Memorias torcidas del aniversario de la caída del muro de Berlín

Jueves 12 de noviembre de 2009, por frank

Memorias torcidas del aniversario de la caída del muro de Berlín (o sea toda la frontera de Alemania del Este con la del Oeste) y del supuesto cambio del poder del PC búlgaro los 9 y 10 de noviembre de 1989

Me cansaron los artículos en francés, en castellano y en búlgaro sobre los veinte años que pasaron porque borraban lo esencial: una jugada ya programada por los amos entre bastidores para usar los mismos perros de guardia con distintos collares. Unos destacaron la unidad alemana y una Europa pujante, a pesar de varias rémoras por supuesto en vías de desaparecer, y otros recalcaron lo bien que eran la cobertura social, la ausencia de desempleo y la sanidad en el Este, pese al PC en el poder. En ambos casos, tenemos una visión embrutecedora, una invasión de descerebramiento.

¿Acaso no hubo una huelga de trabajadores de la construcción en 1953 primero en Berlín y luego en toda la Alemania del Este, reprimida por tanques de los hermanos soviéticos y la policía popular alemana? Y una repetición de lo mismo en 1956 en Hungría, primero en solidaridad con los hermanos proletarios (de verdad) reprimidos en Polonia por los supuestos trabajadores de la Seguridad, y una tan irresistible y pacifica oleada de la base con la toma de los lugares de producción y su autogestión por colectivos obreros, que el PC aceptó (por una semana) el pluralismo político hasta la llegada, otra vez, de los tanques de los hermanos soviéticos. En los tres países se observó cómo los asalariados quemaron comisarías de “trabajadores del ministerio del Interior”. El incendio es una clave de interpretación social del odio de los explotados: en la Barcelona de 1909 los centros de la Iglesia, en la Budapest de 1956 las comisarías de la “policía popular”, en la Francia de 2005-2009 las vehículos y comisarías de la “policía de la república”, escuelas, farmacia, estafetas de correos por jóvenes pobres y marginados (que sean franceses de pura cepa o de origen extranjero). En los tres casos, la teoría del vandalismo o de una minoría de extremistas es jugar al avestruz con la cabeza escondida en la arena, es no ser capaz de admitir el fracaso terrenal y filosófico del catolicismo, del marxismo leninismo y del capitalismo.

De ahí que la URSS decidió con el PC alemán edificar, no sólo una alambrada con minas, perros adiestrados y patrullas como las había desde los 1945-1948 en las fronteras con las países “fascistas” desde Polonia hasta Bulgaria, sino un muro de contención en la frontera entre las dos Alemanias (porque el mismo idioma y la atracción occidental eran demasiado fuertes).

Se puede cuestionar la votación con los pies de los emigrantes en lugar de acudir a las papeletas electorales, pero cuando sigue el fenómeno más de 40 años en Cuba, de 20 años en numerosos países de África y de Asia, y cuando las corrientes de emigración clandestina nunca van de Suecia o Francia hacia Polonia, Albania o Mali y Laos, es evidente que la pseudo cobertura social, la ausencia de desempleo y la sanidad del PC en el poder eran y son pamplinas. ¿Por qué?

El socialismo real funciona con el pilar de la fidelidad y entrega al partido (“partiinost” en ruso, el modelo soviético visible todavía en China, Corea del Norte, Cuba, Laos y Vietnam). De ahí tres clases de ciudadanos y sus familias (se aplica una clasificación por familias, con el amiguismo/ corrupción y el nepotismo que conlleva para los “buenos”, y la represión directa e indirecta para los “malos”, “enemigos del pueblo”, etc.). Hay quienes están en el Partido, la gente de a pie y los infra humanos (con los empleos más degradantes y el desempleo indefinido como sanción, por ejemplo para los trabajadores que crearon sindicatos independientes en la URSS en los 1980).

Una consecuencia es la facilidad de unos para terminar carreras universitarias con una eficiencia laboral muchas veces nula (más visible en países pequeños como Albania y Bulgaria que en la URSS o China donde la masa estudiantil permite que emerja cierta capacidad, a pesar del nepotismo).

Y el sistema sanitario y hospitalario sigue la misma corriente, en caso de accidente te curan en el hospital y te dan una receta para remedios no reembolsados y a veces que sólo se encuentran en farmacias donde únicamente se paga en divisas extranjeras o en el mercado negro, las fotos con rayos X escasean porque cuestan mucho al Estado. Pero para la primera categoría de ciudadanos hay los hospitales del Comité Central, del Ejército, que lo tienen todo y gratis.

Un aspecto francamente desagradable era la xenofobia generalizada hacia los estudiantes extranjeros considerados como hijos de la aristocracia roja en sus países y que gozaban de privilegios inalcanzables para la gente de a pie de Alemania del Este, Bulgaria, la URSS, etc. Por eso la aparición de grupos nazi en la ex Alemania oriental y en la Bulgaria “democratizada”, el asesinato de antifascistas en Rusia es una recaída automática de la política del marxismo leninismo en el Poder. El chiste que se oía en los 1980 en varios idiomas de la Europa del socialismo real era ¿cuántas personas componen una familia normal (alemana, búlgara, etc., de acuerdo al idioma y al lugar)? Los padres, los hijos, el joven vietnamita y el cubanito, sin contar algún angoleño, laosiano, etc.

La súbita caída del Muro y del régimen del PC búlgaro respondían a una componenda internacional de Gorbachev para que los países capitalistas dejaran la evolución interna del “campo socialista” en Europa (o sea para que las ex colonias soviéticas se independizaran sin tumultos) y de la misma URSS. En efecto, la generación de dirigentes soviéticos de los 1980 se percató de que la industria militar absorbía todos los recursos, la contaminación ambiental (desecamiento del mar de Aral, catástrofe de Chernóbil) era imposible de controlar con los medios de la “tecnología soviética” (teóricamente la mejor del mundo). El régimen no podía desarrollar maquinaria para la industria civil, bienes básicos de consumo para la población sin el sustento de las multinacionales capitalistas. Gorbachev vino a encarnar la fría resolución de la mayoría de la aristocracia roja, eso sí con un enfoque materialista y marxista (sin el idealismo religiosos de la infalibilidad marxista leninista): no funciona el sistema del partido único, la Yugoslavia de Tito ya dio el ejemplo de una economía privatizada con un sector estatal, y un federalismo más o menos coordinado, por tanto puesto que el capitalismo nos da la posibilidad de reformas sin intervenciones perturbadoras, vale la pena cambiar de rumbo y seguir el capitalismo a las claras en lugar de copiarlo.

El paso de la España franquista a la monarquía parlamentaria es bastante análogo al de las ex colonias soviéticas a las democracias, al de la URSS a la Rusia de la CEI (Confederación de Estados independientes ¡!): no hubo depuración en los órganos de represión ni juicios a verdugos. Quedaron en el poder los peces gordos y alternan pacíficamente con nuevas fuerzas, muy respetuosas del pasado de sus colegas y de la supuesta paz social (mantenida por los ex “trabajadores de la Seguridad”).

Frank Mintz, 12 de noviembre de 2009