo no reconocerle ningún derecho político mientras prefiera la vergüenza, siendo capaz de trabajar, de vivir a costa del trabajo ajeno, por no tener todos los derechos políticos y sociales otra base que el trabajo de cada uno. De todos modos, ese caso sólo podrá suceder durante la época de transición, mientras haya aún, por supuesto, muchos individuos procedentes de la organización actual de la injusticia y del privilegio, sin haber sido criados en la conciencia de la justicia y de la verdadera dignidad humana, así como en el respeto y la costumbre del trabajo. En relación a esos individuos, la sociedad revolucionaria o revolucionada estará en la penosa alternativa o de forzarles al trabajo lo que sería el despotismo, o dejarse explotar por los gandules, lo que sería una nueva esclavitud y una fuente de corrupción nueva para toda la sociedad.

La pereza, en una sociedad organizada de acuerdo a la igualdad y la justicia, bases de toda libertad, con un sistema [ya] tradicional de educación e instrucción, y bajo la presión de una opinión pública, que, con el trabajo como principal fundamento, despreciará a los inservibles - se volverá imposible. Siendo la pereza una muy rara excepción, se considerará con derecho como una enfermedad que será tratada como tal en los hospitales.

Únicamente los niños, hasta que tengan cierto grado de fuerza, y más tarde puesto que es necesario dejarles el tiempo de instruirse, y para no [sobrecargarle] de trabajo, [y los discapacitados, los ancianos y los enfermos podrán estar exentos de trabajo sin pérdida de su dignidad], (6) sin renunciar a sus derechos de ciudadanos libres.

XIX. Los obreros por el mismo interés de su emancipación económica, radical y completa deberán exigir la abolición entera y definitiva del Estado con todas las instituciones del Estado.

Nota 1. ¿Qué es el Estado ? Es la organización histórica de los principios de autoridad y tutela, divinos y humanos, ejercidos sobre las masas populares ya sea en nombre de una religión cualquiera, ya sea en nombre de la inteligencia exclusiva y privilegiada de una o varias clases de propietarios y a expensas de millones de trabajadores de que explotan el trabajo asociado y forzado. La conquista, base primera del derecho de la propiedad individual hereditaria, fue así mismo la de todos los Estados. La explotación legalizada del trabajo de las masas en favor de cierta cuantidad de propietarios - cuya gran mayoría es ficticia, y sólo muy poco reales - ratificada por la Iglesia en nombre de una divinidad supuesta y siempre colocada del lado de los más fuertes o más diestros - se denomina el derecho. El desarrollo de la riqueza, del confort, del lujo y de la inteligencia refinada y falseada de las clases privilegiadas, desarrollo que tiene como base necesaria la miseria y la ignorancia de la inmensa mayoría de las poblaciones, se llama la civilización y la organización, garantía de todo ese conjunto de iniquidades históricas se llama el Estado.

Por tanto los obreros deben querer la destrucción del Estado.

Nota 2. El Estado, necesariamente fundado en la explotación y la supeditación de las masas y como tal, opresor y violador de toda libertad popular y de toda justicia en el interior, es por fuerza brutal, conquistador, saqueador y criminal en el exterior. El Estado, cualquier Estado - monarquía o república - es la negación de la humanidad. Es su negación, porque al colocarse como objetivo supremo o absoluto el patriotismo de los ciudadanos, poniendo por encima de todos los otros intereses en el mundo, conforme a su principio mismo, el interés de su poder y aumento del mismo en el interior como el de su extensión en el exterior, niega tanto los intereses particulares y el derecho humano de sus súbditos, como los de las naciones extranjeras. Con eso rompe con la solidaridad universal de las naciones y de los seres humanos, los pone fuera de la justicia, fuera de la humanidad.

