Extractos arbitrarios sobre “Berlusconi-Kirchner y la teoría del `todo vale’”

Miércoles 25 de noviembre de 2009

Extractos arbitrarios sobre “Berlusconi-Kirchner y la teoría del `todo vale’”

(Carlo Galli, Monde diplomatique en español octubre de 2009)

[Argentina como] Italia es un país fragmentado en grupos de intereses, desde los más poderosos hasta los más miserables, en guerra los unos contra los otros y que han olvidado la legalidad común, e incluso el espíritu cívico. Su sociedad es una jungla, salpicada de algunos claros un poco más hospitalarios -como algunas regiones del norte, o las "rojas" del centro-, donde no intervienen plenamente ni la lógica del mercado ni la lógica del Estado, sino las del privilegio, de la pertenencia, del resentimiento o del miedo.

No es casualidad que sea la inseguridad la que caracteriza este "estado natural", típico de una sociedad que percibe cada vez menos la necesidad de normas para vivir juntos. Los italianos sienten intuitivamente que la crisis de la legalidad los penaliza a todos, pero la mayoría prefiere jugar a "colarse", tratando de deslizarse entre las mallas de la ley, sin esforzarse nunca por volver a una acción colectiva respetuosa de las reglas.

El auge de la corrupción, incluso entro de la Administración, se desprende de esta lógica de lo "particular" o de lo "familiar amoral", que ahora constituye la norma (1 Nota adaptada a partir de Transparency Intemacional, Global Corruption Barometer 2009, http://www.transparency.org/policy_research/surveys_indices/cpi/2009/cpi_2009_table, Italia tiene el N° 63, con 3,8/4,9 de confianza [en una escala de 10], Argentina N° 106, con 2,6/3,1. En comparación, Brasil tiene 3,3 /4,3 en el N°75 y Chile está a años luz 6,5/ 6,9 en el N° 25; Paraguay N°174 con 1,7/ 2,5; y la Bolivia de Evo Morales N°120 con 2,4/3,1. Cuba tiene el N°61 con 3,5/5,1 y Venezuela está también a años luz en el N°162 con 1,8/ 2,0 ). El espacio público de la legalidad, de la transparencia y de la universalidad se reduce. Y le sucede un conglomerado de intereses privados y de particularismos con influencias y fuerzas diversas, en lucha por un equilibrio precario. La sociedad se estructura siempre en función de las fidelidades personales y de las clientelas: en vez de la ley, y de los derechos y deberes, prefiere las astucias y el favoritismo. A la crisis económica, social y política se agrega así una crisis moral, verdadero derroche de ese capital social que representa la confianza.

Para Berlusconi-Kirchner la esfera pública no es de ninguna manera un espacio crítico, sino más bien el espacio de la publicidad -en el sentido comercial de la palabra-, de la propaganda y del consenso entusiasta.

[En Argentina el sistema consiste en dejar que] cada grupo de poder o de interés conserve sus privilegios y busque incrementarlos en detrimento de los grupos más débiles -incluido el fisco (la lucha contra la evasión de capitales ha perdido eficacia)- y, más generalmente, de la dimensión colectiva de la cohabitación nacional.

El primero en beneficiarse con esto es, evidentemente, [la mismo Presidencia], cuyo conflicto de intereses no resuelto pertenece ya al paisaje político e incluso ha dejado de atraer la atención. Por el contrario: la posición anormal del jefe lo lleva a garantizar la impunidad de todos los ciudadanos por sus faltas a la norma común, sean pequeñas o grandes. La ley universal de la República se ha convertido en la anomalía, de la cual Berlusconi-Kirchner constituye el icono: saturar la vida pública con lógicas y prácticas privadas representa la fuerza de su posición y la razón del consenso de que goza.

Es esta política de efectismo, de halagos a las multinacionales, amiguismo, prebendas y punteros, apaño y corrupción del Indec, con una incapacidad de generar continuidad nacional (reparto de la riqueza, seguimiento y cuidado sanitario y educacional de los jóvenes, derechos humanos, cuestionamiento de la deuda externa, protección del medio ambiente, etc.) que constituye el sistema de sociedad nauseabunda de los K. para comprar aliados, barras bravas y electores.

Frank Mintz, 25.11.09