Colectivo Solidario, El anarcosindicalismo español.

Sábado 11 de octubre de 2008, por Ealham Chris

Colectivo Solidario, El anarcosindicalismo español. Una historia en imagenes, Madrid: Confederación Sindical Solidaridad Obrera, 2007, 367 páginas, ISBN 978-84-611-7337-2

Celebrando el centenario de Solidaridad Obrera, el periódico anarcosindicalista más importante de España, esta extensa historia gráfica de la tradición libertaria española es uno de los más recientes libros publicados por la Confederación Sindical Solidaridad Obrera. Al igual que sus anteriores publicaciones, este libro tiene un precio razonable; en su calidad de historia visual, está profusamente ilustrado, recogiendo alrededor de 1.200 imágenes, esencialmente fotos, grabados, pinturas, dibujos, sellos sindicales, portadas de revistas, titulares de periódicos, a través de las cuales se narran 150 años de lucha de la clase obrera. Concluye con una valoración del movimiento anarco-sindicalista en España en la actualidad. Inevitablemente, el texto tiene en general un papel secundario, en buena medida de introducción y contextualización de las imágenes; una útil introducción cronológica al inicio de cada capítulo y sección proporciona un contexto más amplio.

 
La Historia comienza con la lucha por organizarse en España en 1835 y la intensa represión que siguió. La implacable disposición del estado y su servilismo para utilizar todos los medios posibles para reprimir cualquier desafío desde abajo -real, potencial o imaginario- es un hecho constante de esta historia. Es llamativo que el garrote vil, el método de estrangulación angustiosamente largo utilizado por primera vez para ejecutar a un sindicalista en 1856, era todavía utilizado a mediados de la década de 1970, cuando el joven anarquista catalán Salvador Puig Antich fue ejecutado. Igual atención se presta a los repetidos intentos de criminalizar el movimiento libertario, desde la incriminación de la Mano Negra, cuya consecuencia fue el encarcelamiento de 300 personas y la ejecución de 8 en la década de 1880, al asunto de la Scala en los últimos 1970, cuando un agente provocador de la policía organizó un atentado con bomba- en el que trágicamente murieron 4 activistas de la CNT- en un intento de desacreditar el movimiento anarquista. La visión de las tropas en las calles durante las huelgas es una imagen recurrente, un recordatorio de cómo el ejército fue utilizado frecuentemente como un instrumento de represión interna, dentro de un sistema militarizado de relaciones industriales.
 

 Sin embargo, los intentos oficiales por elevar los costes de las protestas fueron inútiles, debido esencialmente a las miles de personas anónimas, activistas desconocidos que sostuvieron el movimiento con sus sacrificios, ofreciendo a menudo su libertad e incluso sus vidas; inevitablemente, tan sólo una parte de esos militantes pueden verse aquí. De las imágenes que proporcionan un vistazo de las condiciones de laborales y sociales, es fácil ver como la CNT llegó a estar tan profundamente enraizada dentro de la clase trabajadora en España y resistente a la represión. Incluso antes que la cultura anarquista floreciera en España, podemos encontrar evidencias de tradiciones populares de protestas de acción directa y alzamientos armados, actos de rebelión que proveyeron de un suelo fértil para la ideología anti-estatal y anti-autoritaria. La resistencia de la CNT se ajustó a esas tradiciones, y conduciéndola clandestinamente poco después de su nacimiento, emergió durante la primera guerra mundial con una ola de militancia, convirtiéndose en la estrella polar de los desposeídos, contando con unas 700 mil personas. Ya en la década de 1939, el sindicato llegó a organizar en torno a un millón de trabajadores.

 
Inevitablemente, el enfoque aquí es cronológico, cubriendo todos los períodos y momentos clave y prestando especial atención a la Segunda República y la revolución, donde se vivieron los momentos más altos y bajos en la historia de la CNT y el anarcosindicalismo, el legendario verano corto de la liberación, la crisis abierta por la colaboración gubernamental en tiempos de guerra, y finalmente el largo invierno del franquismo. Una atención considerable recibe lo que ha sido calificado como el “trabajo constructivo” de la revolución anarquista- los logros de las colectivizaciones del campo y las fábricas- en los que ha sido el más extenso y exitoso ejercicio de autogestión de los trabajadores en la Europa Occidental. Luego vemos como miembros del movimiento entraron en el gobierno: “con ese abandono de los principios anarquistas y lecciones de más de 75 años de luchas de la clase obrera la tumba de la revolución estaba preparada”, iniciando un proceso del que el movimiento anarquista español nunca se recuperaría completamente (Pág. 236).
 

Los capítulos cronológicos están intercalados con secciones temáticas en las que se exploran las multifacéticas señas de identidad del movimiento. Entre la miríada de prácticas culturales cubiertas están la educación radical, vegetarianismo, excursiones organizadas, nudismo, feminismo, amor libre y liberación sexual, la promoción del Esperanto, todas las cuales promovieron una nueva sociabilidad y forma de ser y luchar. Lo que emerge es un claro sentido de profunda moral y empuje ético que hicieron de este movimiento algo único dentro de la corrupta sociedad en la que se formó. Muchas otras observaciones pueden extraerse acerca del movimiento de esta Historia. Hay una ausencia perceptible de grandes teóricos: ni un solo español se encuentra entre la élite intelectual del movimiento anarquista internacional. Es igualmente remarcable ver las enormes manifestaciones organizadas por la CNT tras el fallecimiento del dictador Franco. Otro rasgo destacado fue la profunda solidaridad que sostenía las huelgas, que quizás se reflejaba más vividamente en la manera en que los hijos de los huelguistas eran acogidos periódicamente por sindicalistas de otras áreas mientras duraban los alargados conflictos.
 

En un momento en el que un número creciente de personas está concernido con la memoria histórica, este libro es una oportuna y extensa contribución a la recuperación de la memoria anarquista. Es también un recordatorio de las luchas contemporáneas en relación al pasado. Mientras que la actual administración socialista en España afirma de boquilla estar dispuesta a reparar las injusticias acumuladas durante el franquismo, su enfoque es altamente selectivo y parcial, muy en la línea de sus predecesores conservadores y de centro-derecha. La CNT, que poseía una amplia red de edificios e imprentas en los años 30, nunca ha sido compensada por las propiedades que le fueron arrebatadas durante la guerra civil y la posterior dictadura. Lo mismo sucede con el Ateneo Enciclopédico Popular (AEP) de Barcelona, un ateneo que sirvió como Universidad Popular para miles de trabajadores y militantes de izquierda antes de la guerra. Parte de las propiedades del AEP está actualmente en manos de la Generalitat, el gobierno autonómico catalán. Públicamente, la Generalitat está denunciando con entusiasmo la represión de los derechos catalanes durante los años del franquismo y honrando a las víctimas del terror de estado. No obstante, las autoridades democráticas -catalanas o españolas- son muy selectivas y miopes cuando se trata de compensar la piratería franquista ejercida contra las instituciones de las clases populares de Cataluña