Nota 3. El Estado es el hermano menor de la Iglesia. No podría legitimar su existencia sin alguna idea teológica o metafísica. Siendo contrario a la justicia humana, debe ya fundarse en la ficción teológica o metafísica de una justicia divina. En el mundo antiguo, la idea misma de una nación o de la sociedad no existía, por haber sido la sociedad entera absorbida, invadida y dominada por el Estado, y cada Estado atribuía su origen y su derecho particular de existencia y dominación a un dios o a todo un sistema de dioses, supuestamente protectores exclusivos de tal o cual Estado. En ese mundo, el ser humano se desconocía, la idea misma de la humanidad no existía únicamente había ciudadanos. Por eso en esa civilización, la esclavitud era un hecho natural y la base necesaria de la libertad de los ciudadanos.

Destruido el politeísmo por el cristianismo, y proclamado un dios único, forzoso fue para los Estados acudir a los santos del paraíso cristiano. Cada Estado católico tuvo un santo o cierto número de santos protectores y patronos de ese Estado, sus mediadores cerca de dios, el cual por eso mismo debió de estar en una gran perplejidad. Cada Estado, por lo demás, encuentra útil todavía hoy en día proclamar que dios le protege de un modo exclusivo y especial.

Intentaron también la metafísica y la ciencia de un derecho fundado de modo ideal en la metafísica, y en realidad en los intereses de las clases propietarias, encontrar una base razonable para la existencia de los Estados. Estas clases acuden a la ficción de un consentimiento o contrato universal y tácito ; o a la de una justicia objetiva y del bien universal y público representados, dicen, por el Estado. El Estado según los demócratas jacobinos tiene por misión que triunfe el interés universal y colectivo de todos los ciudadanos sobre los intereses egoístas de los individuos, de las comunas y provincias aisladas. Son la justicia y la razón de todo el mundo las que dominan sobre el egoísmo y la tontería de cada uno. Es por tanto la declaración de la maldad y de la sin razón de cada uno en nombre de la cordura y de la virtud de todos. Es la negación real, o lo que significa lo mismo, la limitación hasta el infinito de todas las libertades particulares - individuales y colectivas - en nombre de la presunta libertad de todo el mundo, libertad colectiva y universal, que sólo es una opresiva abstracción, deducida de la negación o limitación del derecho de cada uno y fundada en la esclavitud real de cada uno. Y como toda abstracción no podría existir si no está sostenida por el interés positivo de un ser real, la abstracción del Estado representa en efecto el interés muy positivo de las clases gobernantes, poseedoras, explotadoras y así llamadas inteligentes, y la inmolación sistemática de los intereses y de la libertad de las masas avasalladas.

Nota 4. El patriotismo, virtud y pasión políticos o estatales (7)

(1868, original en francés, CD-R Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, traducción de Frank Mintz)

1) “Primera parte”, pero no hay “Segunda parte” por un ser un texto que no terminó Bakunin. La versión del CD-R, de Nettlau o de otra persona, está en un francés más oral que escrito, pero inteligible.

2) Bakunin desarrolla ideas similares en “ Statuts secrets de l’Alliance : Programme et objet de l’organisation révolutionnaire des Frères internationaux ” del mismo año 1868 ; también en 1868, en “ Nuestro programa ”, en ruso, muy corto. Los estatutos de la Alianza en España de 1872 son muy diferentes, ver http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_article=668 (Nota del Traductor = NDT).

3) “para todos los niños y adultos hasta alcanzar la mayoría de edad”, visiblemente Bakunin no repasó el texto, de ahí esa pifia, se debe leer “para todos los niños hasta alcanzar la mayoría de edad” (NDT).

4) Esta parte es poco comprensible y sigo la versión rusa Programma obshestva mesdunarodnoy revoliutsii” (http://www.a-read.narod.ru/a-read.htm), publicada en Berlin en 1923 y reproducida en “Materiali dlia biografii M. Bakunina” [materiales para una biografía de Bakunin], tomo III, (NDT).

5) Se lee en Bakunin Crítica y Acción, p. 53, una versión menos exacta a partir del ruso (NDT).

6) Otra parte poco clara donde seguí la versión rusa ya señalada. Desde “Nadie podrá” hasta “no [sobrecargarle] de trabajo ”, en Bakunin Crítica y Acción, pp. 52-53, aparece una versión menos exacta a partir del ruso (NDT).

7) Fin del manuscrito en medio de la página 16 (Nota de Nettlau).